
Nace el 7 de agosto en el barrio de Los Sitios de la ciudad de La Habana (Cuba).
La Habana (Cuba)
1961 Se gradúa de Bachiller en Letras en el Instituto de La Habana.
1962 Forma parte de la antología Novísima poesía cubana. Publica su primer libro de poemas, Mutismos.
1964 Obtiene el Premio de Poesía Rubén Martínez Villena de la Universidad de la Habana. Publica Amor, ciudad atribuida, libro que después pasará a formar parte de Richard trajo su flauta y otros argumentos.
Dibujo de Nancy Morejón
1966 Se licencia en Lengua y Literatura francesas por la Universidad de La Habana. Su actividad como traductora se intensifica a partir de estos momentos; cabe destacar sus traducciones de la obra de Moliére, Aimé Cèsaire, Roumain Rolland, René Depestre, así como de La duodécima noche de William Shakespeare.
Portada de Dos poemas de Nancy Morejón
1967 Publica Richard trajo su flauta y otros argumentos. El libro recibe una Mención de la Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC). El jurado estuvo compuesto por José Lezama Lima, Nicolás Guillén, José Agustín Goytisolo, Roque Dalton, Regino Pedroso, Augusto Shelley y Yannis Ritzos. En este mismo año formó parte del Encuentro del Centenario de Rubén Darío, celebrado en Varadero (Cuba), al que asistieron los poetas latinoamericanos más importantes de la década de los 60.
1969 Fue antologada en la Nueva poesía cubana (Barcelona). Con posterioridad, sus poemas aparecerán seleccionados, entre otras, en las siguientes antologías: Poesía cubana de la Revolución (México, 1967), Nueva poesía cubana. Antología 1966-1986 (Madrid, 1987) y en Poesía cubana: la isla entera (Madrid, Betania, 1994).
Portada de Le chaînon poétique
1971 En colaboración con Carmen Gonce escribe Lengua de pájaro, monografía etno-histórica sobre Nicarao.
1972 Edita, en la Serie Valoración Múltiple de Casa de las Américas, la Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén.
Nicolás Guillén
1979 Publica un nuevo libro de poemas, Parajes de una época.
1980 Prologada por Efraín Huertas aparece en México una antología de su obra con el título Poemas.
Dibujo de Nancy Morejón
1982 Salen a la luz dos nuevos poemarios: Elogio de la danza (México, UNAM, en la Colección Cuadernos de Poesía) y Octubre imprescindible (La Habana, Unión), así como el estudio Nación y mestizaje en Nicolás Guillén, libro con el que obtuvo el Premio Nacional de Ensayo Enrique José Varona concedido de la UNEAC y el Premio Nacional de la Crítica.
Nancy Morejón en uno de sus viajes a Europa
1983 Ofrece un recital en el Poetry Room de Harvard. Un año después lo haría en el St. Catherine´s College de Oxford y cada vez se hará más frecuente su actividad como conferenciante y lectora de poemas, tanto en Europa como en América.
Cartel de la conferencia de Nancy Morejón en Harvard
1984 El Círculo de Cultura Cubana de Nueva York publica Cuaderno de Granada. La traducción corrió a cargo de Lisa Davis.
1985 La editorial The Black Scholar Press, de California, publica una antología bilingüe (la versión inglesa es de Kathleen Weaver) con el título Where the Island Sleeps Like a Wing. El diario The San Francisco Chonicle seleccionó este libro entre los diez mejores de poesía del año.
Academia de poetas americanos
1986 Publica Piedra pulida (poesía); el libro recibió el Premio de la Crítica. Es nombrada directora del Centro de Estudios del Caribe de Casa de las Américas, donde trabajará hasta 1993.
1988 Publica Fundación de la imagen, un estudio sobre las literaturas del Caribe.
1989 Publica Baladas para un sueño (poesía). Asiste como invitada de honor a 54 Congreso Mundial del Pen Club Internacional en Toronto y Montreal.
Nancy Morejón
1990 Aparece una breve antología de sus poemas traducidos al inglés por el Profesor Joe Pereira bajo el título Ours the Earth, publicada por el Instituto del Caribe de la University of the West Indies.
