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jueves, 16 de febrero de 2012

6090.- KONSTANTIN SÍMONOV

Konstantin Simonov (en ruso: Константи́н Миха́йлович Си́монов; Petrogrado, 28 de noviembre de 1915 - Moscú, 28 de agosto de 1979) fue un escritor ruso-soviético. Fue un reconocido poeta dedicado al género bélico. Su poema más popular se titula Espérame y se trata sobre un soldado que durante la guerra le pide a sus seres queridos que aguardasen por su regreso. El poema fue dedicado a su futura esposa, la actriz Valentina Serova. Fue inmensamente popular en su época y continúa siendo uno de los poemas más reconocidos de la lengua rusa. Simonov le escribió varios poemas a Valentina, que serían incluidos en la colección Contigo o sin tí.

Primeros años
Símonov nació en Petrogrado. Su madre era la princesa Obolénskaya, perteneciente a una familia rukírida. Su padre, un oficial del ejército del zar, abandonó Rusia después de la revolución de 1917. Falleció en Polonia después de 1921. Su esposa Alexandra permaneció en Rusia con Konstantín, y a principios de la década de 1920 contrajo matrimonio con Alexander Ivanischev, un oficial del Ejército Rojo y veterano de la Primera Guerra Mundial. Konstantín pasó varios años de niño en Riazán mientras su padrastro trabajaba de instructor en la escuela militar de la ciudad. Más tarde se mudaron a Saratov, donde el niño pasaría el resto de su infancia. Después de terminar su educación básica de siete años de duración en 1930, ingresó en la escuela de oficios para aprender el trabajo de tornero. En 1931, su familia se mudó a Moscú y Simonov, después de completar el curso de ingeniería de precisión en la escuela de oficios, comenzó a trabajar en una fábrica, donde permaneció hasta 1935. Durante esos mismos años comenzó a escribir poemas. En 1936 fueron publicados sus primeros poemas en los periódicos Joven guardia y Octubre. En 1938, después de haber completado un curso en el Instituto de Literatura Maxim Gorky, Simonov ingresó en un curso de posgrado en el Instituto de Historia, Filosofía y Literatura de Moscú (IFLI), pero fue enviado como corresponsal de guerra a la campaña de Jaljin Gol en Mongolia y no regresó al instituto hasta el año siguiente.

Corresponsal de guerra
En 1940 escribió su primera obra de teatro, La historia de un amor, llevada al escenario en el Teatro Leninista Komsomol de Leningrado; en 1941 escribió la segunda, Un muchacho de nuestra ciudad. Pasó un año en el curso para corresponsales de guerra de la academia político-militar, y obtuvo el rango de servicio de oficial de intendencia de segundo grado. A comienzos de la guerra ingresó al periódico Krasnaya Zvezda para trabajar como corresponsal de guerra. En 1942 fue ascendido a comisario de batallas principal, en 1943 a teniente coronel, y después de la guerra a coronel. La mayor parte de sus reportes de guerra fueron publicados en el periódico para el que trabajaba. Durante estos años, escribió las obras de teatro Personas rusas, Espérame, Así será, el relato corto Días y noches y dos libros de poemas: Contigo o sin tí y Guerra. Como corresponsal de guerra, estuvo un tiempo en cada uno de los frentes; sirvió en Rumania, Bulgaria, Yugoslavia, Polonia y Alemania y presenció la Batalla de Berlín. Sus reportes completos fueron publicados después de la guerra, con los títulos Cartas desde Chechoslovaquia, Amistad eslava, Cuaderno yugoslavo y Desde el mar Negro y el mar dr Barents. Notas de un corresponsal de guerra.

Obras de posguerra
Después de la guerra, sirvió durante tres años en numerosas misiones en el extranjero: vivió en Japón, en los Estados Unidos y en China. Entre 1958 y 1960 vivió en Tashkent como el corresponsal de Pravda en las repúblicas de Asia Central. Su primera novela, Camaradas armados, apareció en 1952, y su novela más larga, Los vivos y los muertos, en 1959. En 1961, su obra El cuarto fue representada en el teatro Contemporáneo. Entre 1963 y 1964 escribió la novela Ellos no nacen como soldados. Entre 1970 y 1971 escribió una continuación, a la que tituló El último verano. En los años de posguerra la carrera pública de Simonov puede ser dividida en tres partes: desde 1946 hasta 1950 y desde 1954 hasta 1958 fue editor en jefe del periódico Novy Mir; desde 1950 hasta 1953, fue editor en jefe del Literaturnaya Gazeta; y desde 1946 hasta 1959 y entre 1967 y 1979 fue secretario de la Unión de Escritores Soviéticos.
K. Simonov falleció en 1979 en Moscú.

