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martes, 29 de noviembre de 2011

5425.- DAVID VILLAGRÁN RUZ


David Villagrán Ruz. Nace en Santiago (CHILE), 1984. Es licenciado en lengua y literatura hispánicas por la Universidad de Chile; actualmente cursa el programa de magíster en literatura de la misma universidad. Algunos de sus textos han sido publicados en revistas como Cyberhumanitatis, de la Facultad de Filosofía y Humanidades U. de Chile; Estafeta del Viento, España; y Plagio. Participó del taller de poesía Códices, dirigido por el poeta y académico Andrés Morales el año 2004, y en el año 2006 del Primer Congreso de Poesía Chilena del Siglo XX (Santiago, U. de Chile) con una ponencia sobre Carlos Casassus. Durante el año 2007 se adjudicó una beca de creación del Fondo del Libro y la Lectura con el poemario en prosa Solsticios. Dirige el blog sobre poesía y contemplación La vía láctea









Te han dicho del mar

SON las horas
Apropiadas de un cuerpo inestable
Viniste de otras tierras por llanos y montes
Que no saben deletrear sus nombres

Perséfone
Antes de tu imagen completa, la mitad
Solo la mitad de la herida
Pensamos en viajar a roma,
Pero nos quedamos entremedio

Y es cierto, me conociste,
Hasta las gradas del circo estaban llenas de leones
Fuiste como una cierva sedienta cuando entraste tan
oriente
Y dijeron no te asustes, no recojas tu mitad de las estrellas
Si ves que la sed vale por mil llagas
Y estas sangraron y sonaron tan lloviznas

¡Cuántas ruinas todavía urgen por templar su voz!
El incienso apagó la saliva que arrojaron nuestros hocicos
No llores
Mi casa, tiene que beber sus propias lágrimas

Coro que te adueñas de estas manos
Y más grave aún
Adobas la sangre sin derramarla
¿Por quién hurtas de pie el vacío?

Otro era el canto
Manos como bocas abren llaves que pasarán
Como animales de cal entre los bosques
El aire y el circo serán divididos
Por esta bestia de línea.

Perséfone
El cuerpo te llama por donde se deja brillar un arma
¿Adónde van a dar las ruinas de mi sangre?
¿Porqué hurtas de pie el vacío?
¿Qué queda para estos corazones
Con su mismo juez verdugos
Espalda con espalda. Cerrándose a horcajadas?











Para abrir los ríos

ANTES hay que probar con el mar
Cuántos principios hay para este mismo sueño

La tarde nace lejos de las casas
Cada raíz escancia un vino que nadie beberá
A la noche solo se la oye pasar como una nuez
Rodando

Cuánto camino y no es esa la noche
Ni la tarde, la que se acompasa oscura
Estoy seguro de algo que vendrá
Y que tampoco es este viento con su lápida de espaldas

El viento solo se destila cerca de los puertos
Y aunque moribundos piensen temprano en su adiós
Quizá sólo se embarquen conmigo
En una borrachera soñada por el grano

Ay, estos muertos verdaderos
Navíos entre un pueblo y otro, y casas
De follaje tierno cuya gente nace solo para oír
Como sus ríos los sacuden sin nada pendiente.







SOLTICIOS

Por esta gracia disuelta en espacio
Lo que los ojos negando hayan visto:
La trama imperceptible sobre el seno quieto
O el rostro eterno que la mujer conduce,
Todo lo eleva el corazón, oscuro
Cuando la luz se tensa en una idea que ama.

Así confunde día claro y lecho abierto
Ambos, con el tiempo en su principio
Y habla de una amante joven siempre
De una diosa que oye con el pulso.

Aunque el asunto sea el nombre
Que la memoria ostentosa remarca,
Pierde la forma para ser más precisa
Como la luna del agua, o la estatua.
Rodeada en el sueño por destellos,

Una diosa. Y duerme el corazón,
Solo con su ritmo, náufrago en su gracia.
Como si un sol antiguo se volviera
Reuniendo en él los mitos de las cosas.

Mientras los ojos despiertos contestan
“Es inútil, que interprete su deseo padeciendo
Como padecen los relojes en la espera
Del mundo que los hombres imaginan”.