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martes, 20 de diciembre de 2011

5617.- ÁLVARO YUNQUE



Álvaro Yunque
(La Plata, 1889 - Tandil, 1982) Escritor argentino. Aunque su verdadero nombre era el de Arístides Gandolfi Herrero, firmó sus obras con el pseudónimo literario de Álvaro Yunque, con el que fue conocido dentro y fuera de su país natal. Humanista fecundo y polifacético, está considerado como una de las voces más significativas de la intelectualidad progresista argentina del siglo XX.

Nacido en el seno de una familia acomodada -era hijo del milanés Adán Gandolfi y de la ciudadana argentina Angelina Herrero Palacios, nieta de un coronel rosista-, fue el mayor de ocho hermanos. En 1896, cuando el pequeño Arístides contaba siete años de edad, la familia Gandolfi-Herrero se afincó en Buenos Aires. En 1901 ingresó en el Colegio Nacional Central y siete años después Arístides Gandolfi Herrero se matriculó en la Universidad de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires para cursar estudios superiores de Arquitectura. Pero en 1913, cuando estaba a punto de licenciarse como arquitecto, abandonó sus estudios de arquitectura para consagrarse de lleno al periodismo y al cultivo de la creación literaria.

Desde comienzos de la década de los años veinte, Arístides Gandolfi ejerció como uno de los más bulliciosos animadores de la vida cultural bonaerense. Adscrito primero a la denominada "Generación del 22", pasó luego a convertirse en una de las figuras centrales del "Grupo Boedo", un colectivo de escritores que, desde los planteamientos estéticos del realismo y la ideología izquierdista, propugnaba que el arte había de cumplir una función social, en contra de los postulados de otros grupos argentinos contemporáneos. Como Álvaro Yunque difundió sus primeros poemas y relatos a través de la editorial de la revista Claridad. Simultáneamente, participaba de un modo activo en el periodismo progresista, con frecuentes y polémicas colaboraciones en los principales rotativos y revistas de la izquierda argentina.

Hacia 1940, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a interesarse vivamente por el pasado histórico argentino, al tiempo que hacía pública su activa militancia antifascista. La dirección del rotativo El Patriota le condujo a la cárcel y al destierro, por lo que convivió en Montevideo con numerosos exiliados argentinos.

Entre 1961 y 1975, Álvaro Yunque continuó escribiendo nuevos poemarios, relatos y estudios históricos que, publicados junto a otras reediciones de sus obras anteriores, le convirtieron en uno de los autores más prolíficos de la Literatura argentina. Pero sus posiciones políticas y su reivindicaciones sociales no eran del agrado de los dirigentes de la dictadura militar implantada en Argentina en la década de los setenta, por lo que en 1977 sus nuevas obras fueron censuradas y se prohibió la difusión de sus antiguos escritos, muchos de los cuales fueron echados a la hoguera. Discretamente recluido en la ciudad de Tandil, murió a comienzos de 1982, aún en pleno período dictatorial, cuando contaba noventa y dos años de edad.



En líneas generales, la producción literaria, ensayística y periodística de Álvaro Yunque parte de una concepción maniquea de la sociedad contemporánea, en la que la convivencia entre dos grandes grupos humanos -el de los explotadores y el de los explotados- acentúa las injusticias y rompe la armonía, la paz y la igualdad a las que aspira el autor. Los conflictos sociales y culturales que Yunque conoció a lo largo de toda su vida, enmarcados en un momento histórico en el que surgieron en Argentina el populismo de izquierdas y la conciencia progresista, le llevaron a veces a simplificar en extremo la problemática de la lucha de clases.

Dentro de esa predilección por la temática urbana, la prosa de ficción de Álvaro Yunque se adentra en los terrenos resbaladizos del suburbio para poner de manifiesto la violencia, la injusticia y la desigualdad a las que se ven sometidos los integrantes más bajos del escalafón social; entre ellos, las víctimas más inocentes -y las que sufren en mayor grado los efectos de los explotadores- son los chicos de barrio, esos niños de la calle que se convierten en protagonistas de unas historias en las que el grito airado de protesta se funde con la mirada solidaria y compasiva del autor platense.

