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martes, 22 de noviembre de 2011

5396.- JOSÉ JAVIER ALEIXANDRE YBARGÜEN

[José Javier Aleixandre Ybargúen, a la dcha. en la foto]





José Javier Aleixandre Ybargúen. Nació en Irún (Guipúzcoa) el año 1924.
Reside en Madrid desde 1939. Ha publicado 22 libros de poesía y 3 de
narrativa. Estrenó 3 obras de teatro y pasó 2 novelas por TVE.
Licenciado en Periodismo. Redactor del diario “Ya” y redactor-jefe
de “Ateneo” y de “La actualidad española”. Enviado especial
de “ABC” a Oriente Medio. Ha obtenido más de 60 premios literarios.
Entre ellos, en poesía: “San Juan de la Cruz”, “Francisco de Quevedo”, “Rabindranath Tagore” y “Fernando Rielo” (Mundial de poesía mística).
En narrativa: “Lazarillo”, “Hucha de Oro”, “Miguel de Unamuno”
y “Villa de Guardo”. Hijo adoptivo de Fontiveros y Académico de su
Academia de Juglares, y expresidente y Socio de Honor de la
Asociación de Escritores y Artistas Españoles, por la dedicación
de sus versos al mar ha sido distinguido con la Cruz del Mérito Naval
con Distintivo Blanco.









V

Pero tan tierno acoso me repites
Midiendo con suspiros mi distancia;
preparando tu dardo de amor para alcanzarme,
que por fin de tu imán estoy cautivo
y escucho el eco fiel de tus llamadas
en los tambores de mi pulso
que subrayan los salmos de David.

Buscando finalmente –descalzo- tus caminos,

porque sé que me esperas
inviernos, primaveras, otoños y veranos,
siempre tus manos hacia mí tendidas.

(De Para no morir del todo)







DE BARRO

Dios con pellas de barro formó al hombre.
Si soy hombre soy barro. Barro con sangre dentro.
Un barro que derecho se sostiene
con el andamio de oro que es mi alma.
¿Qué me importa ser barro y que me quiebre
si hay tanta tierra buena para reconstruirme,
y hay un agua tan pura para lavar la herida
de mi carne de barro ya tantas veces rota?
Miro la amante tierra con mis ojos
más hondos del amor.
La tierra que de rojo tiñe la atardecida.
La tierra donde están las raíces del parto.
La tierra donde vuelve la muerte a renacer
alimentando nuevas esperanzas.
La tierra que sostuvo mi principio
para ser algún día ceniza de final.
¿Y el agua? Cuando corre por el estrecho cauce
de un río de montaña que mi descanso arrulla;
cuando se extiende como un manto
de plata azul y verde sobre el mar;
cuando suena en el roce de la acequia domada;
cuando cae con la lluvia regalada del cielo
mis calenturas aplacando,
es el fluir fundamental que inunda
mi corazón sediento con su corriente viva.
Tierra y agua hermanadas en mi larga andadura
me han demostrado el privilegio
de haber sido formado por la mano de Dios,
ya que del agua y de la tierra juntas
nace el barro que es hombre.

(La Pájara Pinta 25, 2006)









Los años nos van llenando
de canciones acabadas,
de sonrisas amarillas,
de mariposas amargas.
Pero hay milagros de arcilla
que de las sombras se escapan
como si de los silencios
pudieran nacer campanas.
El barro de las figuras
con luz interior se amasa
y es bendita luz el brillo
niño del papel de plata.
Mi padre inventa senderos
de serrín; grutas prepara
con musgo y corcho; dispone
la magia de las distancias,
y con sus manos conduce
ríos a salto de mata.
Mi madre tiene celestes
pájaros en la mirada,
postura de mazapán,
plumas de pavo en la falda,
y el corazón asomándole,
riendo, por la garganta.









A UNA MUJER QUE QUIERE ABORTAR

Mujer que ahora vas
a contratar el crimen ofrecido a tu vientre,
te quiero presentar a quien te puede
descuartizar la vida dentro de tus entrañas,
usando esos cuchillos tan largos que penetran
muy hondo y para siempre con el filo más frío.

Te impedirá que puedas ser fértil río de leche;
que descubras de pronto que otra respiración
es el aire mejor para la tuya;
que sin rubor presumas de que un dolor heróico
fue tu mejor camino
para poder tocar la piel tan tierna de la felicidad;
que te llenes de gozo cuando veas en ese hijo la sonrisa
que ha escapado de ser mueca de muerte;
que notes con qué urgencia la luz te inunda el alma
cuando en sus labios nazca la dulzura
para llamarte madre;
que en él apoyes tu vejez el día
que tus fuerzas ya sean un lejano recuerdo.

A ti, mujer sin esperanza,
que decides perderte tantas cosas hermosas,
te digo que si aceptas
ser seca como un árbol helado sin dar fruto;
ser la protagonista de las mentiras que permites
que engañen a tu propio corazón que te duele;
ser cómplica de un crimen disfrazado de libertad,
abrirás en la historia de tu vida una herida
que no se te podrá cerrar ya nunca.