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miércoles, 28 de diciembre de 2011

5703.- CARLOS COCIÑA

Carlos Enrique Cociña Gallardo (Concepción, 1950), es un poeta y editor chileno.


Carlos Cociña es el mayor de 7 hermanos varones, hijo de Raúl Mario Cociña Arriagada y María Inés Gallardo Orellana. Estudió en el Colegio de los Sagrados Corazones de Concepción. A los 15 años asistió a la Escuela Naval Arturo Prat de Valparaíso, de la que se retiró dos años después. A los 19 queda huérfano al sufrir sus padres un accidente automovilístico. Tras estudiar Derecho en la Universidad de Concepción durante tres años, estudió Literatura en la misma universidad. En 1973 la escuela en la que estudiaba fue cerrada por la el Régimen Militar (Chile), culminando sus estudios como profesor de castellano. 1


Trayectoria como editor
En sus años de estudiante dirigió la revista de literatura Fuego Negro, editada junto a Mario Milanca, y posteriormente Envés, con Milanca y Nicolás Miquea. En los mismos años colaboró en la revista Camino, editada por el arquitecto Osvaldo Cáceres en Concepción, Quinchamalí y Los Ángeles (Chile).2
Su vida profesional la ha dedicado principalmente a escribir poesía.3 Ha trabajado además como editor en casas editoriales como Zig-Zag, Arrayán, McGraw Hill y Lom, siendo en esta última parte del Comité Editorial. Además, dirigió durante los 90 la editorial Intemperie en conjunto con Andrés Ajens, y ha participado en diversos proyectos independientes como el Foro de Escritores de Chile (con trabajos de poesía visual y escrita), en numerosas lecturas de poesía y ha dictado talleres de poesía en la Corporación Cultural Balmaceda 1215,4 en la cárcel y en universidades.


Obra individual
Aguas Servidas. Granizo, 19815 6
Tres Canciones. Autoediciones del Bío-Bío, 1992 7
Espacios de líquido en tierra. Intemperie ediciones, 1999
A veces cubierto por las aguas. Edición www.poesiacero.cl 2003
71 (setenta y uno). Edición www.poesiacero.cl 2004
Aguas Servidas (Segunda Edición). Ediciones del Temple, 20088
Plagio del afecto. Ediciones Tácitas, 20109


Libros de varios autores y compilados
Veinticinco años de poesía chilena, 1970-1995 (Teresa Calderón, Lila Calderón, Tomás Harris), Fondo de Cultura Económica, 1996
Dos (Felipe Cussen, Kurt Folch, Enrique Morales y Carlos Cociña). Foro de Escritores, 2004
Antologia Poética de la generación del ochenta. (Andrés Morales), 2010
Lugares Poéticos. (Cecilia Castro y Rosario Garrido) 2010












Untuosa, de consistencia de miel blanca, que luego pardea, de olor fuerte y sabor acre, sacas de cerca del ano una semilla de olor almizcleño. Mamífera, oriunda y carnívora. Desde la cabeza hasta la extremidad de la cola, vistes de color gris, con franjas transversales negras, estrechas y paralelas, y de crines cortas en el lomo. Llevas, como animal, algo como una bolsa, desde donde segregas una especie de tinta que usas para operaciones en dilatación de la vejiga, y especialmente para dar curso y salida a la belleza.





Bestia 1


Enteramente de negro, con el pelo amarillo, y como hembra, de color pardo oscuro, con el pecho algo rojizo, manchada de piel, y el lugar igualmente pardo oscuro, te alimentas de frutas y semillas. Domesticas con facilidad, y aprendes a repetir sonidos y aun tu voz humana con gravedad y afectación, con el rostro metaloide, de aspecto como la cera, olor peculiar, muy combustible, luces en la oscuridad sin desprendimiento apreciable de calor. Te extraes desde los huesos, pintura, te enciendes en luz, en lucero del alba.








Bestia 2


Llegan las llamas. De ellas ninguna es la esperada. Tienen que ver con algo que está cerca, y entre todas las no ella, están los senderos que no llevan al deseo, aunque apuntan a que no desparezca. No desaparece, está en las llamadas.








