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viernes, 10 de febrero de 2012

5989.- ADOLFO MÉNDEZ VIDES



Adolfo Méndez Vides es uno de los escritores de mayor trascendencia en la literatura guatemalteca contemporánea. Narrador por excelencia, sus cientos y novelas tienen una honda penetración psicológica presentada por un ágil tratamiento de la acción y del perfil de los personajes. Francisco Albizúres Palma lo cataloga como uno de los talentos literarios de la Guatemala de finales de Siglo XX. Arturo Arias señala que su narrativa rompe el criollismo del país y universaliza las circunstancias y el numen guatemalteco.
Méndez Vides nació en Antigua Guatemala (1956). Autor precoz y autodidacta, publicó cuentos y poesía inspirado en el paisaje y la realidad que lo impactaba. Realizó estudios de Letras y Filosofía, y trabajó en docencia e investigación universitaria hasta el año de 1981. Escribió, dirigió y actuó en obras de teatro. En 1978 la Editorial Rin de Guatemala publicó su primer libro de cuentos: Escritores Famosos y otros desgraciados. Sus primeros trabajos yacen dispersos en revistas, traducciones y publicaciones marginales. Su obra poética fue reunida bajo el título de Babel o Las Batallas (Editorial Cultura, Guatemala, 1998). En 1986, un jurado compuesto por Agusto Monterroso, Osvaldo Soriano y Nélida Piñon le concedió a su novela Las catacumbas (Editorial Nueva Nicaragua, 1987), el Premio Latinoamericano de Novela Nueva Nicaragua. En 1996 se le concedió el Premio Mario Monteforte Toledo por su novela Las Murallas (Alfaguara, 1997). Luego publicó el libro de cuentos El tercer patio (Alfaguara, 2007), la novela El leproso (Alfaguara, 2007) y La lluvia (Norma, 2007). Actualmente es columnista de cultura y opinión en el Periódico de Guatemala.

Sus Obras
De 1979, contribuye a una aportación brillante al quehacer literario latinoamerica no actual. Pese a su escritura en los tiempos de Guerra de su país, no cae en el desencanto y la amargura. Luis Aceituno dice en la presentación de sus relatos:
Cumplen los postulados que de alguna manera defendíamos en la época que fueron escritos: drmatizar la Literatura guatemalteca, sacarla de su solemnidad y su sentido de culpa, de su tono de sesión de psicoanálisis y de su patriotismo municipal y sentimentaloide
Tratado de la Desesperación. Poesía, 1984
Las Catacumbas. 1986
El Paraíso Perdido 1990. Agrupa un conjunto de relatos, en donde, desde distintas perspectivas, se plantea la pñerdida del paraíso. Los personajes pierden su país, su posición de clase, los ideales originarios, la seguridad, el amor, las pasadas ambiciones juveniles, y entonces enfrentan la angustia. El Paraíso es múltiple e indescriptible, pero los efectos por la pérdida son idénticos. Algunos de estos relatos han sido traducidos al inglés y al francés y han aparecido en revistas y antologías.
Mujeres Tristes 1995
Las Murallas 1997. Es la historia de dos inmigrantes guatemaltecos a Nueva York, cuya convivencia surge por esa camaradería táctica que establece entre dos compañeros de viaje. En esta novela, el escritor guatemalteco ahonda en las relaciones amistosas y perfila un entramado donde el protagonista y antagonista enfrentan una serie de barreras psicológicas, que se resume en la nulificación de sus propias existencias. A partir de esta tenebrosa incisión por los pasadizos humanos de la condición humana, Méndez Vides, cuestiona la naturaleza de los sentimientos y los vínculos que se establecen en nombre de una mal entendida compasión.
Las Murallas hizo a Méndez Vides ganador del Concurso de Novela Mario Monteforte Toledo en 1997. Este autor sobresale de sus contemporáneos por la precisión de su estilo y su concepción particular de lo ambivalente en la conducta de los hombres.
Durante 10 años Méndez Vides trabajo 3 novelas que serán publicadas entre el 2007 y 2008.
El Tercer Patio. Méndez Vides lo señala a las primeras de cambio en esta obra llena de prodigios En el interior de las Casonas de aquella época hubo siempre un misterio, una tradición, un momento de debilidad que no se compartía ni con los amigos más íntimos, situaciones que había que evitar disimulando...Terminamos ocultándolo todo, por el puro hecho de contenernos. Ahora he escrito estas historias para liberar a los seres que poblaron mi infancia y para remover las raíces de lo que nos acontece hoy.
Méndez Vides ha sobresalido en su Literatura ganando diversos premios nacionales como Internacionales, y se espera de él, grandes obras para el futuro que seguro destacaran cada vez más.