1991 Participa en el Festival Internacional de Poesía de Trois Rivieres (Quebec, Canadá) y en el curso «Dos poesías, una lengua» en los Cursos de Verano de El Escorial (España).
1992 Es invitada por el Congreso Nacional de Escritores Sudafricanos (COSAW) y recorre la República Sudafricana ofreciendo recitales y talleres literarios. Asiste como invitada de honor a la III Conferencia de Escritores del Caribe, celebrado en Curazao; así como a la V Edición de CARIFESTA en Trinidad-Tobago.
Dibujo de Nancy Morejón
1993 Se publica en la editorial Fundarte de Caracas Paisaje célebre. Poemas 1987-1992. El libro obtuvo Mención en el Premio Internacional de Poesía «Pérez Bonalde» de Venezuela. Dirigirá hasta 1995 la Editorial PM de la Fundación Pablo Milanés.
1995 Es nombrada Asesora de la Dirección del Teatro Nac. de Cuba, cargo que mantendrá hasta el 2000.
1996 Se publica en Matanzas (Cuba), en la editorial Vigía, El río de Martín Pérez y otros poemas con dibujos y diseño de Rolando Estévez. Por primera vez en España, se publica una antología de su obra poética titulada Botella al mar (Zaragoza, editorial Olifante).
El río de Martín Pérez y otros poemas se publica en Vigía
1997 Recibe de nuevo el Premio de la Crítica por su libro Elogio y paisaje.
Nancy Morejón junto a Mario Benedetti
1999 Es elegida Miembro de la Academia de Ciencias de Cuba. La editorial Visor de Madrid (España) publica, con selección y prólogo de Mario Benedetti, la antología titulada Richard trajo su flauta y otros poemas.
2000 En breve aparecerá su último libro de poemas, La quinta de Los Molinos, del que ya se publicaron algunos poemas en 1998. Vuelve a dirigir el Centro de Estudios del Caribe en Casa de las Américas.
Dibujo de Nancy Morejón
2008 Es galardonada con el Premio Escritora Galega Universal por la ALEG (Asociación de Escritores en Lingua Galega) por el conjunto de su obra.
Obtiene el Premio de Honor CUBADISCO 2008.
Apodaca
Todavía despoblada,
brillando en el corazón sin habla
de la peregrina,
entro hacia tus corrientes
sumida por ahora bajo las presiones
de un golfo mudo
que toca el fondo de las islas.
Un mono pequeñito
asoma sus ojazos de lechuza intranquila
y acecha en la penumbra la sombra de la Reina;
monito vivaz
como un colibrí chiapaneco.
Y un gavilán levanta vuelo.
Transcurren las horas
como un agua tibia que saltara entre piedras,
ante cada puerta vieja,
ante cada umbral de humo,
entre vitrales cenicientos y rejas escondidas,
destartaladas,
enrojecidas por el sano viento del Prado.
Y rueda la mañana
para que esta peregrina vaya recorriendo
la estrecha y larga calle habanera que llaman
Apodaca.
A un muchacho
Entre la espuma y la marea
se levanta su espalda
cuando la tarde ya
iba cayendo sola.
Tuve sus ojos negros, como hierbas,
entre las conchas brunas del Pacífico.
Tuve sus labios finos
como una sal hervida en las arenas.
Tuve, en fin, su barbilla de incienso
bajo el sol.
Un muchacho del mundo sobre mí
y los cantares de la Biblia
modelaron sus piernas, sus tobillos
y las uvas del sexo
y los himnos pluviales que ancen de su boca
envolviéndonos si como a dos nautas
enlazados al velamen incierto del amor.
Entre sus brazos, vivo.
Entre sus brazos duros quise morir
como un ave mojada.
Chiriboga
Suelta mi trenza
para que dance
en el mojado viento…
Vuela, bailotea,
con asustadas alas
y al revolotear
revela su origen africano.
Mi cabellera crespa
trae un furor,
un oleaje,
un ancestro
que viene desde lejos.
Aquel brillo tan negro
arrastra códigos milenarios.
Detrás de estos rizos
con su voz quebradiza
asoman mis abuelos.
