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martes, 12 de agosto de 2014

FABIANO CALIXTO [10.888]


Fabiano Calixto 

(Garanhuns, BRASIL   1973) es un poeta y traductor brasileño.
É anarquista e também mestre em Teoria Literária e Literatura Comparada pela USP. Tem poemas e artigos publicados em vários jornais e suplementos do Brasil e do exterior. Publicou os seguintes livros de poesia: Algum (edição do autor, 1998), Fábrica (Alpharrabio Edições, 2000), Um mundo só para cada par (Alpharrabio Edições, 2001), Música possível (CosacNaify/7Letras, 2006), Sangüínea (Editora 34, 2007) – este finalista do Prêmio Jabuti de 2008 na Categoria Melhor Livro de Poesia –, e A canção do vendedor de pipocas (7Letras, 2013). Traduziu poemas de Gonzalo Rojas, Allen Ginsberg, John Lennon, Laurie Anderson, entre outros. Traduz atualmente as obras de Kenneth Rexroth e Benjamín Prado. Editou, com Angélica Freitas, Marília Garcia e Ricardo Domeneck, a revista de poesia Modo de Usar & Co. Atualmente edita O Almanaque Lobisomem. Seu novo livro de poemas, intitulado Nominata morfina, sairá em breve.



Presentamos, en versión del poeta mexicano Miajil Lamas, tres textos del poeta y traductor brasileño Fabiano Calixto (Garanhun, 1973). Fue finalista del Prêmio Jabuti en la categoría “Mejor libro de poesía”. Ha sido editor de revista de poesia Modo de Usar & Co. y actualmente edita O Almanaque Lobisomem. Es anarquista y Maestro en Teoría Literaria y Literatura Comparada.
http://circulodepoesia.com/nueva/2013/08/poesia-brasilena-fabiano-calixto/







LA CANCIÓN DEL VENDEDOR DE PALOMITAS

Para Angélica Freitas


frente al
Banco de la Nación Argentina
el vendedor de palomitas
de la avenida Paulista
descubre el misterio del Honda plata
que pasa lentamente, soberbio
(“qué cosa más solitaria”)
piensa en la noche crónica en el organismo
de la mujer de vestido floreado (donde
predomina el pelirrojo)
ahora silba  y coloca maíz en la cazuela
las explosiones despiertan mi hambre
(en El País
El presidente apuesta por las políticas
a favor de los “más olvidados”
y “los que pueden menos” –
enciendo otro cerillo, prendo otro cigarro,
otra melodía
frustrated icorporated)
cuando llega el otro, de bicicleta
anunciando el accidente en la Rebouças
(“se puso de la chingada, mano”)
luego se guarda su charla, se calla
la lluvia recomienza su cantilena
necesito de las horas, pero no encuentro mi celular
una muchacha linda (empapada) se detiene
frente a mí
balbucea
can you help me remember how to smile?
silencio y recuerdo de una calle
que tiene el nombre de mi amor
-imagino que las canciones de Bob Dylan
existen para hacernos soportar días
como éste- la
ciudad se altera, oxidada
de alteridad y desidia
(la Contenta Bar
está muy muy lejos y
la noche pasada
tú no viniste a verme





A CANÇÃO DO VENDEDOR DE PIPOCAS

Para Angélica Freitas

em frente ao
Banco de La Nación Argentina
o vendedor de pipocas
da avenida Paulista
desvenda os mistérios do Honda prata
que passa lentamente, soberbo
(“coisa mais sem gente!”)
pensa na noite crônica no organismo
da tiazinha de vestido florido (onde
predomina o ruivo)
agora assobia e coloca milho na panela
os estouros acordam a minha fome
(no El País
El presidente apuesta por las políticas
a favor de los “más olvidados”
y “los que pueden menos” –
risco outro fósforo, acendo outro cigarro,
outra melodia
frustrated incorporated)
quando chega o outro, de bicicleta
noticiando o acidente na Rebouças
(“foi feio pra caralho, mano!”)
logo envelopa a fala, se cala
a chuva recomeça sua cantilena
preciso das horas, mas não encontro meu celular
uma moça linda (ensopada) pára
em frente a mim,
balbucia
can you help me remember how to smile?
silencio e lembro de uma rua
que tem o nome do meu amor
– imagino que as canções de Bob Dylan
existam para nos fazer suportar dias
como este – a
cidade se altera, oxida de
alteridade e acídia
(La Contenta Bar
está muito muito longe e
a noite passada
você não veio me ver






E-MAIL PARA CARLITO AZEVEDO

hombre, pero todo está tan serio
todo tan pupitre de enfrente
sin sol, sin Río, sin gente

esa falta de imaginación ¡qué misterio!
todo carece de esa levedad, bonita
que en nuestras leves veredas levita

(los pasos de la diosa toda viveza
una garota siempre de Ipanema,
siempre sol, sorbete, playa, cinema)

son tantos tontos en punto de tristeza
por un lugar en la mass media – toscos teachers
versión brasileña de Herbert Richers

y son tantos aprobados –todos: desgracia–
y tanto poeta pedante (yo sólo podía –
qué manía –estar hablando de poesía)

es… Brasil está perdiendo su gracia…
pero alguien de lejos grita – alea jacta est,
Coca-cola is the best!




