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jueves, 1 de marzo de 2012

6177.- ROSARIO DELGADO SUÁREZ




ROSARIO DELGADO SUÁREZ (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1978)
Rosario siente precozmente el deseo de ser escritora, está aprendiendo a leer y ya nace en ella la aspiración de querer narrar historias como las que desfilan ante sus ojos y se zambullen en su arrolladora imaginación. Ése fue su inicio, pero nunca se despegó del sueño literario, a medida que pasa de niña a mujer, deambula de puntillas entre incipientes creaciones, narraciones y poesías, evoluciona su alma y su poemario.
Más tarde, en la Facultad de Filosofía y Letras de Cádiz, toma contacto con un mundo artístico más personal y próximo, allí no sólo se licenciará en Filología Hispánica y obtendrá el DEA en Investigaciones Filológicas, sino que conocerá a los pilares de lo que será su posterior vida poética. Cádiz, su luz, su mar, sus balcones y alamedas blancas, sus noches mágicas, serán un referente en su poesía, pero París también será otro enclave que marcará su desarrollo vital y artístico. Allí intenta encontrar los vestigios de una bohemia moribunda, exprime y agota la ciudad más hermosa del mundo, con su nueva familia, sus compañeros Erasmus, grabará atardeceres en el “quai” ante Notre Dame, descubrirá las veladas brillantes de jazz y los resquicios artísticos donde poblaron sus ídolos caídos, paseando y buscando las huellas de sus admirados poetas y pintores. Será en París, el monstruo más bello, donde sienta por primera vez la convicción de que los sueños, pueden conseguirse. Entre tanto, aprende francés apresuradamente, trabajará como profesora de español y terminará su segundo DEA de Estudios Hispánicos en Sorbona París IV.
A su vuelta a España, continuará su trayectoria de investigación filológica, escribiendo artículos en revistas científicas literarias y realizando sus primeras comunicaciones en congresos universitarios. Su línea de investigación divaga entre los claroscuros del profundo Medievo como los frutos prohibidos del XIX, concretamente dedicando su estudio en lo que se refiere a la regia Edad Media, a la figura de Alfonso X y su obra científico mágica. También sentirá predilección por el papel de la mujer en el Medievo, hallando nuevos modelos y referentes femeninos de los que aprender: escritoras, tratadistas y sobre todo, las “trobairitzs”, las trovadoras francesas del “amor cortés”, que revelarán el lado más osado y contemporáneo de unas mujeres que luchan contra su tiempo. En cuanto a su pasión por autores del XIX, centrará su atención, en los genios más heterodoxos y polémicos, siendo Baudelaire, no sólo el protagonista de varios estudios, sino, que el Padre del Modernismo francés, del Decadentismo, cambiará y transformará su visión y su vida poética.
Rosario en la actualidad, se ha reencontrado a sí misma, ha hallado de nuevo, su luz, su camino, inicia su tesis e intenta encontrar su sitio en el mundo de la investigación, y por si fuera poco, está a punto de ver hecho realidad, el sueño de una niña, que empezaba a aprender a leer.






I


Tallándose tu voz embarrada,
me atreví a nacer
entre barcos nocturnos,
plumas y una deliciosa afectación.
Pronto descubrí tus mareas
en charol indómito,
al soplar sobre tus versos,
mi “albatros” perfumado.


Con sus ojos vueltos
hacia la pequeñez
de lo innecesariamente real,
me lo comunicaron:
Un “control rutinario”, callejones,
y unas tijeras insatisfechas.


Únicamente puedo advertirte:
He divagado en la negrura tantas veces,
que ya no le temo a sus dientes,
pero me atrevo
a colarme, ruinosa, entre las fibras
de un madrigal bien punteado.


Mal uso tus riquezas,
tizno lo que nadie ofendió,
pero acaso, ¿no oyeron tus pestañas
mis afrentas por vestirte en agua,
mis disipaciones,
mis torturas contenidas
entre parpadeo y menguante?…


Bien lo sabes
cuando me ves morir
a cada estrofa desbaratada.










II

Dedicado a los compañeros de Sol.



Bebí menguante de tus ojos luna
gota a verso que cae
luz alada de lágrima.


Vi magia despierta entre ruinas nuevas,
nube preñada a sal
y un semillero de sonrisas soles.


Morir en boca de palabra yerta,
vivir así entre tantas tumbas vivas.










III


De tu curva inquietante
nutro mis pestañas
en un pergamino
que dejó de ser mundano.


Acusada
por divagar entre tus cenizas,
y con el recelo de arañar
tu paso recogido en mis cuencas,
no quiero injuriar tu rostro.


A mis compañeros
de estanques cóncavos,
decidme cómo puedo
arrancar su belleza,
tejer sus escamas
a mi tinta,
desbordar azahares,
sin desmantelar
las custodias
de sus estrellas.


Coloreo en tu requiebro,
pero no aprendí
a tocarte entre el ruido
de mis despeinadas ilusiones.
Oigo sus ecos chocar
en el desconcierto
de quien no reconoce
sus zapatos rojos.
Y sé que es el momento
de dejarme llevar
al lado de la camada.
Ahora puedo llamarte
a que contagies
de tu soplo adormecido
mi espalda.










