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martes, 13 de marzo de 2012

6272.- ALBERTO CISNERO

Alberto Cisnero (La Matanza, Buenos Aires,1975). Escribió: La sustancia en infracción (2002), Los dados de la muerte (2004), Mil brillos apagados (2007), Akullico (2009), El precursor químico (2009), Tagsales (2010), Adiós y hasta pronto (2010) y De rayos negros (2011); todos inéditos.


de Mil brillos apagados




Efecto


Y llegué a ver el fondo cenagoso
de una inscripción en una tableta
como otro fugitivo resplandor
que sin trisagios, etiquetas, bártulos,
veintisiete símbolos alfabéticos
se agusana conservando su especie,
el efecto retardado de un foco.








De su fin


Cuando suspendas el tranco, con la
lentitud de un párpado, e indeciso
quede (o de su fin presago) otro
corto episodio de aquel sueño
geórgico, cumplido el frío de ese
primer invierno, roto o vendido
un jacinto, rodando hasta el polvo
se hunda y leve te sea la tierra.












de Tagsales




1-


Sospecho que no sos un artista,
sólo querías matar a alguien
(odre o fantasma oculto subsistía)
en cuya honra fuera escrito esto.
Lo voy a terminar, a escribir
muchas veces.




5-


Quisiera ladearme el sombrero, una gilada;
alguna vez tuvo que haber llovido, alguno
se ocupará de recordarlo. Los ojos
estaban para mirar y para abrirlos.
Alegamos simpatía porque también podríamos
sentir lástima.




6-


En vano busca la tarde cada hoja
con sus nervios allí donde una puerta
había o en lo que sobre el cuerpo
se verifica cruje una rama
y su viaje es rectilíneo, acumulación
anómica; cada uno se cura como puede.




8-


He visto en los antigales
las tinajas de mis muertos;
desdeñaron la emoción
lexicógrafa (el bostezo,
un énfasis que chorreara)
para trinar en el agua.




20-


Cerca pero siempre a igual distancia
de la advenediza múltiple luz,
no hay víctimas aquí, ninguna
referencia a tiempo y lugar;
la piedra abatió las nítidas aguas,
un efímero atavío de totoras.




30-


Decía así: éste es el final, exacto
o inexacto en los detalles
(eso no es más que una cuestión
de método), de donde nunca
regresaremos; ud está a salvo.
Y no escribo para ud por dinero.












de Adiós y hasta pronto




15-


Se dio el caso de oír los gritos
de las grullas desde el cemento
ennegrecido de la dársena
al cerrarse sobre si mismos
como una gota de agua
o nombres de puertas y calles
y trenes en los que ya no
estoy. No hay una noche igual
a otra y las explicaciones
siempre resultan de accidentes.






22-


Los diccionarios ceniza ya son. Es literal.
Imaginate la alegría. Aquellos que me legaron,
aquellos que adquirí, aquellos que sustraje.
Y con el cuaderno adelante reviso en mi cabeza
los deshechos. Algún delicado y conveniente sinónimo.
Quisiera escribir sobre un ave. Acerca del ojo
perplejo de un ave. De cuando rozan la superficie
del río de sarro y chequera. Del crepúsculo
que existe para vos y para el sueño de un ladrón.
No, no tengo prisa de yuxtaponerlo en los renglones.
Especialmente esta noche. La etiqueta dice, ahp.
Annabel h poems. Año diez del siglo. Tesoro
inaudito. Nada desengañarme podría.








AKULLICO




2. Volver


Es la noche que profiero y titila
sobre mi cabeza simétricamente
la constelación; y en un mismo tono
de estupidez y regocijo increpo
al mar, oyendo su música intacta,
cosas finidas y compuestas por huesos
y sueños; y que no han de volver con el trémulo
albor o la espuma sucia de la marea.






19. Moscas


Ayer, todavía ayer, le aparecían
enunciaciones al posesivo: qué poco
dura un corazón; resuello, si fuese
yo quien aguarda, sin zozobra ni huida,
el bien del sueño, su hebra ontológica.
La mugre es el perfume de todas las cosas.






21. Clic


Tan lejos tuyo, de tus manos,
donde oculta la tierra mi
sombra en la tierra de los dueños,
lugar había adonde volver;
aunque más no fue: cerciorarse,
como quien masca coca en silencio
y trata, al decirlo
una vez, de olvidar su nombre.








