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lunes, 19 de julio de 2010

623.- JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ SÁNCHEZ

Foto: Álex Fernández Bellido.


JOSÉ ANTONIO FERNÁNDEZ SÁNCHEZ:
-Nace en 1963 en Terrassa (Barcelona), aunque reside actualmente en Cerdanyola del Vallés.
-Ferroviario de profesión, desde los 18 años.
-Actualmente no tiene vinculación con movimientos literarios. Sus únicas referencias públicas han sido la publicación de un pequeño poemario: “La profundidad del agua”, en Ediciones Rondas, año 1987; participaciones con poemas y lecturas en la “Festa de la Poesía” que organiza la “Comissió de Poetes Terrassencs”; publicaciones de poemas en extintas revistas de papel: “Manxa” del Grupo Literario Guadiana, “Cuaderno literario Azor”, “Pliego de Murmurios”, Cuadernos de Poesía Nueva” de la Asociación Prometeo de Poesía y alguna participación en el programa de radio “Breus” de RadioKanal Barcelona, donde se le han recitado algunos poemas. Ha participado en la revista literaria “En sentido figurado”, en “El laberinto de Ariadna”, en la revista Almiar (Margen Cero), en “Palabras Diversas”, entre otras.

-Tiene varios poemarios inéditos: “La tintura de los colores (31)”, “El silencio de la raíz”, “La eterna pubertad de Lino”, “Espacios y Fronteras (13…)” e “Instantes (101)”.
-Recientemente ha retomado la labor de compartir sus trabajos, mediante el uso de la Red publicando en su blog: “Autorretrato en espejo convexo”:
http://joseantoniofs.blogspot.com/
-Correo electrónico: joseantoniofs@yahoo.es


POEMAS
DE “LA PROFUNDIDAD DEL AGUA” Ediciones Rondas, 1987

II

Inútil es aparecer en la playa con la cornamusa al cuello
y el cincho apretado hasta la víscera.
Ya nadie agradece el esfuerzo de la liturgia
cuando el pulmón rezuma nicotina
y el labio agrietado huele a cera aún caliente.
Inútil es usar el astrolabio cuando
en cada ojo anida un basilisco
y el beleño trepa como un herpes arrugando el algodón
del traje y los bolsillos que chorrean mercurio
con sabor a verde anfetamina.
Las manos embarradas con perfume de caza
se lavaron hace tiempo
y la semilla de vilano que soplé con el aliento de las horas
quedó en el palco, hinchada como voz de diputado.
Quemé el tuétano de la lengua y sólo fui capaz
de aparecer ante un público con caras de elixir,
abarrotado de hojas medicinales y alucinógenos
que esperaban una gota más de oxígeno para su resina cuarteada.
Y todos se marchaban, defraudados, convertidos en ateos de la palabra.
Pero ya vendrán, con ese cuerpo de cansado anabántido.
Ese cuerpo vendrá en busca del incienso
que ya empieza a difuminarse
por todo el interior del mi agujero de anacoreta.



DE “LA TINTURA DE LOS COLORES (31)” inédito

3

Cuando quiero temblar leo y escribo.
Construyo puentes de palabras,
como argamasa mezclo versos
y cuando noto frío
me tapo, entonces tiemblo.

4

Yo escribo para mí
aunque si alguien me lee ha de saber
que no hay belleza en lo que queda escrito.
Lo realmente bonito es ver saltar
la chispa y esperar que el fuego
se espacie, lo realmente hermoso
es soplar las cenizas.

7

Sera por no morir por lo que escribo.
Así, escojo palabras que tatúo
en la parte de dentro de la piel.
Espero que esa fe no me abandone
cuando llegue el momento de elegir
entre el dolor o el hueso.

8

Dicen que sólo existe un Dios,
el verdadero.
Se avecinan tormentas y batallas.
El reglamento dice
que quien dispare el rayo más certero
se queda el trono y los anillos.

10

Saber que, al fin, la roca arrastra arena
es importante para recoger
cualquier residuo o sedimento.
De los primeros polvos que llovieron
compuse mi primera piedra.

