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miércoles, 8 de febrero de 2012

5977.- LUIS EDUARDO RIVERA




Luis Eduardo Rivera
Guatemala 1949. Realizó estudios de letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala y en la UNAM de México. Reside en París desde 1979. Actualmente trabaja como profesor de literatura y lengua española en la Internacional School de París.
Ha publicado cuatro libros de poesía, Servicios ejemplares, México 1978; Salida de emergencia, Guatemala 1984; Las voces y los días, Guatemala 1991 y Movimientos, Guatemala 1999. Su poesía completa está recopilada en el libro Poesía prepóstuma, Guatemala, 2008.
Es autor de una novela, Velador de noche – soñador de día, París 1988 (y Guatemala 1990), y de dos libros de ensayos, Oficio de lector, Guatemala 1994 y Voces comunicantes, Guatemala 1999. Tatologías, 2009.
Tradujo al español los Pensamientos de Joseph Joubert, México 1996, Papeles pegados, de Georges Perros, México 1999, los Pensamientos y rivarolianas, de Antoine de Rivarol, España 2006. Pasos en la arena, de Remy de Gourmont, España, 2006, El testamento de un bromista, de Jules Vallès, España, 2006; Sobre arte y litertura, de Joseph Joubert, 2007; Sin flores ni coronas, de Odette Elina, España, 2008.




Enumeraciones


era un cuarto desnudo
cuarto de rato
con sus cuatro paredes pringadas de gemidos
eran cuatro paredes impasibles
y sucias
de tanto ocultar el amor a hurtadillas


era una fría mesa sin sentido
un banco
un rollo de toilet ya prostituido
y un gasneón insolente


era una cama ocupaba casi todo el espacio
era una odiada cama / tierna cama
animal de sudores y de gritos


era una pobre colcha deshilada /manchas de sangre
lamparones de semen y saliva


era una almohada que no tenía objeto
era una sábana que había sido blanca
y éramos dos amantes


eso era todo












Epitafio


Creció sin apartarse nunca de su infancia
admirando la imagen del espejo
más allá del sudor/ más allá del letargo
más allá del silencio de los cuerpos
jamás halló el amor
murió de vida natural cada mañana
descanse en paz












Los Pasos Perdidos


Ayer con esa mujer que hablaba desesperadamente
hoy quizá con alguna desconocida diletante
y mañana contigo, desenterrando
las podridas raíces


¿qué haremos de nosotros, amor mío,
muriendo en la memoria de la carne?