A pesar del éxito alcanzado con sus relatos en prosa, Álvaro Yunque siempre antepuso su condición de poeta a la de narrador, y prefirió que le recordaran por sus versos antes que por sus cuentos, sus ensayos, sus artículos periodísticos o sus piezas teatrales. En la vasta producción poética del escritor platense se aprecia un hilo conductor que, enraizado en su condición de poeta del pueblo, recorre los registros coloquiales del habla argentina para convertir en lenguaje poético los giros populares de su tierra. El tema de la condición humana, tan presente en el resto de la producción literaria de Álvaro Yunque, cobra en su acento lírico un singular protagonismo.

Respecto a su producción teatral, el propio Yunque clasificó sus obras en los siguientes apartados temáticos: teatro para la imaginación, para la revolución, para sonreír y pensar, para que el espectador se reconozca, para la emoción, y para reírse de uno mismo. De esta tipología se infiere que el escritor platense cultivó casi todos los géneros teatrales conocidos, desde la farsa hasta el drama, pasando por el teatro del absurdo, la comedia y el teatro infantil y juvenil; además, muchos de sus relatos fueron dramatizados y puestos en escena por parte de algunos de los grupos independientes con los que Yunque mantuvo una fructífera relación.

En su faceta de ensayista, Álvaro Yunque también mostró la amplia variedad de sus conocimientos e inquietudes, por medio de numerosos volúmenes que abarcan temas y materias tan diversos como la pedagogía, la historia de la literatura argentina, la denuncia político-social, etc. Capítulo aparte merecen sus estudios históricos, iniciados cuando estaba ya próximo a cumplir el medio siglo de existencia, y concebidos como un intento exigente y riguroso de interpretar la historia de su nación a través de un prisma sociológico.

Obra Publicada
-Versos de la calle
-Los Cínicos
-Barcos de papel (1926)
-Zancadillas (1926)
-Tatetí . Otros barcos de papel. Cuentos de niños
-Barrett. Ensayo sobre su vida y su obra
-Jauja . Otros barcos de papel (1928)
-Descubrimiento del hijo (1931)
-Poemas gringos (1932)
-13 años. El andador (1935)
-Bichofeo. Escenas para la vida de una sirvienta de 10 años
-Nudo corredizo
-Poncho (1938)
-La literatura social en la Argentina (1941)
-Poetas sociales en la Argentina (1943)
-Ta-te-ti. Antología poética (1924-1949) (1949)
-Poesía gauchesca y nativista rioplatense (selección y notas) (1952)
-Bichofeo; muchachos pobres (1957)
-Los muchachos del sur (1957)
-La barra de siete ombúes (1959)
-Breve historia de los argentinos (1960)
-Ondulante y diverso (1967)





Achacao

"La vida es lucha.Al hombre de rodillas nadie lo empuja"

Estás medio achacao y andas con chucho
¿Chucho de qué pedazo de vichenso?
¿Te envenenás porque te ves flacucho?
Cuando más llores más indefenso.

Vos que pa la milonga fuiste ducho
ahora hasta tenés olor a incienso.
¿La vida te ha fumao y sos un pucho?
Si de verte tan maula me avergüenzo.

Morfá y chupá del bueno
y si la vida quiere espiantar
¡que espiante la perdida!
(y cuánto se la quiere, sin embargo.)

Aunque seas coyón mostrate fuerte
basuriá tus pavuras a la muerte...
porque la muerte es solamente
un apoliyo largo.






Fondín

Olor a grasa, a grasa refreída,
se juna laburar a las mandíbulas.
Olores, ruidos, todo se soporta,
¡pero che, en el puchero, cuánta mosca!






Mercachifles

Les propuse cambiar mis rosas rojas
por sus lechugas o por sus patatas.
Me las dieron podridas... ¡Malandrines!
¿No los voy a rajar de una puteada?






Novela moral

Esgunfia de tanto engorro
dijo a las costuras: ¡Alto!
un día se apretó el gorro
y raió para el asfalto.

Se la engrupió un cajetiya
puro vulevú con soda,
después formó en la gaviya
que toma a la vida en xoda.

