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domingo, 24 de julio de 2011

4434.- MARÍA JOSÉ COLLADO





MARÍA JOSÉ COLLADO ROMERO. Jerez de la Frontera, (Cádiz), 1958. Mi
infancia transcurrió entre Sevilla y Essen (Alemania). La adolescencia y la
primera juventud en Madrid, donde comencé a escribir. Trabajo de
administrativo en Sevilla, donde resido. Géneros que desarrollo: poesía,
poesía visual, relatos y microrrelatos.
Colaboraciones en: Agenda de la tolerancia, Océano, Cuadernos de Roldán,
Aldaba, Diálogo, Jirones de azul, En sentido figurado, Poesía actual, Andalucía
liberal, I Convocatoria Electrónica de Poesía Visual contra la Violencia de
Género IES "Antonio Mª Calero", Pozoblanco. (Córdoba). I Convocatoria
electrónica de POESÍA VISUAL contra VIOLENCIA DE GÉNERO - IES Santísima
Trinidad – Baeza (Jaén). Tinta china.
Publicaciones: Monográfico de La Cuerda del Arco. Poemarios: La luna en el
laberinto. Arde la vida bajo el cobre lunar. Antologías: Palabras indiscretas,
Casa Eolo, I Encuentro hispano marroquí de poesía Jacinto López Gorgé,
Versos para derribar muros.
Finalista de varios certámenes de poesía. Premio de poesía del IV
Certamen Internacional Traspasando Fronteras, Universidad de Almería
2010.








COLEGIALA

Un mundo de papel por escribir
mientras pones al azar un dedo
en un punto del globo terráqueo.
Las huellas de tus manos, tatuajes
incriminatorios en la ventana
por la que escapas como sombra
para eludir la misa en la capilla del colegio.
La luz, crisálida atrapada en el ramaje
de centenarios árboles a mediodía,
mariposas acuáticas son los nenúfares,
el gesto reposado de las estatuas
invita a la cera dúctil de las confidencias.
La rigidez sombría del uniforme
no es óbice para que desde el aula
contemples a esos muchachos
que pasan bajo la ventana
acicalados camino del instituto.
Los días cincelan otra imagen,
te asombra ese cuerpo en el espejo,
rozas en la embozada intimidad
del dormitorio el terciopelo intranquilo
de senos al ritmo de la respiración.
Se demora el sueño, otro universo te alcanza,
eriges palacios de nácar, exuberantes jardines,
jazmines de otra edad, pájaros libres.
Tristeza de rejas donde el tiempo encerrado
va horadando el barro de la adolescencia.










LA EXTRAÑA LINEA

A mitad de camino entre la tierra y el mar
habita un mundo de escurridizos sueños.

Rozan la arena imposibles añoranzas
de un tiempo no vivido.

Huellas lavadas por la expansiva espuma,
bajo las gotas del irisado nácar
el tiempo en grano, borroso, sepultado.

Recuerdos apilados entre las cosas rotas,
sosiego en la sombra para un cuerpo tendido.

En el azul la luz afina los sentidos,
pálidas brumas mecidas por la brisa
de un dormitar sereno y delicioso.

En esa extraña línea, caballitos de mar,
racimos de coral, estrellas blancas,
aves de la imaginación en alto vuelo.

El ritmo de cien caracolas es sólo el eco
del largo discurso marino frente a las rocas.









REGRESO A ORIHUELA

La casa sigue en pie
anclada como un barco,
recorren sus ventanas
fantasmas familiares.
Tus retratos y libros
presiden las estancias;
la cuna de los niños,
los platos primitivos,
la cántara de leche,
han desaparecido.
En el patio la fronda
de olorosas macetas,
la sombra de un tiempo
reflejada en los muros.
No pudieron callarte,
pájaros tus palabras
anidan en el mundo,
corceles en las nubes.
La tristeza de marzo
hace suyo tu nombre
con el sol en las tapias,
los almendros floridos,
regresas por el aire
en los labios de otros.
La estatura del hombre
se mide por sus actos,
trigo claro, conciencia.
Azucenas y humo,
corazones y mármol,
un siglo compañero
tu nombre entre nosotros.





AYER

La tarde es una sábana
que de ventana a ventana
recoge el último rubor
de un sol apaciguado.
La tosca flauta de madera
con el hilo de una tonada
nos devuelve ilesos a los prados
donde la niñez deletrea
un perdido alfabeto.
El roto espejo de la casa
con tránsito de sombras,
trae un tiempo enredado
en la confusión de sus venas.








CON OTROS OJOS

Regreso una tarde de invierno
a la casa de mi infancia,
sin llamar entro, todo
parece detenido, sepia.
Mi madre cose junto al brasero
aún lleva la juventud prendida
como una flor en el pelo.
Al otro extremo de la mesa
mi padre ensimismado con sus cuentas,
un lápiz diminuto guía su mano.
Percibo el frío de su distancia,
un hondo silencio lo envuelve todo.
Ella deja en el aparador
el viejo costurero, lleva
un hechizo en los ojos,
en las sombras del corredor
se desvanece pálida.
Él remueve lentamente las ascuas,
el cansancio del mundo
en su perfil de cera.
El silencio es un pájaro disecado
presidiendo la estancia,
un ramo helado sobre el mantel,
la línea divisoria entre dos extraños.









ECLIPSE DE UNA VOZ

Su voz era la danza,
segunda piel hecha de arrullos,
túnel de luz hacia el mañana,
la piedra necesaria
para cruzar los charcos.
Un día se desplomó
como lo hacen las paredes
cuando las vigas gimen
y se arrodillan las casas.
Entre silencios de polvo y escombros
su lengua innecesaria palpita
y se redime en el hundimiento
de todas las palabras.
En la saliva derramada
flotan pétalos, las cuerdas
de un laúd y cisnes blancos
cruzan un puente de barcas,
un arcoíris palidece en el mástil
de su horizonte, eco desvanecido.








ESTA HORA

Dibuja el infinito
sobre mi silueta tendida,
me acerca a las ascuas
por las venas nocturnas.
No sé su nombre, en su rostro
fluvial se unen muchos otros.
Le pido la sal necesaria,
urge la lluvia en esta hora,
cruzan cometas naranjas
en el lienzo invernal.
Única cita de nieve,
lento deshielo, anónima
sombra de regreso al dintel
donde los pájaros duermen
en una raya de agua,
en un cuaderno malva.

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