13

Bajo una roca siempre habrá un secreto.
La forma de saber su contenido
es abriendo una brecha en la ranura
y esperar,
hasta que el escorpión se canse
y ablande el hueso de sus pinzas.
No hay secreto mejor guardado
que el que no pasa de los dientes.

16

Cuando se espacia el tiempo
se corre el riesgo de perder
esa elegancia
que transmite un pañuelo bien planchado
en un perfecto traje sin arrugas.
Aunque la sal es lo que queda
cuando se marcha el agua.

17

No es ni un poema.
Cuatro versos, seis, tal vez cinco.
Se cuenta todo.
Dentro del puño está la solución,
la forma de la cifra.



DE “LA ETERNA PUBERTAD DE LINO” inédito

SUFRIMIENTOS DE UNA DAMA CUARENTONA

Y de la frente rezumaban cántaros de leche,
manaban hebras de jazmín y alfileres
por el estigma de los labios;
y una turquesa
enredada con seda verde de alga,
convertida en nenúfar valiosísimo para ella,
esperaba impaciente ese sueño
en el que el filo de sus manos alteran
su bien cuidado
jardincito de vorticelas.


NOCHE DE BELLO INSOMNIO

Dime que en la floración
los leucocitos van más rápido,
que el polen de las piernas
hace tensar los músculos al máximo,
que el vello de tu fuente
sale con clorofila,
que las serpientes y las ostras
tienen la lengua como perros
sedientos, con el nervio protestando.

Dime que dejarás que tus pestañas
resuelvan su temblor precipitado.

Nadie te mira y sigues masturbándote.



CONSPIRACION EN LA TAPIA TRASERA DEL COLEGIO

Cuando el deseo
se entorpece con juegos de canicas
y barro, la mirada queda retenida,
inflamada la llaga con alcohol,
donde el rubor se incrusta en la vejiga,
que lame las pestañas
mientras los dedos se convierten
en lombrices afónicas
esperando salir de la agonía de una tapia
entre inocentes juegos de escondite.

Una lasciva lengua se presenta
y juega
a seducir el germen virginal de la muchacha,
a romper la aparente calma
de una tormenta en formación.




TENTACIONES DE BAÑO

De su boca emergió penumbra voz
arcillada de adobe espuma,
incendiando el cuidado anafre de sus pechos.
La estudiada silueta en la mampara
incitando al acecho;
y el vapor de medusa resbalando
por la sedienta esponja convertida
en nido de algas, en rizados
pendientes de cereza y pino.

El joven barro de su carne quinceañera
es obsesión atormentada
y ella,
con la vista velada por las pompas,
ya sólo piensa en despojar las aguas de tentáculo,
abrir la taponada fuente de su cuerpo.





ASCIDIOS DE UNA FLOR ENCELADA

Gustas de apabullar con tus seráficas sonrisas
y masticar los senos de la concurrencia.
Gustas de lacerar las miradas
de tu libado vientre
y ensalivar las plumas que te pones
de pavorreal en celo,
como si fueras una abierta baraja
con delantal de finas lentejuelas.
En el cajón del costurero guardas tus pétalos
hinchados en su arteria,
rebeldes como un vello que no sale,
y esperas, ya impaciente,
que el rojo de tus labios sea peinado
y que esa fiebre sin alivio escupa
esa lengua de víbora que tienes
acostumbrada a succionar la miel
de todas las abejas que te beben.



JUEGO EN LA SOLEDAD DE UNA ALMOHADA

Chico adolescente,
con mano torpe
inexperta mirada juguetona.
La edad sin voz
y el acné de su piel begonia,
pantalones gastados por delante templando
la mano el bolsillo abarrotado de canicas,
perdida entre las nalgas,
cosquilleando el vello rizo
y, deseoso de aplacar la ingle con un rítmico
palmoteo de sus dedos.