De un bulín en otro anduvo,
de venus la laburaba
y entre que bajo y que subo
el tiempo le dio la biaba.

En el arrabal de vuelta,
Flor a punto de ser fruta,
más redondeada que esbelta
se ayuntó con un goruta.

Le llegó su cuarto de hora
como bolichera en Flores;
hoy la oficia de señora:
Tiene tres hijos dotores.





Retruque a un poeta de Florida

¿Pa' vos es una blasfemia
que yo afile versos rantes?
Seguí vos con tu Academia,
yo me junto con Cervantes.

¿Vos le negás tu versada
a las chusmas del suburbio;
vos sos un agua filtrada
y ellos son arroyo turbio?

No esperaré que apadrines
nuestro canyengue, es bastardo;
vos seguí con tus latines,
yo me quedo en mi lunfardo.

Veremos, a fin de cuentas,
quién de los dos era el turro,
si vos con tus ornamentas
o si yo con mi champurro.

Ya alumbraremos la vida
si nos da fósforo el genio;
vos, poeta de Florida,
yo del arrabal porteño.






Vejentud

Aquí estoy, derramao en la catrera
con una fiaca de la madona.
Me he dejado crecer la pelambrera
porque la vejentud, amigos, arrincona.

Con el coco aún purrete, en primavera,
con el cuore, ¡chambón! que no funciona
me resongo: ¿La vida? ¡cosa fiera!
¡Muy fiera! Porque el tiempo desmorona.

Ver a algunos besándose en las rúas
ver a otros en morfis y mamúas
y uno decirse: Yo también he sido...
También he sido un jaife y hoy me veo
cachuso y amurao, broncudo y feo
porque la vejentud, amigo, es algo muy jodido.






