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sábado, 17 de septiembre de 2011

4932.- JAVIER DÍAZ GIL


JAVIER DÍAZ GIL
(Madrid, España 1964) Profesor de EGB, Licenciado en Geografía e Hª. Premios: • 1995, Accésit I Certamen de Poesía “Miguel Hernández”, A.V.V. ‘Pueblo Unido’, Villaverde Alto (Madrid). • Noviembre 1998, 1º Premio XI Certamen de Poesía E.U. Magisterio Guadalajara (Univ. Alcalá de Henares). • 1999, 2000, 2001, Premio ‘Ciudad de Getafe’, relato corto, modalidad ‘escritura rápida’. • 2000, 2001 y 2002, Premio ‘Ciudad de Getafe’,Poesía. • Junio 2000, 1º Premio I Certamen “Humberto Tenedor”, para el poemario “HUMO”, Abarán(Murcia). • Julio 2000, 1º Premio “NICOLÁS DEL HIERRO” 2000 al poemario “HALLAZGO DE LA VISIÓN” • Octubre 2008, Seleccionado Premio de Poesía Experimental "Diputación de Badajoz" 2008 • 2010. Finalista primer Premio de Poesía Addisson de Witt • Ha formado parte como jurado de premios de poesía y relato corto. • Ha llevado a cabo lecturas de sus poemas en distintas ciudades de España e Iberoamérica. • Participó en los encuentros de poesía iberoamericanos "Poquita Fe" Santiago de Chile (2006), en 2007 en el "Festival de Tordesilhas", Sao Paulo (Brasil). Coordina la Tertulia "Rascamán" en el café Ruiz. Madrid
Ha publicado los libros de poesía Humo (premio Humberto Tenedor, Abarán, 2000) y Hallazgo de la visión (premio Nicolás del Hierro, Piedrabuena, 2000) y Vivo Extramuros y El ángel prometido (2011),dos poemarios refundidos en el mismo libro
WEB: http://javierdiazgil.blogspot.com/






El coleccionista

Tomé mis precauciones.

Conservar la pieza
era más importante que la captura.

Desestimé las armas de fuego y toda arma blanca
cuyo filo pudiera lastimar
la fragilidad de su carne.

Trampas, medios mecánicos y golpes
fueron también desechados.

No brindaban
garantía
de absoluta integridad.

Me decidí.

Lo más delicado, sin duda,
un cazamariposas,
el oído atento y la sensibilidad
para distinguir de entre todas,
las piezas que debieran
formar parte
de mi colección.

Atravesadas con una fina aguja,
para no olvidarlas,
duermen en la vitrina
palabras en peligro de extinción.

Como un tesoro guardo
el más raro de los ejemplares.

Un “te amo”,

un intenso te amo,
– pálidas alas,
moribundo y leve –
de apenas unas horas
– moribundo –
de vida.










PESCA

Arroja sobre mí tu red,
la transparencia de la trampa,
el fulgor del esfuerzo de tus manos y tu boca.

A este lado apenas queda
mi sed saciada
y un puñado de sombras.

Atrapa mi silencio,
el reflejo del agua en mis rodillas
y este barro que anuncia la noche.

Soy presa fácil ya
-nada temas-.

Cuando mires mis ojos asustados
-un último deseo-
sé valiente y generoso:
no me devuelvas al agua.







LILLE. 1964

Para Aureliano Cañadas. Poeta, amigo y maestro.

Sobre la pared
los borrachos de Velázquez
vierten su jarra de vino.

Mi mano lenta
sobre el papel.

Mi patria es mi palabra.

Escribo amor y odio,
luz y distancia.

Don Sebastián me mira
de espaldas
y me dice en francés
que no tema.

Escribo noche y miedo,
luz detenida.

Hay un vino derramado
y una taberna en un lienzo
lejos de mi boca.

Diego Velázquez
habló en italiano y creyó en Dios.

Brota de mis ojos
el dolor.

Luz
detenida.








Final

Tiempo final.
Un invierno prendido
de mariposas.









DE PROFUNDIS

Desde
lo más
hondo
te lo pido.

Si no piensas
en mí

desaparezco.










SACRIFICIO

Me entregué
al sacrificio.

Porque dependíamos
de la lluvia
dejé que el chamán
me arrancara
el corazón.

Desde entonces,
camino como ausente
pero -inútil entrega-

no ha regresado
la
lluvia.










Espalda

Una gota de sudor
ascendiendo
por
tu
espalda.

Aquí me tienes.











Las palabras

Las palabras nos miran
desde el fondo de los cajones,
mezclado su orgullo
con la ropa interior,
respirando entre los papeles viejos,
tras las fotos desleídas de un falso futuro.

Las palabras nos acusan de abandono.

Cómo van a entender
-me digo-
el temor de falsos dioses,
el amor no correspondido,
la sucia medalla de los héroes.

Cómo explicarles que sí,
que la oscuridad de los muebles cerrados
guarda el misterio de mi tristeza,
que no hay lluvia que derrote esta tierra baldía,
cómo decir -sin palabras-
que tal vez sea abril el mes más dulce.

Os regreso a la oscuridad,
empujo los cajones,
y os pido
-no sé si me complaceréis-
un último deseo:

guardad memoria
de este instante de luz,
-permitidme volver a vuestro lado-.









LA CONTORSIONISTA

Aunque todavía puedo doblar la espalda,
tocar con mis pies la nuca,
me reservo para días de fiesta,
en los que mis hijos presumen
de un pasado de luces blancas.

La reina del equilibrio
y la acrobacia.

Giraban los platos en la punta de mis dedos,
las caras del público eran bocas de asombro.

Para esos días
entreno
cada tarde
mi cuerpo.

Ellos
jamás preguntan
por qué me marché.










FANTASMA 19
(De la serie de poemas "Fantasma")



lo
que sientes.

Yo
también
fui

mortal.










ITACA

Las bocas
de los centros comerciales
son refugio de sirenas.

Danzan los parkings
a golpe de baquetas
entre el murmullo de ascensores
insomnes.

Música de cámara
para dormir al héroe.

Se pierde Ulises entre los estantes
del supermercado.

Hoy más que nunca
Itaca está de oferta.








EL FRANCOTIRADOR (V)

El francotirador no olvida.

Ha ocupado tu casa y se esconde
detrás de tus recuerdos.
Se ha sentado a esperar.

No tiene prisa,
nunca la tuvo, lo sabes.

El suelo es la trampa,
puede que se hunda o te trague.

El francotirador te observa.

Crees que no respirando,
que agazapado y en silencio
estarás a salvo.

El silencio es herida,
él lo sabe.

Apaga la luz si quieres,
cierra los ojos, llora
si te alivia.
No estás solo.
Tu sombra se pierde
entre arena y frío.
El suelo está cediendo.

No hará falta esta vez
ni siquiera una bala.








HUYE...

Huye del mar.
Del frío oscuro y hondo
de mis pupilas.









DECIR PERFECTO

“Después de nada, o después de todo,
supe que todo no era más que nada.”
(José Hierro)


La tarde
se nutre de mentiras.

Nada está limitado.

La luz,
qué importa sea la de marzo,
–la de este marzo humilde
y de silencio–
esconde en sus entrañas a la noche.


¿Dónde hallar las palabras que me crean?



En esta sombra
declaro la certeza:
Decir perfecto
es decir nada.


(A José Hierro)