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lunes, 2 de enero de 2012

5733.- SAMUEL FEIJÓO



SAMUEL FEIJÓO
1914 Marzo 31: nace en San Juan de los Yeras, provincia de Las Villas (hoy Villa Clara). Hijo de Florentino Feijóo, farmacéutico, y de Amelia Rodríguez.
1914-1916 Reside en Mataguá, pequeño poblado próximo al lugar de nacimiento.
1915 Nace su hermano Nano.
1916 Nace su hermana Norka, luego consagrada a la Iglesia Metodista.
1916-1922 Reside en La Jorobada. Su padre ejerce como boticario. Comienza la enseñanza primaria en escuelas públicas de la zona.
1922-1924 La familia Feijóo Rodríguez se radica en San Juan de los Yeras.
1924 Primer viaje a La Habana.
1924-1934 La familia Feijóo Rodríguez vive en La Habana en un constante cambio de direcciones. En este período completa sus estudios primarios en el colegio-internado Gertrudis Gómez de Avellaneda, en Jesús del Monte, y luego en el colegio presbiteriano de La Habana, donde aprende el inglés. Alcanza el tercer año de bachillerato en el Instituto de La Habana. Su restante formación será ampliamente autodidacta.
1928 Publica algunos relatos en la revista Billiken. Es la época del amplio inicio creativo en la vida de Samuel Feijóo: escribe sus primeros poemas, recoge cuentos populares en las calles habaneras. Escribe noveletas que no publica nunca.
1930 Comienza a escribir su primer libro: Diarios de viajes montañeses y llaneros, ha de publicarlo en 1958.
1930 Empieza a dibujar y a pintar. Comienza a escribir Azar de lecturas, publicado en 1961.
1931 Traduce del inglés El pequeño Lord Fauntleroy. Publica sus primeros trabajos periodísticos en diarios de la capital, especialmente en La Voz. En "El sensible zarapico" (Signos 13 (27), 1981) reúne numerosas páginas de diarios de esta época, así como poemas vanguardistas y de temas negros, muy a tono con lo que se escribía en la etapa que centraba la generación de la Revista de Avance.
1932 Su hermano Nano cae en una revuelta popular en el Castillo de Atarés. Nace su hermano menor David, quien luego será pianista.
1933 Colabora con el diario Juventud Nacionalista, realizándose como periodista político, para lo cual asiste a la Asamblea Nacional del Partido Nacionalista.
1934 La familia retorna a San Juan de los Yeras.
1935 La familia se radica definitivamente en Cienfuegos. Trabaja por dos meses en las oficinas de prensa del Gobierno Provincial de La Habana. Se enferma de los nervios. En Cienfuegos se repone totalmente. Con su tío Tomás Feijóo recorre el Escambray.
1936 Aparecen varios poemas de Feijóo en la antología La poesía cubana en 1936, en la que intervino Juan Ramón Jiménez, auxiliado por varios intelectuales cubanos.
1937 Comienza a escribir Libro de apuntes, que publicará en 1954. Escribe El pájaro de las soledades, su primer poemario importante, cuya edición definitiva data de 1961.
1938 Publica Gajo joven.
1940 Inicia la escritura de Beth-el, cuya primera versión concluirá y publicará en 1949. Escribe Camarada celeste, publicado en 1944. Conoce a Cintio Vitier. A lo largo de la década conocerá a otros integrantes del Grupo Orígenes y colabora en la revista de igual nombre.
1942 Emprende Aventuras con los aguinaldos, que concluye y publica en 1947. Empieza a colaborar en el periódico cienfueguero La Correspondencia. Inicia La hoja del poeta que publicará en 1957.
1943 Conoce a su gran amigo Robert Altman. Con Salomón Lerner integra un grupo hermanado por la pintura.
1944 Publica Camarada celeste, subtitulado Diálogo con Eros, fechado en 1941.
1945 Viaja a los Estados Unidos y permanece allí durante seis meses. Trabaja primeramente en una fábrica de corbatas, en labores de diseño y luego en igual función en una fábrica de muebles, donde participa en una huelga por reivindicaciones laborales. Es expulsado de la fábrica, y enferma de pulmonía. Perfecciona el inglés y traduce obras de Poe, Whitman, Elliot, Lawrence, Santillana. Regresa a Cuba y se radica en la casa de sus padres, en Cienfuegos.
