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lunes, 12 de septiembre de 2011

4863.- IRENE BLEIER


Irene Bleier nació en 1950 en Montevideo (Uruguay). En 1967 emigró a Israel, y desde 1971 reside en Tel Aviv. Es hija de Eduardo Bleier, detenido desaparecido durante la dictadura uruguaya.

Escribe desde temprana edad y ha publicado en Montevideo tres libros: Ustedes en 1996 (Colección Poesía en Ediciones Imaginarias), Identidad en el año 2000 (Ediciones Trilce) y Algunas sombras árboles en el 2009 (Ediciones Yaugurú). Poemas suyos han sido publicados en hebreo en la revista literaria israelí Helicon (traducción: Rami Saari) y en inglés en una antología de mujeres poetas israelíes A sea of voices – Women poets in Israel (2008), editada por Marjorie Agosin. Está por salir en Israel una primera selección de sus poemas traducidos al hebreo.

Irene Bleier comenzó como enfermera universitaria en Terapia Intensiva. Se especializó en Terapia Grupal, y más tarde en Gestión de Riesgos en la Salud y Gestión de Calidad de la Salud en el área social de la asistencia médica.

Fue miembro fundador de los comités israelíes de Solidaridad con Uruguay, Chile, Nicaragua y El Salvador y miembro de "Médicos por los DDHH (Israel)", organización con la cual durante algunos años participó con médicos y enfermeras israelíes, judíos y árabes, en visitas profesionales a poblados palestinos en los territorios ocupados por Israel a partir de 1967.






1.

Paseo
por los islotes de mi vida,
me ocurren figuras
y palabras
buenas para entender,
para abarcar,
es por eso que escribo
y por eso



2.

A veinte metros
la espalda verde del soldado
su hombro verde
dispara
sobre niños
dispara;
mira
y no hay nada
en su mirada
no hay nada;
inútil
su espalda verde dura
chaleco contra balas
su nuca corta, joven
contra balas
su propia próxima probable
muerte
dura y joven
y verde
como su espalda
enclaustrada en el fuego
que precede a su
próximo disparo.



3.

Estoy acá,
pescando
muertes ajenas
mientras escucho
músicas de otros,
músicas solitarias,
que no me pertenecen,
que no son mías ni
podrían serlo.
Vendrá la muerte
y yo
estaré escuchando
su música y mi muerte.

Tangos
baladas anarquistas
tristes canciones de otras guerras
de otros.

4.

Canto
a la serotonina
a la química
en general y por qué
no
a la glucosa
y a los leucocitos
que me permiten
transitar incluso
por estas líneas sin
demasiado pánico
ni demasiada fiebre ni
demasiado miedo
ni
demasiado amor
ni demasiado nada.




Canto a la vida
por la mierda y por el relajo
perpetuos
el desorden
la absoluta miseria
el escándalo
por el terror
y sus variantes
por lo absoluto
y lo ajeno
por lo absolutamente
lejos de mí
que puedo estar
que puede estar
el otro.

5.

Es difícil imaginar algo tan perfecto
como tu piel
de hierro incandescente
esos rincones de tu cuerpo
de hierro incandescente,
líquidos, duros, que digieren
el aire que me quema
el aire
que acabado de arder
en hielo, hecho hielo,
se desploma.

6.

La estupidez humana
y la maldad
humana
y carnes
en deshecho
y cerebros humanos
como a lo chimpancé,
como a lo mono.



Y yo, mezo mi cuerpo
al ritmo de las balas de goma
de las balas de acero
de las balas de piedra
las balas de los muertos
a un paso
de ser los asesinos.
Aquí,
prefiero las balas de los muertos,
de los que van perdiendo,
porque los otros,
después de matar
siguen matando,
más de lo imprescindible,
más de lo imprescindiblemente
necesario.



A dónde ir entonces,
dónde llorar, dónde trepar,
dónde rascarse,
dónde buscarles pulgas
a los hijos,
como los monos,
impedir que los maten
a los hijos
sin que parezca
una conducta censurable
por los monos psicólogos
y los historiadores
y los monos psiquiatras
y los educadores
y los monos sociólogos
la puta madre
que nos parió
a los monos.




7.

Kalandia
entre Jerusalén y Ramallah
hombres mujeres niños
burros caballos carros
una mujer vestida de amarillos y azules
fuerte mayor gorda pesada
transita con sus bultos
más tarde
ella misma hecha un bulto
sobre las bolsas y maderas
de un carro
todos pasan y en el aire
denso de todos los olores
se cruzan las miradas
secas y mudas
que no parecen
mirar nada
manojos de perejiles
de semillas
bandejas de guisantes
pequeños vendedores de bebidas
y de dulces brillantes
de almíbares y moscas
todo rebosa vida,
cosa vacía de esperanza.

8.

Soy lo único que tienen
los que me necesitan
en materia de ojos
en materia de oído
en materia de olfato
siempre enclavada
en lo que huelo oigo veo
siempre crucificada
por el padre y el hijo
y todos los espíritus
santos.



Me inclino hacia las cosas
por ver
lo poco que se puede
casi nada he logrado
ver apenas.

Sin embargo
nada consuela
de la ceguera
del no poder
ver nada.


Axial
huele mejor la tierra
y todo es dulce y agrio
y triste y sin consuelo.

Axial
las lágrimas
se persiguen
unas a otras
y van a dar
todas al mar.


Axial
el mar celeste verde azul y gris
desaparecerá evaporándose
en un eterno devenir
de hielos y de ondas
y de pases eléctricos
porque todo es humano
eternamente humano
ojo cerebro
oído cerebro
nariz cerebro
lengua cerebro
piel cerebro
todo hacia el mar
eternamente todo
hacia la mar.




9.

Trepo por los senderos de mi vida
sin aire ya y sin muchas esperanzas
sin nada que me separe de los otros
y lejos para siempre de sus vidas
grandes espejos que no reflejan nada
y que si reflejaran
no explicarían lo que veo
porque no veo
ni oigo
y decir
ya no tiene sentido.




Y es axial
que voy yendo y viniendo
en el tiempo.
Que se va deshaciendo y haciendo
lo que sé de mí misma
en el aire y el tiempo
que se va convirtiendo
lentamente en la nada.
Y por eso recuerdo
o aprendí
a creer que recuerdo.
Porque no estoy donde me llaman
ni estoy en donde sueño.
Sólo junto palabras
detrás de mi silencio.
Sólo junto palabras
delante de mis muertos.).