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martes, 12 de agosto de 2014

DANIELA FLORES [10.880]


DANIELA FLORES

Nació en el estado de Hidalgo, MÉXICO  en el año de 1983. Poeta, narradora, ensayista y editora. Periodista egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es editora y miembro fundador de la Editorial Patético y del grupo cultural Colectivo Entrópico.
Es autora del poemario Plegaria a un cuerpo, Editorial Patético, 2013. Parte de su obra se encuentra en las antologías: Memorias del 9 Festival Latinoamericano de Poesía 2013, Tintanueva Ediciones, Ayuntamiento de Nezahualcóyotl, 2013 en el marco del 50 aniversario de creación de la ciudad; Un claro en la ciudad, Colectivo Entrópico, 2013, Poemas al viento, La Cabra Ediciones, 2008, entre otras.

Se ha desempeñado como reportera en Notimex y en otras publicaciones a nivel nacional. Su labor como editora y/o autora han sido reseñados en la revista Siempre!, en el diario La Jornada, y en las revistas especializadas de literatura como Ciclo Literario, (México y España) y en medios electrónicos como Periódico de Poesía de la UNAM (México), entre otras de latinoamérica y Estados Unidos. También ha publicado narrativa en la sección literaria de la revista Playboy México y Playboy Colombia.





Del poemario Plegaria a un cuerpo, Editorial Patético, 2013.




Pordiosera

Amanecí fresca y dichosa.
Cínica como pordiosera extiendo mi mano.
Dame un beso.
Estos labios de sed
son tierra fértil
donde viven y mueren
los secretos del cielo.

Vamos a fornicar.

Es tan dulce tu boca.
Tan jóvenes tus dedos.
Tiemblas.
Es el delirio del hombre que espero.

Te mueves como pez
en el agua de mi cuerpo.
Fosa oceánica.
Mar abierto.
Has caído en mis brazos
justo a tiempo,
cuando la vida se ríe
nuevamente de mí.

Muerdo tus pezones
de miel
y tu mirada
me la unto
en mis ufanos 26 años
y soy feliz.

Voy a cantarte en las noches
en que robas mis sueños
como a un fantasma
que apenas recuerdo
pero que me penetra
y me posee en silencio.









Plegaria a un cuerpo

5

Mi cuerpo,
que es puro.
De veneno y polvo.
Imperfecto.
Hijo de dioses y furias,
te acaricio lentamente
porque yo en este mundo,
no tengo más.

Hemos cruzado juntos
el umbral de la muerte
y a estas horas de la noche
nos toca bailar.

Soy dueña de este cuerpo.
Usurpadora de este cuerpo.
Y sus lamentos,
yo
los convierto
en poesía y sal.

Como fiel espectadora de mi propia existencia,
lo he visto ahogarse, mentir, temblar, reír, volar, parir, resucitar.
Yo misma lo he limpiado con yerbas.
Y lo he visto acostarse con el mar.
Bañarse en amor.
En sudor de amor.
Y correr desnudo y fresco
a la hora de amar.
Manjar de cosecha exquisita
de carne, de ríos, de lava de volcán.
Este cuerpo que ven aquí, señores,
es inmortal,
la sangre que brota en sus raíces es poesía,
y se siembra en tierra firme,
se pega en las pupilas
o se deleita en el paladar.

Las manos que amasaron este cuerpo
y el aliento que lo echó andar
lo mantienen vivo
y lo ponen a cantar.

Y ésta es la plegaria que ofrezco,
porque yo,
en este mundo,
no tengo más.






La primera visita

Es tan fácil entregarse.
¿Por qué no habría de serlo?
¡De nada tengo que huir!
¡Tómalo todo!
Siempre habrá más.
Soy quien multiplica el vino en la fiesta.
Vivo entre las tempestades
y siempre hay algo en mi mano
para ti.
Camino desnuda
y nunca me falta abrigo
que darte.
Para mí es tan fácil entregarlo todo.
Con la mano en la cintura
te recibo de pie junto a la cama:
Este cuerpo es tu casa.
Generosa te pongo las nalgas
en la cara.
Una y otra vez
y toda la noche.
La noche eterna.

Es tan fácil quitarse la falda,
abrir las piernas
y ser la anfitriona
que no esperabas.






LA CIUDAD SALVAJE 

días y días recorren tu frente
¡oh ciudad salvaje!
he venido a conocer
la verdadera miseria
en tus calles.
a través de tus ojos
veo dolor, insomnio
y una eterna resignación,
hombres y mujeres,
aun los niños,
son tus soldados
enfilados,
decadentes.
millones y millones
visten, lloran y ríen
contigo,
para ti,
de ti,
pero sin ellos.

¡oh ciudad salvaje!

¿cuánto más podremos soportar?
¿cuánto más pueden  llevar tus brazos?
¿cuánta sangre más ha de correr por tus coladeras?
¿cuánto más podremos engañarnos?
¿cuánto más hemos de ver?
piedra sobre piedra cae.
el corazón se angustia.
piedra sobre piedra la esperanza me crece.
piedra sobre piedra
he de construirte
dentro de mí,
en miniatura,
la ciudad más bella
y sin arrugas
donde la gente
se mire a los ojos y reconozca algo.

¡oh ciudad salvaje!
estoy sentada a tus pies
acariciándote.