1946 Escribe Poeta en el paisaje que editará en 1958. Inicia Carta en otoño, impreso en 1957.
1947 Edita en La Habana el poemario Concierto, en colaboración con Aldo Menéndez y Alcides Iznaga, con quienes integra un interesante grupo de creadores villareños. Publica Infancia de la tatagua. Ilustra un libro de cuentos de Amelia Navarro Aulet.
1948 Contrae matrimonio con Ruth Helen Ortega y Pérez de Villa-Amil. Edita su selección de Rumores del Hórmigo, de Juan Cristóbal Nápoles y Fajardo, El Cucalambé, ilustrado profusamente por su amigo, el pintor suizo Robert Altman.
1949 Publica Beth-el. Publica Jiras guajiras.
1949-1950 Imprime por sus propios medios un grupo de cuadernos de poesía, sin fecha de edición: Gallo campero y Errante asilo. El 22 de octubre en La Correspondencia de Cienfuegos aparece el primer estudio crítico sobre su poesía de que se tenga referencia: "Un poeta guajiro", firmado por Carlos Ximénez Arroyo, sobre Jiras guajiras. Obtiene la segunda Mención Honorífica en el Concurso Hernández Catá, con su cuento "Alzamiento". Conoce a Cleva Solís, con quien desarrolla una larga y hermosa amistad.
1950 Funda la revista Ateje, de corta duración por carecer de recursos económicos para sostenerla. Conoce al pintor Jean Dubuffet.
1950-1951 Publica "Azar de lecturas" y "Nuevo azar de lecturas" en la Revista Cubana, en los números correspondientes a julio-diciembre y enero-junio, respectivamente.
1952 Publica artículos en la revista Carteles.
1953 Empieza a colaborar en Bohemia. Denuncia en sus páginas la situación de desamparo del campesino. Ilustrados con fotografías, tomadas por él, aparecen todos sus reportajes; entre ellos "El hombre de los muertos" sobre el sepulturero del Cementerio Acea de Cienfuegos.
1954 Publica Libro de apuntes. Comienza a escribir Faz. Fallece la madre.
1955 Emprende Caminante montés, cuya edición definitiva es de 1962.
1956 Se divorcia. Acrecienta su labor en La Correspondencia.
Publica el extraordinario poema "Faz" en su primera versión; la edición definitiva aparecerá en Ser fiel, en 1964
1957 Publica La hoja del poeta y Carta en otoño. Expone parte de su pintura y dibujos en el Ateneo de Cienfuegos. Se vincula con la Universidad Central de Las Villas bajo el rectorado de Mariano Rodríguez Solveira.
1958 Se casa con Isabel Castellanos Hernández. Trabaja como director del Departamento de Estudios Folklóricos y Publicaciones de la Universidad Central de Las Villas "Marta Abreu". Realiza una importante labor como editor. Comienza a editar la revista Islas. Concluye y publica la antología Colección de poetas de la ciudad de Camagüey. Crece su amistad con el poeta Rolando Escardó. Edita Diarios de viajes montañeses y llaneros. Publica La alcancía del artesano. Aparece Violas, su mejor colección de sonetos, con edición definitiva en Ser fiel, 1964.
1959 Publica en Islas su gran poema "Himno a la alusión del Tiempo", uno de sus textos de mayor valía, que verá su edición definitiva en Ser fiel, 1964. Había sido escrito entre 1954 y 1958.
1960 Publica Teatro cubano, donde incluye su pieza teatral más importante: "La alegre noticia", escrita entre 1939 y 1948. Publica Los trovadores del pueblo. Sale a la luz el primer volumen de Cuentos populares cubanos. Aparece Diario abierto. Se reeditará en 1970, en Buenos Aires. Edita Poemas del bosquezuelo. Se imprime Haz de la ceniza, escrito en 1959.
1961 Exposición de sus dibujos, acuarelas y aguafuertes en Cienfuegos. Publica El pájaro de las soledades (1937-1940).
Presenta La décima popular y compilaciones de adivinanzas y dicharachos. Edita Sobre los movimientos por una poesía cubana hasta 1856. Se imprime Teatro bufo. Publica Dibujos, prologado por Roberto Fernández Retamar. Aparece Azar de lecturas, en su edición definitiva.
1962 Edita Segunda alcancía del artesano. Presenta el segundo tomo de los Cuentos populares cubanos. Publica Pintores y dibujantes de Las Villas. Lanza a la luz una monografía sobre Mateo Torriente.
1963 Edita la ya clásica antología La décima culta en Cuba.
