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martes, 16 de septiembre de 2014

LUC-OLIVIER D'ALGANGE [11.092]



Luc-Olivier Algange

Luc-Olivier Algange es un escritor, poeta y ensayista francés nacido mayo 1955 en Göttingen (Alemania).

Su obra, prolija, (compuso muchos poemas, ensayos, cuentos, artículos), está marcada por la tradición (como se define por René Guénon ), la gnosis , el cristianismo y el paganismo.
Sus temas preferidos lo llevaron a escribir en varias revistas como La Place Royale, Pictura, Vers la Tradition, Style (qu'il fonda avec André Murcie ), Cée (qu'il fonda avec FJ Ossang ), L'Originel, Antaïos ou encore les publications de la Nouvelle Droite , Éléments et Nouvelle École .

Obras 

Manifeste baroque , Toulouse, Cééditions, 1981
La Victoire de Castalie , poème, Aguessac, Éditions associatives Clapàs, 2000
Traité de l'ardente proximité , Aguessac, Éditions associatives Clapàs, 2005
L'Étincelle d'or : notes sur la science d'Hermès , Paris, Les Deux Océans, 2006
L'Ombre de Venise , essai, Billère, Alexipharmaque , 2006
Le Songe de Pallas , suivi de De la souveraineté et de Digression néoplatonicienne , essai, Billère, Alexipharmaque, 2007
Préface à la réédition de Camille Mauclair , L'Orient vierge. Roman épique de l'an 2000 , Billière, Alexipharmaque, 2007.
Terre lucide. Entretiens sur les météores (avec Philippe Barthelet ), La Bégude de Mazenc, Éditions Arma Artis, 2010.
Lectures pour Frédéric II , Alexipharmaque , 2011



Luc-Olivier Algange: Homenaje a Ezra Pound


EL ÁNGEL DEL ROSTRO

Y como nunca antes, la sizigia de la luz;
volverá a cantar
      mirando el mar inolvidable de la quinta dinastía

y en el recuerdo de la forma dórica de Helios
      o hasta en lo hondo del nocturno vegetal…
Entonces llegaron a Oxalhunca,
pero fueron ellos quienes dieron nombre a los distritos, a los pozos, a las ciudades…
Despojados de las insignias, errábamos
bajo los tenebrosos aspectos, las sobrepellices de la llama oscura,
¡porque ha llegado el tiempo de decirlo todo!
“¡Anna Livia, quiero saberlo todo de Anna Livia!”
Y de la liturgia astral de los sabeos,
      y de Amón-Ra
      y de los sacerdotes de Hierópolis…
Salimos del laberinto de las claridades y del aire fresco del segundo crepúsculo antes del fin,
      acordándonos
de los hombres-luz de la Shveta-dvipa, la isla blanca cuyo fulgor semeja al
esplendor manifestado del sol cuando se acerca el momento
de la disolución del universo.
Y más lejos de nosotros aún, de alguna oscura superstición,
      la frágil cosmogonía de nuestro amor.

Entonces los ángeles llegaron
      y posaron en nuestras frentes el amanecer de sus alas…
en otros tiempos.
En la isla de Quíos había antaño un rostro de Diana que les parecía triste a los que entraban y alegre a los que salían…
Había un laurel plantado en la tumba de Bribia, rey del Ponto.
Los muertos son más numerosos y nuestros recuerdos más antiguos.
Pasan por encima de las ruinas de nuestra memoria.
      Y aquí están, dice Cornelio Agripa,
      los 72 Ángeles que portan el nombre de Dios,
Shemhamphoras
y su Tabla.
      “Todo lo que yo había visto hasta aquí no era nada comparado con lo que prometían hacerme ver.”

Y desde más lejos aún, los Ángeles llegaron al horizonte dorado
por encima de las ciudades de Tolosa y Burdeos
      este 12 de enero de 1986, en profecía
de las caballerías de la Aurora
y en la profunda melancolía que cae del color verde
en nuestro destino,
color de la justa doctrina…
            Llegados del linde, refulgentes, nos rodearon
mientras que, hacia la plaza Gema de Dioscuro,
yo caminaba por la calle paramnésica,
reconociendo, lo juro, cada rostro.
Y, lentamente, con nuestros trajes de fiesta, presintiendo una ley incomprensible nos volvíamos inolvidables,
      ¡salvados por la aurora boreal de la Memoria!

