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domingo, 1 de abril de 2012

6540.- MAITE PÉREZ LARUMBE



Maite Pérez Larumbe (Pamplona, 1962). En el año 2009 fue incluida en la lista de las ocho poetas más significativas de España en los últimos 25 años, según un estudio publicado en Estados Unidos. El mérito se lo debe a la obra “Mi nombre verdadero”, dedicado a figuras femeninas de la Biblia. Una mirada a las mujeres bíblicas desde el punto de vista de una feminista contemporánea.
Ha publicado tres poemarios: El nombre que me diste, (Editora Regional de Murcia, 1993), Mi nombre verdadero (Pamiela, 1998) y
Consideraciones del torturador (Bilaketa, 2004). Así mismo, ha estrenado en el Teatro Gayarre de Pamplona tres textos teatrales breves: Pequeños movimientos (2005), Extremófilos (2006) y Una oportunidad para Zarraberri (2008). El primero y el tercero se representaron traducidos al inglés en el teatro Òran Mor de Glasgow (Escocia, RU) con los títulos Short Spin y Zarraberri, en versión de Chris Dolan.





La adúltera


Sospechar
que las callejas,
la luz, los soportales
no fueron nunca míos,
los cómplices que aventuré hasta ahora.


Convocar
una densa vergüenza
que enferma a los que quedan.
Su agitación llamando a los pequeños,
empujando a los viejos a las casas,
allá donde no llegue el hálito del cáncer.


La tarde
seguirá igual de mansa tras mi muerte.
Eso es morir,
saberse innecesaria
para que el aire esparza laborioso
el olor del almendro
aunque mi pecho ávido
lo necesite tanto.


Descubrir que el horror
nunca será mayor que la sorpresa.


De Mi nombre verdadero (Pamiela, 1998).










Se acercaron de noche,
el horror sólo era
imaginable en sueños.


Era su oscuridad
su amable laberinto,
la recóndita dicha
un hemisferio oculto,
la vida aún en su útero perfecto,
antes de que los niños aprendiaran
a clavar las tijeras en los pájaros.


Era como otras veces
sobrevolar la cúspide del gozo
del calor palpitante, pero llegaron los heraldos oscuros,
reconoció las huellas de su cuerpo,
su abandonado hueco amorosisímo
la ausencia que humillaba los espejos,
el terrible vacío del espacio
que había sabido suyo y envolvente.


Atravesó avenidas de miedo
interminables galerías y la luz amarilla que le hacía
parecer aún más niño, más desnudo
más tierno en su estructura golpeable,
matable, suponiendo
que nada mostraría a la mañana
la esquina desprendida de la noche.


Abajo, ya en la calle, se encontró con la lluvia amanecida.








Gauez hurbikde ziren
ametsetan baizik ez bait zen
izulaborri hura irudiahaleko.


Bere ilunpe gozoa
laberinto maitagarri bat eta
gordeko zoramen hura
izkutuko enisferio bat ziren oraino,
bere aurtoki perfektoan bizitza,
jakin gabe zeuden haurraak atean
azturrez txoriak ziztatzen.


Inoiz bestetan bezala
gozomenaren eta
bero pilpiragarriaren tontorrak
hagalpulunpan ibilzeko garaiak, heldu ziren, ordea, mezulari ilunpekoak,
aztertu zituen gorputzeko zantzuak
utzitako sakon maitagarri ausentzia,
berea eta ingurubilgarri sentitua
zuen hutsarte izugarria.


Zeharpasa zituen beldur abenidak
ibilgune azkenik gabeak, eta bere egitera kolpagarria,
hilgarria are eta umeago, biluzago,
samurrago bihurtzen zuen argi horizta
ustez gauari jaulkiriko ertzak
ez ziola goizari fitxik erakusiko.


Behean ordea, kaleratu zenean, eguntxinteko euriarekin egin zuen topo.