Publica El girasol sediento, edición definitiva de parte de su obra de 1937 a 1948, donde se encuentran los importantes poemarios "Camarada celeste" y "Coloquio". Exposición de su pintura en Cienfuegos.
1964 Nace su hija Adamelia Feijóo Castellanos. Viaja a la URSS. Reedita Libreta de pasajero (1948-1956). Publica dos novelas: Tumbaga y Juan Quinquín en Pueblo Mocho. Presenta su más importante compilación de poemas: Ser fiel, en edición definitiva. Aparecen sus compilaciones Cantos a la naturaleza cubana del siglo XIX y El movimiento de los romances cubanos del siglo XIX. Publica su clásica antología Sonetos en Cuba.
1965 Viaja a la República Democrática Alemana. Edita la antología Poetas rusos y soviéticos, en colaboración con Nina Bulgákova.
1966 Se lleva al cine Juan Quinquín en Pueblo Mocho.
1968 Publica en Islas su novela corta Pancho Ruta y Gil Jocuma, así como La jira descomunal. Viaja a Bulgaria. A su regreso, encuentra serios problemas en la Universidad Central. Deja de editar Islas en el número 30 de la revista, correspondiente a junio-septiembre. Deja de trabajar en la Universidad Central de Las Villas, donde realizó una de las más brillantes labores de editor que se haya dado en Cuba hasta esa fecha. Juan Quinquín en Pueblo Mocho se edita en la URSS.
1969 Comienza a editar Signos, una de las más importantes revistas cubanas del siglo XX; el número 1 sale en septiembre-diciembre.
1970 Fallece su esposa Isabel. Fallece su padre don Florentino Feijóo. Viaja a Francia y a Inglaterra.
1974 La Gaceta de Cuba dedicó un número al sesenta cumpleaños de Feijóo. Publica Pleno día. Diario abierto se reedita en México.
1975 Recibe el premio de cuento de la UNEAC por su libro Cuentacuentos, que se edita al año siguiente. Viaja a Suiza y a Francia.
1976 Segunda edición cubana de Juan Quinquín en Pueblo Mocho.
1977 Publica Viaje de siempre. Aparece Cuarteta y décima, antología folklórica. Presenta Tres novelas de humor. Reedita Romances cubanos del siglo XIX.
1978 Expone sus dibujos y pinturas Kokoriokos y Kakafuakos, en la Casa de la Cultura de Calzada y 8, El Vedado. Se imprimen otros cuentos de Cuentacuentos. Visita Mongolia. Allí recibe la más alta condecoración del país.
1979 Visita Polonia. Refleja su viaje en "Trajín polaco", publicado en Signos, mayo-agosto, 1980. Aparece su compilación Cuentos cubanos de humor. Publica Polvo que escribe.
1980 Lanza El negro en la literatura folklórica cubana. Edita Contactos poético. Viaja a Mongolia.
1981. Recibe alta condecoración de Polonia. Publica Del piropo al dicharacho. Recibe la Distinción por la Cultura Nacional. Edita la novela Vida completa del poeta Wampampiro Timbereta.
1982 Serie televisiva Juan Quinquín en Pueblo Mocho. Se edita primer tomo de Crítica lírica. Publica Cuentería. Edición polaca de Cuentacuentos bajo el título de Sirindingo y Singollo. Viaja por Suiza y Francia. Expone en Lausana, en el Museo D'Art Brut, con un nutrido grupo de pintores del llamado "Grupo Signos", fundado por él. Publica Mitología americana. Aparece su antología poética Ser, selección y prólogo de Cintio Vitier.
1983 Viaja a la India.
1984 Homenaje nacional por su setenta cumpleaños. Se editan sus Poesías. Selección y prólogo de Cintio Vitier. Edita Festín de poesía, con su labor como traductor. Presenta El saber y el cantar de Juan sin nada.
1985 Recibe alta condecoración de Bulgaria.
1986 Publica El son cubano (Poesía general). Comienza el deterioro total de su salud mental.
1988 Nace su nieto Alain Ávila Feijóo.
1989 Su hija Adamelia lo traslada a Cienfuegos. Homenaje y Coloquio Nacional en Cienfuegos por su setenta y cinco cumpleaños. Recibe distinciones de la Universidad Central de Las Villas.
1990 El Estado cubano le otorga la Orden Félix Varela. Vuelve a residir en La Habana, en la casa de Cleva Solís
1986-1992 Lapso de enfermedad, demencia senil y postración total.
1992 Julio 14: fallece en La Habana, en el Hospital Calixto García. Sepultado el 15 de julio en la Necrópolis de Colón.

