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viernes, 16 de diciembre de 2011

5579.- ANA NUÑO


Ana Nuño (Caracas, Venezuela, 29 de julio de 1957) Escritora venezolana en lengua castellana.

Es licenciada y doctorada en Filología Inglesa por la Universidad de la Sorbona. Ha desarrollado su actividad en tres frentes: la poesía, el periodismo y la política.
Su poesía ha sido publicada en España e incluida en antologías en este país y en Venezuela, Colombia, Argentina, México, Brasil y Estados Unidos. Ha sido traducida al inglés, francés, italiano y portugués.
Ha publicado ensayos, artículos y reseñas críticas sobre literatura, política y cine, entre otros medios, en Vuelta (México); Syntaxis, Quimera, El Viejo Topo, La Vanguardia, Letras Libres (España); El Nacional y El Universal (Venezuela).
Dirigió la revista de literatura Quimera (1997-2001).
En 2004 fundó, la editorial Reverso Ediciones.
En 2005 impulsó la formación de un nuevo partido político: Ciutadans-Partido de la Ciudadanía.
Actualmente reside en Barcelona. Colabora con Libertad Digital.
Ha publicado ensayos, artículos y reseñas críticas sobre literatura y cine en Vuelta (México); Syntaxis, Quimera y El Viejo Topo (España); Imagen, El Nacional y El Universal (Venezuela). Ha dirigido la revista de literatura Quimera (1997-2001). Ha publicado dos libros de poesía: Las voces encontradas (Dador, Málaga, 1989) y Sextinario (Tierra de Gracia, Caracas, 1999; Plaza&Janés, Colección Poesía, Barcelona, 2002).




I

La poesía


Como a Marianne Moore, también a mí
me disgusta. Algo incivil hay en la idea
de forzar las palabras a decir
lo que, pudor o pereza, por dentro
llevan. Tomarse uno tan en serio
no es bueno, además, para la salud.

Como sabían curarse en salud,
los griegos se fabricaron la mí
mesis: el único negocio serio
es la realidad. Esta sabia idea
les permitió asaltarla desde dentro,
forzar y saquearla (es un decir).

Un caballo de madera, es decir,
un vientre hueco lleno de salud
ables mercenarios: entre el adentro
y el afuera, el amplio horizonte y mi
agazapada persona, la idea
de un ataque por sorpresa es, en serio,

genial. Así al menos se salva el serio
escollo de la arrogancia. Decir,
además, es decirse, y una idea,
la forma más antigua de salud
o sin tanta redundancia. De mí
se verá la sombra que doy afuera,

como un ombú, un bambú, lo que hacia afuera
tiende naturalmente, pero, en serio,
no me pidan que les presente mi
pereza torpe, enroscada, y qué decir
de mi incómodo elefante. La salud
de un poema está en omitir ideas

tanto como en expulsar de la idea
la excesiva interioridad. Afuera,
en la noche troyana, la salud
es lo que cuenta. Lo de antes, el serio
dudar de todo, el temor, el decir
se que nada vale el esfuerzo… mi

pereza cede ante la saludable idea:
decir el caballo que allá afuera
galopa serio y triste en mi cabeza.


[Fuente: Ana Nuño, Sextinario. Fundación Esta Tierra de Gracia, Caracas, 1999. Publicado también por Plaza&Janés, Barcelona, 2002]










B: Poemas inéditos


I

Vuelta a París

Regreso de día a tu oscuridad.
Nada de lo que acontece es visible
entre tus altos muros sumergidos.
Afuera es aquí un vocablo inútil.
De qué me sirven las puertas abiertas,
las tardes de infancia y siesta secreta,
los profundos pasillos de la fiebre
en las inmóviles tardes del trópico.
Tu gris diluvio oxida mis cerrojos,
tus helechos invaden mis pasillos,
tus esponjas me amordazan, tu musgo
es una tapia que oculta y condena.
No sé flotar en tu blandura,
deslizarme sobre la casa ahogada
y reconocer con fingido asombro
el tesoro en el arca sumergido.
Prefiero saltar el muro y caer
de pie del otro lado de tu sombra,
en el atardecer encandilado,
como un felino, preciso y nostálgico.

