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miércoles, 11 de enero de 2012

5782.- BERTHA CALUFF

Bertha Caluff Pagés, Santa Clara, CUBA 1964. Filóloga, poeta, promotora del boletín Brotes, y de la tertulia de poesía Dulce María Loynaz en la sede santaclareña de la Uneac. Ha publicado Bibliografía de las Ediciones Vigía (1987), Ellos pisan el césped (1988), Casa de Sabra (1989), Cumpleaños del pato (1990), De las ramificaciones de Brotes (1991)[Crítica literaria], Tiranía del mito (1994), Imagen tras la imagen (2000), La non erótica: antología [Carilda Oliver](2003) y En las playas de todos los mundos (2007). Su más reciente libro de poemas es el que acaba de presentar la editorial Capiro en la XVIII FIL en su sede de Santa Clara [El vigoroso trazado – Colección Faz, 2008].








Sutileza de Senanque


Para Marie-Alix


Penetran en la noche
los sonidos
de L' Abbayé Senanque.


Una sutileza espaciosa
que va llenando
mi corazón de recuerdos.














Que la has atrapado


A Marie-Alix


Que la has atrapado
a ella,
la inaprensible,
la que vuela.
Por la que tanto
Suspiran y se afanan.


Que es ya tuya
en el misterio
y la belleza.












Yo le digo, mejor, desde el silencio


Como pertenezco a Dios,
las oraciones
que mejor me sé,
son de silencio.


Yo le digo, mejor,
desde el silencio.


Poemas de El vigoroso trazado, Bertha Caluff, 2008.










Lluvia y granizada


Llueve y cae granizada.
Para mal o para bien,
es el misterio
de la congelación del agua
en el espacio
poblado por Dios.
Hacia el hombre llueve en trozos
de hielo coruscante.


Acribillan mi puerta,
ya no hay orden
y no tengo paciencia para verlo.


Todo se moja, falta sitio
en la sequedad del silencio
que se acaba de romper.












ECLOSIÓN DE LA LUZ EN LA CATEDRAL 
DE SANTA CLARA


Era el templo colmado,
de mañana,
en el cálido amor de la luz
y los vitrales.
El de San Francisco recuerdo,
su sayal
oscuro como el vino.
Tanta claridad hacíalo vivo
con sus brazos abiertos hacia mí.
Entre los acólitos,
mi hermano,
se abstraía en la luz también.
Ingenuo y cándido
como la tonsura del santo.
La ceremonia y el coro,
las alfombras,
la sencilla multiplicación de la luz.
La inocencia,
la ingenuidad franciscanas.
aquel estarse en los sentidos
que eran toda mi felicidad










IR AL PARQUE


Sentados,
frente a la glorieta,
donde toca la Banda Municipal,
una mujer y un hombre.
Juntan sus espaldas, y es el banco
una gran bacinilla de cobre.
Es cálido el sol matutino
desplegando su belleza sobre el bronce
serenado de las estatuas.
En el estanque sólo
un gesto del agua
al agua ha convocado.
No se hallarán hojas en las ramas.
Todo el parque se cubre
con las flores que caen
sobre su otoñal desnudez.
Hacia la infancia convoca el fotógrafo
tras su antiguo aparato.
Y quien posó a la luz
nada recuerda.
Con el alba,
el canto de los pájaros
ensordece la ciudad.










Volver a la inocencia


En la quietud,
las horas mansas,
pelando las
cebollas junto al
fuego, cuando
ha llovido en
la tarde, sin
poder mojarme como
quiero, trato
de ir domesticando
la lenta sensación de
“pase el tiempo”,
estanco de la sangre.


Volver
a la inocencia con
la carga
madura de
otra edad.










VIDA PROVINCIANA, PARQUE VIDAL


Cae la tarde
y acuden las más oscuras aves.
El parque se despuebla,
los pájaros
no consienten más que su presencia.
Verlos llegar,
desde los puntos cardinales,
en bandadas probando ramas y árboles,
a tiempos memoriales evoca.


Sentados,
espalda contra espalda,
nada comprenden más
que su propio hastío
ante el crepúsculo
rojo y salpicado
por el vuelo de las aves.


Se despiden. Él la ha besado
premeditando los gestos.
No la desea, no le pertenece;
pero sus ojos fingen posesión.
Su desalentado paso simula
al del chivo que tira
de los carritos,
que da vueltas
una y otra vez.












Penas sin tormenta


No puede
haber caído más agua
que dentro
de mi corazón las penas
sin tormenta.
Penas dentro,
pesadas dentro.
Penas dentro
y el agua hasta el cuello.