CONDECORACIONES
—Por la Cultura Nacional
—Medalla Alejo Carpentier, 1982
—Medalla Félix Elmuza, 1984
—Medalla Raúl Gómez García
—Medalla del XXX Aniversario del levantamiento del 5 de Septiembre, en Cienfuegos, 1989
—Orden Félix Varela, Consejo de Estado, 1990
—Medalla del Mérito Cultural, Polonia
—Medalla de 1300 Años de Bulgaria
—Medalla 60 Aniversario de la Liberación, Mongolia



Faz (II). Fragmento inicial

Era de noche. Las mujeres de Ciego de Ávila cantaban canciones
criollas sentadas en sillones, por las aceras.
Entró al parque sin retreta;
miraba a las doncellas voltearse sonriendo.
Desde los pinos de los canteros chillaban unos pájaros prietos
cuyos blancos excrementos cubrían la flor de la mariposa. El
perfume y el pasar de las doncellas y los rostros extraños y lo
desconocido del lugar
le mareaban un poco. Vino un negrito que resultó tuberculoso,
que le pedía un vaso de leche,
y se fueron a comer pescado frito, a un kiosko mal iluminado,
en un rincón del parque. Poco después
llegó a un hospedaje con la bicicleta y el negrito.
El negrito fumaba bajo su mosquitero. Su ascua roja en la boca
iluminaba intermitente un rostro enigmático. Afuera
vio a la prostituta encendiendo un tabaco.
Ella le dijo: Disipo con esta yerba, tírale
un jaloncito: lo alto que te encarama.

La feliz muchacha subió con él la loma.
Hacía puchas de flores silvestres y estaba sostenida de la alegría
del amanecer, de los pétalos que enloquecía el aire blanco. A veces
le apartaba con sus voces, pero estaba llena de deliciosos grititos
de asombro, y en la cueva tuvo su mano.
Quería descansar en un valle de un verde muy profundo, le dijo.
Le habló de la luna, cómo es el romper del primer norte sobre los
campos costeños.
Entonces recobraba la fuente de las amadas, que la hizo
incomparable reina de las errancias
en el tiempo frío cuando entra su lento rojo, alimento de los
mismos sentidos;
silencio en las cañas, humedad, nocturno inmóvil, algún pájaro,
luna serenísima:
su azul vago, su historia de oro, su pobre tristeza.
La muchacha no quiso dormir y sí conversar en un parque del
pueblo.


POEMAS

Yerba
Aprende la lección de la yerba,
echa tu hoja.
Ella ignora si aprovechará su trabajo
y echa su hoja verde.
No se pregunta si vendrá el poeta
a cantarla,
a comer de sus verdes para dar esperanzas.
Si vendrán los amantes
a reposar sobre sus palacios.
Echa su hojita verde.
No sabe si la comerá el cordero
o el diente de la nieve.
No oye la palabra polvo,
no entiende la palabra estéril.
Echa su hojita verde.

