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jueves, 15 de noviembre de 2012

MANUEL LIENDO [8514]




Manuel Liendo 
Manuel Liendo Seminario, nació en Lima, PERÚ. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Educación en la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima. En 1988 publicó De partisanos y otras mudanzas (Prólogo de Enrique Lihn) y en 1999 publica en Boston la primera edición de Tanto enamorarse para morir. En el 2004 publica el Poemario Antológico del mismo nombre. En el año 2007 publica Leopoldo relata y en el año 2009, Tubular Bells. Ha participado en diversos encuentros de poesía, tanto nacionales como internacionales. Su poesía, equilibradamente densa, poseedora de una estructura elegante y lírica, constituye una voz marginal dentro de la llamada “generación poética del 80” en el Perú.






de sus dos libros Leopoldo Relata y Tubular Bells. disfruten de su poesía.


V

(Ommadawn)

Avanza mi cuerpo y apenas toca esta tierra porque soy tu silbo mi amor
Depauperado de la oscuridad excluido fulgura mi recuerdo que estoy donde crecí
Todo lento se acorta la luz de mi mente y en ardor distinto de este aire sereno
Camino devolviendo mis pies al seráfico sosiego torreznero
Muertos fueron todos y alumbraron sus almas en mi conciencia
Me place mi barrio reflejado la cerca inútil de los jardines encarnecidos
Está abierta la puerta principal y hechuras no de averío contemplo
Todos vueltos de la muerte festejan mi regreso ornamenta mi comedor grande
Platos vacíos lucían llenos vaciedad se llevan a sus bocas
En cámara lenta en alegría lenta, en algarabía lenta almuerzo lento como memoria
Espaciosa la tertulia remisa la emoción que atraganta ambos pulpejos
Los violines hablan por ellos y recodan la sublime calidez del ágape
Sus acordes familiares se desvanecen en guturales simulacros
Algo se entroniza para engastar los dientes algo superior y magnífico
Flamean las lenguas familiares
"Te esperábamos hace años" "No me digas" "qué de tu piel de durazno"
"es que hijo" "bebe lo ya bebido" "a todos conocemos" "vaya por eso"
"familia muy decente" "habrasevisto"
sin haberlos tocado en mis manos está también esa cicatriz del amor
ese aire sanatonino que te enseña un paraje en el mundo
donde invoco el secreto de las sangres
"escucha a tu padre" "esta buenaza la ensalada" " me has servido así, un poquito más
cholita" "Vas a reventar" "hijo sirve más vino" "baja el volumen para conversar"
nosotr querr os fu ssssssi ahhh uum va va
los violines producían largos runrunes inundaba con premura
inmutable la mesa brillante sordas convulsiones para muertes laboriosas
ya no me imaginen mi alma estruja su corazón
sobre qué tradición he posado que sedujo
el liviano ambiente donde mudan los semblantes
acojo la muerte y arrojo los hilos para que brote la necedad
no agitaré más los ecos familiares pondré mis manos en la arena
porque nada sabré nada más aunque esperaba algo más
que una visión memorable de unas aves amarillas
cruzando en bandadas las lilarosadas del crepúsculo







LEOPOLDO Y VERA SABEN ALGO DEL AMOR


I

Para Leopoldo el calor del amor es el mismo
teniendo en cuenta que prendió
su primera fogata cuando empezaba
a ser un adolescente. Terminando así
la oscuridad de muchas noches.
Avivando fuegos distintos fue creciendo
y comprendió que el amor son palabras,
rostros, lugares quemándose en su centro.

II

Para Vera le producía temores
y trataba de cubrirse el rostro,
sin dejar de poner los ojos
en los designios del amor.
Lo ayudaba con su cuerpo
y le prestaba su voz
para su difícil
y perniabierto asunto.

III

Ambos tenían una idea complicada
del amor. sólo por darse el gusto
de morder una misma fruta.
Leopoldo y Vera saben algo del amor.








LEOPOLDO Y SUS AMIGOS

Si mis amigos fueran hechos de anécdotas donde el placer recuerda
sería olvido forzado del mito memorioso el reversible camino
de las palabras bien pronunciadas, sombras que saturan
los bolsillos de un escenario alquilado.

A ti te gusta el juego, la baraja infantil de los héroes matinales,
el primero de una gran cola de metáforas
donde todos abrimos los ojos por primera vez para no perdernos
porque aun cerrados recordamos la presencia de cada uno
la costumbre de extrañarnos, la carga esencial, la gravidez de la correspondencia
y mas metáforas se repiten esperando su turno para recordar.







LOS ROSTROS DE LEOPOLDO

Leopoldo pide un rostro para vivir
sabe que con él, recibirá o perderá
la mayoría de sus deseos.
En la entrega, del rostro, la gente
pasa indiferente y Leopoldo
siente que está ante un acto íntimo
Con el rostro a cuestas, Leopoldo
muestra su vida.
Al final del día su corazón
hace una liquidación
de lo que ganó o perdió.
Sólo así los actos íntimos
cuentan con la asistencia
asombrosa de Dios.






LEOPOLDO Y EL MAR

De vez e cuando lo extrañas
así como detestas el respeto
que infunde porque siempre
te sorprende con la misma
metáfora distinta.
De él no tienes
mucho que decir
aunque es un ser apasionado
que siempre pregunta
y nunca responde
que se acopla
a cualquier historia
desde su indiferencia
hasta la provocación
del color
de cada corriente
el gesto de su rostro
La existencia a punto
Exacta lubricación
Así debe ser Leopoldo
Nunca falla
Mar adentro
o mar afuera
o en su entraña
donde levanta el vuelo
el día o la noche.


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