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domingo, 1 de abril de 2012

6556.- JOSÉ LUIS SEVILLANO



José Luis Sevillano
Nació en Oviedo en el año 1979. Es autor del libro La victoria en la derrota (Universidad de Oviedo, 2011). Sus versos han aparecido en las antologías Fábula de fuentes (2006) y El triunfo de la muerte (2011). Ha colaborado con las revistas Versativa, Hesperya, Las Hojas del Foro, Letra Clara, El Alambique y Clarín.
La victoria en la derrota, I Premio Poesía Universidad de Oviedo (Ediuno, Oviedo, 2011)





ODA A JUAN LUIS PANERO


Cuando leo tus versos,
Juan Luis, en la tortura de la noche,
ahogado en el humo
de las ensoñaciones,
la Muerte bien vestida se presenta.
Me pregunta si es cierto
lo que veo en el filo del cuchillo,
si es vivir ver morir
o acaso una derrota
que presagia mi sueño melancólico.
Entonces los maestros
comparecen, me piden que les brinde
por una buena vida
más allá de la muerte,
al otro lado de la luz del alba.
Tú los conoces bien:
Quasimodo, Cavafis, Luis Cernuda,
Rulfo, Pavese, Borges,
Fitgerald y Vinyoli;
todos ellos bailando con la Muerte.
La fantasmagoría
se disipa con gesto cabizbajo,
sumisos bajo el yugo
de las sombras, te nombran,
Panero, su discípulo perfecto.
Pero no queda nada,
tú lo sabes, más lejos del cristal
rayado de la copa
que anima al entusiasmo
olvidado por años de naufragios.
Las horas se dilatan
como el humo pesado de una pipa.
Un tic tac de reloj
irrumpe en la cabeza
al ritmo del tambor de las batallas.
Mas la imagen se nubla
más allá de mi espíritu indecente,
solo la sombra débil
de un cuerpo malogrado
por excesos, fantasma de sí mismo.
Y mi alma es un desierto
donde acampan jinetes de Tijuana
-sabes de quiénes hablo-
con el gatillo listo,
apuntando de frente al entrecejo.
Ya han pasado las cinco
y me empeño en manchar una hoja en blanco,
oficio de suicidas,
encajando palabras
como piezas del puzle de mis días.
Vuelvo a tu voz, tus libros
cargados de ceniza maloliente,
de espejos que reflejan
el ayer, y fantasmas
que renacen del polvo del fracaso.








CORTINA DE HUMO


En la noche que evoco a mis fantasmas
me preparo una pipa y me acomodo
en una mecedora. Paladeo
entre las bocanadas y vaivenes
el humo del tabaco de Latakia,
sus intensos sabores orientales
que invocan la palabra del poeta.
Silencio. Me sumerjo en la penumbra,
en el abismo de una niebla densa
que brota de la pipa como un hilo
y empantana la estancia con su aroma.
Una apacible fumarada sella
el peso del recuerdo y de la culpa.
Aposento abrumado en la nostalgia,
cuando abro la ventana se liberan
los fantasmas que parten envueltos en el humo.








DESPEDIDA DE GUIÑOL


Arriad las velas,
la compañía ya ha llegado a puerto.
El misterio se esconde tras la bruma,
mi carne se acartona por el frío.
Ahora, querida mía, puedes irte.
Regresa en la barcaza. Y continúa
jugando con tu mísero recreo
de afilar la guadaña y no dejar
títere con cabeza.


Publicado en El Alambique, 2, (2010).








SLEEPY HOLLOW


Aquellos bosques tétricos de Nueva Inglaterra.
En los caminos se respira el miedo
al oír el galope de tu bruma.
Afilas el acero de la muerte
en busca de las almas solitarias.
Y de la mueca,
vil, de una calabaza,
encendida en la noche de los muertos,
se escucha la pregunta del destino:
-¿A dónde vas jinete sin cabeza?












GLOSA A UN POEMA PRIMERIZO


He fumado las hojas de los libros,
saboreando el humo
que dejan las palabras.


Calada tras calada,
me he perdido en los sueños,
que cobijamos en los más profundo
de nuestra libertad.


No hay misterio detrás de este poema
ni claves que resuelvan un enigma.
Tan sólo unas palabras pretenciosas
en la noche en que el humo me subió
a la cabeza.








LA CAÍDA


a Pelayo Fueyo




Siempre tendré una deuda con las olas
por su envite constante hacia la roca
que me clavé una tarde de verano.


Un día no será vetusta roca
sino arena que arrastra la marea,
esponjosa caricia en mi costado
que blande la memoria del tropiezo.


Sonriendo en la cima de los cielos
me hallaré cobijado en mi alegría,
vengado con la ayuda de los mares.


Siempre tendré una deuda con las olas
por devolver la paz a mi vergüenza.










ALEJÁNDOME DEL CORRELATO OBJETIVO




Yo, que he visto a la muerte muy de veras
en la piel amarilla de mi abuelo,
tumbado sobre el lecho y a la espera
de partir con el máximo silencio;


yo, que he visto a la muerte entre los huesos
del cuerpo devorado de mi padre
por las huestes del cáncer del infierno,
un combate de fuerzas desiguales;


yo, que he visto la muerte de mi abuela,
y en mis brazos sentí su último aliento,
con el rictus pacífico y sin queja
del que arriba en el reino de los cielos;


yo, que he visto a la muerte tan de cerca,
acampada a la puerta de mis días,
no sentiré respeto cuando vuelva.
Sin lágrimas será mi bienvenida.






LA TUMBA DE AGAMENÓN, REY DE MICENAS




He llegado hasta aquí, por el sendero
que atraviesa la luz de la memoria,
en busca de la pócima del tiempo
que otorgue gravedad a mi persona.


Me rindo a la belleza de mis obras,
aquellas que protegen los leones
del ataque furioso de las hordas
que encabeza el olvido de los hombres.


Y, con fastuosidad, alzo en mi nombre
la sepultura digna de mi cuerpo,
que dé reposo a este anciano regio
de esta vida dorada por los dioses.


Aquí, con esta máscara en el rostro,
alcanzaré la eternidad, bien pronto.