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sábado, 10 de marzo de 2012

6256.- SILVIA PIRANESI




SILVIA PIRANESI
Silvia nace el 14 de setiembre, en San José, Costa Rica, 1979. Es bibliotecóloga y bailarina de danza contemporánea. Ha sido publicada en el suplemento La Malacrianza del Semanario Universidad, Revista Musaraña y Revista Miércoles de poesía. Publicó su primer libro No importa existe el viento, con Ediciones Perro Azul en el 2009. Textos suyos aparecen en la antología del VIII Encuentro Internacional de Escritores, Eunice Odio in memoriam, de Ediciones Arboleda, en el 2011. Ha promovido durante los últimos 5 años diversas actividades literarias y culturales en la Alianza Francesa de San José. Dirige, junto con el poeta Esteban Chinchilla la Editorial Ambigú.
Mantiene un blog piranésico: http:///www.escargotina.blogspot.com






SITUACIÓN DE LAS RUTAS

Del techo un silencio. De la calle un martillo. La construcción del silbido negro acosando. Aquí sentada escucho el humo vertical, la ruta de los platos sucios, el tiempo rilke convertido en trance convertido en ángel terrible. Oigo que se acerca, trance el instante de cometer una fotografía. La fotografía persiste como novela geográfica del terror, la mano gira y enciende el motor justo cuando la mía pasa al lado escuchando. Justo se quema el bombillo a la 1:00 am. Justo el derrumbe de línea eléctrica, escucho el muerto, tumbando la ciudad que desaparece en masa colonial, ahorcado cada edificio por máquinas tiesas, sucias. O es eco mi cuarto. Eco terreno. Bloque masivo de concreto que se asienta en el puente cuesta abajo. La noche voluminosa por donde gira un animal enloquecido. No es la lluvia. O es la lluvia de cuatro patas rasgando el techo sobre mi cama. El techo vivo. Martillando. O el ángel terrible en picada rilke cuesta abajo. El puente mi cama. Mi cara la fotografía. El paredón pared que colapsa. Suena en las manos la paliza larda. Todo se puede decir para no decir este método síncope del miedo.




PRIMERA DUDA

Última noche en el paris canalla. Última noche de ciudad en masculino. Último verso repetido durante años desde el lugar en donde no se ve la ciudad o sus promesas. Último escritor que desea irse a Europa para escribir. Último pueblo. Última tierra en el poema de todos. Poema unísono de raíces, porque siempre es tema paris, como los abuelos. Los abuelos y sus manos, sus refranes, sus reglas durante el almuerzo. Los almuerzos familiares que se terminan de raíz en este lado, última familia, último idioma, como los recuerdos fríos de la duda, porque recuerdo ahora que nunca he ido a paris a comprobar si se trata verdaderamente de algún vos canalla.




PÁJAROS PENDIENTES

Lo que no se dice a gritos se despoja en la calle inútil, mintiéndole a no terminar lo que urge. Así estoy frente a la mesa del lugar, frente a la taza. La boca abierta de muñeco de trapo hablando. También la mano posa inerte los dedos a contratiempo en la madera, posa en el caballo negro desbocado como pasado quieto, o como lo que no ha pasado aún. Se me antojó negro después del recuerdo de mi papá, con cinco años y recordando viejos tiempos, dándole de galope al olvido. Es que me da risa el tiempo animal, acostarme cansada por las noches como con veinte años más. La edad pendiente un animal. Los que tienen veinte años más que yo se acuestan con mi edad. Mi cuello sospecha ahora la despedida, trazándola lenta de hormiga, inútil bordeando la taza. Así la espanto, con golpecitos en la mesa, pretendiendo metales del cielo, monedas que la buscan en la disonancia de la piedra. Me urge el punto afónico de lo hecho. Hecha la piedra, la mesa. Hecho frío el café como vértebra aconteciendo la edad, donde suelen despedirse los pájaros en cuartetos blancos desde la calle.





Versiones del óxido*


1

Mi ventana lo muerde como a un hielo óxido posado en el aire. No hay perdón para el mal calibre de pájaro. Hay un sistema oblicuo superponiendo hechos, acabándolos. El cuervo se acaba, mis hechos lo aplastan, pierde los ojos, las plumas. No hay perdón para el mal calibre de pájaro.