E-MAIL PARA CARLITO AZEVEDO

rapaz, mas está tudo tão sério
tudo tão carteira da frente
sem sol, sem Rio, sem gente

essa falta de imaginação, que mistério!
tudo carece dessa leveza bonita
que em nossas leves veredas levita

(os passos da deusa sempre acesa,
uma garota sempre de Ipanema,
sempre sol, sorvete, praia, cinema)

são tantos tontos em ponto de tristeza
por um lugar na mídia – toscos teachers
versão brasileira Herbert Richers

e são tantos tiques – todos: traça –
é tanto poeta pedante (eu só podia –
que mania! – estar falando de poesia)

é… o Brasil está perdendo a graça…
mas alguém de longe grita: – alea jacta est,
Coca-cola is the best!







E-MAIL PARA TOM WAITS

Ella, una angustia hopperiana, recargada en el balcón, tomaba dry martini y soltaba grandes bocanadas de humo. Fijaba su propia sombra – que era ella misma en versión instrumental, tomando dry martini y soltando inmensas bocanadas de humo. Mi carraspera cínica dio comienzo a la conversación. Yo sabía que ella era sólo una bella muchacha que quería llegar a una librería de viejo y comprar un libro de Larry Brown, leerlo en éxtasis, guardarlo bajo el grafitti, lo que la memoria probablemente olvidaría, y la noche siguiente encontrar a alguna amiga para contarle que la madre le había telefoneado, llorando, para contarle que el padre continuaba con una sed insana y que el hermano se mata con traficantes, pero aún así siempre habría un espacio en la vida, aunque mínimo (aquel que hay entre la muerte clínica y el paciente extendido sobre la mesa de cirugía), para la vida. De la misma manera que ella sabía que yo era el sujeto más solitario de la ciudad, y que mi cigarro se estaba acabando y que yo diría que en algún lugar entre el siglo XIX y Etiopía, Rimbaud le había pegado un tiro a uno de sus criados por haber intentado robarle, mientras dormía, dos o tres monedas de oro. Nosotros, definitivamente, no creíamos que fuese verdad. Y eso acabó en tensión. Entonces, en el dancing casi vacío, ella me tomó del brazo, sacó su lápiz labial y escribió la palabra sintaxis. De la nada. Y de la nada recordé una canción de Jonnhy Cash y me quedé intrigado por saber si él habría pasado por algo parecido  cuando pensó en cantar Hurt. Jonhy Cash no se acordaba de los sueños de noches anteriores –dijo ella. Me quedé quieto y le pedí otro cigarro. Lo que me enoja del amor es que es una cosa muy sencilla. Es como comprar una paleta en la tienda. Es como llegar tarde al trabajo e improvisar cualquier cosa. Debería haber un contenedor para el amor entre la basura orgánica e inorgánica. Pero no, no, las personas lo guardan consigo y lo llevan a comer con la esposa y con la amante, entre uno y otro guiño. Lo llevan a las reuniones de sobrefacturación y al juego de futbol con el hijo, en la Playstation. En el amor cabe todo, el catarro, la lágrima, el esperma, la sangre, el cariño, la mentira, la verdad, la infidelidad. Es muy amplio. Por demás democrático, como la muerte – amarte amuerte,  morrir. Extraño ¿no? Me quedé quieto nuevamente. Estaba muy borracho y  yo – que tenía que hablar sobre el amor- con certeza lo había dejado en alguna vieja canción que habla de perdedores y borrachos incorregibles. Yo era apenas un cachorro mojado esperando que la ciudad se vaciara para poder urgar en la basura y, quién sabe, encontrar un amor cualquiera, y matar mi hambre. Ella era aquel dulce desorden de los sentidos. Pero el dulce desorden de los sentidos jamás había escuchado ninguno de sus discos. Tuve que cantar una a una sus canciones, sin siquiera acordarme de alguna. Antes de dormirse dijo: la culpa y los cadáveres escondidos son la esencia de las ciudades. Aquellos brazos eran como un inmenso beso y en ellos me escondía durante toda la noche. Entonces un ataúd apareció en medio de la sala. Yo, confortablemente anestesiado, le besé el rostro, y, antes de que el pájaro con olor a combustible emprendiera su vuelo, despostó al amor, quieto y olvidado, atrás de su sueño, peligrosamente próximo al azúcar de los sueños.




