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miércoles, 14 de septiembre de 2011

4873.- LINDA MORALES CABALLERO

LINDA MORALES CABALLERO
Nace en Lima, Perú, crece y vive en diversas ciudades, entre ellas Buenos Aires, Sao Paulo y Nueva York. Graduada Cum Laude Licenciada en Ciencia de la Comunicación y Crítica Literaria y Master en Literatura Iberoamericana de Hunter College.

Es profesora en la Guardia Community College de CUNY. Como periodista ha escrito para Caretas y El Comercio de Lima, Perú, El Sol de la Plata, Argentina. En Nueva York ha colaborado con diversos medios impresos y ha co-presentado y co-producido dos programas radiales. Como letrista es miembro de ASCAP la sociedad de autores y compositores de USA.

Su trabajo poético ha sido publicado en inglés y castellano. Dentro de los títulos se encuentran: Desde el umbral, (Nueva York) Circunferencia de la palabra, (Nueva York) The Edge of Twilight, (USA) Miradas de Nueva York, (Granada, España) y Poemas vivos: el Hombre adivinado, Poemas tuyos (Buenos Aires, Argentina).
Ha sido invitada a participar en numerosas Ferias del libro, entre ellas: Las de Nueva York, Buenos Aires y Guadalajara. Sus trabajos se encuentran en numerosos sitios de Internet y su crítica literaria sobre escritores como Vargas Llosa y Junot Diaz, además de artículos periodísticos pueden leerse en www.tribes.org Notas culturales en www.latribunahispana.com



VÍSPERA

Fue una noche
lunar poblada de seres acuáticos.

Nadamos contra la corriente
atados de manos
bar adentro,
entre sirenas;
noche adentro,
entre beodos;
tiempo adentro…
en los cráteres de la utilería de las doce…

Por los oleajes de las miradas
te vi a la vez pasar por todas las perspectivas…
Desde mí, te vi por dentro…

Y así te amé,
pero confabulaste, hasta que
de mi boca eruptó un dragón
el fuego de una rabia visceral
y conocida,
mi verde desolación bajo los aviones
de Manhattan
te acribilló desde mis pupilas.

Tuve deseos de deshacerte, y lo hice.
De repente fuiste pelos, saliva,
sonrisa desleída,
la imagen distorsionada,
la foto del número temido…

La noche corrió como un río
a desaguar sus tentáculos en el mar
del inconsciente,
a revelarte que tus íconos
viven en el hipocampo de mis ojos perdidos…

Temiste tanto a tanto de tanto en mi…
que tu locura resultó tan sólo un espanto para niños,
un juego de deshollinadores,
el organillero de la esquina en penumbras…
una vida de inventadas pesadillas.

La realidad de mis misterios
te resultó una sobre dosis de verdad
inmanejable para tu biografía
de garabatos de a ratos,
de amor de a ratos,
de sabores de a ratos,
de objetos que ocupan sólo predeterminados espacios,
entre las fronteras de tus fábulas de encargo,
ante la luz de tus antorchas,
bajo la dirección de tus libretos.

Yo me salí de tus premoniciones
porque no soy ni objeto ni inventada pesadilla.
Soy el color más puro,
el dolor encarnado,
la verdadera risa,
la que no está en venta:
La emisaria, de lo que tanto esquivas.









Es difícil describir
la felicidad
que me ha dado
tu risa de niño borracho.
Contigo he mirado cara a cara
todas las efigies.
Sin parpadear, he aceptado
todos los designios.
Ante ti,
mi boca enmudece de sorpresa;
junto a ti,
todo pierde su peso y su espacio,
flota, en torno a tu magia.
Hasta yo desplumo
ante tus ojos
un streep-tease
de sensaciones,
caricias que me da tu nombre
con pequeñas puñaladas.






El hombre adivinado

¿Y, qué diremos de ayer?
Tengo un sin sabor
de noche estrellada
y pinos desnudos.

Noche de sonrisas
en un nuevo idioma,
y de una niña perdida
en su castillo.

De caminos que ruedan
por nuevas geografías,
que radiografían
viejos negativos.

Vidas paralelas,
de niños-hombres que juegan
al descuido
de no saber quiénes son,
Siendo.

Huéspedes perdidos
entre fálicos y umbilicales
Cuentos
que se cuchichean ellos mismos,
mientras auscultan
sus realidades sedientas, de
Magia…

¿Cuál de todas es la vida?

¿La que refleja la pintura
de seres hermafroditas?,
¿La que presenta el video de rock
en una noche fría de Berlín?
¿Tú que me pides un beso,
al igual que él lo hiciera,
pero que yo niego?
¿La ilusión del deseo
de aquel que me acaricia
la mejilla?
¿O el hombre,
adivinado y desconocido,
con quien comparto la urgencia
de un momento a solas
para confesarse conmigo?