2
Hay un sistema disponiendo de los hechos. Como la ruta que dispone de los trenes y no al revés. Dispone del campo traviesa, de los aguaceros. Dispone de mi ventana y de la velocidad torpe de kilómetros por hora. Mi ventana muerde a un cuervo como a un hielo óxido. Lo descompone, lo deja seco en la multitud de vapores férreos. El cuervo se acaba, mis hechos lo aplastan, pierde los ojos, las plumas. No hay perdón para el mal calibre de pájaro, para todo lo que se ha perdido en el trayecto.


3
Existe un orden que altera, escribe y deshecha lo hecho, los eventos que cuando suceden se esfuman. El orden de los horarios disponiendo de los trenes, del campo traviesa y los aguaceros. El orden disponiendo de mi ventana y también del cuervo que viene calculando la velocidad torpe de kilómetros por hora. Mi ventana muerde al cuervo como a un hielo óxido posado en el aire. Lo descompone, lo deja seco en la multitud de vapores férreos.

El cuervo se acaba, mis hechos lo aplastan, pierde los ojos, las plumas. No hay perdón para todo lo que se pierde, para este sistema oblicuo superponiendo hechos acabándolos.

*Del libro No importa existe el viento(Perro Azul, 2009)




Primera Duda*

Última noche en el parís canalla. Última noche de ciudad en masculino. Último verso repetido durante años desde el lugar en donde no se ve la ciudad o sus promesas. Último escritor que desea irse a europa para escribir. Último pueblo. Última tierra en el poema de todos. Poema unísono de raíces, porque siempre es tema parís, como los abuelos. Los abuelos y sus manos, sus refranes, sus reglas durante el almuerzo. Los almuerzos familiares que se terminan de raíz en este lado, última familia, último idioma, como los recuerdos fríos -de la duda, porque recuerdo ahora que nunca he ido a parís a comprobar si se trata verdaderamente de algún vos canalla.

*Del libro No importa existe el viento(Perro Azul, 2009)





ANOMALÍA

Cómo resolver mi espacio y su contenido. De un tajo usar todos los golpes, acertar el vacío en los pensamientos. Cómo posponer mi vida entera en el lapso del vaso. La botella sobre la mesa. Un tenedor. Abortar en el tiempo que sobra este resultado. Especularlo completo. Indefectible. Poder desequilibrar un suceso centrado y patearlo. Como un último pedido. Traicionar la memoria a conveniencia. Traicionar el hecho cuando el eco no retrocede. No tener ni mesa ni cena. Usarme escasa como un último recurso. No puedo devolverme. Pero lo intento todos los días.




LOS TOROS LA CONCAVIDAD

Tuvo los ojos abiertos. Antes de dejarte quisiera ver la tumba de Virginia, o ver sus piernas. Explotó el color. Lo tengo en mis huesos. Metal seco cuando detienen al toro. Decir toro es huir de taquicardia, asentir con la cabeza que ellos son necios o sólo bestias. Decir tauromaquia es aún más necio. Después quién les da de comer o quién los agita rotundo. Quién los mata o los aclama. De dónde los huesos, doblarse de patas y de piernas. Los hombres podríamos ser más como los toros. Sanguíneos y borrosos. No alcancé a cerrar mis ojos. A dejarte, tampoco.




Moriremos de otro

Enterrar las asperezas en ese lado. Como toda vida mejor. Aunque es posible que toda vida piense en su frente cayendo sobre el borde de la maceta, el estar corriendo como locos en el tercer mundo de dos ríos, de las cobijas nosotros arrinconados. Enterrar los obstáculos del silencio también cuenta. No te diré, papá, sobre el plan de escape. Temerte libremente. Pero en mi recuerdo, está tu figura femenina, nuestro acuerdo filial de dejarnos la soledad como capricho. Una vida mejor. Por fin.





Abstenerse

Pensé en irme al anónimo. A las bases de lo incompleto. La gente con nombres que no cometemos. A la ignorancia de las caras. No volver, no levantarse si fuera el caso, no más juegos de niños. Te levanté la enagua, te jalé el pelo. Te levanté papelitos cobardes por debajo del escritorio. Ir sin ruta hacia otros rumbos. Irse sin conocer la temperatura perfecta del agua. Medirse en las pausas, como las noticias, como los días que nunca han sido buena idea. Todo manifiesto deliberado a la basura. Toda basura puesta sobre la acera. Ir al anónimo. Ir al anónimo. Como en las ciudades grandes y miserables.