Premios y honores
En 1974 recibió el Título de Héroe de la Labor Socialista. También recibió tres Órdenes de Lenin, el Premio Lenin en 1974 y el Premio Estatal de la URSS en 1942, 1943, 1946, 1947, 1949 y 1950.

Adaptaciones cinematográficas 
Se han producido numerosas películas en la Unión Soviética en escenarios ficticios creados por Simonov y basados en sus obras:
Muchacho de nuestra ciudad (1942), dirigida por Aleksandr Stolper
Espérame (1943), dirigida por Aleksandr Stolper
En el nombre de la patria (1943), dirigida por Vsevolod Pudovkin y Dmitriy Vasilyev
Días y noches (1945), dirigida por Aleksandr Stolper
La pregunta rusa (1947)
La guarnición inmortal (1956)
Los Normandos - Neman (1960), producción conjunta de la Unión Soviética y Francia, junto con Charles Spaak y Elsa Triolet
Los vivos y los muertos (1964), dirigida por Aleksandr Stolper, protagonizada por Kirill Lavrov, Anatoli Papanov, Oleg Yefremov
Retribución (1967), dirigida por Aleksandr Stolper
Granada, Granada, Mi Granada... (1967), documental, co-dirigido con Roman Karmen
El caso de Polunin (1970)
El cuarto (1972), dirigido por Aleksandr Stolper
Veinte días sin guerra (1976), dirigido por Aleksei German, protagonizado por Yuri Nikulin y Lyudmila Gurchenko
De las notas de Lopajin (1977)




Selección, traducción e introducción de
Vera Vinográdova










ESPÉRAME Y VOLVERÉ


Espérame y volveré.
Espera ansiosa...
Espera, cuando las lluvias
traigan tristeza.
Espera, cuando el verano
traiga calor.
Espera, cuando los otros
sean olvidados.
Espera, cuando de lejos
no lleguen cartas.
Espera, aun cuando todos
estén cansados ya de esperar.


Espérame y volveré.
Ignóralos si te dicen
que es tiempo ya de olvidar.
Deja que mi hijo y mi madre
piensen que yo ya no existo.
Cuando todos mis amigos,
cansados ya de esperar,
se reúnan junto al fuego
y beban el vino amargo
a mi memoria, espera...
Espera, y no te apresures
a vaciar también tu copa.


Espérame y volveré
a despecho de mil muertes.
Los que no me esperaban
quizá dirán: “Tuvo suerte”.
Ellos no comprenderán
que en el rigor del combate
tu esperar me salvó.
Mas cómo sobreviví,
sólo tú y yo lo sabremos,
pero tú supiste esperar
como nadie esperó.


De El diario lírico, 1941-1942










ALLÁ EN LA MESETA ARDIDA


Allá en la meseta ardida
bajo una pared de fuego,
“Gracias a Dios —yo pensaba—
que estás tan lejos de mí.
Que no escuchas este trueno,
y que no ves este infierno.
Que allá en el pueblo lejano
hay una apacible casa
y un apacible jardín.
Que en vez de piedras, hay agua;
que en vez del trueno y del fuego
hay la sombra de unos arces
y que el horror de este día
nunca lo conocerás.


Mas si te encuentro de nuevo,
desearía que cada hora,
cada día, cada batalla
me sigas como una sombra.
Que compartieras mi pan,
mis lágrimas y mis penas.
Que te ciegues si me ciego,
Que te hieles si me hielo,
Que mi miedo sea tu miedo,
Que mi ira sea tu ira,
Que mi voz esté en tus labios
en cuanto deje los míos.


Que no digan mis amigos
que a mi lado sufren todo:
“Ella no estaba contigo
pero estábamos nosotros.
¿Qué es para ti esta mujer?
Ella no estuvo contigo
en la batalla aquel día,
ni fue ella quien te salvó.
¿Qué es para ti esta mujer?
¿Por qué estás siempre con ella
como si en pena y dolores
se haya quedado contigo
reemplazando a tus amigos?”


