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jueves, 5 de enero de 2012

5748.- JIMENA NÉSPOLO


Jimena Néspolo Poeta, ensayista, narradora. Nació en Buenos Aires, Argentina el 2 de abril de 1973, antes de medianoche, con circular de cordón. Es asmática. A los diecinueve años abandonó la casa de sus padres y estudió con tesón hasta alcanzar el máximo grado de salvajismo (es doctora en letras por la Universidad de Buenos Aires). Fue artesana, modista, vendedora, niñera, tarotista, preceptora, bibliotecaria, profesora, periodista... Tareas que en la actualidad desempeña de manera conjunta en su cargo de investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), en Argentina. Tiene, no obstante, otros títulos honrosos, entre ellos ser madre de cuatro niños, amante esposa, hermana de sus hermanos y de sus amigos. Es militante de los desesperados y abanderada de causas perdidas: editó murales de poemas ciudadanos y dirige Boca de Sapo. Revista de arte, literatura y pensamiento. Publicó cuatro libros de poesía —incertezas (Simurg, 1999), Papeles cautivos (Simurg, 2002), La señora Sh. (Alción, 2009), Niñas (ilustrado por Marta Vicente, AH, 2010)— y escribió otros tantos. Es tejedora. Ejerce la crítica literaria como si tejiera un telar invisible en el rincón más húmedo y oscuro de su cuarto. Ha publicado el ensayo Ejercicios de pudor. Sujeto y escritura en la narrativa de Antonio di Benedetto (AH, 2004) y, junto a su hermano Matías Néspolo, compiló La erótica del relato. Escritores de la nueva literatura argentina (AH, 2009). Admira a las personas que viven su vida —es decir, su literatura— como si bailaran una danza hermosa en el centro de una fatal hoguera. Y escribe, en consecuencia.





Vuelve sobre mis pasos de mosca


Vuelve sobre mis pasos de mosca
En la maceta una semilla ha explotado sin siquiera nacer
Vuelve sobre mi piel de víbora
Sin más abrigo que un cuero ajado por la dura intemperie
(el frío le ha pasmado el pecho)
Regresa a una casa de la cual no ha partido nunca
Besa a su madre y a su padre
Pide la llave de su celda
Vuelve a su vuelo de mosca y emprende hacia los jardines
[sofocados de ausencia
Al caer la noche el terror le desquicia el alma
Besa a su padre, besa a su madre
y a la llave de su celda










Mi dedo infame señala siempre
la nuez podrida


Qué ingrato es mi dedo:
atraviesa mi ombligo
acusa mi entraña
castiga mi hebra




Quisiera clausurar mi ombligo
amputar mi dedo.












Niña que duerme en mi pelo
sacude la sal de su lengua
se aposenta tímida sobre mis uñas esculpidas
Invita, tras preliminar acto de apatía, a racontar sus infamias


A festejo propenso: bailemos aquí amores los de todos -dice


No acusa error la niña
que vagan por su sangre
las olas perpetra en tierra


Rascando la higuera que aún no ha parido higos
traza un periplo de maldades


Niña, sofoca los caminos
hasta el ahogo abrazaste la tierra
pampa muerta detenida en monobloc de enfrente


Qué vienes aquí...
derrochando el licor de todos los hombres


Como un geómetra trasnochado
Niña
invita a reanudar tus miserias
para adorar a todos los dioses que han besado
una y otra vez
tus más tristes resabios












Mi cigarro niño


Un cigarro arranca la mano que lo toma
en la cama mil mesetas acuestan sus sueños
como acantilados o brotes sin nombre


Es mi niño el que llora el día
a esta hora oculta
en mis brazos que no abrazan
los ojos se mira y el iris sabe tanto más
que cualquier párpado pretérito
en la efímera luz de un inconcluso mañana


Y aquella línea de pupilas cien veces cantada
recuerda la piel o la arena viscosa del tiempo
y es más fácil morir que rasguñar su llanto


Mi niño sabe tanto más del latir de este mundo
las negras nieves de la muerte
de la seda inmunda de mentiras
los ojos rasgados de hambre
sabe más sabe más sabe más


Mi niño no tiene edad y recuerda a cada lustro
que la edad nos engaña de a pasos
manchas mejillas besos
de a cigarros niños a mi mano
prendidos de sí mismos
gastando aire en un humo que al fin evapora


Sabe más más sabe sabe más
de mí de sí de la existencia


y quema los días fumándose el amor
















Alguien en el niño dormido
me come y me bebe todas las mañanas


Presiento en las hojas de hierba
una certeza que soñaré en mi futuro:
Hasta el más breve retoño recuerda
que en verdad la muerte no existe.




Pálida cal viva
mi germen madre nodriza
Rancia sabia me da de beber
de su propia medicina


se me ha pesadilleado el presente
resoñaré mi futuro














¿Guardas más dulzor para mañana?


si la música arrullara
desistirían las palabras


cuidado con herir la cuadrícula
surge a borbotones la regla


la noche es una vieja cancerbera cansada


nadie teme herir al viento
no sangra barruntos de melancolía


nunca más de una pregunta


se bate a duelo
el sirviente de sí mismo


muere a manos vacías
ahogado en el rocío
solitario de una risa


cuidado con herir al viento


crisálidas
retoños
en botones de venganza
hasta el invierno


guardas
no hay dulzor para mañana










Un paracaidista se descuelga del último de mis cabellos
ni soñó ser Altazor ni el Uno ni el Cero de César
ni quiso gloria de muerte en poesía postrera
ni parió más que un verso lánguido
ni inflado en suntuosas palabras apresó la poesía
ni en sencillismos
ni en silencios
ni en la nada
la pudo


Cae amortajado en preludio de su muerte
el paracaidista cae
cae cuando la luna clava súbditas estrellas
a cada uno de sus costados
antes de su muerte cae
antes de su muerte acudirá al ritual de la entrega
la vida en cofrecillo de oro
un vaporoso y último aliento
brisa tórrida de lo que fue y no será
el amor inventado en burbuja de olvido
las pasiones truncadas en rutinas de funcionario


La noche sombría
exhumando angustias
toda
toda la noche sombría
poco cuesta la risa de un malvado
y tan lejos están los pies de la cabeza
que al cabo siempre se tocan


Cae
antes de lamerle los reversos a la vida
morir antes de morir
que
que morir antes de morir
que
que ni un paracaidista gusta en beber sus aguas