RETRATO INDEFINIDO DE UNA CHICA DE DISCOTECA

Ella es melosa
y llena de algas por el cuerpo,
es resbaladiza
y su mirada está plagada de escamas.
Sus ropas de segunda mano
extrañamente acentúan su bronceada apariencia
de comadrona de abortos clandestinos
y su indefinible olor
de tendedero y talco recogido,
sus manos suaves de cosmética y detergente
con ese olor de leche pajiza,
melómana en sus andares
y apasionada cuando llueven violetas luces
le gusta aparentar
bailando más edad de la que tiene.
Es una chica apasionante
que le gusta
soplar las olas desde la boca de su embudo.



DE “ESPACIOS Y FRONTERAS (13…)” inédito

CUANDO SE DESABROCHA EL SILENCIO (2)

Sólo la música
deja pegada la pestaña
en una sinfonía de pronombres.
Sólo su voz espacia los ovillos
de hilos enmarañados, hebras
en su pistilo, libres ya de su ámbar.
Sólo una nota arranca el alabastro
a los perfiles de un interrogante
y hace nácar del punto
que le falta al final de un epitafio.

Y cuando llega un tono decidido en su tormento
esas notas plagadas de vocales
despliegan sus visillos, peinan
sus joyas, limpian sus tacones
y dejan el escote placentero,
soplan su brillantina y memorizan el rímel
pues saben que su voz
es llama de aposento donde
se ablanda la garganta, el poso pierde el nudo,
donde el tendón se suelta y se adormece,
y lo que fue una cicatriz y costra
aparece el vapor, el desenlace
de un libro preferido sin finales.

Sólo la música, su vibración,
la envoltura, el masaje de su aceite;
sólo el verso
con el que ovula cada acorde.




CUANDO LA LETRA RÍE ESCONDIDA EN SU PAÑUELO DE SEDA (5)

Al pretender buscar la forma de la frase,
eso que llaman los que entienden, “A modo de poética”,
como si la poesía
tuviera sólo un modo, un solo espacio
donde los músicos pudieran
renovar sus acordes, sus atriles,
eso me digo, al pretender tocar
el amatorio donde se aparea
el verbo y sus plurales
sin cumplir el periodo del fermento,
querer abrir la dermis y esperar
a que la gota no emborrone el texto
y desear que el músculo se encoja
hasta que la vocal reciba oxígeno,
sigo diciendo, que esa búsqueda
de sílabas sembradas en el surco,
tatuadas en la piel de la semilla
esa que al germinar
hace vibrar la luz del pentagrama,
digo, que ese testificar la letra
como el que busca el manto de un desove,
ese hacerse el amor consigo mismo,
ese dar vueltas a la noria,
ese girar la coma sin que el punto se derrame,
en fin, ese amasar las tildes,
ese espaciar pronombres con mayúscula
no pasa, cuando se consigue,
de un simple orgasmo en solitario
donde el placer se pierde en uno mismo,
ya entrado el ciclo en menopausia
y olvidado un instante el celibato.




¿A QUÉ SUENA UN BOLERO? (6)

Hoy, no sé, me apetece
desempolvar el traje de frambuesa,
alinear las solapas
y planchar el pañuelo de sedales;
me apetece, no sé,
perder en el camino mis poemastros,
-tres letras sueltas y un borroso adverbio-,
dejarme el nudo flojo y que la voz descanse en los barnices.

Hoy, ya que me apetece,
vaciaré mis bolsillos de recuerdos,
esos que me retienen en la silla
y, ya sin peso, escogeré el camino
que me proponga la sorpresa.
Dejaré que la miel sin nicotina
suavice las fronteras de alambrada
y que una gota desbordada de su vaso
emborrone la huella de mi nombre
que penetre en el filo de su sílex, el poro,
el marfil, en su diente.

Hoy, sí, decidiré,
seguramente, porque me apetece,
sacarle el corcho al tiempo, hacer un brindis
con las burbujas de sus horas,
doblar el pergamino
empezando por la esquina y esperar
a que se apague el sol, a que la hamaca
se pare, a que se forme el ámbar.




ONDAS (7)

Cuando la luna viene atareada
con los deberes hechos en apuntes
y tantas vueltas dadas sobre el eje,
algunos hombres miran a ese dedo
que señala el derribo de un relámpago
ya apagado en su brasa,
perdido en la matriz de su envoltura.