Ya que, ¿acaso no ha llegado, claro, con una desconcertante claridad
      el tiempo de los últimos imperios
cuyos cantos nos acompañan con el ocaso
del último dios doliente?
¿Dónde está, pues, el intersticio de los mundos?
                  En Göttingen, donde nací, en la hora blanca que precede
a Aurora Consurgens, yo releía la Götzen Dämmerung
y los Dionysos dithyramben
en el Alfred Krönx Verlag,
      recordando las liturgias zoroastrianas de Sohravardî
      “suspendido del tabernáculo de la Exaltación y de la Gloria”,
y oía el murmullo
                  por encima de mí
                  en la hora azul oscura
de las Alas de Gabriel,
sin poder hacer nada.

Pero el verano desaparece, a su vez, ante un nuevo poder
y las aguas claras son el perdón.
Todo es verdadero, nada está permitido.
      Llegábamos a países que ya llevaban
      los nombres de nuestro presentimiento…
Los relojes se disolvieron en una espuma negra bajo las faces lunares y los sueños inquietantes. Pero para conjurar
      la Suerte,
      le ofrecí a Venus la verbena, a Mercurio el quinquefolio
      y a Saturno el asfódelo.

Vivíamos en la inquietud, la lucidez y la esperanza.
¿Era el “comienzo perpetuo”
      del que habla Jacob Böhme (Mysterium Pansophicum)
o bien la última posibilidad de los epitalamios?
¿Quién podría decirlo?
      “El espíritu de profundidad nunca muere.”
Nos habría gustado que las ideas se transformaran en íconos;
no finales
      sino auroras
     como la Torre o la Emperatriz del Tarot.
Que mi homenaje vaya a las catedrales, a las oscuridades, a los símbolos—
      en este no-país de terrazas de oro,
      hermosas como la fabulación espectral de un pavo real nocturno,
sobre la soleada tragedia del horizonte…
     Y la resplandeciente coreografía de las nubes…

Tú me me miras de nuevo en el ángulo del díptico de la naturaleza
y de la Sobrenaturaleza, bella como la Eurídice platónica
de la que habla Angelo Poliziano.
La Magia Natural establece que de las piedras
                 las que dependen de Venus son
el berilo, el crisólito, la esmeralda, el zafiro, el jaspe verde, la cornalina, “y todas aquellas
que tienen un color bello, cambiante, blanco o verde”.
                    Fue así como Fluvia de Eliasem me acogió en su memoria,
vasto palacio ardiente que separaba la ensoñación del sueño…

Llegamos desde el otro lado del horizonte con los tiernos follajes de la infancia y nuestra mirada chocó con las ventanas deshabitadas…
Las Pascuas del silencio vivían en la piedra de nuestras manos.
      ¡Oh Ágata endemoniada, una sombra azul en tu frente
      presagiaba el terror
de la gran noche del estío.

Debajo de Tipheret, el Relámpago brillante alumbraba
    los pilares de la Misericordia y del Rigor,
    entre Netsach, la Eternidad, y
    Hod, la Reverberación.
Todo eso ocurría en Tolosa durante una hora
      il punto a cui tutti li tempi son presenti.
Un círculo de fuego daba vueltas en torno a nosotros, Ariel me sonreía, y en la tenebrosa
apertura de sus pupilas mi imagen, por primera vez librada de sus espejos perjuros,
mostraba
      un rostro de eternidad.
Y la sombra azul en mi frente presagiaba que había llegado el tiempo de decirlo todo:
                  la gran noche polar
                  y la frágil cosmogonía de nuestro amor.