Versículos a un lídeo obrero desterrado

En mi mano fina y larga, mano nerviosa, habituada al salto y al vuelo de la pluma, sentí caer tu ancha mano, tu mano callosa y fuerte, tu mano de cortos y cuadrados dedos, entre las cuales el martillo o el hacha o el serrucho se mueven con tanta levedad como en mi mano se mueve una lapicera.
Nos dimos las manos y nos miramos en los ojos.
Vos eras un obrero; yo, un intelectual.
Y nos comprendimos.
Y nos amamos.
Tu instinto te dijo que yo era uno de los tuyos. Mi inteligencia me dijo que vos eras uno de los míos.
Me dijiste:
¡Compañero!, en idioma internacional.
Yo, descendiente de europeos, mirándote la cara de indio bravo - Lautaro, Oberá o Yamandú - te dije, en criollo: ¡Aparcero!
Sonreímos.
Vos venías de la cárcel. Yo también venía de la cárcel. Y los dos estábamos fuera de la querida tierra natal, porque de ella nos habían echado. (Desterrar es una palabra heroica, exiliar es una palabra poética; los empleados policiales no las usan. Ellos dicen echar o expulsar, cuando mucho).
En nuestra querida tierra natal, sobraban tus encendidos discursos, aparcero, sobraban tus directivas, hermano, sobraba tu ímpetu huelguista, compañero, o sobraba tu conciencia de clase, camarada.
Igualmente sobraban los versos de mis poemas insurrectos y las prosas de mis artículos exaltadores de la dignidad cívica.
Ellos, es decir, los amos de unos seres con brazos y piernas como los hombres, seres vestidos de vigilantes y soldados, que saben manejar sables, fusiles, ametralladoras y cañones; ellos opinaron que nuestra querida tierra natal no te precisaba, lider obrero.
Ni me precisaba a mí, escritor con ideas.
Bien, aparcero. Nosotros no opinamos como opinan los patrones de esos uniformes oscuros adentro de los cuales un ser que podría parecer un hombre, se eriza de cañones, fusiles, sables y ametralladoras.
Nosotros, aparcero, opinamos que nuestra querida tierra natal nos necesita mucho.
Opinamos que en ella no abundan los obreros como vos, concientes. Ni abundan los escritores concientes, como yo, hermano.
Por eso vos continuás hablando y yo continúo escribiendo.
Tu voz y mi pluma se complementan. Vos encendés corazones, yo enciendo cerebros, camarada.
Tu causa es la mía, hermano. Lo ves? Tu ideal es el mío, aparcero. Lo sentís? Ni vos ni yo, querido, nos vamos por las ramas.
Los utopistas nos vienen hablando hace siglos de fraternidad humana y de otros macaneos lindos, Hermanos nosotros de ellos, los que llevan botas con espuelas, arrastran una cola que suena como un sable y piensan como sus tatarabuelos?...
¡Sonreíte, camarada!
Fraternidad? ¡Grupo! Ni vos ni yo, camarada, nos chupamos el dedo, hermano. Nuestro ideal no anda por los aires. Nuestro ideal se bajó de la nube de Jesucristo y de la nube de Tolstoi. (Ya lo ves a Gandhi con sus ayunos y su pasividad. Qué hizo ese hombre todo espíritu?...) Nuestro ideal no vuela. Camina. Nuestro ideal es ideal para hombres y es ideal de nuestra época. Es un ideal concreto, realizable, práctico. No es ideal religioso ni filosófico. No vive de quimeras. Vive de pan, como vivís vos, como vivo yo, como vive el bobo idealista que nos viene a hablar de fraternidad humana o de no resistencia al mal, y como viven ellos, los que manejan cañones, fusiles, sables y ametralladoras (Aunque a su pan, ellos, lo precedan de whisky y lo terminen con champagna).
Nuestro ideal es éste: liberación económica del proletariado.
Este ideal sí se comprende. ¡Lo demás son musas! Este es el ideal posible que podemos llegar a ver nosotros, vos, obrero, y yo, escritor, dos hombres sin nébulas en el mate, dos hombres con los pies en la tierra y la cabeza - aunque cargada de ensueños y de pensamientos - no más arriba de la estatura normal de un hombre. Nuestro ideal no alcanza el metro y ochenta centímetros. Es un ideal bajo... (¡Puf!, hace un ultraideaista contrarevolucionario). Y nuestro ideal, aparcero, sin nimbo religioso ni alas filosóficas, lo comprenden todos los hombres.
Todos los hombres que trabajan.
Todos los hombres que trabajan y quieren trabajar, y viven mal - siete, diez, quince, en una pieza de conventillo o una tapera - y comen mal, se enferman y son mal atendidos, se mueren y hasta son mal enterrados.
Nosotros no luchamos para fantasmas.
Nosotros luchamos para hombres que necesitan comer bien, vestir bien, tener horas de ocio para poder instruirse y soñar...
Vos hablás así? Yo te comprendo.
Todos te comprenden, aparcero lider.
Por eso vos, hermano, seguís en la brecha. Por eso vos, aparcero, no dudás, como el ultraidealista.