EL PRECURSOR QUÍMICO




Soy yo quien te escribe: buen viaje y hacé
lo que puedas; esos cisnes, el sol en los ojos
y los ojos llenos de moscas no admitían
réplicas, te hubiera gustado verlos, hermano,
la fragilidad de las luces que los colmaban.
Hoy abrí un libro para recordarte un poco,
alguien lo olvidó en el asiento y yo mentí
y dije que era mío (la sensibilidad
es rebañega).
Didascalia: ella es ella y eso es todo
(mi debacle, la tersura de su ruina
limpia conminando humildes y rotundos
síes a este pequeño anhelo o pequeña
tentación sobre el cieno de la calle
o bajo el redondel que atestigua
una sola alegre verdad al soñar
sin saber que sueña el sueño de otro
para olvidarla o remitirla en el acto).
Ya quisiera Ajab ser un poeta moderno
y tísico que le canta a la piadosa
blancura, al perfecto derecho de vivir
donde le plazca, así en la greda como en el
ceño o disponer de un público al que explotar;
pero le honra el no haber olvidado
que si hay palabras hay bestias y que todas
son del mismo pelo y que si aceptase
que su libertad reside en el pulmón
o en el pulso valdría menos que un perro.
Que yo sepa o te comedís entre el pulgar
y el índice a una escansión ajena,
por ejemplo, el castilla o te disparás
en la boca. Al morir otro dirán quienes
fuimos. Es un saludo de teatro: podés
contar con ella si necesitás exhumar
junto al color un sitio para el recuerdo.
Adonde quiera que fuere me vas a odiar
y allí cifro mi ventura, un brazo,
un hacha de distancia; y en su defecto
es literatura o su consiguiente,
la emisión de un voto: cuando salga
a matar me llamaré el infrascrito
delinque o loco de mierda o ( el hado
no lo permita) este país es así.
E inmovilizándose como la nieve
impretatoria del sueño de los veranos
en que no la conocía ( entonces ya era verano
y llevaba un vestido floreado) trata
de recordar el ínfimo punto de sus ojos
como quien carece de todo otro dato para
ubicar un paradero; y la certidumbre
del tacto o la última palabra que asedia
al tiempo poco dirían de sus destellos.
Que sé yo de él a miles y miles de millas
de distancia, escuchando hablar según su propia
naturaleza al siempre inmisericordioso;
digo junto al condenado y al maldito,
al contrario a la venganza y al prudente:
trituramos nuestra espiga para vos
que eras siempre inmisericordioso; allí
estuvimos, ninguno inferior a la ley
de su destino, treceava letra del alfabeto,
nantucket, nantucket.
A los doce días del mes esta lluvia
es marceña si una gota puede
mensurar más allá de la experiencia
un criterio o si el corazón
de los abandonados se amplifica,
se omite, se abrevia e incita
otra grama, faltas, la obscenidad
del conjunto.
Y bastaría, me bastó entonces entre otros
náufragos (los yertos) cuando sus historias
y las muelas que tenían en este mundo
difundían pus; lejos de este lugar
perdido, era cierto,te recordaba,
ebrio y con la cordiona pegada
al rostro por si llegabas a volver,
antes de que la línea ecuatorial
y las variaciones de la eclíptica
adjudiquen al atlas un palmo haciendo
cruz, la tierra que no pedí.
Este patmeño oriundo ya elidió
de su jerga ambulatoria al primer
simbolo, al que sigue en orden y a la jota;
la literalidad es ardua materia
y nombrarse congrega la mirada
senil del que mira a un desconocido
y tampoco lo hubiera limpiado.
Lucro (si existe el libre albedrío)
para el tangible silencio de tu
mano un tasajo limpio de súplica
donde el arpón del sueño y su incontenible
arrebato (a fuer de otro ejercicio
de sintaxis) me aviene desde un
principio antes de su recuerdo;los íntegros
que declaren fuera de la ley al pasado
Para que pasases las manos por el vidrio
empañado hablé hasta equivocarme,
como un pájaro muerto que expone la congruencia
que había en su brillo, otra noche fingidamente
azul. Campesina, alguna vez he creido
vencer y desaparecí; y todo ya es muy lejos
sintigo ( un tallo roto y mordisqueado).
Quien fuese un burgués para con regocijo
tasar sólo el bolsillo y la sopa
y al poner entre paréntesis los muchos
gusanos que contiene el fuego asir
el resultado de esas reducciones
su trance optativo y los cuentos de princesas
y fantasmas que ocurren en la moraleja
y desde allí inspeccionarlo todo
lentamente, los ojos de pronto blancos,
bien atusado el bigote, un hombre
útil a la sociedad, un general
de ejercito triunfador de las batallas
o un ventrílocuo, que asegún dicen, hablan
con el estómago.
Aquel que creyera que los mitos
son verdad y, sin eludir una
respuesta, cite la inquietud
que juráramos, aunque repugne
por evidente, no exceptúe el amor