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martes, 7 de febrero de 2012

5955.- LORENA VENTURA



Lorena Ventura: Oaxaca, México 1982. Licenciada en Lingüística y Literatura Hispánica por la BUAP. En 2004 obtuvo el premio Nacional de Poesía José Emilio Pacheco. Incluida en la antología Cartografía de la literatura oaxaqueña actual (2007).







Para estar de vuelta
hace falta
una paloma de gis entre las manos
y enseñar el trazo de la luz
a la muda geografía de tu sombra.
Poner en libertad las gaviotas del consuelo
buscarme en ti
bajo tu ropa
en el difícil plumaje del insomnio:
abrigo de estas dos que somos
cuando no te escondes.
Un amor vertical
para apoyar el mar y las urgencias,
(y el vértigo infinito de haber crecido en vano
tantas veces,
asediada por la sarna de estar sola).
Cristalizar las alas de la noche
y llegar nítida del luto a todo día.
Para estar de vuelta
digo tu nombre
y también el mío.
Para que no te vayas
pero también para que vuelvas.
Te busco en mí
a zarpazos
a cuentagotas
en los delgados pasos
de un gato traído por la luna
en la tarde inmóvil en que la lejanía
trae
el largo silbato de un barco que se hunde.
Te digo
conquistada ya sin duda por lo aéreo
que para estar de vuelta
ya sólo queda
morirse un día.












Bach mira llover


Aquello que me fue llenando desde el fondo
era su música.




Lo sé porque algo de mí
fue quedando entre los árboles.
Algo distinto de la lluvia
que no era trueno
ni rumor de pájaro
ni el aleteo negro de la ira.


El viento era una oleada de cristales rotos
que un ángel
–apresurado por la niebla
levantaba.


La tarde: un tumulto de estrellas imprecisas.


Para quien el amor es un colibrí dormido entre sus manos.
Para los murciélagos
–hojarasca de la noche
en cuya piel la luna resuena.


(Los murciélagos,
atados a una rama
entienden al revés la noche.


Y cuando duermen
son partidarios unánimes de la gravedad.
Y su amor es ciego)


Para los caracoles en su amor paciente:
espiral de aire cayendo en la floresta.
Para quien sufre como la afrenta de una espada
el fruto amargo de la noche.
Para la primavera,
porque antes de sus pasos todo estaba abandonado


(Esta mañana vino la cuchara de una abeja
a averiguar algo entre las flores)


Y para todo lo que viene
que seguramente será rosado.


Aquí está su canto de pan y leche caliente,
de llovizna y animal dormido.


De fugitivo resguardado.


Ahora sólo queda esperar


el claro y sencillo chapoteo:
ruido hecho de mineral de cosmos,
arena-ritmo
de girasol marino.


Y tener cuidado de acallar
el tren ruidoso en nuestro pecho


para no despertar a nuestro ángel de la guarda.














Hondura del silencio


Ahora que veo venir mi existencia
–vieja desde siempre
bajo una multitud de agazapado hielo,
y que la dicha es un aturdimiento lento
en mis entrañas,
una sed que no ha servido para nada,
tengo la certeza de haber llegado
a la hondura clara del silencio:


Orilla luminosa en que te nombro.


(En tus ojos la eternidad se disuelve
como una tableta de sol
cayendo al fondo del agua)


Ya casi no soy ese viento ligero en que
el infinito, desde la luna, me bebía.
Pero todavía muerdo esa pregunta.
¿Por qué los glaciales pasos de la muerte?


Era la vida:
donde tu niñez milenaria pedía brillo,
habló tu sombra.


(Hubo un tiempo
para cerrar las puertas
y luego
donde antes había todo
poner la forma
siempre tibia
del recuerdo)


Desde tu facultad de polvo
escúchame,
porque empiezo a creer que esta fiesta
algo tiene de tu abismo,
algo de furor y herida lenta,
de temblor remoto
nacido de la memoria de tu carne,
algo que va a quedarse para siempre.


Y es muy distinto de la tregua.












Poética




1


Sin intención de un frente a frente
–que ya mis uñas están desafiladas–


Sin condiciones para hablar
–que ya es mucho lo que ofreces
para lo mínimo que guardo.


Yo estoy aquí


lejos de astrologías indudables
–que de a poco tus huellas fabricaron.


Ausente de todo pájaro y color
sólo atravesada
por lo marítimo sonoro


(contaminados los relámpagos,
encerrado lo aéreo en sucios frascos
sin nada ya que alumbre).


Sólo palabras excesivas
del todo irreparables


y un escándalo de olas como aullido.






2


Si puse a andar el viento
para echar a volar las intuiciones
Si aprendí a bailar
para entender el lenguaje de los árboles y el viento
Si me puse a dormir
para no instruirme en tus secretos
Si luego estas manos rotas
te llevaron a pedir a otra parte…






3


Mientras me atizo la tristeza
pensando en la humedad de mis zapatos
y en el ademán de sueño de los pájaros


(cansado de guardar silencio,
el cielo despliega con las aves
su mínimo alfabeto:
frágil sintaxis
destinada a morir con cada migración)


en una atmósfera de cosas estropeadas
me detengo.






4


Apenas sucia,
astillado el corazón de amores cancelados
y mentiras excesivas
sin cumpleaños que estrenar
y una prisa de testamento
en todo el cuerpo.
Con la sangre congregada en la derrota


Yo despierto aquí.


Con sólo ruido
puro ruido.








Simetría de la luz


Este amor es un joven dinosaurio
que ha tardado cien años en crecer:


más tardará en desmoronarse.


Milenios pasarán
para que la puta muerte
le clave los colmillos
y lo enferme de miseria,
para que el tizne de unos dedos
–envidiosos de tanto y tanto amor
se atrevan a tocarlo en su textura
–que es de luz y de crisálida.


Este amor vive en el silencio
que rodea a la palabra
y de nada vale treparse a la punta de los pies
o alargar la mano
para minar su territorio.


No deja nunca de crecer.


Animal largamente fatigado por la sed
frente a la espuma inalcanzable del lenguaje,
Aprendió a decirlo todo
ayudado por los pájaros:
grafías subversivas que el viento
aprendió a ordenar.


Si otros se atreven hoy a amar
–a dejarse beber por el silencio
es por su dulce sombra


unida insalvablemente a nuestros nombres.


Lejos de la marítima traición
de ir y de volver


se encuentra este amor
trazado en el centro de la luz:


Toda noche es ya una tinta mal cuidada
en el cuaderno de los días.