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viernes, 2 de marzo de 2012

6183.- GIORGOS SARANTARIS


Giorgos Sarantaris (Constantinopla, 1908-1941), fue hijo de un comerciante que se mudó a Bolonia, donde el poeta pudo conocer la vida literaria de la villa, donde estudió leyes, pudiendo comparar esta vida y esas literaturas con las decadentes de la Atenas de entonces. Desde su juventud mostró un talento excepcional para la poesía y un notable conocimiento de los asuntos estéticos de los años de entreguerras. Regresó a Atenas en 1931, dando a la poesía griega nuevos aires y bríos. Al estallar la Segunda Guerra Mundial se alistó en las fuerzas armadas y marchó al frente de Albania, donde enfermó y murió. Entre sus mas celebrados libros de poemas figuran Los amores del tiempo (1933), Estrellas (1933), El cielo (1934), Carta para una dama (1936) y A los amigos de la otra alegría (1940). Escribió también crítica literaria y textos filosóficos.



Hablo


Hablo porque existe un cielo
que me escucha
porque me hablan tus ojos
y no hay mar ni país
donde los ojos no hablen


Hablan tus ojos y bailo
hablan del rocío y yo bailo
mis pies van sobre la hierba
y el viento, que nos oye, sopla.










El mar de aquellos tiempos


El mar, en aquellos tiempos,
nos había levantado en sus alas,
y bajábamos al sueño
y pescábamos en el aire los pájaros
En el día nadábamos en las voces y colores
y en las noches nos tirábamos bajo los árboles y las nubes
Despertábamos para cantar
Fueron tiempos tempestuosos
y sólo cuando regresaba la tranquilidad
nos íbamos sin que nada molestara la alegría
Desde las rocas hasta las montañas nos guiaba la Galaxia
y cuando nos faltaba la mar estaba Dios.










Te escribo versos


Te escribo versos
y no sé
qué es lo que no me deja besarte.
No es el mar,
no es el cielo,
nada me lo impide
- no te beso y no sé si te amo.










Vientos


Los pájaros que escuchábamos
dejaron de ser pájaros;
de repente se hicieron vientos
que nos enloquecen.










De la belleza


La más dulce virgen
adorna un cuarto
y hace feliz el pensamiento.


Diremos que somos felices
y que es nuestro turno
de ser inmortales.
Besar la belleza
en la boca
y en su fino vestido.




http://www.arquitrave.com/archivo_revista/enlace3abril05.htm


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Traducción: Alejandro Aguilar


He visto el cielo…


He visto el cielo con mis ojos,
con mis ojos abrí sus ojos,
con mi lengua habló.
Nos hicimos hermanos y platicamos.
Pusimos la mesa y cenamos
como si todo el tiempo estuviera frente a nosotros.


Recuerdo que el sol reía.


Que reía y lloraba, lo recuerdo.










En otro tiempo el mar…


En otro tiempo el mar nos había levantado en sus alas,
junto con él bajábamos al sueño,
junto con él pescábamos los pájaros en el aire.
En aquellos días nadábamos entre las voces y los colores.
En las tardes nos acostábamos bajo los árboles y las nubes.
En las noches despertábamos para cantar.
Era entonces el tiempo tempestad, catástrofe del mundo.
Y sólo después, silencio,
pero nosotros íbamos sin que nadie nos impidiera
esparcirnos y alegrarnos.
De los montes a las montañas nos conducía la Galaxia
y cuando faltaba el mar, estaba cerca Dios.












Sueño.


Como nube blanca
tu sombra cubre el sueño
en el paraíso difícil de encontrar donde duermo.
Escucho cómo cantas bajo el sol,
pero entre tu voz me mareo
y no veo el cielo.












La poesía.
(Prólogo)


No puedo encontrar ya, qué quiere decir poesía. Se me va la idea.
Lo sabía, pero ahora se me va. Si alguien me preguntara
en este momento, me avergonzaría. Porque estando
en el fondo seguro que la poesía es una esencia,
inmutable como la vida. Y escondo, me escondo, algo
escondo, de alguien me escondo. Cuando comienzo a volverme
loco, y me apeno.


¿Pero la poesía? Alguien será capaz de decir
a los otros, no a mí. ¡Aunque sé qué es poesía huyo!












Alma.


Conciencia, manifestación de conmoción,
te burlas de la existencia.


Los amores del tiempo
frecuentan tus paisajes,
tiemblas en las hojas del ser,
llenas el universo,
no conoces la salida,
anhelas viajes.


En tus espaldas aletea el mundo,
te baña de luz el sol.












El sueño entre los ojos.


El sueño entre los ojos canta
como si fuera el agua de la fuente,
como si fuera el pastor del cuento
que tenía barba blanca
y recogía niños para mandarlos al cielo.
Allá están ellos, antes de que él muera.










Hablo…


Hablo porque existe un cielo que me escucha.
Hablo porque hablan tus ojos
y no existe mar ni existe ahora
donde tus ojos no hablan.


Tus ojos hablan, yo bailo.
Un poco de rocío hablan y yo bailo.
Un poco de hierba pisan mis pies.
El viento, que nos escucha, sopla.












Existencia.


Existencia,
regalo en nuestra cándida esencia,
risa que graba
la noche que nos abarca.
Sobre los álamos
dejó su corona.


Trae al bosque dormido
el susurro del sueño
que a nosotros los silenciosos
despertó.












El viento y la primavera.


El viento corre entre nuestros corazones
como cielo que perdió su camino.
Árboles intentan atarle las manos,
pero en vano se esfuerzan.


El viento respira entre nuestros corazones
como ejército que se lanza a la lucha.
Le da la bienvenida la primavera en el valle,
lo saludan los aromas de la tierra.


La primavera es un virgen que conocimos
y que a todos nos besó con ánimo antes de que se lo pidiéramos.
Ahora abraza al aire y enloquece
y nos obliga a amarlo.










El poco tiempo de los pájaros.


Entre el cielo inmenso,
el poco tiempo de los pájaros.
¿Es tristeza?
¿Es dicha?
La luz viene,
elige a los pájaros.
La luz destruye.
Entre nosotros siempre uno,
aquél que conoce la juventud del cielo
y que vuela con los pájaros
entre el éter.


(24.5.1936)










Nuestro corazón.


Nuestro corazón es una ola que no rompe
en la costa. ¿Quién adivina el mar
de donde sale nuestro corazón? Pero es
nuestro corazón una ola secreta, sin espuma.
Sin hablar toca tierra. Y sin ruido sube
por el relieve de un anhelo, que no conoce
decepción y que desconoce el silencio.




http://alekoudari.wordpress.com/2010/05/29/poetas-griegos-surrealistas-sarantaris/