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miércoles, 28 de diciembre de 2011

5707.- DELIA DOMÍNGUEZ MOHR



Delia Domínguez Mohr (Osorno, 11 de agosto de 1931 - ) es una poetisa chilena, miembro de la llamada generación literaria de 1950.


Descendiente de colonos alemanes, quedó huérfana de madre a los 5 años. Estudió, como interna, en el Colegio de las Monjas Alemanas de Osorno.
Sobre su época de colegiala, recordará que se sentía "muy sola, tanto que hablaba con los perros y los caballos". "Era una niña transgresora e insolente por lo cual las monjas me encerraban castigada. En uno de esos castigos leí en la revista Margarita las bases para un concurso nacional de poesía para los alumnos de enseñanza básica que se llamaba La uva, allí escribí un poema sin saber claramente qué era un poema, y con él gané el primer premio. De Santiago, el ministerio de Educación envió un diploma a mi colegio que fue recibido en la rectoría de donde me llamaron. Allí, la reverenda madre me dijo: 'niña hipócrita, por qué no me dijo que usted era poeta' y me mostró el diploma de reconocimiento. ¡Mira la monja lesa!, en vez de felicitarme me retaba porque yo no le dije que había participado en ese concurso. Desde entonces, cuando tenía siete años, me llamaron sarcásticamente la Neruda-Domínguez".1
Estudió Derecho en la Universidad de Chile, pero al tercer año abandonó leyes y se dedicó a administrar la hacienda familiar, el fundo Santa Amelia de Tacamó, en Osorno.
Ha colaborado con diversas publicaciones, particularmente con la revista Paula, de la que fue jefa de redacción y crítica literaria. Ha sido también conductora en algunos programas televisivos de arte para el canal 9 de la Universidad de Chile y panelista en el programa Carretera Cultural de la radio Chilena.2
Fue directora de la Sociedad de Escritores de Chile y de su revista, Alerce.
Miembro de múmero de la Academia Chilena de la Lengua, el 25 de mayo de 1992 pasó a ocupar el 4° sillón. Su discurso de incorporación se titulaba Señales de una Poesía Mestiza en el Paralelo 40° Sur.
Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas, particularmente al alemán y al inglés.
"Su obra poética, según propone Juan Villegas, correspondería a una fusión entre la antipoesía y la poesía de los lares, cuyo matiz diferenciador está dado por la ausencia y la amargura de la antipoesía y la magnificación del espacio campesino, en el caso de la poesía lárica".3
Neruda, su amigo, dijo de ella: "Compréndase que por naturaleza, por formación ecológica, la poesía de Delia Domínguez, osornina de los bosques de Osorno, es atrevida y descalza; sabe caminar sin miedo entre espinas y guijarros, vadear torrentes, enlazar animales, unirse al coro de las aves australes sin someterse al tremendo poderío natural para conversar con tristeza o con amor con todos los objetos y los seres. Mi amiga silvestre criada entre los avellanos y helechos antárticos domina la relación humana con la ternura que adquirió aprendiendo y defendiéndose de la soledad."4


Premios y distinciones
Premio Municipal Pedro de Oña 1966.
Hija Ilustre de la ciudad de Osorno, 1992.
Premio Consejo Nacional del Libro 1996.
Premio de la Fundación Felipe Herrera Lane 1999.
Premio Universidad Mayor de Santiago de Chile 2001.
Finalista del Premio Altazor de Poesía 2001 con Huevos revueltos.
Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda, medalla al Mérito Cultural 2005.


Obras
Simbólico retorno, 1955
La tierra nace al canto, 1958
Obertura siglo XX, 1961
Parlamentos del hombre claro, 1963
Contracanto, 1968
El sol mira para atrás, 1973
Pido que vuelva mi ángel, 1982
La gallina castellana y otros huevos, 1995
Huevos revueltos, 2000
Clavo de olor, 2004
El sol mira para atrás. Antología personal de poesía y prosa, Catalonia, 2008; incorpora poemas de otros libros








Adiós dientes de leche


Si desaparezco por desaparecimiento –acto natural–
será mi Dios que terminó la muda de los dientes,
que la infancia no siguió corriendo que por algún lado
me llegó la hora de cargar con el juicio de
la muela del juicio.