Ah, no soy una yerba:
puedo echar mi hojita verde
pero sé que los cuervos no la comen
ni el león, ni la sierpe.
Echo mi hojita.
Quizás una hormiguita cansada
a mi sombra reposará,
quizás una lombriz errabunda
eluda al buitre bajo mi verde.
Y si no viene nadie
¿qué culpa tengo yo de echar mi verde
como si viniera el orbe a comerlo?


El niño

Yo no busco el palacio
Lujoso,
Los altares de oro:
Yo
Busco
El hogar humildísimo
Y en él a un niño.
En ese niño está
Mi dios mortal,
Pidiéndome:
Ayúdame,
¿no ves que soy
un niño?

Sea un dios o sea un dragón
Futuro:
¡Es un niño que me mira!

Ven a mi pecho, hijo,
Mis brazos necesitan abrirse,
Aunque abracen quimeras.

Junio 4/79


Manantiales del aire
Limpio florecer de mayo
al fresco anuncio del oro:
el aire con su tesoro
del más colorido rayo.
Cimbra un rojo guacamayo
el silencio de la sierra.
Por las lomas la luz yerra
con sus joyas de la mano,
regándolas en el llano:
ciega de amor por la tierra.


A mi oficio

A mi escribir cantando me refiero
laborioso y tranquilo: me entretiene
las impedidas horas y sostiene
un hálito de honor donde me esmero
por ser fiel, por ser hombre verdadero,
velado de la luz que le mantiene
el tiempo en su flor real, donde no viene
sino rumor de signo valedero.

…Ah, quedará mi torre, mi silueta,
del arte lento y solo —de alma suma,
donde la mano se aproxima y reta
con inhábil dibujo de su espuma
la furia de la mar, terco poeta—
disuelta entre la ruina de la pluma.



Recuento

Nada más puedo ser,
ayúdame tarde;
un caminante oscuro por la orilla
otoñal del agua,
ayúdame agua;
una canción perdida siempre
bajo un árbol apenas visible,
ayúdame árbol;
un ojo de niño condenado,
un enfermo que vaga sin ruta,
ayúdame errancia;
un poeta de puro sortilegio,
un tan vago sonido cayendo:
ayúdame verso;
un amor que ha encendido los fuegos
de oro, del joven oro:

Ah, vasto campo, tiempo tan bello
monótono cayendo en mi pérdida
fría, acude ¿puedes
calentarme como una transida doncella
con tiernas pausas, correspondencias turbadas,
con pensamientos con el sueño de la yerba,
entrando en locura jubilosa
como llama vasta y santa, canto
vívido, honor del mundo?

Ah, cuerpo mío, condenado suave,
alma de mi cuerpo, sola de mi cuerpo, pájaro
andando en un solo nido, su único
arrimo de pajas rotas, devuélveme, ayúdame:
hazte pacífico para que yo lo sea, restaura,
enloquece, suave, sonríe, heroico cae
en tu sórdido lecho noble si puedes.

Abril 11, 1956

(Muerte de mi madre)



NOVELA

La jira descomunal. Capítulo XX. Fragmento.

—La cuestión es hervir bien las raíces y las hojas, el pescado les da su sabor y la gente come como loco de esta sopa —dijo Iliana.
Otilia González añadió:
—Con el hambre el sabor es lo de menos, el hambre pone el sabor.
El Chofer, a lo lejos, desde lo alto de un techo de ramas, en una aldea recién comenzada a levantar por los náufragos, les gritó:
—Terminen la sooopa. ¡Pallá van cuatro hombreeeeees a buscaaaaarlaaaa!
Aniano Frías, Abdon María Pérez, Ricardo Soy y Redanio Aranas, aparecieron junto a Iliana y Otilia.
—Venimos por la sopa pa' los que están en las casas.
Y se llevaron el humeante caldero. Ileana y Otilia pusieron nueva olla sobre tres piedras. Le introdujeron nuevas yerbas, trozos de pescado y dos cubos de agua. A poco esta hervía. Desde lo alto de los árboles que les cobijaban, bandos de monos chillaban y saltaban. Y multitud de pájaros trinaba, piaba, graznaba.
En el claro donde se levantaba el campamento seis hombres velaban, rifle o metralleta en mano, listos a disparar contra cualquier fiera que intentara asaltarles. Un joven indio, de pequeña estatura, cazaba monos con su cerbatana envenenada. El Chofer había dispuesto ahorro de balas.