(Del poemario "Antología Poética Vasca" -Frankismoaren biktimei eta askatasunaren aldeko borrokariei omenaldia-", páginas 364, 365, 366, 367; Ediciones Vanguardia Obrera, S.A. //ya desaparecida//; calle Libertad, 7 tercero-drcha, Madrid 1987; traducción al euskera: Jon Arzallus Egiguren












Dominical desazón


Ese silencio espeso
es de betún o brea.
Un engrudo que trepa por las sillas,
llena los vasos y mancha los cristales.
Es puntual a su cita
y se desliza sucio la tarde del domingo,
a eso de las ocho en primavera
y algo antes en invierno.
Abismo del lunes que, total, luego no es para tanto.












Escribir un poema


Uno no dice: “Estuve en Singapur”.
Uno rebusca en la memoria –no suele ser el caso–
o corre a google
y encuentra un nombre propio e inventa un escenario,
por ejemplo, Loong y una tienda de pájaros.
Lo he dicho así, a voleo.


Luego, elige una especie, atrévete,
un casuario, y describe el barullo:
“En la tienda de Loong, en Tuas, junto al canal,
o al mercado, lo que sea,
antes o después de… mientras… ¿llovía?,
tú llevabas… ¿qué más da?… unas sandalias blancas,
la vieja polaroid…” , (esto sugiere un pasado en común,
¿es lo adecuado?), ¿tal vez un abanico?
Tú decides.
El lector, pobrecillo, traga entero tu viaje a Singapur,
tu curioso carácter de viajero,
a Loong y su pajarería,
te añade por su cuenta un pantalón de lino
y un pañuelo en el cuello,
se come todo junto y se muere de envidia
y piensa, desgraciado, que escribes como dios.








Estupidez


Fulano, eres más tonto que pichota,
por más currículo y más duda metódica
que luzcas cuando no hallas
la feliz frase hecha que te salva del caos.
Eres tonto, Fulano, y a tu edad
estos padecimientos se hacen crónicos.
Resignación pedimos a lo alto los que te soportamos,
y para ti, un poco de silencio.








Generación


La veo después de dos, tres años,
marco profesional, cordial, no más que eso.
Y de pronto, desborda lo común.
Delicia de la edad, confiesa: “estoy bien,
como nunca, a la mitad del recorrido, ya, por fin,
me tengo”.
Cierto vértigo sí, que compartimos, porque el tiempo, líquido,
se escurre.
Asiento.
Un regalo del día.








Maternidad y precisión


Queridos, os he dado la vida.
No la vuestra, que no es cosa mía y por lo tanto,
no hay mucho que decir,
salvo que existen llamadas de la especie o del momento
que una descubre e incorpora o simplemente acata.
Os he dado la mía, con sus años tan cortos y sus días eternos.
Eso sí que me afecta.
Sólo me salvaría de la enajenación que lleva aparejada
que el lenguaje fuera fiel a sí mismo y nadie utilizara la expresión
dar la vida
después de un tiroteo u otro hecho violento.
Eso es que te la quiten.










Género


Antes había tres o cuatro
a un tiro de piedra.
También yo era más joven
y menos exigente y todo era posible.
Ahora, no acabo de encontrar.
No soy la única. Y en parte me consuela.
Hombres.
En algún momento dejaron de crecer,
nos dimos cuenta y esperamos
que al menos nuestras hijas
encuentren compañeros de su talla
para tomar café.
No digo que no haya, sólo que no los veo.
No me cabe duda de ningún género.








Imprecación


Que les den.
Que les den por el culo a todas juntas,
a la Polonesa opus cincuenta y tres,
a la leve gasa que levantaba el palpitante seno,
a Armando y Margarita,
que los jodan.
Que ya nos han jodido suficiente.










Fondo de armario


Sobria y metódica, durante años me vestí de gris.
No quise que mi atuendo me alejara de nadie.
Ni herir ni ser herida, me sentía tan torpe.
Mi armario, tan modesto,
no quería ofender.
Ahora, a buenas horas,
me he comprado ropa de colores y quiero ser hermosa.
Mejor dicho,
rescatar la hermosura, si queda, si existió.
Uno y otro extraños ejercicios de vanidad, sin duda.


[DE: Precariedad y persistencia]