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martes, 20 de diciembre de 2011

5618.- ANÍBAL CRESPO ROSS



ANIBAL CRESPO ROSS. (Yacuiba, Tarija, Bolivia, 1948).- Poeta.
1987.- Sus poemas empiezan a difundirse en revistas y periódicos.
1997.- Aparece “El Amor Lejos del Mundanal Ruido”. Recibe aceptación y elogios de Blanca Wiethüchter, referente de crítica literaria en los medios culturales de La Paz.
2000 a 2006.- Su poesía ya se conoce en Argentina, Cuba, España, Nicaragua, Perú, R. Dominicana. Invitado a leer en Lima, Barcelona, Tarragona, Madrid, Buenos Aires, La Paz. Incluido, desde 2004, en La Antología de La Nueva Poesía Hispanoamericana.
2007.- Publica “El Legado”, presentado y comentado por el escritor Juan Claudio Lechín (finalista Premio “Rómulo Gallegos” 2004).






AL FINAL DE ALGUNOS DÍAS…


Al final de algunos días
siento
el peso del planeta en mis espaldas
y la sangre agobiada
por tanto desacierto.


Al final de algunos días,
necesito escribir…


Escribir estos signos
estas letras,
que son mi identidad secreta,
mi armadura
y también
la puerta de mi alma
(que a veces alguien abre
y puede llegar donde yo no puedo).


Escribir para doblegarme,
escribir y escribir…


Escribir y continuar escribiendo;
a los sueños que me sueñan
a las furias que me hieren
al amor que me sostiene.


Continuar escribiendo
porque la escritura


es la única forma de acabar conmigo.


El amor lejos del mundanal ruido, 1995.










El legado, de Aníbal Crespo




Aníbal Crespo Ross presenta su segundo libro de poemas El legado, bajo el sello de la Editorial Gente Común, en la VIII Feria Internacional del Libro de Santa Cruz, el 26 de mayo, diez años después de haber presentado en La Paz su primer libro El amor lejos del mundanal ruido; en aquella oportunidad fue Blanca Wiethüchter quien presentó el trabajo. A manera de primicia, de la cinta magnetofónica, que bellamente salvó la memoria, copio el siguiente fragmento:


"En Crespo Ross, y probablemente no sólo en él, la pasión se plantea como un deseo por conocer, conocerse a partir de los cuerpos. En ese deseo se filtra un deseo de posesión nada ajeno al poder, pues ¿no es conocer un modo de poseer y por tal razón un poder? Y esa afirmación no tiene que ver con el machismo, pues tiene que ver con el conocimiento erótico mutuo, con la necesidad de nombrar aquello que se ha convertido en la razón del mundo.


Eres caña viva y tensa
que cimbreas pasmódica indefensa
entonces yo soy el pescador alucinado
con el anzuelo clavado hasta la médula
siervo y señor que te mantengo.


Te he recorrido mil veces
y aun no conozco a fondo tus caminos.
Hoy me enseñas un sendero
luminoso,
mañana un atajo
sorpresivo.


El fervor del conocimiento va cambiando su objeto poco a poco. De la mujer va a trasladarse a la pasión misma, para finalmente rematar en un deseo de escritura, en la necesidad de decir, a sabiendas que la palabra es insuficiente para traducir lo vivido.


He buscado afanosamente
pero no existe la palabra justa
para nombrar el espacio propio que generas
sobre el cálido desierto de las sábanas.


De esa manera el libro se convierte en el espacio de la pasión como una tercera instancia. Espacio al que se lleva todo el amor porque no puede ser de otra manera, porque todas las cosas suceden para que yo te quiera. Pasión que sólo el tiempo, la locura y la muerte pueden conjurar, eso sí lo sabemos todos, o casi todos."










Legado Final ( partida )


La Presencia Luminosa
aclara
la brumosa esfera:
vértigo y fin de las cosas;
de las cosas que vivían en mi corazón:


Hogar y Navidades,
ese olor de mujer
metido en la piel,
la sangre sembrada y derramada,
y todas las horas de ayer.
Jamás fueron mías.
Ahora lo sé.


Ahora,
la incesante fuga del tiempo
la ruina del cuerpo
la frialdad que avanza;
tampoco me pertenecen.


Estas voces quebradas,
estas manos dolientes,
no me detendrán.


Ya estoy fuera de mi…
Ya no tengo memoria…
Vuelvo al Comienzo…


Voy donde tu moras
Luminosa Presencia…












Primer Legado ( agonía )


Luz y sombra vacilan,
y nace la penumbra
sobre el pueblo de frontera.
Ya los duendes del ocaso
desandan sus calles de arena
y la ubicua pena de las chicharras
se hace infinita como la misma arena.