El poeta culto Hermes Blanco, escribía páginas que juzgaba importantes sobre la vida salvaje. Eladio Ortas, valiéndose de un palo pesado de aguda punta, abría hoyos en el suelo, donde echaba semillas arrancadas a la selva que le envolvía. Le imitaban una docena de personas, que formaban la brigada de siembra, comandada por Felipe Dueñas, cuya larga práctica de agricultor le daba autoridad indiscutida.

Máximo Arcibiello, Francisco León, Evaristo Valdivié y Nivio Esparraguera, pescaban en grupo, en el inexorable turno de pesca, día y noche, que se había impuesto desde el descubrimiento de sogas y anzuelos en la patana del Damují.

Los náufragos se habían organizado mucho desde el mes y medio de su llegada a la selva. Al principio dormían en el ómnibus si las noches enfriaban. Después pasaron a tierra, para dormir sobre lo firme. Por el día, siempre bajo la dirección del Chofer, se organizaban para colectar frutas, hongos bayas, raíces y yerbas que estimaban comestibles. Menos el anciano muertero, muy quebrantado por el largo viaje, y el latifundista, de escasas fuerzas musculares, el resto de los componentes del naufragio estaban obligados a trabajar para sobrevivir. El producto de las búsquedas se repartía entre la comunidad. Nadie, si no los muy débiles, estaban excusados de trabajar. Y el trabajo era divertido y a nadie fatigaba.

Jaiba Triste y el Mudo, siempre en compañía, al décimo día de estancia en la nueva tierra conocieron una sorpresa provechosa. Se inclinaba el Mudo a recoger de unos matojos ciertas frutillas cuando divisó un indio, talludo, tatuado, melenudo, con dos machetes a la cintura y una lanza tosca a la diestra y nervuda mano. El Mudo se desprendió. Pasó disparando frente a Jaiba Triste quien quedó en suma lelilad ante hecho de tan malos presagios. No tuvo mucho tiempo para seguir absorto. El mismo indio salvaje con los dos machetes a la cintura se le plantó delante lanza en ristre. Jaiba Triste se desprendió. El indio corrió tras él. No habían recorrido mucho en un trillo recovequeador en la profusa selva cuando ya les rodeaban los vigilantes del campamento, arma en mano. El indio tiró su lanza al suelo. Fue conducido ante el Chofer.

Como nadie hablaba su lengua, los gestos se hicieron necesarios. Se pudo saber que el indio venía persiguiendo un venadillo cuando topó con el Mudo; que su tribu no se andaba muy distante y que tenía muchos largos machetes como aquellos que portaba, lanzas y armas de fuego y que era guerrera y agresiva.

Se deliberó largo sobre los informes del indio. Se acordó, en primer lugar, que se le despojase de sus machetes, muy necesarios para cortar gajos y aún pequeños árboles, para levantar ranchos. Se acordó a su vez unos días más para averiguar datos sobre la condición de la tribu. Asimismo se tuvo a bien organizar una vela permanente de hombres armados alrededor del naciente campamento. No se había aprobado aún este ultimo acuerdo cuando llegó Iliana, desde la cocina bajo los árboles, y gritó:

—¡No!, ¡no! y ¡no! ¡Eso no! Porque los indios cogen dormíos a los que velan. No hacen ruido. Se arrastran como majases. Se cuelan adentro y nos matan a todos. Los blancos no tienen oídos pa esos ruidos y siempre el indio los sorprende. Lo sé por una novela radial donde se explicaba todo eso. ¡Yo propongo que vayamos a dormir a la patana! Desde allí se vigila mejor. Se oye y se ve, porque el agua lo refleja todo. ¡Y si nadie me apoya yo me voy a dormir a la guagua!

La votación fue unánime para Iliana, con la reserva de que inmediatamente se comenzara a construir una empalizada. Una vez concluida esta, se dormiría en tierra. Aquella noche el indio durmió en el ómnibus. Desde una de sus ventanillas miraba melancólico el brillo de la cercana selva húmeda.

