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martes, 13 de marzo de 2012

6280.- JOHN MARTÍNEZ GONZÁLES



JOHN MARTÍNEZ GONZÁLES (Lima, PERÚ 1981). Comunicador Social. Promotor cultural. Ha publicado el poemario Collage de viaje (Editorial Altazor, 2009). La plaquette Doblando (2010. Edición de autor). El poemario El Elegido (Casa Katatay Editores, 2011).
Es miembro de la Asociación Cultural Casa Katatay. Dirige el ciclo “Viernes de Letras”, en el Bar Zela, en Lima. Poemas suyos han aparecido en revistas impresas y webs del Perú y el extranjero. Ha realizado trabajos de video poesía junto al videasta Jair Uzziel.





Saber muy bien lo del habla
Lo del volver a perder
Y la risa lenta de un beso exacto
Y el soplido de fuego en el corazón
si amanezco en otro cuerpo
Entrelazado el sueño y la piel,
La lucidez del caos
De una desesperación que es clara como la muerte
Una desesperación definitiva
de limeño villamariano
de tipo que bebe su humo y fuma su verso
de enamorado abandonado junto a su ballesta
de animal nocturno que vaga por su alimento.
Una desesperación que de paz
fuerza salud.
Saber de antemano
que esta puede ser la última nota
el vuelo en que Icaro vuelve a volar alto
a pesar su muerte anterior,
y tener una terquedad de planta sonámbula
de fiesta pagana
de piedra tallada para salvar la sangre.
La certeza de que todos los caminos te lleven a la muerte.








“EL pohema no acaba sino hasta
Llegar al poema”


Eduardo Dalter


Octubre por indeferencia por inercia
por inercia el piano deslizando sus manos en el violín
y el violín volviéndose piano por contradicción de tacto
- con una mañana así no necesito otra repetición -
pero con la repetición descubro cosas a destiempo
una segunda mirada elimina o crea el ritmo
un detalle en tu voz o en tu pelo devela la nostalgia
ósea me enamoro de ti por tu segunda vez
por lo inédito de un encuentro de mares y fabulas de espumas
por la marea en decreciendo que marcó tu mirada
todo lo recuerdo y lo nombro para desesperación 
de mi recuerdo primero
Hay un violín y un piano cambiando de cuerpo
hay un cuerpo trasfigurado y otro que se transforma
hay una forma de mirar con todo el cuerpo
hay un camino que es una ventana que es el aire donde caigo 
a escribir
escribir sobre lo que fue nosotros desde mí no es valido
pero nadie pidió lo valido sino lo absoluto
lo que avasalla lo contundente
tu silencio repentino
Lo que se murió sin mí para descubrir mi cadáver
tu adiós de 5 años repitiendo el gesto
tu adiós la inmovilidad de calendarios y de pohemas vividos sin ti
una prolongación del adiós en mí que no me despido
te amo en el recuerdo y te amo en el futuro
pero ahora no amo otra cosa que lo que se incendia lo que rebasa
amo mi cuerpo descubriendo luces, acumulando labios
amo la punta de la lengua del pohema que termina en el pohema
Si un pohema pierde la voz el pohema habla con la pierna
amo lo que no termina.
Lo que siempre se puede transformar.


De Collage de Viaje










A Juanse y Natalia


El incendio de nubes
desde la terraza habitada por pianos invisibles
entre los niños de lenguas nómadas
y el agua de azar
azahar
en sorbos
en infancia ilícita
dejavú con mi nombre,
desde el extremo del pentagrama
el re/conocimiento del recuerdo
el palo santo las pastillas molidas
las velas y el estruendo
10 años
y Lima
bajo el mal de ojo
la costa verde
en medio de mi niñez
de azar
azahar
jugar
dar
perder
caer
imposibilidad del verbo
amputación del sonido.












Poemas del libro El Elegido.




El cuerpo es otra cosa,
el Elegido flexibiliza la piel e incendia el arpa y el violín
es un instrumento más
la puerta entre los Apus y nosotros,
lenguaje cifrado de las piedras
latido distinto de la especie
el Elegido
es otro cerro
otra verdad.








El ojo de agua es filtro de la devoción
soca puquío dormido
en el sendero del danzante
adentro
el sapo
el amaru
el cóndor
y el jaguar
afuera
el atipanacuy
el espíritu del agua
despertando la obsidiana
el secreto
y el cuerpo
la cuerda vegetal
la mesa preparada
para el polen milenario y cadencioso
lo fértil de la verdad invocada por el baile.








Chuspicha* teje una danza
y el sonido dentro del sonido me desconcierta,
lo inédito decora la casa
allí veo
una pata de cóndor petrificada y negra
alrededor
pedazos de metal solos
más allá
registros en claroscuro.


Entonces
los padres retenidos en los ponchos
la genealogía y el poder guiando
la mano de Chuspicha
que junta el metal
y corta el aire.
La danza desborda
hace tintinear la casa
vuelve narcótica la hora
invoca piedras de poder
y caminos milenarios.


Al fondo los andenes
invadidos por árboles migratorios,
el Sol
dora también el viento
mientras la tierra prepara la primera lluvia
y Chuspicha preña la atmosfera de grandes ojos.


Cae la tarde sobre la tierra
será la primera noche de la fiesta del agua.