Que pudiera contestarles:
“Sí. ¿Pero tú no la viste
cuando apretada a mi pecho
yacía en medio del fragor?
Sí. Pero ya has olvidado
que ella soportó conmigo
los tres días más terribles
y que también te ayudó
la vez que tú me salvaste,
y entonces, cuando tú y yo
brindamos por mi fortuna,
ella, aunque tú no la viste,
a la mesa se sentó...


De El diario lírico, 1941-1942












ESTOY MUY SOLO


Estoy muy solo y muy triste...
¡Oh, si pudiera encontrar
otra mujer como ella
en vez de volver atrás!


Mas, ¿dónde hallar unas manos
que ausentes causen pesar?


¿Dónde encontrar unos ojos
de tan altivo mirar,
ojos llenos de soberbia
que nunca los vi llorar?


¿Dónde hallar los mismos labios
que rían y canten igual,
que yo viviera temiendo
no me vuelvan a besar?


¿Dónde hallar otra como ella
a quien poder perdonar,
que la vida al lado suyo
fuera cruel felicidad?
¿Que de todas las madrugadas,
después de largo velar,
me levantara como ella,
redomado y contumaz?


Que amante y loca una noche
yo la pudiera abrazar
y mañana sea de piedra
imposible de ablandar.


Y que entonces, con dolor,
yo tuviera que escuchar
maldiciéndome a mí mismo:
“No me vuelvas a tocar...”


Que en la quietud de la noche
al sorprender su velar
encuentre en ella dos almas
y a las dos las quiera igual.


De la noche a la mañana
ignorar qué pasará;
no saber al día siguiente
cuál alma me mostrará.


Atormentado por ella
no podía vivir más;
quise entregar mi cariño
a otra mujer más leal.


Pero sé que es imposible
tal compañera encontrar
y que al fin será ella misma
a quien yo vaya a buscar,
porque no existe en el mundo
ninguna mujer igual:
tan mala, ni tan preciosa,
ni tan maldita, en verdad


De El diario lírico, 1941-1942














LA MUERTE DE UN AMIGO


No es verdad: un amigo no muere;
tan sólo deja de estar a tu lado.
No comparte más el pan contigo,
ni bebe más de tu caramañola.


En la fosa cubierta por la nieve,
no canta más la canción de sobremesa,
y cerca de ti, bajo la misma capa,
no duerme más junto al brasero.


Pero todo lo que ha pasado entre vosotros,
todo lo que os seguía en vuestras huellas,
no pudo quedarse
con sus restos, en la tumba.


Heredero de ira y desdén,
después que perdiste a tu amigo,
te volviste para siempre
dueño de doble vista y oído.


Legamos amor a nuestras mujeres;
recuerdos a nuestros hijos;
pero en los campos quemados por la guerra,
a los amigos legamos el caminar.


Aún nadie conoce un remedio
para las muertes repentinas.
Más y más grave se vuelve el peso de la herencia,
más y más estrecho el círculo de tus amigos.


Carga entonces su peso, vagando en las batallas.
No dejes caer nada.
Pasa con él la noche bajo el fuego.
Cárgalo. Cárgalo.


Cuando ya no puedas cargarlo más,
recuerda que al perecer
tan sólo lo transferirás a los hombros
de los que vivan aún.


Y alguien, sin haberte visto,
de terceras manos tu peso tomará,
y vengando a los muertos, y odiando,
hasta la victoria lo llevará.


De La libreta del frente, 1942












EL COMPAÑERO


Tras el enemigo de nuevo caminamos
hacia el poniente cinco días, palmo a palmo.


El quinto día, bajo un fuego inclemente
cayó mi compañero, el rostro hacia el poniente.


Tal como avanzaba, así murió: corriendo.
Así cayó y así quedó en la nieve, yerto.


Abrió los brazos anchos como si quisiera
abarcar en ellos a la nación entera.


Como si él, que dio su vida en la pelea,
aún después de muerto su tierra protegiera.


Muchos días amargos la madre llorará.
La victoria no podrá devolvérselo ya.


Mas para él —que lo sepa la madre doliente—
fue más fácil morir con el rostro al poniente.


De La libreta del frente, 1942