Oh Lîlâ, juego de nesciencias del que se nos ha librado—
      y el recuerdo de Amón-Ra, más allá de la dependencia
     del espacio y del tiempo
                 dove s’appunta ogni ubi ed ogni quando
ya que Él dijo: “no os preocupéis por el mañana” —por los laberintos de aire de un follaje.
Él dijo: “dejad que los muertos entierren a sus muertos” —y el alba con diademas destierra
      en la frente negra de las rosas de sal la última apariencia de los más numerosos…
mientras que los menos caminan con ligeros pasos de fantasma
                  hacia la Estrella Flamígera.

Nos acordábamos de la Ley de las Edades de la que hablaba Hesíodo.
      “Y quiera el cielo que no tenga yo a mi vez que vivir en medio de los de la quinta raza… Entonces,
Dejando por el Olimpo la tierra de las anchos caminos, ocultando sus hermosos cuerpos bajo velos blancos, Consciencia y Vergüenza, abandonando a los hombres, subirán hacia los dioses eternos”.

     Los brincos acompasados
     de las líneas telegráficas
me acercaban a los azulados señoríos del mar.
En esos tiempos lejanos —la Edad de Oro de la que hablaba Hesíodo…
Porque nací antes de la victoria de los Titanes
                  en Heliópolis Magna,
y como Hermes-Thoth-Mercurio, bajo el signo Gema de Dioscuro,
yo fui el escriba de la Enéada divina,
creador de lenguas,
Gran Mago de las Esferas al lado de Ptah
y Maestre de los ciclos del Tiempo, según recuerdo…
                  “En los espacios eternos
                   por todas partes se ven las huellas
del hundimiento de los mundos”.
Así vivíamos en el siglo del arco iris,
      conservando la memoria de ellas, de claras lluvias malditas…
Altas sombras precedían nuestra huida. En lo hondo de la noche
      se abría el Águila de las transparencias.

Y la blancura de oro en la cartografía de los sueños…
      ventanas boreales abiertas en la frente del cielo—
El sueño fue para nosotros un jardín profético,
una arborescencia de luz…
                                                  ya que había sido dicho, en fin,
que íbamos a caer fuera del Tiempo.

“En la superficie infinita de los arces de Saturno…”,
me acuerdo de pronto del poema de Hermann Broch,
las largas frases del fuego (el Descenso) y de la belleza,
                   una vez alcanzado el límite del Tiempo…
Y Virgilio de pronto
ilumina la memoria, después del Alighieri,
      en este tren, entre dos ciudades natales
      entre dos mundos o hacia los azulados señoríos de Annabel Lee.
”Con los hombros inclinados hasta las rodillas, y él había leído el Eglogio de la Maga…”
Afuera, campos de girasoles se exaltaban en el azul crepuscular
y mi compañera sonreía dormida.
      Oh Geilissa, nombres de dioses aprendidos en la infancia me salían al encuentro
llenando el gran espacio desierto de nuestra esperanza…
      Atreo, Camira, Astypalaea…
Avanzábamos despacio y sin temor hacia la antigua ciudad.


Traducción, autorizada por el autor, de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán.







L'ANGE DE LA FACE

Et comme jamais, la syzygie de la lumière;
elle chantera de nouveau
            regardant la mer inoubliable de la cinquième dynastie
et dans le souvenir de la forme dorienne d'Hélios
            ou encore au coeur du nocturne végétal....
Alors ils arrivèrent à Oxalhunca,
mais ce furent eux qui donnèrent les noms aux districts, aux puits, aux villes...
Dépouillés des insignes, nous errions
sous les aspects ténébreux, les surplis de la flamme noire
car les temps sont venus de tout dire !
" Anna Livia ! je veux tout savoir d'Anna Livia !"
Et de la liturgie astrale des Sabéens,
            et d'Amon-Ré
            et des prêtres de Hiéropolis...
Issus du labyrinthe des clartés et des fraîcheurs du deuxième crépuscule avant la fin,
            nous souvenant
des hommes-lumière de la Sveta-dvipa, l'Ile blanche dont l'éclat ressemble à la
splendeur manifestée du soleil lorsqu'approche le moment
de la dissolution de l'univers.
Et plus loin de nous encore, de quelque obscure superstition,
            la fragile cosmogonie de notre amour.

