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lunes, 27 de mayo de 2013

VIRGINIA AYLLÓN SORIA [10.011]


VIRGINIA AYLLÓN SORIA
(La Paz, Bolivia, 1958).- Poeta, bibliotecóloga e investigadora literaria.
Docente universitaria. Responsable del Centro de Documentación en Artes y Literaturas Latinoamericanas (Cedoal) con sede en la ciudad de La Paz (2003-2005). Colaboradora de publicaciones especializadas y productora de programas radio y televisión sobre temas culturales.
José Roberto Arze la retrata en los siguientes términos: “Estudiaba sociología, era dirigente estudiantil y militante de la Juventud Comunista. Algún día decidió trocar las ‘señoriales’ disciplinas sociológicas por las de la sencilla y servicial bibliotecología, sin abandonar sus ideas ni su militancia. Fue y es nuestro ámbito común. La vida se encargó de producir cambios políticos que la afectaron, sin quitarle la confianza en la vida ni el amor a los libros”.

Ciudad de viernes por la noche

Después del licor y la charla, 
después del tabaco y el silpancho,
de la cara que se agranda 
del escote que baja y la falda que sube, 
después del llanto y del baile, 
después, oh! amanecida Ciudad 
te llenas de insinuaciones y declaraciones 
El amor sale de bares y cantinas, 
se escabulle por puertas y portezuelas, 
se desparrama por tus calles y avenidas, 
tus plazas se inundan de voces  
y quejidos amorosos….



LIBROS
Poesía: Búsquedas (relatos y poemas, 1996); Búsquedas: las discapacidades (2004).
Estudio: La ausencia de Adela Zamudio (multimedia en coautoría con Cachín Antezana, 2012).
Otros: La otra mirada (antología coautora con Ana Rebeca Prada, 2000).





Amo el candor de las muchachas

Amo el candor de las muchachas
su arrogancia de vestido al aire
su soberbia de arrasar con todo
(Desvergonzadas
atacan también la palabra)
Amo el ocaso
de las mujeres
porque calladas
celebran el venerado silencio.







A veces las palabras nacían

A veces las palabras nacían como endebles
cachorros de gato; horribles y diminutos
seres cuya única belleza estaba en su
posible futuro. Dependientes y parásitos
habrían de seguir ciegos su primer paso por
la vida. Luego, abrirían los ojos y se
hincharían y brillarían y descubrirían y
nombrarían y pedirían y a veces también
darían: las palabras.







El silencio no es ausencia de palabra

El silencio no es ausencia de palabra, es
palabra concentrada. Mas, no todo silencio
concentra palabra. Cabe recalcar la
diferencia entre el silencio del Altiplano,
cargado de palabra y el silencio de ese día
en que me quedé sin nada que decir y desde
entonces busco, muda y ciega, el sendero
de la palabra.






La costra

Una costra organizó el inconcluso anhelo de la
palabra: mezcla de miedo y gritos ahogados en la
boca de la boca.






La cojera

Si el balbuceo como toda habla, la cojera para
caminar: sin asidero, hecha para la caída.
La cojera supone un ritmo desigual. Alta
para unas cosas, pequeña para otras.
Marcha desequilibrada es mi vida. A un paso
exacto le corresponde otro adulterado. Mas
el paso falso es descanso, lugar apacible del
desorden y la contra.






El fallido corazón

Palpitación: cifra numérica de mi tiempo
exacto,
me denuncias viva
y sólo anhelo desaparecer
no te quiero en mi muerte
y tú la marcas.







Miedo

Miedo era femenino y grueso, de falda corta
y piernas gordas. Con sombrero de flores
secas me persiguió a lugar de la memoria
visitara. Miedo disfrutaba el juego del
zigzag entre los árboles del bosque de mis
recuerdos. La sonora carcajada de Miedo
me acosaba doquier: ¡pegajosa y pringosa,
imposible alejarla!
En una de mis incursiones a la Casa de las
Remembranzas pude tocar a Miedo; dormía
plácidamente en mi regazo; a veces relamía
sus sueños que eran también su memoria.
¿Qué recordaba Miedo?







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