Pero si desaparezco por muerte –acto natural– sólo será
una imitación de muerte, un paso de baile para recuperar la
leche de mis inocencias y de mis indecencias,


porque si todo sigue, más o menos igual, y las bandadas
de gansos vuelven a pasar con Nils Hölgerson (o con Teillier)
a una cuarta de mi cabeza y tú, mi Dios, decides
darme asiento como allegada en las afueras del paraíso
y decides que luzca como angelito de arriba en vez de
angelita de abajo,


tendré que pronunciarme entre la salvación y la condenación
–sin saber cuál es la salvación tendré que pronunciarme–,


y sin abrir la boca para que nadie me haga saltar la leche
de los dientes de leche, entonces despedida y
muda ante ti, mi Dios.


de La Gallina Castellana y otros huevos,
Tacamó Ediciones, Chile, 1995 .









Veo la suerte por las yeguas


Se revuelcan las yeguas en el pasto ovillo como jugando
como muriendo las yeguas.


No se paran las yeguas, yo digo es la malura,
yo digo alguien muere hoy
algo grande va a pasar aquí si no se paran pronto
estas yeguas mulatas
que me trajinan por el sistema arterial
por el hueso sacro
por el sistema cerebro-inmemorial
con toda la historia de la casa como las Polonesas
el Danubio y la Marcha Triunfal.


Las señales no mienten,
si no se paran las yeguas se nubla toda la suerte.
Naipe revuelto a estas alturas
nadie puede ordenar a los hijos del paraíso.


Todo es un galope de yeguas volteadas
sobre el óxido empastado de América del Sur.


en La Gallina Castellana y otros huevos,
Tacamó Ediciones, Chile, 1995








Papel de antecedentes


Yo, católica mestiza
minimalista y campesina.


Yo, perrera y jineta del viento de ombligo
marrado a la telúrica madrecita tierna
de nunca acabar.


Yo, de sesenta para arriba y para abajo
me sé de corrido los Diez Mandamientos,
El Ojo (o-j-o) y la Pastoral de L. Van Beethoven.


en La Gallina Castellana y otros huevos,
Tacamó Ediciones, Chile, 2002










Huevos Revueltos


Con delantal, tanteados a mano en el nido
de avena, huevos azules de gallina indiana,
empollados en estricto silencio
para no violentar la redondura de las yemas:
el principio de todo.


"El ave rompe el cascarón.
El huevo es el mundo.
El que quiera nacer ha de romper el mundo
como el ave que vuela hacia Dios".
( H. Hesse, de puño y letra ).
Perdonen, hoy no quiero romper nada, aunque
una volada hacia la misericordia, curaría
la revoltura de los tiempos
cuando este tiempo de espejismos
tiene huecos los sesos.
De todas maneras hay que atizar la leña
para el prendimiento del amor en el cuerpo,


y aunque sea, una señal cercana a la locura,
yo leo
en la niña de tus ojos
que los rebeldes son hombres de paz.










Sabidurías de Gallinero III
( En lo tocante al amor y a su galaxia )


Las estrellas cuando mueren dejan un hoyo
negro.
Los que amamos cuando mueren dejan un hoyo ..........negro.
Pero si tú mueres y yo muero
no quedará un hoyo negro sino una astrología
en la carta cósmica una escritura tan elemental
que podrá ser leída hasta por los niños que no saben leer.
Esta vendría siendo mi sabiduría, mi física cuántica,
en lo tocante a la galaxia, a la ecuación poética ..........resuelta
como sigue: "escribir por ejemplo, la noche está ..........estrellada
y tiritan azules los astros a lo lejos".












LA ROPA LIMPIA


Un día
uno sale a encontrar la muerte,
sin equipaje,
sin muda para la otra semana
con la única camiseta blanca
que quedaba
del tiempo de colegio.
Un día
uno se apura como malo de la cabeza,
como si tuviera que llegar
a todos los trenes
y saludar a medio mundo.
Un día
uno no sabe quién diablos
tendrá suficiente amor entre las manos
para arreglarle
esos asuntos particulares
que siempre quedan flotando
después de la catástrofe,
o quién diablos
va a cerrarle los cajones del velador
con las fotografías secretas
de esa edad
en que la musculatura orgullosa y dorada
era toda la potencia con que contábamos
para vivir.
Un día
uno no vuelve más
por ropa limpia.


(Del libro: «Contracanto»)












II. Regla de Tres


Se puede nacer de a dos
pero se muere de a uno.




IV. Todas Las Mujeres Son Mi Madre


Todas pero, yo también,
soy la madre de todas.
No tengo tragedias sicológicas ni teológicas, y
jamás he perdido la conciencia
de la sangre que
sube
y de la sangre que baja madre
Eso sí, me confieso
vulnerable como sietemesina
pero, a la vez, fuerte como olla de tres patas


donde
hierven
todos
los
caldos
de
Chile.