(Una rendija entre las cosas,
una ínfima ranura en el tiempo,
una distracción del universo
¿No es acaso la memoria?)


Y que suerte la mía
- eso que decimos destino, aún no existía -,
qué suerte, digo,
de retornar a la vieja casona:
greda y sombra
los tejados se desploman,
y reconozco por su aliento
cada uno de los árboles
que circundan la tertulia.
Siento la voz de mi padre;
no está sola como ahora.


Como ahora,
cuando la vida cierra un círculo
cincuenta años después,
ahora que su voz es ausencia
y su presencia una ofrenda ante la muerte…






Quizá;
puede ser
sólo una palabra
que llega
a través del silencio.


O quizá,
finalmente,
sea la paz
más fuerte
que el ruido de la gente.
Y quizá
(por eso mismo),
los grillos quieren horadar la noche
y los perros morder la luna.
O quizá;
la palabra fracasa,
como el intento de los perros por morder la luna,
y no alcanza a vencer al momento:
el momento grave que llega…
que envuelve
que penetra
que invade
que domina
que avanza sobre el alma
y la doblega.


Quizá
la duda,
crece en mis entrañas
como una montaña oscura,
oscura;


y quizá,
todas las palabras
son apenas
ovejas blancas que se despeñan.














Estación Sir Francis


Pausa,
evasión,
donde se detiene
el tráfago y la vorágine del día
-ese espacio transparente del tiempo,
hecho de ilusión y de certeza-.




Estación “Sir Francis”,
no sé si existes
o yo te invento.




Sin embargo,
aquí desciendo;
aquí bebo la infusión
de mi ardiente libertad;
aquí comparto
la fuerza inmortal de la palabra.






Al salir del baño
no traigo nada,
salvo el periódico
-ominoso símbolo de fugacidad-
y la avidez de mi cuerpo.


Ahora
soy eso nada más:
Pura desnudez.
Ahora
-aún más allá de lo que ves-
estoy totalmente desnudo;
ven amada
y cúbreme de ternura


La impertinencia del barman
y de la música, y también
la desaforada noche;
quedaron fuera del círculo mágico.


Nadie lo vio.
estaba hecho de sueños trizados
- como la risa de los niños abandonados -,
y de su tristeza,
que el vino convertía en risa.


Aquella noche
el pasado se extinguió,
y el porvenir nunca llegaría.


Aquella noche,
el círculo mágico
no pudo retener
el esplendor de su presencia…




¡Amada! ¡Amada! ¡Amada!
Insurgentes por millones te proclaman,
y en tu nombre enarbolan banderas de victoria
Amada mía.


Y por ti
una guerra sin cuartel están librando
en los oscuros caminos de mi sangre.


En cada poro una trinchera,
en cada retazo de piel un combate
Amada y amante mía.


En todos los frentes de batalla,
cuando eres selva
o cuando eres río,
como jaguar te acecho,
como cauce te guío.


Y aún así,
en todos los frentes,
en tus llanuras ardientes
en tus bajíos húmedos
(donde siempre me extravío),
¡En todos los frentes de batalla!
Y también en mis quebradas soledosas,


la victoria es tuya


Amada soledad
Amada ternura…




La noche negra y cóncava.
Tu mirada feroz
me busca y me acosa.


Noche negra
ventanas negras
paredes negras
cierran sus barrotes
sobre mí.


Y en el húmedo jardín
tu mirada acusadora
es la flor que lamento,
y aúllo como lobo a su loba muerta.


Noche negra
cielo negro:
con todo el pesar de mis pesares
no puedo;
no encuentro el llanto
que me saque de adentro;
esto que oprime
esto que arde
esto que muerde
esto que mata.


Noche furiosa,
cielo de tus ojos negros
¡Ay si no le escribo a tus ojos!
Continuarán diciéndome cobarde…
¡Cobarde!
No me tendrás,
no me tendrás
ni hembra
ni puta.














Continuarán diciéndome…


Al poema le han cortado las alas
esta noche.
Su voz sincopada
deambula entre las mesas,
y nadie quiere nada,
- ni pastillas de mentol
ni billetes de lotería -.
La vendedora se aleja derrotada.


A pesar de mi empeño
son inútiles las palabras
que recojo de las mesas
esta noche.
Las sé engañosas
las siento solapadas.
A pesar de mi empeño,
la poesía se aleja:




la espalda encorvada
la mirada hueca…


La tarde
no es la tarde que conozco,
de arrebol
y nubes sonrojadas
por el sol en retirada.


Es un despeñadero
de símbolos, de signos,
de palabras monstruosas;
- y el mundo no se conmueve -.


La parábola del pensamiento
se demora
se detiene.
Nada perturba
el éxtasis
de la palabra Angustia:
hondura ciega
temida locura
territorio desconocido
entre el Verbo
y la Nada del suicida…