E-MAIL PARA TOM WAITS

Ela, uma angústia hopperiana, encostada no balcão, tomava dry martini e soltava imensas baforadas de fumaça. Fitava sua própria sombra – que era ela mesma, em versão instrumental, tomando dry martini e soltando imensas baforadas de fumaça. Meu pigarro cínico deu início à conversa. Eu sabia que ela era mais uma bela garota que queria chegar num sebo e comprar um livro do Larry Brown, lê-lo em êxtase, guardando sob o grafite o que a memória provavelmente vacilaria, e na noite seguinte encontrar alguma amiga para dizer que a mãe havia telefonado, aos prantos, dizendo que o pai continuava com uma sede insana e que o irmão metera-se com traficantes, mas mesmo assim sempre haveria um espaço na vida, mesmo que mínimo (aquele que há entre a morte clínica e o paciente estendido sobre a mesa de cirurgia), para a vida. Da mesma maneira que ela sabia que eu era o sujeito mais solitário da cidade, e que meu cigarro estava acabando e que eu diria que em algum lugar entre o século xix e a Etiópia, Rimbaud teria dado um tiro em um de seus criados por este tentar lhe roubar, enquanto dormia, duas ou três moedas de ouro. Nós, definitivamente, não acreditávamos em verdades. E isso acabou em tesão. Então, o dancing quase vazio, ela pegou em meu braço, sacou o batom e escreveu a palavra sintaxe. Do nada. E do nada, lembrei de uma canção interpretada por Johnny Cash e fiquei curioso em saber se houvera ele passado por algo parecido quando pensou em cantar “Hurt”. Johnny Cash não se lembrava dos sonhos das noites anteriores – ela disse. Fiquei quieto e pedi a ela outro cigarro. O que me enoja no amor é que ele é uma coisa fácil demais. É como comprar um Chicabon na padaria. É como chegar atrasada ao trabalho e esfarrapar um verbo qualquer. Deveria haver uma lata para o amor entre a coleta seletiva de lixo. Mas não, não, as pessoas o guardam consigo e o levam para o jantar, com a esposa e com o amante, entre uma e outra senha. Levam-no para as reuniões sobre superfaturamento e para o jogo de futebol com o filho, no Playstation. No amor cabe tudo, o catarro, a lágrima, o esperma, o sangue, o carinho, a mentira, a verdade, a sujeira. É amplo demais. Democrático demais, como a morte – amar-te amor-te, morrer. Carente demais. Fácil. Só o amor parece não caber no amor. Estranho, né? Fiquei quieto novamente. Estava bêbado demais e o amor – o que eu tinha para falar sobre o amor – com certeza havia deixado em alguma velha canção que fala de perdedores e bêbados incorrigíveis. Eu era apenas um cachorro molhado esperando a cidade se esvaziar para que eu pudesse vasculhar os sacos de lixo e, quem sabe, encontrar um amor qualquer e matar minha fome. E ela era aquela doce desordem dos sentidos. Porém, a doce desordem dos sentidos jamais havia ouvido nenhum dos seus discos. Tive que cantar uma a uma as suas canções – sem lembrar sequer de uma. Antes de adormecer, ela disse: a culpa e os cadáveres escondidos são a essência das cidades. Aqueles braços eram como um imenso beijo e neles me guardei durante toda a noite. Foi então que um caixão apareceu no meio da sala. Eu, confortavelmente anestesiado, beijei-lhe o rosto, e, antes do pássaro com odor de óleo diesel abrir seu voo, depus o amor, quieto e esquecido, atrás do seu sono – perigosamente próximo ao açúcar dos sonhos.







Em torno de

um disco repetindo-se
uniforme
a dor presente
um salmo
esquecido na página
consumada de um baseado

e continua
redemoinho melódico
não de poeira
vento
com agulha riscando o escuro
da luz apagada
dos sulcos mínimos

um molusco carregando a parede
como um código

uma mosca decorando
a paz do prato sujo

continua a agonia
do futuro

rezando em mim
como um relógio

Fabiano Calixto, Música Possível (São Paulo: Cosac Naify, 2006)







Quanto,

entre noites
melancólicas,
ruas sem saída,
dia após dia
piorando a ferida
aberta,
custou-me,
nuvens
perdidas,
passeios
só,
suor a contragosto,
frio,
no fundo do poço,
catarata cobrindo
o corpo
todo,
contas sem pagar,
falta de ar,
febre amarela,
febre de rato,
tifóide,
deixando de lado
o amor,
sopro
cosmo
humano,
disenteria
erros calculados,
a poesia?


Fabiano Calixto, Música Possível (São Paulo: Cosac Naify, 2006)







Obituário literário com figuras de gatos e ratos

os ratos roeram a vida dos poetas
– livres do peso das letras, os estetas

em outras esferas escreverão, pois,
no cavo, vácuo profundo, sem voz, à foice

(esta persiana a zerar o ar dos distraídos),
não mais poemas, já que lidos os labirintos,

nada mais resta, nada, nem a quem se
amar ou refutar, não esfria, nem aquece,

a luta com palavras já não faz parte de
paixões ou razões puras, nenhum alarde,

nada de metáforas, nenhuma metonímia
– a menina de lá não dá mesmo a mínima.

os ratos, rudes e arrogantes orates,
gorjeiam na goela os corpos dos vates

e, ainda assim, nas estantes, talhados,
ficam os poemas – como nos telhados

gatos de gostos e colmilhos afiados, à leitura
nasal do rastro dos ratos, vigiam venturas.

de um pulo a outro salto, uma gangue
de gatos retalha a noite com sangue

de restos de ratos que das tripas, as tropas
de versos, vazam as mais soberbas sopas.

Fabiano Calixto, Sangüínea (São Paulo: Editora 34, 2007)




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