Fue despertado por el grito de Hermes Blanco:

—¡Mal rayo me parta! ¡Unas hormigas cabezonas me han comido las poesías!
Nadie le hizo caso. Arcibiello sonrió y se dijo:
"A mí, que canto décimas, para comerme la poesía tendrían que comerme la cabeza."



CUENTO

La fascinación del cerdo

Un puerco se quedó mirando a un cocuyo que pasó sobre su chiquero alumbrando el fango.
Ansioso, le siguió un largo tramo, viéndole, fascinado, la luz verdeazulosa. Pero el cocuyo se perdió de su vista.
De vuelta a su fangal, se decía el puerco tristemente:
—Qué extraño bocado he perdido.

Asamblea mundial de pájaros

Las aves se reunieron para hacer una Ley general por la paz, que a todos protegiera.
Fue una gran asamblea. Vinieron pájaros de todas la zonas del mundo. Aun las aves que habitaban en solitarios peñascos, en las regiones polares, acudieron.
En medio de la primera sesión se levantó la paloma rabiche y dijo:
—Proyecto de ley: el gavilán no podrá comerse a mis hijos.
Se levantó el gavilán y dijo:
—Esa ley destruye a mi raza. ¿Con qué nos sostendremos si no de la fragante carne de la paloma?
Se levantó la mariposa y dijo:
—Proyecto de ley: que el pitirre no coma más mariposas.
Se levantó el pitirre y respondió:
—Amo las flores y cuando veo una mariposa volando pienso en una flor con alas, y me tiro y la ensarto, y la devoro. Y como saben a flor, nunca me entero que como mariposas.
Se levantó el aura tiñosa y dijo:
—Proyecto de ley: que el pitirre no me pique más la cabeza.
Se levantó el pitirre y replicó.
—Soy un fanático de la belleza. La horrible cabeza del aura excita mi ataque puro contra la fealdad.
Se levantó la paloma rabiche y dijo:
—¡Amor, oh aves, amor!
Y el halcón que la miraba se dijo:
—El amor es una rica pechuga…
La ciguapa, presidenta de la asamblea, callaba.
Se levantó el zunzún y dijo:
—Hagamos la ley justa como la hace el hombre.
Se levantó la bijirita y dijo:
—El hombre hace la ley que le conviene y nos mata.
Se levantó la gallina y dijo:
—Proyecto de ley: que la lechuza no robe y mate a mis pollitos.
Se levantó la lechuza y dijo:
—¿Y con qué alimento a mis pichones?
La ciguapa dio dos golpes con una varilla de guamá en una güira seca, para llamar al orden y dijo:
—Se suspende la asamblea hasta el año próximo. Los temas son profundos y tenemos que estudiar las soluciones adecuadas.
Y las aves se esparcieron por toda la tierra.
La ciguapa en su nido, se dijo:
—La labor es grande. Si se quiere la paz entre las aves, hay que cambiar sus estilos de vida. Todas quieren la paz, porque en general no hay ave que no esté amenazada por otra. Hay que lograrla…
Y calló porque vio la sombra del gavilán cruzar sobre el ateje donde estaba su nido.



PROSA

…nada de cuanto el verso lanza soy de veras ni me representa cierto; jamás seré comprendido entero por nadie que ame mi obra; mi obra es sangre y habilidad, misterio y persecución de vida y de luz errante.


— No quiero ser distinto de lo que amo.

— No leáis apresuradamente porque hay letra minada.

— Quizás el árbol espera en su semilla, pero el hombre no espera en sus huesos.

— ¡No regresar / jamás! ¡Una / sola vez / bastó para helarme!

Voz última

Espíritu del paisaje, nombre y sol mío, de fino regocijo, sé el día tú cuando el hombre siente su pureza deshacerse, y la luz es amiga y el campo luce y se tiende y flor y música ligera le circuyen. Sé fiel: abre en mí las llaves deliciosas de un olvido, verdoso y fragante.
Da alas. Borren tus festones mi cansancio de hombre aún asombrado.
¡No dejes que muera yo muerte de mutuo desamor, muerte sin rama ni río!