Bestia 3


Cuatro billones de veces menos intensa de lo que puede percibir el ojo humano, la luz de los cuerpos se mantiene después de que estos desaparecen. Es material la transfiguración, es un gallinero del desierto.








De Aguas servidas (1981).




1. El primer fragmento
(emisión oral primera)
“Estructura de la mirada”
(Fragmento)


Entre todo,
la mano busca la piel
la piedra
el agua y la tierra.


Por la palma se deshacen los contornos.


El tacto desordena la textura
y por poner la voz
se desentraña la forma del agua.


La tengo en las manos.
La amaso en las manos.


Con los dedos cierro el párpado.


Desde lo negro a lo blanco
cambian los matices
os objetos
la piel
la boca
las manos
y puedo
y miro el ojo.


El ojo en su agua se retrae,
entre las paredes.










De Tres canciones (1992).


Se acerca el tren;
sus luces van sobre las lomas.
No son los carros del tren,
es un gran gallinero extendido sobre los árboles
del cerro.
Ese tren va a las tierras cardinales.
En sus ventanas iluminadas se refleja
el gran transatlántico,
entre los valles de maíz, encendido
entre los insectos que vibran en vuelo.








Como una cadena de montañas que nace en el
mar del sur
y se despeña hasta las aguas antárticas,
la cruz de los andes atraviesa la selva
y los valles
con el ruido de las nieves y las mareas del oeste.
Como una cadena de montañas,
de sur a norte, que
se eleva hasta la bóveda de la cruz
de las estrellas,
la cordillera sostiene el mar que se va sobre
la pampa
como una única ola.
La montaña de los andes se estrella en el cielo
cubierto de sales marinas.









De Espacios de líquido en tierra (1999).




2c Dentro de sí ves el aire que inspira y la vibración de éste
cuando entra alternativamente, sin orden, por las fosas nasales
o la cavidad bucal y adquiere una presencia tan nítida
que la voz retrocede, aún conservando su mayor intensidad.
La respiración, el aire que se acoge en el cuerpo y luego retorna, tiene la forma sonora de una única presencia. Ya no escuchas,
estás inmóvil en el aire y eres la respiración que escucha
cómo otro oye las palabras que se forman en la voz.















De Plagio del afecto (2003-2007).


En la atracción del amado se debe proceder de diversas formas para aligerar la desolación. Hay que operar con total acierto una inversión. El expresar el afecto es una obligación, no para el sujeto, sino para la relación. Demandar un gesto proviene del interior mismo del discurso del deseo. Esto se debe en gran medida a un antiguo temor. En él no existen las acciones obligatorias de controladores o de análisis. Cada uno escoge y posteriormente la elección es homologada. No por azar, son actos deseados y posibles. Se trata de una habilitación, y no implica nada más que una sucesión de roces que ratifica que el otro es libre de escoger. Ciertos actos pueden desviarse hasta convertirse en un desastre. Cuando el amado se autoriza a sí mismo, pone de manifiesto que algo se ha movido en el deseo. La oposición entre cerrado y abierto evita, sin embargo, lo esencial: la responsabilidad en la relación. El punto de vista, el análisis personal, el control y goce se encuentran entrelazados. El amante habla de alguien diferente de sí mismo. Pero su posición puede no estar en la diversidad, sino en la insistencia de su pregunta, en su indignidad, en un límite reencontrado o incluso en el propio punto de interés disfrazado de pregunta. Si el amante hace de semblante del amado y no se constituye, por sus prejuicios, en un obstáculo, el deseo inconsciente del otro se acoge. El interés del amante consiste en que se opone al de identificación. Lo que queda no es un sujeto no identificado, sino un sujeto que puede ser objeto del deseo. El mismo se define como aquel que podía ser cualquier cosa para cualquier persona en la medida en que se ha despojado del otro que habitaba en él. Hacer de semblante está íntimamente vinculado con las relaciones imposibles: imponer, aceptar, analizar. En este sentido el acto de amar se opone a la acción. Está basado en un no actuar fundamental, de permanecer inmóvil cuando alrededor todo es movimiento. Hacer de amante es permanecer en su lugar, mientras el amado se desplaza. Con ello es posible su deseo y la pasión.
afecto 06