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sábado, 6 de noviembre de 2010

1914.- JUAN RUIZ DE TORRES


Juan Ruiz de Torres (Madrid, 1931) es Dr. Ingeniero Industrial, Dr. en Filología Hispánica, Lic. en Informática, graduado en la E.O. Periodismo. Ha residido casi veinte años en ocho países, hasta 1980. Profesor universitario en España, Colombia y EE UU; experto de las Naciones Unidas en Chile, Grecia y la Rep. Dominicana; funcionario internacional de I.B.M. en Bélgica e Italia). Fundó y dirigió desde 1951 grupos de teatro, profesionales y literarios, entre estos últimos tres Ateneos (Colombia, Chile y Grecia), la Asociación Prometeo de Poesía, la Academia Iberoamericana de Poesía, la Asociación "El Foro de la Encina", el Fondo de Poesía "San Juan de la Cruz" de la Universidad Autónoma de Madrid y la "Casa del Tiempo".
Ha publicado una novela, veinticuatro poemarios, desde La luz y la sombra, 1965, a Reflejos (antología consultada y comentada), 2003, y otras tantas plaquetas de poesía. Entre su centenar de trabajos en otros géneros y en ensayo literario, el Inventario de la Poesía en Español 1951-2000 (base de datos con más de 4000 poetas de América y España). Sus poemas han sido traducidos a catorce lenguas, tres de ellos formando libro. Crítico literario. Editor; ha dirigido una decena de revistas. Habla francés, inglés, italiano, griego y ruso.
Tiene distinciones honoríficas y premios de once países.

- NARRATIVA:
País con islas (con Fumío Haruyama, 2003).
Por poco no lo cuento (2005).

- POESÍA:
La luz y la sombra (1965).
La suma imposible (1968, 1982).
Los brindis del poeta. Proposis tou piitou (bilin. español/griego, 1970).
Tiempo prestado (1973).
Un camino al futuro (1975).
Poesía para sobrevivir (1980).
Crisantemos (1982).
Las trece Puertas del Silencio (1984, 1985).
Labio de hormiga (en colab. con Angela Reyes, 1985).
Viaje a la Mañana (en colab. con Angela Reyes y Alfredo Villaverde, 1987).
Calendario helénico. Hellenic Calendar (en colab. con Angela Reyes, bilin. español/inglés, 1987).
Paseos por Nygade (1989).
Poesía, vol. 1, 1965-1979 (1989).
Verano, verano (1991).
¿Ti estí? (Homenaje a la Filosofía) (1992).
Sic transit (poemas del instante fugaz) (1992).
El Jardín de las Horas (vers. de Fumío Haruyama, 1994).
El hombre de Ur (1995).
Poesía, vol. 2, 1980-1989 (1998).
Herencia (1999).
Del amor tardío (2000, 2001).
Sonetos de amor (2002).
Décadas (2002).
Reflejos. Antología consultada y comentada 1952-2002 (2003).

- TEATRO:
Casa del Tiempo (1999).







Sólo Amor y Amistad
van más allá del Tiempo.


Y examinando la hormiga, dijo Dios:
"En verdad, soy todopoderoso".


Soy un Huésped, apenas bienvenido,
en la Casa del Tiempo.

(en El Jardín de las Horas, 1994).





SIN PERDÓN

Ante los ojos impasibles del marine
cuya cultura llenan los arcos del macdonald,
solloza una mujer de negro
por el asesinato del pasado.







MUERTE DE UNA FLOR EN LANZAROTE

A Jorge Guillén, maestro

La luz junto a la luz. Abajo, sombra.
Al rumor del crecer, la flor se estira
-renueva cielo el Sol-; vive, respira.
Afirma la estatura que la nombra.

Un mar de espigas secas. Una alfombra
de pómez sobre un lago que es mentira.
El halcón, siempre abierto, gira y gira.
Un volcán de ceniza el campo escombra.

La flor, ya con esfuerzo, se endereza.
Duele vivir. Se dobla su cabeza.
No logra iluminar su corto aliento.

A golpes de amargura, a paso vivo,
se muere porque sí. Y antes cautivo,
su polen, al fin libre, se da al viento.






MINOTAURO

Cierro los ojos, y las grietas veo
del muro tembloroso de una vida
que ya se desmorona. La partida
intuyen mi conciencia y mi deseo.

Sin fuerzas voy, anémico Teseo
de esta fiera en acecho, de esta herida
que no acierto a cerrar. Por la aterida
cuesta abajo final creo y no creo,

busco a tientas la puerta, me incorporo
para caer de nuevo. Pero en vano:
no me asustan las astas de ese toro.

Mi instinto largo fue; la espera, corta.
Debo al amor un cálido verano.
Si muero de vivir, poco me importa.







MUJER

Esta mujer, que duerme
sobre el lecho en penumbra,
una docena larga de amapolas
en mis horas de trilla del recuerdo,
algún libro, delgado y necesario
como el vino y la sal:
esa es mi vida.

Y cuando el día llegue
que deba devolverlos,
espero que me dejen hacer trampa
y escapar con su aroma,
su magia, su latido.







UR, 19

Porque hubo primaveras,
hubo otoños, inviernos y veranos,
escalofríos, sed y vientos suaves
para mi piel de niño, para mi mano antigua;

porque cien labios me besaron
y amasaron amor en mis hogazas
y fueron humus fértil a mi simiente hambrienta;

porque en Ur de Caldea, en Harán, en Egipto,
en Horeb, en Pentápolis, en tanta tierra ardiente,
planté mi tienda, gentes y ganados;
porque aprendí lo húmedo, lo fresco, lo amarillo,
lo seco, lo aromado, lo sabroso y lo terso,
lo oscuro, lo sonoro;

porque supe de ríos, amistad y montañas,
dolor y atardeceres, montes y pececillos,
aves, flores, estrellas
y fui testigo lúcido del regalo del mundo;

porque tuve a Ismael y tuve a Isaac
y tuve tardes, noches y mañanas,
vivir, valió la pena.








MANUAL DE POESÍA

A romper,
a romper.

Tanto verso fallido.

Fotos.
Y diccionarios.
Poemas como ombligos.
Discursos, crucigramas.

Sólo el instante único
se resuelve en poema.

El resto es vanidad,
tiempo al amor perdido.

A romper.
Incluso este manual.

Hay que salvar los bosques.








PAVESAS Y DIOSES

O auer juntamiento con fembra placentera
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

Al final de los años, importa poco o nada
dejar un rastro amable o una estela envidiosa,
iniciar la partida sobre un fulgor de rosa,
volverse como niño, ser apenas mirada.

Invencibles, los átomos del ardor de la amada
mueven lentos sus hilos, hacen verso la prosa
salvando negras penas, mientras la dueña hermosa
eterniza el instante de la boca besada.

Río de sangre ardiente que en la vena circula
o apenas deja hueco a la razón perdida,
muerte-luz del orgasmo, principio y despedida.

Amor es cosa fuerte que la razón anula,
un viento que nos quema. Y hasta el urgente adiós,
todos somos pavesa y somos todos dios.








SIETE DÍSTICOS

No hay más que los elementales:
árbol, abeja, lluvia, piedra, luna...


Llegamos al amor
como larvas sin ojos ni memoria.


Pánico ante la Muerte, que no venzo
más que en el fondo de tu cuerpo.


La luz me acusa
de querer anularla con mi sombra.


“Dame la mano”, dices
mientras pules tu espada.


Jamás tuve el valor de visitar
ciertos rincones de mi casa.


Me escribo, una tras otra,
cartas al corazón que nunca envío.