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jueves, 5 de enero de 2012

5750.- MANEL FORCANO





Manel Forcano (Barcelona, 1968) es poeta y profesor de hebreo y de arameo en la Universidad de Barcelona. Su poesía, de herencia clasista y a la vez de gran actualidad, ha sido muy bien considerada por la crítica, ya que destila una sencilleza que no huye de la complejidad de los conceptos ni de los referentes cultos. A partir de la inicial Les mans descalces (1993) construye una obra premiada en numerosas ocasiones, con el Josep Ma. López Picó o los Juegos Florales de Barcelona, entre otros premios.


Su conocimiento de las lenguas semíticas lo han convertido en un traductor constante, especialment de poesía. Destacan las versiones de obras de Iehuda Amikhai y de Pinkhas Sadé. Con el libro de Iehuda Amikhai, Clavats a la carn del món, ganó el premio Cavall Verd de Traducción 2002 otorgado por la Asociación de Escritores en Lengua Catalana.


Recientemente ha publicado dos libros de poesía, Corint, premio de los Juegos Florales de Barcelona, 2000, y Com un persa, que mereció el Premio Internacional Tívoli Europa Giovanni 2002.
Es socio de la Associació d'Escriptors de la Llengua Catalana.


Obra


Poesia


Les mans descalces. Barcelona: Columna, 1993.
D'un record a un altre. Barcelona: La Magrana, 1993.
De nit. Palma: Moll, 1999.
Corint. Barcelona: Proa, 2000.
Com un persa. València: Tàndem, 2000.
El tren de Bagdad. Barcelona: Proa, 2004.
Llei d'estrangeria. Barcelona: Proa, 2008.


Traduccions realitzades per l'autor/a
Iehuda Amikhai, Queda't amb mi. Barcelona: Columna, 1995.
Iehuda Amikhai, Clavats a la carn del món. Barcelona: Proa, 2001.
Pinkhas Sadé: El déu abandona David. Barcelona: Edicions 62, 2002.
E.M. Forster, Faros i farelló: una evocació d'Alexandria. Barcelona: Proa, 2002.


Obres traduïdes
A l'alemany
















Sudánica
Traducción de JUAN FRANCISCO JIMÉNEZ






Llovía en Khartum:
desaparecía en barro la ciudad
y la silueta de tu cuerpo bajo la lluvia.
Nos abrazamos como si fuéramos el agua
de los días de sequía.


En casa, una vaca con joroba
masticaba ante la comedora vacía.
El menú del hambre
era rebañar un hueso para comer,
y cenaríamos los labios que al mediodía lo habían rebañado.
Inútilmente soñaban los cubiertos
bocas.


En el diario una noticia
hablaba de un turista muerto en un safari
atropellado por un rebaño de cebras:
en sus últimas fotografías
patas y pezuñas.
-"¿Y si tu no existieses?"
-"Otro vendría
con los labios llenos de espinas a encontrarte
para sanar y reconciliarse con el polvo
y el hedor a león muerto de estas calles."


En los pies de la estatua sin cabeza
del general Charles Gordon,
me dijiste que eran mentira las revoluciones:
-"Fue breve la libertad
como el celo de los animales en primavera.
Y el caudillo de los rebeldes,
Sulayman ibn Zubayr,
murió dentro de una mosquitera
llena de mosquitos.
Todo es irreconciliable:
mira esta ciudad partida por un río."


Por lo que se refiere a la esclavitud,
lo habíamos decidido:
iríamos al país de los hombres Dinka,
tú, a deshacerte de los grilletes,
y yo, a darme cuenta de que también los llevaba
en mis muñecas y tobillos.
Pero después de arrastrar las cadenas
por las montañas de Kassala
desistimos. Dijiste:
-"Mira atrapado entre músculos
el esqueleto". Un pájaro arrancó a volar:
el cielo cabía en una jaula.


Son distancias iguales recorridas que por recorrer,
los caminos: el viaje nos llevó a ningún lugar.
En Port Sudan
los barcos dormían quietos en el agua-aceite
y vimos a gente pagar por una sombra.
Unos hombres santos, en Fakia Kingui,
nos ofrecieron pociones mágicas
y oímos como los babuinos se reían.
En al-Junayna el sultán nos recibió en el palacio:
era de lata de Coca-Cola su corona,
pero llevaba en el cuello
una fila de siete prepucios
y hacía cumplir las órdenes
con los ojos. En Atbara
un frágil puente de cuerdas con tres hombres
cayó en el río de cocodrilos
y se enrojeció la espuma.
En Méroe, la antigua capital,
el tren no para ya,
y a su paso por la necrópolis
las tumbas de los faraones nubios tiemblan.
¿De qué sirven a una ciudad
mil años de imperio?


Siempre era de noche en las junglas de Kossinga.
Hacíamos trayecto: éramos palabras
pero no decíamos nada.
Nos daba miedo Mokele Embembe,
el monstruo chupa sangres que sigue
cada vez más cerca
la espalda del que va el último en la fila.
Tan cerca del ecuador
no reconocíamos ninguna estrella.
La selva nos confundía
y los poblados llevaban nombres en un alfabeto
que no entendíamos.
La pila de la linterna se consumía:
no decía nada de nosotros dos
el mapa.


Una vez dormimos dentro de un tanque abandonado
de una de aquellas guerras que nunca fueron
pero que todavía continúan.
Le había entrado un misil por el cañón
y el interior estrecho, de golpe,
se había hecho amplio.
"Este país, como tu cuerpo,
está lleno de pólvora."


Cuando te inventas el camino
cada paso es peligroso.
Las flores más vistosas
crecen solamente en los campos de minas:
de vez en cuando alguna oveja
revienta en una nube de pétalos de colores.


Nuestro amor era un árbol
en medio de un campo de mijo.
A lo lejos
vimos acercarse un guardia de frontera:
¿Buscaba una sombra?
Llevaba un hacha.










Antologia


NIU


Una nit somniava que era múscul d'una ala.
Com a la boca d'un mut cada paraula,
volava bategant un aire negre.
Planejava per sobre un mar d'hivern
que cercava el cos d'algun nedador que l'escumés.
No sé cap a on m'allunyava.
La set dels peixos, el fred
a la pell de l'ós polar,
eren.


I només volia despertar
i tu al meu costat
niu.












TEL-AVIV


Vindrà l'alba com l'aigua
Que puja a poc a poc de l'arrel de la palmera
fins a la flor que ha de ser dàtil.
Però ara camines Tel-Aviv de nit. I ploraries
aquest mar tan negre. El desig és una àncora
que vol arribar al fons il·luminat
de l'aigua, i has dit a un cos:
"El temps és una muntanya que es desengruna
a les mans de milers de buscadors de plata.
Anostrem almenys aquestes hores
i fem que hi hagi llum a la memòria."
Hi hagué un vespre i un matí,
i fou.












Recordar exacte un rosa besat de llavis
és provar d'encendre un foc
amb llumins que ja han cremat.
Però queden a la memòria
el mar resplandent des del camí
i l'ombra d'aquell arbre ufanós
on amb tot el cos a la veu vas dir-me
vine.
Lluïa al sol el metall nu de les bicicletes a terra
l'una damunt de l'altra.


de Com un persa (València, ed. Tàndem, 2001)