Cuando en el charco nace una silueta
abstracta en su aposento, como el talco
que maquilla los surcos y el trasluz
taponando el mercurio que rezuma,
algunos hombres, yo no,
buscan el liquen derribado
que apacigüe la huella que perdieron
en la onda de una voz que reverbera
en su veta, en el linde de su nudo.

¡Tanto camino despedido,
sin mapa, ni retorno,
tanto bosque de finos alfileres
y tanta luz
atosigada en su racimo,
en el principio de su sístole,
tantas esquinas con carcoma
cansadas de su Valium macerado,
de su fermentación,
esperando la caída de su escarcha!

¿Para qué una cesárea repetida,
dar luz a lo que dentro pide sombra,
reabrir la cicatriz de la crisálida,
no entender el porqué de los secretos,
para qué, si la sal ya se hizo sólida?




ANATOMÍA CON DESPEDIDA (8)

Sentada al fondo, más allá de la causa,
su carne rígida de mármol
macerada en el óxido, en la queja
de una apretada trenza en la pestaña,
ella, deseosa
de que el pincel del lápiz se entretenga
en un lunar inverosímil,
en una arruga en rebeldía,
expectante
de que los pétalos mantengan
su sonrisa sonora y transitable,
ella,
sentada en el atril de su frontera,
puestas las gafas de estrabismo,
recogidas las mechas con agujas
que terminan en punta roma
para acatar el globo de su lágrima
y abrigada la ojera
con el mejor aceite de colágeno,
ella, que quiso ser la autora
de un mapa sin montajes
donde las líneas fueran invisibles,
consecuencia de un lifting bien grapado,
ella, que sabe que su estrógeno
le aconseja que firme un armisticio,
fiel a la marca de su rímel,
ella, libre de toda culpa
en su cuaderno donde recopila
las derrotas, escribe con cerillas
encendidas las iniciales
de mi nombre.




EN EL BORDILLO DEL CIELO HAY UN COLUMPIO (9)

Justo al borde del cielo
aparecen siluetas en columpio,
justo en el precipicio
donde el abismo es un espejo,
lámina en su deriva, un cristalino.
Los pies colgando y como en abalorio
insertada la piedra, el miedo al aparente,
ya olvidado el collar de las respuestas
en el sedal del eco, diseñada
espera de un recuerdo antepasado,
mas no encontrar la flor, ni el diamante,
sólo un arpegio de ángeles ya muertos,
algo de polvo de libélula
en la lengua y algunas letras
que acomodan su luz en yacimiento,
sólo un camino entretenido
en el vacío, el contrapeso de la duda
donde la lucidez espera
derretida en su cera, justo fuera del marco,
más atrás de la esquina de su sombra.
En la frente se posa un copo
y un viento migratorio trae preguntas
que anidan en las vueltas del rosario,
algún verso en su orilla
pero ningún espacio decidido,
ningún momento de verdad.
Justo en el borde
se ven caer los gritos
de algunos dioses descubiertos,
la soga, la respuesta,
que destapona los oídos,
que deja ver las momias,
su sexo, desde la rendija
de la erosión de sus pirámides.




REDES (13)

Todos los sueños siguen un sentido
donde la fibra es el tenor
de una composición estructurada.
El sueño forma siempre espacios
cosidos con las pieles de hilatura
donde la fiebre ocupa sus momentos
de reina de la noche,
niquelando las grietas de las sombras,
abreviando el sabor de una metáfora
agarrada a la arteria como un liquen.
Todo sueño despide el ornamento,
sea una hebilla, un cordón, un nudo, el roce
de una nube o su escarcha, sea una lengua
que cautiva o un silencio en su penumbra.
Todo sueño comienza en una luna
aunque esa luna nazca de una gota
de lejía, a pesar de que esa gota
se retenga en un ojo sobreexpuesto
cansado de ablandar arcillas,
de afilar cartabones, rotos
en el lóbulo izquierdo de su ceja.
Y cuando el ventanal se opere los juanetes
y nos abra de par en par sus piernas,
tirada ya la red
que obliga a contestar a las preguntas
sólo falta contar el número de versos.
Rota ya la deriva,
la pretensión es calcular
el espacio que queda entre las ramas
y decidir el salto
aunque la lluvia sople y el viento moje.