Te sentís escuchado. De tu boca no salen tropos: salen verdades. A vos nadie ha necesitado gritarte: ¡Valor! Todos saben que sos valiente. Se le ocurriría a alguien gritarle a la montaña: roca? La montaña, si no es roca, no es montaña. Vos, si no fueses valor, no serías lider obrero. Lo saben todos. Lo sabés vos sin haberte parado nunca a reflexionar sobre esto, tan natural. Lo saben los mismos torturadores - prefiero no clavarles adjetivos - de la sección Especial. Nunca a ellos se les ocurrió que podrían torturarte para que "cantaras". Ya sabían que hombres como vos no cantan. Y te hundían en un calabozo húmedo, en un sótano con rejas, entre sombras, solo, a que te pudrieses, en silencio, ¡a juntar rabia!
Pero tu ideal, aparcero, tu ideal no cabía en un calabozo.
Ni en una tumba.
Jamás pensaste en morir.
Siempre pensaste: ya saldré de aqui yo, ¡y entonces!...
Entonces seguís peleando, es decir, hablando y huelgueando. Y seguís con tanta naturalidad como el árbol al que, por un tiempo, se le impidiera recibir sol y agua. No bien los recibe de nuevo, continúa su trabajo de siempre, su trabajo de convertir el ácido carbónico en oxígeno.
Vos, igual.
Y si alguien te preguntara: Vas a seguir?... Responderías: Pero puedo hacer otra cosa, che?...
Aquel alguien te preguntaba eso por ignorancia, nada más. Ignoraba que esa fuerza, ese ímpetu que te hace lider obrero, te llega desde muy abajo, desde el fondo de los siglos terribles. Porque tu causa, aparcero, es la vieja causa. Es la causa de la libertad humana que ahora concretamos nosotros: liberación económica del proletariado.
La causa que, encendida de indignación, inculpa a Cain su crimen. Vos no sos Abel, lider obrero. Vos sos esa voz que le grita al asesino: Caín, qué has hecho de tu hermano? Y lo persigue. Y lucha.
La causa que, encendida de heroismo, se llama Agis o Cleómenes en Grecia, y lucha.
O se llama Graco o Catilina - el calumniado por Cicerón -, y lucha.
O se llama Enno, Cleón, Salvio o Artenión - caudillos de esclavos -, y lucha.
O se llama Espartacus, que llena de espanto a la soberbia Roma, y lucha.
O se llama Jesús, terror de filisteos en Palestina y de sacerdotes en el mundo entero, y lucha.
O se llama Valdenses y Albigenses, herejes de la Edad Media, y lucha.
o se llama Etienne Marcel y sus Santiagos, o los aldeanos de la Jacquerie, o Juan Wiclef y John Ball o Juan Huss o Jerónimo de Praga, o Tomas Munser y los anabaptistas, o Dolcino y los "hermanos de los Apóstoles", y lucha.
o se llama Stenka Razin y Pugatchev - ajusticiadores de boyardos rusos -, y lucha.
O se llama los comuneros de Castilla, y lucha. O se llama, en la revolución de 1789, Felipe Buonarroti y Marat y Gracus Babeuf y Darthé, y lucha.
O se llama "los cartistas ingleses", y lucha.
o se llama Augusto Blanqui en la revolución de 1848, y lucha.
O se llama la Comuna de París en 1871, y lucha.
O se llama los ahorcados de Chicago, a raíz del día Internacional, y lucha.
O se llama los espartaquistas alemanes sacrificados, y lucha.
O se llama los mineros asturianos o los republicanos españoles, y lucha.
o se llama los bolcheviques rusos, y lucha.
O se llama en América Juan Calchaquí o Yamandú, u Oberá, o Tupac-Amarú, o Lautaro o Caupolicán, o todos los anónimos que, desde el frío Canadá a la fría Tierra del Fuego, victimas o héroes de la libertad, lucharon por la vieja causa.
La vieja causa por la que vos peleas ahora, lider obrero.
Ellos decían palabras misteriosas, frases vagas. La misma palabra "libertad", así, en abstracto, qué dice?...
Catilina - el calumniado por Cicerón, sabueso retórico de los poseedores- clamaba: "Pedimos sencillamente libertad".
Vos sabés mejor lo que exigís, aparcero. No es o mismo decir: "Pido libertad", que decir: "Quiero la liberación económica del proletariado".
Liberación económica.
¡Esto sí se comprende!
Ya verás, cuando los proletarios sean económicamente libres, si ellos, los amos de seres parecidos a hombres, los dueños de sables, cañones, fusiles y ametralladoras, van a encontrar manos que se los manejen.
Esto lo presienten ellos, camarada. Por eso te encarcelan a vos, que hablás. Y me encarcelan a mí, que escribo. Y por eso nos echan de la querida tierra natal.
Porque nosotros no soñamos, utopistas, nosotros no divagamos, quimeristas. Nosotros somos concretos y prácticos. Sabemos que podemos conseguir hoy aquí, inmediatamente.
Elos presienten que lo conseguiremos.
¡Nosotros sabemos que lo conseguiremos, hermano!
Vos con tu mano ruda, hecha a la acción y al trabajo de todos los días.
Yo con mi mano nerviosa, que si tiene alas para escalar estrellas, prefiere andar volando a la altura de los hombres que trabajan y son explotados...
En tu manaza dejo estos versículos, aparcero líder.
Montevideo, 1945






