BUSCAR POETAS (A LA IZQUIERDA):
[1] POR ORDEN ALFABÉTICO NOMBRE
[2] ARCHIVOS 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª 6ª 7ª 8ª 9ª 10ª 11ª 12ª 13ª 14ª 15ª 16ª 17ª 18ª 19ª 20ª y 21ª BLOQUES
[3] POR PAÍSES (POETAS DE 178 PAÍSES)

SUGERENCIA: Buscar poetas antologados fácilmente:
Escribir en Google: "Nombre del poeta" + Fernando Sabido
Si está antologado, aparecerá en las primeras referencias de Google
________________________________

viernes, 21 de octubre de 2011

5175.- SO CHUNG-JU


So Chung-Ju. Nació en Booan-Myon, Kochang-Kun, Chunbuk, Corea del Sur,
en 1915. Ingresa en el Instituto Superior Central de Budismo en 1933. En 1936,
ganó el premio del diario "Dongailbo" con su poema "La pared". Dejó sus
estudios de escuela y se convierte en fundador y redactor de la revista poética
"Aldea de los poetas". Actualmente es miembro de la Academia de Arte y
miembro de la Junta del Consejo Literario Coreano.
Su obra registra varios títulos entre poesía y ensayo literario, y con ella ha
merecido varios e importantes reconocimientos; entre otros, obtuvo muchos
premios de Corea. Sus obras representativas de poesía son: Serpiente
colorado (1941), El cuco (1946), La antología poética de So Chung Ju (1955),
El epítome de Sila (1960), El cielo del invierno (1968), El mito de Guilmajae
(1975), El poema de vagabundo (1976), El poema de los días de lágrimas de
flamenco (1982), etc.

La poesía de So Chung-Ju parte de una vivencia existencialista del mundo para desembocar en una intuición mística de la realidad entera. La profundidad del budismo y la honda reflexión del pensamiento del Tao componen el trasfondo de su obra literaria.



Resurrección

He venido a verte, Suna.
Cuánto eres tú aquí, niña.
Vienes de los cuatro puntos cardinales
con tu sonrisa
cuando voy caminando solitario por la calle

Chong-ro.
Te he echado de menos
cada vez que cantaba algún gallo en el alba.
¿Me has oído llamarte?
Oh, Suna, cuántos siglos hace ya que no te veo.

Aquel día, en que te fuiste en ataúd de flores
más allá de la montaña,
no quedó en mis ojos más que el cielo vacío,
en mis manos, ni una cabellera para acariciar.
Y cómo llovía... Tras la vela, fui abriendo la puerta
de piedra donde cantaban los búhos
y encontré un río de miles de millas...
Y cómo pudiste volver, o en qué arco iris bajaste
desde tu escondido domicilio, desde donde ni siquiera
pudiste escribirme.

En los cuatro caminos de la calle Chong-ro
un mar de nieblas, o un mar de niños y niñas
vienen charlando en el sol.
Y entre estas niñas de diecinueve o veinte años
¡oh, por fin regresas en sus ojos, en su sangre,
en su corazón
Suna, Suna, Suna. Oh, cómo te veo venir y hacerte presente







Este corazón amante

Este corazón amante
ya ha perdido las palabras
en el silencio
y vive allá en el cielo sin nubes.

Y baja a veces por la escalera del arco iris
a descansar en la nube.
O se esconde en las gotas de la lluvia
para descender sobre las margaritas;
florecen y se mecen suaves.
Cuando se marchitan las margaritas
vuelve volando a la nube
y sube por la escalera del arco iris al sol
para vivir de nuevo en el cielo sin nubes.









Mi amada duerme

Mi amada
está dormida
y yo me convierto en cigüeña que vuela
como la de su blanca almohada con bordados.

Las joyas carmesíes
se hunden una por una en el fondo del mar de
sueños
y experimento siempre una sensación de
despedida
cada vez que cae una y otra joya en el mar.

Mi amada se duerme
y me deja un anillo de oro fino
cuyo círculo delgado
cubre todo mi cielo.

Sin embargo, yo tengo que volver
al círculo dorado del almohadón
que sostiene el sueño de mi amada.
Y vuelvo a sentir que estoy despidiéndome.






Ligeramente

Amada,
me he decidido a no acudir a nuestra cita;
en cambio, a la mitad del camino
he de hacer novillos o divagar un poco.
En vez de ti
pensaré ligeramente
en la hierba.
No sé si esto sea construir un convento
entre tú y yo, sin embargo
he de hacerme ya el distraído
y construir levemente un templo de hierbas.