Impresiones
Quejas del alma, vagos rumores,
lejanas brumas, rayos de luz,
fragante aroma de índicas flores,
himnos de guerra, cantos de amores
brotan al ritmo de tu laúd.
¿Quién, recorriendo tus Fantasías,
hijas del trópico abrasador,
vibrar no siente las armonías
de aquella raza que en otros días
poblar sus selvas Quisqueya vio?
Sobre la cumbre de las montañas,
de las palmeras bajo el dosel,
al grato abrigo de las cabañas,
y hasta en las grutas al hombre extrañas
haces del indio la sombra ver.
Y el aire cruza triste lamento,
y el eco suena del tamboril,
y al valle indiano, y al ave, al viento
a todo presta tu blando acento
fuego, armonía, vida y matiz.
Y el junco verde que en la onda
la tumba sola que arrulla el mar,
y el ave errante que allá suspira,
notas perennes dan a tu lira,
tristes historias llenas de afán.
Entre sus bosques afortunados
no escucho nunca la indiana grey
dulces areitos tan acordados
como tus cantos privilegiados,
vagos preludios de ignoto edén.
Parece, bardo, que el genio ardiente
de estas regiones habitador
templó tu lira suave y doliente,
y en viva lumbre bañó tu frente
dando a tus ritmos inspiración.
Que si inspirado suena tu canto
poblando aéreo la soledad,
ávida el alma te sigue, en tanto
que dulces notas de nuevo encanto
fascinadoras haces vibrar.
Cuando al transporte del numen cedes,
cuando tu mano pulsa el laúd
y en la armonía fácil excedes,
¡ay, quién pudiera, como tú puedes,
dar a sus trovas música y luz!
Pues de una fama ya merecida
tus Fantasías vuelan en pos,
mientras acepto, reconocida,
de esos cantares llenos de vida
con noble orgullo la ofrenda yo.
¡Oh, de la patria de Anacaona
cantor amante, bardo feliz!
ciñe con flores de nuestra zona
la que prepara digna corona
para tus sienes el porvenir.
Lianas, peces y algas
Camino sobre el río.
La luz del sol alumbra suavemente.
Mecida por un haz de extrañas flores,
lianas, peces y algas, voy bogando.
Una fuerza me empuja y no lo sé.
Un marino de cobre me contempla desnudo.
Mecido por un haz de extrañas flores,
voy bogando entre peces, lianas y algas.
Estamos, lado a lado,
mirando hacia la orilla.
Unas mujeres hablan. Otras mujeres cantan.
Tú y yo, marino, nos dejamos llevar,
nos dejamos llevar.
Camino sobre el río. Caminas sobre el río.
Aquellos ojos nos señalan,
sus pupilas desprenden el fuego más profundo.
Una fuerza me empuja y no lo sé.
Una fuerza del agua nos arrastra.
Allá vamos hundidos,
allá vamos hundiéndonos,
allá vamos, hermosos,
entre las dulces aguas del río.
MADRE
Todo lo que hay de triste sobre el mundo
en tu espíritu, madre, resumiste,
porque no se dijera que lo triste
no es, además de místico, fecundo.
A tu inmenso mirar meditabundo
tal emoción de transparencia diste,
como para explicar por qué coexiste
lo diáfano, en el mar, con lo profundo.
Y hay tal valor en tu actitud sumisa,
tal decisión en tu palabra lenta,
Y tanta austeridad en tu sonrisa,
Porque la humanidad se diera cuenta
de por qué se estremece ante la brisa
el bambú que resiste a la tormenta.
Un eco de un eco
Nada más que una marimba,
un guasá, un bombo
y la astilla de un grito
para poner el cielo
al nivel de mis pies.
Sube un temblor
asentado
en la raíz misma
de mi ancestro.
Una rosa
Los ojos de Abel Santamaría
están en el jardín.
Mi hermano duerme bajo las semillas.
Santiago alumbra
las frescura del tiempo
que nos tocó vivir.
Un niño baila
el dulce aire de julio
en la montaña.
Alguien escucha su canción
bajo el estruedo puro
de una rosa.
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