[De "Exilios" (París-Barcelona, 1990-1993)]









II

Décima de mi gata

No te seduce la danza:
el sueño de una caricia
no perturba la pericia
de tu perfil en balanza.
La palabra no te alcanza
en tu escueto paraíso,
y me niegas el permiso
de robar tinta a tu sombra
y decir lo que te nombra
con vocablo más preciso.

[De "Lugares Comunes" (Barcelona, 1994-1996)]









III

Colecciono gatos como otros coleccionan acuarios,
como Cristina Rossetti y su pulpo de piedra lívida
en el acuario londinense, rodeada de cuerpos
como el dragón de Carpaccio.
[De "Lugares Comunes" (Barcelona, 1994-1996)]









IV

Lesbos

I

No veo nada en Lesbos, dice, sólo
un sendero de chivos que conduce
entre espinos al aljibe,
un pozo seco.

Los prospectos hablan de llanuras fértiles,
trigo, uvas, unas famosas olivas
y algún que otro terremoto,
de vez en cuando.

Pero no hay agua en Lesbos, ríos, fuentes,
lagos como ojos cegados de niño
muerto, piensa el poeta,
decepcionado.

El amor es una elemental flor
de secano, o un olivo y su sombra,
y en ese charco el cadáver
de algún recuerdo.

Bajo la costra reseca del sol,
sin los visos del aguaje romántico,
las rocas hierven de gusto,
cruje el sudor.

Sube de la noche y sus piedras frías
el chirrido de una lluvia de flechas:
tu sangre olvidadiza
batiendo sueños.






II

En mi casa no hay balanzas ni platillos
nada para pesar los suspiros las lágrimas
los sueños que despiertan olvidados

Mi cuerpo acariciado por el tuyo Atis
el viento en la montaña cuando azota los robles
más verde que la hierba
Deja el oficio de tasador de sombras
que los impares busquen igualar en otro cuerpo
la ilusión del otro lado
Apaga mi corazón Atis te quise hace tiempo
pero morirás algún día no miento
quisiera estar muerta

En mi alcoba no hay baúles arcones
no escondo juramentos contratos tinta invisible
para redactar mis prisiones

Cuando me hayas olvidado Eros
de nuevo Eros el sinuoso
te romperá los huesos






III

No hay que dejar que hable el poeta en Lesbos,
donde todo, el pozo sin agua, las olivas
amargas y dulces como la sangre,
el trigo olvidado, reseco en las lomas,
las piedras abrazadas por el polvo,
ha adquirido el no despreciable hábito
del silencio.

[De "Lugares Comunes" (Barcelona, 1994-1996)]







CONSEJOS A UN JOVEN POETA

Habla como piensas y escribe poco.
Nunca digas lo que vas a hacer: hazlo.
Escucha a todo el mundo y luego calla.
No te quedes donde naciste: viaja,
viaja y viaja, y descubrirás tu rostro,
el verdadero, que es tuyo y de todos.

Convierte en ajeno lo que es de todos.
Huye de lo pomposo y de lo poco.
No sientas asco, no vuelvas el rostro.
Cuando te llegue la hora de amar, hazlo
como si hoy fuera ayer: el amor viaja
a la velocidad de la luz. Calla

tus deseos y sobre todo calla
si te aplauden o dan la razón todos.
Si es necesario, finge: sólo viaja
quien se acerca al canto aunque sea un poco,
como Ulises. Y si te toca odiar, hazlo
frente al espejo y el familiar rostro.

Estudia celosamente tu rostro,
tus sueños y tus miedos: lo que calla
en ti, eso mismo debe hablar; pero hazlo
de modo que te hable también de todos
los que no tuviste o tendrás, y poco
te importe ese vértigo en el que viajas.

No seas nunca el taimado que viaja
por encargo y regresa sin su rostro.
Domestica el hambre y verás qué poco
importuna, como el perro que acalla
un gesto de su amo. Deja que todos
hagan por hacer; tú, todo deshazlo.

Si te toca tomar partido, hazlo
sin vanidad o afán, como quien viaja
por un país conocido por todos;
pero borra una a una de tu rostro
las arrugas de lo superfluo. Calla,
y en silencio ve haciendo, poco a poco.

No te quejes del poco oficio y hazlo
tú mismo: observa, lee, calla, viaja,
búscate y piérdete en el rostro de todos.

Sextinario, 1999.