IV. Île de la Cité.


Ayer soñé
que volvía a la inquietud
de tus mares aviolinados,
pequeños pasos,
cual perlas
de un piano que duele,
para poder escapar
de mi balcón
soleado, blanco
y de cintas apagadas.


Huir de mis vestidos
de tul y moiré,
de mis plumas
y joyas turcas.
Huir del engaño transparente,
de esta seguridad
que oprime y seca
mi pecho sangrante.
Huir con la ilusión de una niña,
y enfrentarme al sol
en una carrera despistada.
Salir a la calle turbulenta y
dejar que meciera el viento,
mis anhelos floridos
y mi frágil tocado.


Escapar del Recuerdo
es ir hacia a él,
volver a tu cielo
de “triste mirada”,
a la nostalgia
de tu humedad confusa
a tus seres avizores
de piedra,
a tu río
de aguas encantadas.
Y de nuevo,
esa canción me anuncia
que he llegado
a tus grises tierras,
a mis noches desamparadas,
pero mías más que nunca.


He decidido bailar
aquí, contigo,
en compañía de la Luna,
envuelta entre las gasas
de tus misterios,
mi amada …
Île de la Cité.












V. Ajustándole el “bustier” a una rima.


Hoy,
no pondré fin a las cuentas
de tus rimas inconstantes,
ni rechazaré desgastar mis furias,
por cada línea embravecida.


No te empeñes,
no desistiré al empuñar
los lazos ilustres
de tu corsé firmado,
ni acabaré apresurada,
para poder lucirte
ante otros poetas.


Hoy no te sacaré
a pasear por los lienzos
de un libro cocinado a mi antojo,
y pienso agarrarte
de tu “cisne” cuello
si no me dejas deambular
-serena o temblorosa-
por la pared de tu octava.


Porque tu pureza
-pequeña insolente-
es el pan que me eleva,
a las afueras del Parnaso.












DE LUNARIA:






presentación


Fiebre,
lluvia de vidrio,
sueños de strass,
espejos,
y búhos de plomo
en la Noche.


Me he vestido
con la luz
de las mariposas
de nácar,
al iniciar
su baile
de caza.


Soy la Nueva
Guerrera Lunaria,
engalanada
con armaduras
de escamas de plata,
y con la piel lamé
de estrellas
cristalizadas.


Mis ojos,
atraviesan
la negrura
de los Mundos Opacos,
y mis labios
atesoran
el brillo
de los ocasos
púrpuras.


Soy Dueña
de las esferas,
sacerdotisa
de los templos
blancos
y la Sirena
Desterrada.
Contengo los secretos
de la verticalidad
y el principio alquímico
de la plenitud.
Soy la Maga
Descoronada,
que abre
los azabaches
de los Universos,
para concederos
albas
y
sombras.


Túnica metal,
liviana y cúbica,
vuelo la ingravidez,
aceros afilados,
mis suaves garras
de orquídeas.


Cabalgo,
las colinas brujas,
los pueblos ocres
y la electricidad inquietante
de las Nuevas Ciudades,
y despliego
mis Naturalezas Nacaradas,
polvo irisado
cuajado
del Viejo Amor.


Enciendo,
te enciendo,
te doy la vida.
el calor
de cada día
miserable,
de cada gloriosa
oscuridad,
y te hago
más terriblemente
humano.


Tócame,
(sonrisa hilarante),
no puedes tocarme,
es una sensación
tan poderosa
que carbonizaría
tus carnales instintos.


Angulosa
huidiza
y caprichosa,
inverosímil
impasible
y profana,
freno la inercia,
arremolino los poliedros
y los hago caer
a tus tierras,
condenso tus Soles,
detengo
y acelero
los Tiempos
a mi antojo.


Soy la Guerrera Lunaria,
la Musa de tus
cantos desesperados,
soy la Guerrera Lunaria
y desgajaré tu alma
para asegurarle
al hombre,
la Poesía Eterna.








X


Silueta de Plata Azul
vertiginosa y eléctrica,
sombra de cuero
y pelo
de lluvia afilada,
tras mis ojos
metano galopa
en sangre
y corro, corro
cual tintineo
de hielo
por tus labios
agrietados.
Y miro
la tierra ilimitada,
sobrevolando
los precipicios
de mi alma escarbada,
no me importa saltar
los desfiladeros,
entregarme
a los éteres grises,
sin la gracia divina.


Mírame,
he desplegado
mis alas translúcidas,
mis pasos
me acercan
al Otro Lado.


Mírame,
soy una Criatura
Nueva,
renacida
entre aguas
y espumas de loto,
mírame,
soy el perfume
volátil
y sabroso,
nenúfar
exuberante,
la dama silvestre
de los bosques
helados.
Mírame,
soy un ser puro
de Luz,
la Guardiana
de las llaves de oro,
y ya no temo
enfrentarme a tus ojos,
mírame,
soy la Nueva Venus
de la Ciudad Negra.