Versículos a los salvadores

Hombres que esperáis al Salvador del mundo, niños-hombres:
El mundo va a salvarse por nosotros.
El mundo no va a salvarse por cualquier hombre superior y divino.
El mundo va a salvarse por nosotros, y por nadie más que nosotros.
El mundo va a salvarse por los hombres vulgares, débiles, intranquilos., pobres, tristes, defectusos y mortales.
¡Por nosotros! Por nuestro esfuerzo de todos los días el mundo va a salvarse.
No va a salvarse el mundo por la heroicidad y el martirio de un hombre único.
Por nosotros, los que trabajamos, los que sufrimos, los que luchamos, los que hoy somos un poco mejor que ayer, el mundo vaa salvarse.
Entonces:
Trabajad sin dudas, trabajad perezosos, trabajad sin descanso; trabajad, ignorantes.
Trabajad siempre.
Es el secreto de nuestra salvación, hombres.
A nuestro dolor lo vencerá el trabajo.
Trabajar es erguir las frentes, no postrarlas en la oración: Sed altivos, hombres.
Trabajar es enfrentar el destino, no implorarle: Sed valientes, hombres.
Os humilláis?:¡Erguíos!
Os detenéis?: ¡Adelante!
La salvación del mundo será obra de la realidad del mundo, niños-hombres.
Esperáis el milagro de un Salvador como el niño espera un juguete?
Nada se nos regalará, hombres.
Nunca se nos ha regalado nada, hombres.
Todo lo hemos conquistado, hombres.
Todo debemos conquistarlo, hombres.
Tal es el mandato esencial de la Vida, hombres.





Algunos nombres de América

ALBERDI

Nadie más pacifista que este guerrero





ECHEVERRIA

Meditar y sufrir la vida brava.
(Es cierto que te has ido, juventud?)
¡Pero subiendo siempre los caminos
en marcha hacia el azul!:
Heroísmo de antorcha que, humeando,
no deja de dar luz.





JOSÉ HERNÁNDEZ

No canta sólo por oir sus sones.
Su canto no es de ave, todo música.
Su canto es reflexivo canto de hombre.






MOSCONI O EL "GENERAL DEL PETROLEO"

De frente al imperialismo,-¡uñas largas del yanquismo!-
defendió con valentía,
la riqueza nacional...
Mosconi no parecía
ser general.






FLORENCIO

El es Florencio en el amor de todos
No necesita de apellido (Sánchez).
No fue a la escuela, sí a revoluciones.
Viviendo en el teatro de las calles,
solo, aprendió a escribir para el teatro.
(Tuvo la misma escuela de Cervantes).
Aprendió en fríos, aprendió en dolores,
frío, dolores, hambres...






MARTI

"A las alturas no se sube a saltos" - José Martí

Las alturas se alcanzan lentamente,
con los pies desangrándose en las breñas,
asiéndose a las plantas espinosas
para no quebrantarse entre las piedras.
Subir a las alturas no es deporte.
Subir a las alturas es la guerra.






ANIBAL PONCE

Quién era el presidente entrega -patria,
quién el "dotor" que hacía de ministro
que expulsaron a Ponce de sus cátedras?

Cuántos recuerdan hoy sus mudos nombres?...
Y cuando éstos no existan ni en sus tumbas,
los libros se leerán de Anibal Ponce.

Desde México y Cuba a la Argentina,
brioso corazón, palabra bella,
su voz sigue en los pechos encendida






LINCOLN

Lincoln está en el cielo,
único blanco de este cielo triste.
Todos allí son negros.

Los inocentes negros
que pelearon por el sur... Ahora
Lincoln está en su cielo.






EL ASESINO

Quién mató al Ché Guevara?
Su nombre nada importa.
Sabemos que es el mismo,
ese a quien nadie nombra,
porque nombrarlo mancha
feroz pitecantropus,
asesino de King y de García Lorca.






REFLEXIONES NO MANSAS


Ser pobre es vivir de su trabajo, ser miserable es no tener trabajo. La pobreza fortifica, la miseria corrompe.

***

Se sonríe con algo, se sonríe por algo, se sonríe contra algo. Sonrío al ver jugar unos pibes, sonrío cuando oigo a un escritor alabarse a sí mismo y sonrío al escuchar a un viejo político conservador hablar de libertad y democracia.