DE “EL SILENCIO DE LA RAÍZ” Inédito

16

Todas las llamas devoran hombres. Y todos los hombres
tienen las vísceras asustadizas.
Todos los dioses tienen los pies descalzos, planos, como
una dimensión. Solamente cuando son preguntados se les
descubre el cuerpo de virus, mientras, su trono se afianza
de dádivas y de hiedras.



Amor de ardientes pupilas, esconde tu crin asequible.
Este viento que sopla trae polvo y cartílagos.

Nunca esperéis nada de un bebedor de vino. Tienen un
aliento que cautiva y la destreza del envolvimiento.

No esperéis nada de un libro sin autor conocido.
Lo más que sería es literatura.



Y esos que prometen, sin cuerpo, ni firma, ni contrato,
esos invisibles de precaria existencia que dicen palabras
en boca de otros, esos que se acomodan en cualquier fluido,
tienen elementos volubles y cautivadores que, como el humo,
se adaptan a cualquier botella.



No esperéis nada del que os prohíbe. Seguro que una
manzana nunca os desmerece pues, al fin y al cabo,
tiene la corteza más asequible.
No esperéis tampoco caminos barridos de tierra y polvo,
pues su luz sería cegadora. Espacio candente que os desdibuja,
vuestras sombras, allí, serían puntiagudas.

¡Amor de árbol caído!, no sucumbas. Tu huella sigue
despierta bajo el olivar y el viento trae mensajes profanos
que te interfieren.
¡Ay, amor inverosímil!, deja correr tus quietas aguas.
Verás como tus prisas se despiden, como tus fuentes te saludan.

Verás cómo nace un potro en la propia estrechez de un alambre.


26

“Nacemos con los hombres, morimos desconsolados
entre los dioses”.

(RENE CHAR: La biblioteca está en llamas.)

Lloro desde las horas, aunque el camino siga estando oscuro.
El silencio es una hoja tapiada con asfalto y, bajo la losa,
el miedo, ese gran enemigo.

El individuo busca la compañía de la materia, lo palpable,
y pregunta a su chamán y éste le enseña su realidad, su tiempo
y se sientan en el lado más cercano del infinito, pero en un mapa
nunca sale todo el territorio.
Todo es mimetismo y simulacro. Y alrededor, el vacío.

Olvidamos el significado de la existencia y nos aferramos
a predicciones, aunque sean dichas por una mano quebradiza.
Y nos embarcamos en cualquier soplo, aunque sea ligero
y distante y nos lleve a mundos con forma de burbuja.
¿Y vosotros os llamáis filósofos? La semilla crece desde
dentro y vive oscura e impalpable.

La poesía tampoco es luminosidad, nace de lo más oscuro.

¿Y los que viven en el desamparo, sin Dios, ni patria?,
esos que se sacuden las esporas de las solapas, esos que
se han visto su cuerpo ilusorio, esos que saben qué encharca
el cerebro, esos que no visten con pieles de amebas.
Esos siempre verán el camino de retorno.
Tampoco ilumina tener el prepucio circuncidado,
ni escuchar testimonios con el hueso arrodillado,
ni esparcir cadenas que atenacen el presente.
Los dioses, como la mezcalina, siempre nos venden
momentos mágicos.



Busquemos el futuro, aunque nos venga impetuoso.
El límite está donde uno considere su abismo.
El infinito aún no se distingue.



DE “INSTANTES (101) Inédito

16

Siempre sé de tu ausencia.
Para que luego digan
que un fantasma no ocupa espacio.

17

Iré a tu cita
con lo mejor que tengo.
Esas mentiras que aún no sabes.

25

Quise enlazar tus dedos.
Tú, recogiste el gesto de inmediato
dejándome a deber la cuenta.

26

En la primera cita
tomamos decisiones importantes.
No hubo tiempo ni para despedidas.

30

Quedé impactado con tu imagen.
Donde debía estar la carne
encontré sólo hueso.

31

Como queriendo aparentar
me ofreciste un orgasmo
sacado de tu set de maquillaje.