Alors les Anges sont venus
            posant sur nos fronts l'aube de leurs ailes...
en d'autres temps.
Dans l'île de Chio, il y avait autrefois un visage de Diane qui paraissait triste à ceux qui
entraient et joyeux à ceux qui sortaient...
Il y avait un laurier planté sur le tombeau de Bribia roi du Pont.
Les morts sont plus nombreux et nos souvenirs sont plus anciens.
Ils passent au-dessus des ruines de notre mémoire.
            Et voici, dit Corneille-Agrippa,
            les 72 Anges porteurs du nom de Dieu,
Schemhamphoras
et leur Table.

            " Tout ce que j'avais vu jusqu'ici n'était rien en comparaison de ce que l'on
promettait de me faire voir".

Et de plus loin encore, les Anges sont venus sur l'horizon doré
au-dessus des villes de Toulouse et de Bordeaux
            ce 12 Janvier 1986, en prophétie
des chevaleries de l'Aurore
et dans la profonde mélancolie échue de la couleur verte
à notre destin,
couleur de la juste doctrine...
                        Venus de l'orée miroitant, ils nous entourèrent
tandis que, vers la place Gemme de Dioscure,
je marchais dans la rue paramnésique
reconnaissant, je le jure, chaque visage.
Et, lentement, dans nos habits de fête, avec le pressentiment
d'une Loi incompréhensible, nous devenions inoubliables
            sauvés par l'aurore boréale de la Mémoire !

Car n'est-il point venu, clair, d'une déconcertante clarté
            le temps des derniers empires
dont les chants nous accompagnent avec le déclin
du derniers dieu souffrant ?
Où donc, l'interstice des mondes ?
                                   A Göttingen, où je suis né, dans l'heure blanche qui précède
Aurora Consurgens, je relisais la Götzen Dämmerung
et les Dionysos dithyramben
dans l'Alfred Krönx Verlag,
            en me souvenant des liturgies zoroastriennes de Sohravardî
            "suspendu au tabernacle de l'Exaltation et de la Gloire",
et j'entendais bruire
                                   au dessus de moi
                                   dans l'heure bleue sombre
les Ailes de Gabriel
n'y pouvant rien.

Mais l'été à son tour disparaît à une puissance nouvelle
et les eaux claires sont le pardon.
Tout est vrai, rien n'est permis.
            Nous arrivions en des Pays qui portaient déjà
            les noms de notre pressentiment...
Les horloges se dissolvèrent en une écume noire sous les phases lunaires et les rêves
inquiétants. Mais pour conjurer
            le Sort,
            j'offris à Vénus, la verveine, à Mercure, le quintefeuille
            et à Saturne, l'asphodèle.

Nous vivions dans l'inquiétude, la lucidité et l'espoir.
Etait-ce le "commencement perpétuel"
            dont parle Jacob Böhme (Mystérium Pansophicum)
ou bien la toute dernière chance des épithalames ?
Qui saurait le dire ?
            " L'esprit de profondeur ne meurt point".
Nous eussions aimé que les idées devinssent des icônes;
non plus des fins
            mais des aurores
            comme la Maison-Dieu ou l'Impératrice des Tarots.
Hommage à vous, cathédrales, obscurités, symboles -
            en ce non-pays aux terrasses d'or,
            belles comme l'affabulation spectrale d'un paon nocturne,
sur la soleilleuse tragédie de l'horizon...
            Et la resplendissante chorégraphie des nuages...

Tu me regardes encore à l'angle du dyptique de la nature
et de la Surnature, belle comme l'Eurydice platonicienne
dont parle Ange Politien.
La Magie Naturelle précise qu'entre les pierres
                        dépendent de Vénus,
le béril, la chrisolithe, l'émeraude, le saphir, le jaspe vert, la cornaline, "et toutes celles
qui ont une couleur belle, changeante, blanche ou verte".
                                   Ainsi, Fluvia d'Eliasem me reçut dans sa mémoire,
vaste palais ardent disjoignant le songe du sommeil...