***

En el fondo de las grandes fortunas hay lo que en el fondo de los grandes ríos: barro.

***

"Dar a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar"?... El Cesar no espera que le den: se lo toma.

***

A los tiranos, a los locos y a los ebrios se los trata de la misma manera: Se los oye hablar sin refutarles sus sinrazones.

***

El Capital se sobrestima. Esta es su fuerza. El Trabajo aún desconoce su valor. Esta ha sido su debilidad hasta ahora.

***

Si te humillas, no sólo van a pisarte, se limpiarán en tí las suelas de los botines.

***

Los errores de la democracia son debidos a que no existe democracia.

***

Todo gobierno opresor cuenta con dos armas: el sable y la cruz. El sable que asesina y la cruz que adormece. Y de las dos armas, la más eficaz para el gobierno opresor es la cruz. La usa cotidianamente. El sable es para los días de excepción. Los días en que el adormecido despierta.

***

La diplomacia, un árbol que da frutos venenosos, aunque sus flores destilen miel.

***

El filántropo es un hombre que desprecia a los hombres. Para él, ellos sólo merecen caridad, no justicia.

***

Las ideas rebeldes son luces. Si alguien las sopla, no se apagan, se van de nosotros a encender un cerebro apagado.

***

Antes se abandonaba en el "padre" confesor la tarea de pensar; ahora se la deja al editorialista a sueldo del diario que se lee todas las mañanas.

***

Aún la humanidad presenta una lista de mártires por fanatismo mucho más extensa que la de sus mártires por idealismo. La humanidad se halla en déficit.

***

Muchos árboles genealógicos tienen las ramas floridas; pero sus raíces se hunden en un montón de basura.

***

Solo demuestra que sabe nadar quien nada contra la corriente; a favor de la corriente, hasta los literatos conservadores - los corchos - nadan.

***

El soñador siembra y cosecha el revolucionario. Los Rousseau y los Diderot hacen los Robespierre y los Saint-Just; los Marx-Engels hacen los Lenin; los Martí hacen los Castro.

***

El hombre aún no sabe qué es la paz. Porque la recelosa calma entre guerras no es la paz: no sería dormir, un cabecear con el arma en la mano, semi en vigilia, a la espera de que el compañero de pieza nos ataque nos bien nos durmiéramos, o para atacarle no bien él se duerma. Este recelosos descanso lleno de inquietud es la paz que hasta ahora hemos conocido los hombres.

***

Si hoy te vendes por diez, mañana te venderás por cinco y pasado mañana por un puntapié en el culo.

***

Un tonto viejo es peor que un tonto joven. El tonto joven dice una vulgaridad y huye a jugar al fútbol; el tonto viejo, por culpa de la gota se queda sentado a decir muchas vulgaridades que ya ha dicho muchas veces.


***

Los reaccionarios, los conservadores, entran en el futuro de espaldas. Entran a empujones. A pesar de ellos, los reaccionarios, los conservadores, también entran en el futuro.

***

Cuándo el uniforme de un general no es una librea?

***

En muchos hombres, aparentemente infelices, duerme un dictador. Cuando aparece una dictadura, ese dictador despierta y se coloca al servicio de la dictadura. Así, porque son dictadores, se convierten en esclavos.

***

La razón - luz humana - pasó de la clase que se autollamaba noble a la burguesía y de la burguesía a la clase obrera; pero toda la clase obrera no sabe aún que posee la razón. El día que lo sepa...

***

En la alta sociedad, a un hombre o mujer se le considera instruído porque habla varios idiomas, aunque no lea en ninguno.

***

De un tonto, si es un hombre del pueblo, se dice que posee un alma gris; pero si el tonto es un potentado, se dice que su alma es gris-perla.

***

Hay quién piensa sobre los problemas sociales después de haber leído los diarios, y hay quien piensa sobre los problemas sociales sin haber leído nada, porque no sabe leer. Lo curioso está en que ambos coinciden. Para qué, entonces, tomarse el trabajo de leer los diarios?

***

Un mundo de hombres que viviera sólo de su trabajo, sería un mundo de héroes.