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martes, 31 de enero de 2012

5903.- ALEJANDRO MICHELENA



Alejandro Michelena (Montevideo, Uruguay, 5 de junio de 1947) es un escritor, poeta, ensayista y periodista uruguayo. Es autor de varios estudios dedicados a Montevideo y a las tertulias culturales de Montevideo y de Buenos Aires.

Reside en Montevideo, donde nació y ha dado a conocer la mayor parte de su obra. Publicó dos libros de poesía y dos novelas. Participó en diversas antologías poéticas de su país y de América Latina.
En su carácter de cronista ha dado a conocer una decena de libros relacionados con los barrios y los rincones ciudadanos, los edificios significativos y los espacios verdes, las riquezas arquitectónicas y culturales. Su obra en esta área –que oscila entre la crónica histórica y la mirada antropológica- es de referencia en los temas vinculados a la identidad urbana del Río de la Plata.
En cuanto ensayista, ha desplegado en varias obras sus reflexiones en torno a las tertulias culturales en Montevideo y Buenos Aires,1 y delineado el retrato de personajes del pensamiento, las letras y las artes. Ha profundizado especialmente en torno a la relación entre la Generación Literaria del 900 y legendarios cafés montevideanos como el Café Sorocabana, el Tupi-Nambá y el Polo Bamba. Y también, en el papel cumplido por las ruedas de intelectuales y artistas del Café Tortoni de Buenos Aires en la vida cultural de la ciudad durante el siglo XX.
Fue periodista de los diarios Mundocolor, Cinco Días y La Hora; los semanarios Brecha, Convicción y Decadauno; y las revistas Hoy es Historia, Graffiti, El Estante y Latitud 30-35.2 En estos medios ejerció la crítica literaria, cinematográfica, de televisión y el análisis de temas vinculados a la cultura. Ha llevado adelante y mantiene columnas radiales vinculadas a las temáticas del arte, las letras y el pensamiento en emisoras de su país. Colabora en varias publicaciones culturales, entre ellas La Jornada Semanal del diario La Jornada de México.

Obra

Poesía
Formas y Fórmulas (Libros de Granaldea, Montevideo, 1978)
Rituales (Ed. Siesta, Estocolmo, 1984)

Novelas
Apartamento 108 (Antares, Montevideo, 1984)
El vuelo de la oca (Signos, Montevideo, 1993)

Ensayo
Los cafés montevideanos (Arca, Montevideo, 1986)
Personajes, magos de las palabras (Arca, Montevideo, 2006)
Viejo Café Tortoni. Historia de las horas (Corregidor, Buenos Aires, 2008)
Famosos con fundamento (Arca, Montevideo, 2010)

Crónica
Rincones de Montevideo (Arca, Montevideo, 1990)
Más rincones de San Felipe y Santiago (Arca, Montevideo, 1994)
Montevideo: historia de gentes, reuniones y lugares (Cal y Canto, Montevideo, 1998)
Gran café del centro. Crónica del Sorocabana (Cal y Canto, Montevideo, 2003)
Montevideo la ciudad secreta (El Caballo Perdido, Montevideo, 2004)
El tren fantasma (El Caballo Perdido, Montevideo, 2008)











Torresgarciana


La nostalgia
extiende sus raíces como un árbol


su luz
de otoño
triste.


La nostalgia
baja por esa calle solitaria
cubre las casas viejas
y adopta los colores
—la paleta muy baja—
del viejo don Joaquín
(anacoreta)
bajo un cielo como éste
y hace tiempo


aquí
Montevideo.
















Habitación de artista


Pipa gastada
libros
y una estufa con leños crepitando.


Vaso de negro vino
y tal vez
pan y queso.
Los papeles dispersos y las viejas
paredes carcomidas.


Triste ventana
que no contempla techos de París,
que asoma a claraboyas
de una calle con plátanos.


Casta humilde cama,
silla toda polvo,
ambas delatan
ausencia de mujer
(para el aseo de una
y el uso
y el abuso
de la otra).












Secreta solitaria ceremonia


Hace tanto frío en esta noche
—costado sur atlántico
de América—


hace tanto
que lo gris cotidiano se acentúa


yo cumplo
con repetidos gestos
—mil veces reiterados—
el rito del café


en un bar
una esquina
un lugar de semáforos y autos
y de luces temblantes
y gentes apuradas


cumplo también
otro añejo rito:
borronear
un poema
evadir a la angustia


es que la tribu
ha ido por milenios depurando
formas y fórmulas
—posibles arbitrarias convenciones—
para olvidar
terrores que acompañan
nuestra
antigua condición.
















Llueve


Y las gotas golpeando empedrados y techos
como orquesta de duendes
como un mantram fugaz
y persistente.


Hoy es lluvia
que moja hasta la sombra
que penetra paredes
y caminos
y sábanas.


Gatos que se agazapan en rincones
—el mar se mimetiza
detrás de lo mojado—
paraguas que se mueven y parecen
murciélagos enormes.


En una tarde así
de ritmos en el agua
no es extraño que vuelvan:
el recuerdo de amores alejados
la resaca de culpas
lo que somos.


Poemas que pertenecen al libro “Rituales” (Ed. Siesta, Estocolmo, 1984).












MISIÓN DE LA POESÍA


Evocando a Propercio


En este mundo parodial paródico
con cambio de milenio
y además
de era astrológica
(tal cual lo explican
los doctos en la ciencia
—evanescente—
de las estrellas).


En esta protuberante realidad como nunca sincrética
como siempre confusa.
Eso
al menos
para todos nosotros
sufridores en los días del presente,
sin la ventaja de contemplarlo todo
desde lejos
como sí nos verán
quienes estén ubicados en los próximos siglos
cuando todos
pasemos a ser nombres —o polvo— de la historia.


En medio del tan discepoliano
transcurrir implacable de las modas
y el morir constante de los mitos,
con shoppings desbordantes que atraen
como las sirenas,
con parpadeantes pantallas azuladas
que van sustituyendo
hasta la misma vida.


En esa realidad que pare a diario
sus millones de parias
sus hambrientos genéticos
pululando extramuros del consumo
jadeando su apetencia vacía
frente a televisores anticuados,
participando así
—con lejana mirada—
del festín desbordante
de los menos.




Cuando ya no quedan ideas
y ni siquiera bastones provisorios,
ni tampoco
—tan sólo—
ciegos que guíen a otros ciegos,
cuando todo boga a la deriva.


En este panorama terminal
como de fin del mundo.
Cuando toda certeza
se destruye
y cualquier atisbo de lo nuevo
degenera
sin remedio,
y lo único estable y permanente
es la compra y la venta de objetos, de cuerpos
y de almas,
el papel del poeta
—si es que
todavía
conserva alguno—
su tarea posible
es la de simple insecto,
tal vez vistoso o atractivo unas veces
y otras repudiable
pero siempre molesto
picoteando conciencias
(modestamente)
de una
en una.