Digamos que el dinero es una preocupación ajena


Digamos que el dinero es una preocupación ajena
que me quiebra las manos y retuerce el sueño.
De repente he dado nada a la literatura.
En la madrugada orino las sábanas de página,
me enojo con el zumbido acordoneado de la fatiga
y tiendo a romperme por entero en equilibrio.
No encuentro el cuerpo que me falta al lado.
Los zapatos en desorden sobre el suelo,
en geometrías accidentales y confusas, negras.
Pienso que la puerta de calle está sellada,
que se vive el raro traslape de las dimensiones,
y en fin, que el alcohol no remedia el insomnio.
La literatura ya no es un billete de lotería.
Los relojes me sugieren lo económico.
A veces me levanto y siento la medida del precio:
Es una aridez vertebral en la boca.
Las corbatas por sí mismas me aprietan el cuello,
trasladan el cansancio a las venas de los ojos.
Cuando leo el pasado, todo me hace falta.
A la literatura ya le importa poco mi existencia.












Banquete


Nuestras vidas sólo tienen sentido en los aviones
marchándonos para siempre de esta tierra espuria,
o en los autobuses llenos de gusanos y esqueletos,
jurando que no nos bajamos de nuevo a la fuerza,
que los empleos nos amenazan con revólveres;
prometiendo que a la primera vuelta de esquina
nos lanzamos de cabeza sobre los autos que pasan.
¿Por qué la miseria de encontrarnos aquí solos?
Otros han tenido la dicha de tenerte en su cama,
y eso ya es algo, un sueño para pasar las horas,
pero nosotros ni siquiera te hemos besado el cuello.
Y la rutina es un enemigo de las cabezas o piedras.
Yo no quiero vivir en esta patria de animales
donde no hay puesto para mí en el gran banquete,
ni un pedazo de páncreas que comerme de tu cuerpo
ni un pedazo de pubis que sorber carcajeándome,
como hacen los demás, los que saben leer su nombre
con las bocas abiertas y las amígdalas inflamadas.
Marchémonos ya de esta tierra o se nos hará tarde
y ya sin lugar en el mundo ¿para qué el cuerpo?












El juicio final


El estupor llega como un pan extraño y nos muerde,
nos deja el rastro prendido para siempre en la conciencia,
nos jura que el llanto ya sobra si no es tu cara la del sueño
y yo sé que tú estás en alguna parte caliente y lejana
preguntándote por las tardes procelosas del pasado.
Si hubiera sido distinto, si en lugar de golpearnos con rabia
nos hubiéramos amado con la misma fuerza en los cerros.
Tus dedos grandes se estiran en el recuerdo como mapas,
tus ojos claros se pierden en la memoria de los volcanes,
tu pelo ensortijado ensombrece las canciones más negras
y en cualquier cine te recuerdo detrás mío odiándome,
jurando que ibas a matarme a dos metros de distancia.
Pero ahora te he visto y me has despreciado con lástima
porque después de todo sabes que nunca logré nada,
que me he vuelto viejo e inútil y una sombra desesperada.
Me he sentado en donde tú estabas enjuiciándome,
he respirado el mismo aire que expulsaron tus pulmones,
me he recostado en el mismo tronco de un palo seco
para comprender que todavía no has ganado ninguna batalla,
porque a mi lo que me ha faltado son tus motivos de lobo
para arremeter, reventar aros y llantas, escupir,
fatigarme sobre la lápida de una cama
que nos prohibió el destino:
Te lo advierto, un día mis palabras serán tu pesadilla.














Café amargo


A veces hace falta algo más que su estatura de yeso
y la sangre extraída con jeringas y tierra de los ojos,
para despertarnos y salir a la calle y mirar de frente.
A veces los domingos son un tormento que no pesa
como el salario que se cobra y gasta con vergüenza.
Porque a veces no basta con una mirada congelada
para alzar el pecho y beber la cicuta del café amargo.
A veces el mundo es apenas una triste esfera sólida
donde hace falta un mejor destino y una carretera.
Lo de guerrero ciego nos confunde por momentos
se nos pierden las oscuras ecuaciones matemáticas
pero nunca la realidad de haber sido fetos muertos:
Animales con esqueleto de bronce y débil coraza,
con la calavera gris destinada a objeto decorativo.