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miércoles, 28 de diciembre de 2011

5711.- LÍA HADZOPOULOU KARAVÍA







Lía Hadzopoulou Karavía
Nacida en Atenas, Grecia. Estudios: Teatro (actriz, directriz), lenguas (Anglés, Francés, Alemán, Español, Ruso), Literatura Clásica (Atenas, 1972) Dr. de Literatura Comparativa (Sorbona, Paris 1992). Escritora de 60 libros: (29 noveles, 19 piezas de teatro, 12 colecciones de poemas). Traductora de 20 libros literarios. Tres Premios Nacionales como escritora y un premio como traductora. También dos premios como actriz; y otros premios. Enseña lenguajes y Teatro. Directriz de “Taller Teatral de Nea Smyrni” 1983–1999, y de la pequeña casa de ediciones “Bilateral”, usualmente bilinguar: griego y ingles. Presidente 2000-2006 de l’Instituto Internacional de Teatro del’ I.T.I., UNESCO.








Te tengo no te tengo


Te tengo no te tengo
te poseo no te poseo
te veo en sueños
sobre popas de naves que van partiendo
me tiendes tus manos
eres no eres aquél que me llama
te espero no te espero
tú llegas siempre imprevisto
me guías en una habitación obscura
donde con una serie de metamorfosis
tú te pones agua, fuego, aire, dragón y paloma
con mi voz tú recitas poemas
que yo misma podría, desearía o tendría que escribir
y pues tú te duermes en mis brazos
y me quedo y no me quedo sola.









Por fin



Sin pasión, por consiguiente sin anhelo.
Sin anhelo, por consiguiente sin angustia.
Sin angustia, por consiguiente sin lamento.
Por fin la vida llega a ser fácil. Pero también sin poesía.
Y la vida llega a ser sombra de vida ya.










Estrangulador de pájaros


Sus dedos largos
propios para trabajar el esmalte y el marfil
para sacar palomas del fondo de los sombreros
para copiar papiros en monasterios
para agitar la batuta
enfrente de una orquestra
o simplemente para tocar tiernamente.
Pero él
quería ser
estrangulador de pájaros.










Yo soy dos mujeres (Doble ambiente)


Yo soy dos mujeres.
Una habita la casa de su infancia
cuida los jarros de flores
ajusta los péndulos
alimenta a los niños – sus niños
asiste los primeros pasos de su bebé
los últimos de su abuelo
toma en sus brazos la cabeza cansada de su marido
y él se siente reposado
se siente como el adolescente
que fue el día de su primer encuentro
toca los límites de la inmortalidad y duerme feliz.
Después ella se desliza por la cama
suelta su cabello largo
sus ojos se transforman de estrellas en soles
la otra mujer no ilumina – ella brilla
lee los diarios del mundo
escucha la música de los países
va descalza sobre los campos sobre las florestas
vuela sobre los tejados sobre las fronteras
y visita a su amado prisionero
su amado marinero en alta mar
va de luto por su amado muerto
fusilado, traspasado, ahorcado
tiene también el tiempo para hacer cosas en su lugar
montar barricadas
mecer los huérfanos cantándoles en diversas lenguas
omnisciente por amor y por éxtasis
pero siempre retorna antes de la aurora
tira su túnica de magia
recoge sus cabellos, se inclina sobre la cama
toca la frente serena de su marido
y le prepara el café de la mañana
antes de despertar al resto de la familia.












Hay que inventar de nuevo las palabras


(A Berta Alicia Cantú de México)


Hay que inventar de nuevo las palabras.
Las que existen son olvidadas
o no bastan
sobre todo cuando un amor inesperado viene
sorprendente como cada amor
no bastan aún para lo cotidiano
penas y alegrías, la ternura, el sueño, la muerte.
Hay que inventar de nuevo las palabras
Para hacer el cotidiano más real
Inventarlas para hacerlas verdades.












Matricida


No. No como Orestes.
Sin el pretexto de ser un forastero
oriundo de Davlis de Fókida.
Declarando que nació aquí
que se crió aquí
y, sin embargo, un extraño que se dirige a una extraña
un desconocido a una desconocida.
Un matricida virtuoso
porque otros asesinan al padre por el trono
al hermano por los derechos a la herencia
- lejos de él tales pensamientos -
virtuoso porque él asesina en nombre de su virtud
tal vez aún en el del clero
y encontrará - ya ha encontrado - testigos para defenderlo
Apolo y algunos otros
con inamovibles argumentos
No es madre la mujer así llamada por parir a un hijo
la así llamada madre simplemente hospedó la semilla en sus entrañas
extraña a un extraño.
Un matricida, más aún, sin hierro
sólo con palabras de hierro, la más heladas.
No como Orestes.












¡Mira qué momento!


Mira qué momento!
Ahora que se colmaron de aromas los senos de las jóvenes,
ahora que se han fortalecido los brazos de los jóvenes,
¡mira qué momento eligió!
Ahora que esbozaron una sonrisa los labios de las jóvenes,
ahora que brillaron los ojos de los jóvenes,
¡mira qué momento!
Y se extienden para recibir todas las manos de las jóvenes,
pesadas se aceleran las respiraciones de los jóvenes,
¡mira qué momento eligió!
Y yo
sola debo quedar


Trad. Marta Silvia Dios Sanz
“Poetisas Griegas contemporáneas”, Centro de Estudios Griegos, Bizantinos 
y Neohelénicos, Universidad de Chile, 2006