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jueves, 21 de agosto de 2014

ALBA CERES RODRIGO [10.979]

Imagen
Alba Ceres Rodrigo, por Pepe Maiques




ALBA CERES RODRIGO

Alba Ceres Rodrigo (Nápoles, 1986), inició y abandonó sus estudios de Historia del Arte en la Universidad de Zaragoza y actualmente aprende con entusiasmo a abrazar a su violonchelo en el Conservatorio Profesional de Música de Alicante. Escribe en el blog:    http://embellecerloexhausto.blogspot.com.es/ 






"infancia, aquí hace tanto silencio y todo es tan irrevocable"
(Brigitta Trotzig)


lavarse las manos antes, después de todo
era una obligación prescrita que no quería
de nosotros el amor por las arcillas,
no quería para nosotros, niños
huellas sobre huellas dactilares
trepando como el liquen húmedo sobre los árboles.
educados en la limpieza, borrábamos
aquel rastro que habríamos de perder, si no,
de un modo menos inocente
que bajo el chorro generoso de agua fría.
preludiábamos sin saber, niños que dejaríamos atrás
la muda impotencia ante el tacto de lo vacuo







Vuelo herido

Tengo la garganta de un pájaro
y también me ocurre esto:
dejo cosas atrás,
olvido nombres, borro rostros,
tengo remordimientos de conciencia...
Luego se me pasan y digo
ya nunca más me ocurrirá ―y clavo
mis dientes en las alas de mi lengua
sabiendo que eso no es una certeza.  







SUTILMENTE

No por nada
me parece que el tiempo
es ese velo que cae liso sobre la lisura
o se arruga a nuestras arrugas
según las palabras que decidimos
usar para no nombrarlo,
para no creer que pasa y va, va
alejándose del silabario
con el que aprendimos a decir
huiré, correré sin mirar este visillo
o este corazón se desenhebra,
más lejos todavía de alcanzarnos
allí donde escondimos las palabras
que decidimos no aprender.








acordono
detrás de un silencio otro
a esperas de un porvenir que me tienda la mano
azul de la serenidad o quizás
por no dar pie al escándalo de vociferar
que tengo un dolor dilatado en las pupilas
cuyo campo de visión lo sembraron los demonios

con la indómita violencia de una loca
de una impúdica
de una desesperada
me hago nudos de silencio
próximos al corazón
hasta sentir la asfixia
de mi latir de azufre y chamusquina

acoto
lo incomprensible en pequeños cercos-trampa
y barrunto desde el borde
alternativas para este desconsuelo:
volverme injusta para con la injusticia,
estrangular palabras que no me dicen nada,
un nudo más, y otro, y otro, y otro,
y otro, y otro, y otro...







Cimiento el futuro de una arquitectura melancólica,

pequeñas esquirlas óseas harán de mí
una jaula vacía



.......................................



Hundo mi dedo
en el hoyuelo de mi garganta
y lo muevo buscando
y me hago círculos y buceos y cosquillas
y la boca se me abre y digo
ahí está

qué -anhelando ser la voz





Del bolsillo de una enfermera

los bolsillos de las enfermeras siempre están llenos

ese mundo aséptico en el que ya nadie cree
sin cierto esfuerzo
se acumula en los bolsillos blancos de sus batas de trabajo

mamá, en cambio, siempre se enfada conmigo
porque echo a lavar los vaqueros con los bolsillos llenos de papeles
que hacen bola durante el centrifugado ―le digo: versos que quiero limpiar

la higiene se atrinchera dentro de sus pañales de gasa

fuera está lo enfermo
fuera están los cuerpos chocando rabiosos contra el oxígeno
fuera está lo escrito duro como un tumor que ya no cabe en la lavadora

amo las manos de todas las enfermeras que cruzan la línea con vocación
dono mis palabras a su ciencia, entrego mi suciedad conejita de indias
y suplico: quimioterapiadme este poema hasta dejarlo calvo débil claro

ya otra cosa

onomatopeya de un cáncer sin rodeos

ya otra cosa

tiritas sonrojadas

ya otra cosa

mamá recién nacida de uno de sus bolsillos