Venus de l'autre côté de l'horizon avec les tendres feuillages de l'enfance, nos yeux se heurtèrent aux fenêtres inhabitées...
Les Pâques du silence vivaient dans la pierre de nos mains.
            O Agathe au démon, une ombre bleue sur ton front
            présageait la terreur
de la grande nuit de l'été.

Au dessous de Tiphéreth, l'Eclair étincelant allumait
            les piliers de la Miséricorde et de la Rigueur,
            entre Netsach l'Eternité, et
            Hod, la Réverbération.
Tout cela se passait à Toulouse pour une heure
            il punto a cui tutti li tempi son presenti.
Un cercle de feu tournait autour de nous, Ariel me souriait, et dans la ténébreuse
béance de ses pupilles, mon image pour la première fois délivrée de ses miroirs parjures
montrait
            un visage d'éternité.
Et l'ombre bleue sur mon front présageait les temps venus de tout dire
                        et la grande nuit polaire
                        et la fragile cosmogonie de notre amour.

O lîlâ, jeu des nesciences dont nous fûmes délivrés -
            et le souvenir d'Amon-Râ, au-delà des appartenances
            de l'espace et du temps
                        dove s'appunta ogni ubi ed ogni quando
car Il dit: "ne vous souciez pas du lendemain" - par les labyrinthes d'air d'un feuillage.
Il dit: "laissez les morts enterrer les morts" - et l'aube diadémée exile
            au front noir des roses de sel l'ultime apparence des plus nombreux....
tandis que les rares marchent à légers pas de fantômes
                                   vers l'Etoile Flamboyante.

Nous nous souvenions de la Loi des Ages dont parlait Hésiode.
            " Et plût au ciel que je n'eusse pas à mon tour à vivre au milieu de ceux de la
cinquième race... Alors,
quittant pour l'Olympe la terre aux larges routes, cachant leurs beaux corps sous des
voiles blancs, Conscience et Vergogne, délaissant les hommes, monteront vers les
Eternels".

            Le bondissement cadencé
            des lignes télégraphiques
me rapprochait des bleuissantes seigneuries de la mer.
En ces temps lointains - l'Age d'Or dont parlait Hésiode...
Car je suis né avant la victoire des Titans
                        in Héliopolis Magna
Et comme Hermès-Thoth-Mercure, sous le signe Gemme de Dioscure,
je fus le scribe de l'Ennéade divine,
créateur de langues,
Grand Magicien des Sphères au côté de Ptah
et Maître des cycles du Temps, il me souvient...
                        " Dans les espaces éternels
                        Se voient de toutes parts les traces
de l'écroulement des mondes".
Ainsi vivions-nous dans le siècle de l'arc-en-ciel,
            gardant mémoire d'elles de pluies claires maudites...
De hautes ombres précédaient notre déroute. Au coeur de la nuit
            s'ouvrait l'Aigle des transparences.

Et la blancheur d'or dans la cartographie des songes...
            fenêtres boréales ouvertes sur le front du ciel -
Le sommeil nous fut un jardin prophétique,
une arborescence de lumière....
                                                    car il était dit, enfin,
que nous allions tomber hors du Temps.

" Dans l'étendue infinie des planes de Saturne...",
soudain je me souviens du poème d'Hermann Broch,
les longues phrases du Feu ( la Descente) et de la beauté,
                        une fois atteinte la limite du Temps...
Et Virgile soudain
éclaire la mémoire, après l'Alighieri,
            dans ce train, entre deux villes natales
            entre deux mondes - où vers les bleuissantes seigneuries d'Annabel Lee.
" l'épaule penchée contre son genou, et il avait lu l'Egloge de la Magicienne..."
Au-dehors, des champs de tournesol se glorifiaient dans le bleu crépusculaire
et ma compagne souriait dans son sommeil.
            O Geilissa, des noms de dieux appris dans l'enfance venaient à ma rencontre
peuplant le grand espace désert de notre espoir...
            Atrée, Camira, Astypalaea...
Nous cheminions avec douceur, et sans crainte vers l'ancienne cité. 


1986.
LUC-OLIVIER D'ALGANGE

http://literaturafrancesatraducciones.blogspot.com.es/