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lunes, 17 de octubre de 2011

5146,.- ISAAC GOLDEMBERG


Isaac Goldemberg
Nació en Chepén, en el norte peruano, en 1945. Si bien ha vivido en Nueva York desde la adolescencia, sigue reclamándose peruano y su obra literaria es tanto parte de la literatura peruana como de la diáspora judía en América.
Su libro más reciente es la colección de poemas Libro de las transformaciones (Lima, 2007). Ha publicado las novelas El nombre del padre (2001), Tiempo al tiempo (1984) y La vida a plazos de don Jacobo Lerner (1978), el libro de cuentos Tierra de nadie (2006), y los poemarios Los cuerpos y las cuentas (2006), Los Cementerios Reales (2004); Crónicas del exilio (2004); El amor y los sueños (2004); Los autorretratos y las máscaras - Self-Portraits and Masks (2002); Peruvian Blues (2004); Las cuentas y los inventarios (1999); Cuerpo del amor (2000); La vida al contado (1992); Hombre de paso - Just Passing Through (1981); De Chepén a La Habana (1973); y Tiempo de silencio (1970). también ha escrito dos obras de teatro, antologías, y recensiones literarias.
Se desempeña como profesor en el Eugenio María de Hostos Community College, en Nueva York. Es fundador del Instituto de Escritores Latinoamericanos y de la revista internacional de cultura Hostos Review.





LECCIÓN DE ARTE

Adinerado, el arte pintaba desde una vieja
y distinguida mansión campestre llena de imágenes fantasiosas.

Angeles y demonios lo acechaban por todas partes,
pérdidas irrecuperables.
Afuera sucedió una guerra y luego otra.
Su anterior paleta de colores dejó paso a tonalidades oscuras
y efectos tenebrosos.

Otro día subió hasta el techo del gran salón para decorarlo.
Este trabajo estuvo impregnado de un humor y una fantasía
salidos de su subconsciente.
Sombras y luces hacían resaltar la dignidad solitaria de las cosas.

La infancia fue un río en el que le gustaba sumergirse
para enseñar su otra cara,
pesadillas que determinaron su definitiva consagración universal.








LECCIÓN DE PSICOANÁLISIS

Una noche, hundido en el sueño,
el psicoanálisis vio que el humano era muy dado a la sugestión.
A la mañana siguiente, se puso los anteojos
y se dedicó a llenarlo de culpas imperdonables.
Genio de la publicidad, un día se emplazó en la plaza pública
y desde allí logró convencerlo de ser
el único capaz de curarlo en profundidad.
Así desprestigió a todas las otras teorías,
tildándolas de paranoicas, reprimidas sexuales, etcétera.

De ahí pasó a ser un genio reconocido por todos:
el humano se sintió tan impresionado que aceptó todo lo que le dijo.
El psiconálisis decía "Usted tiene una homosexualidad reprimida",
y el humano contestaba "Claro, naturalmente".

Con el tiempo llovieron los ataques.
Temeroso de desaparecer, el psicoanálisis se enfrentó
a sus más enconados enemigos, amenazándolos con curarlos
de sus síntomas histéricos.
Luego se internó en una clínica psiquiátrica

y se dedicó a tratar pacientes incurables, sin alcanzar ningún éxito.
Los ratos de ocio los ocupó en lanzar rumores falsos
contra colegas y discípulos renegados.
Dotado de un don excepcional para la especulación teórica
y dueño de una confianza casi absoluta en sus propias teorías,
el psiconálisis creyó que todo lo que pensaba era la verdad absoluta.
Él mismo sabía que no era consciente de ello.

Otro día, andando el tiempo, el humano
le dijo que ya no creía en su método.
Sentado detrás de su escritorio y luego de encender su pipa,
el psicoanálisis respondió, de manera inconsciente:
—Si usted no cree, es porque nunca se autoanalizó en un diván.








PACTO

¿Qué Dios fue ese que generación tras generación
reiteró el pacto territorial
y parecía no saber de geografías?

El prometió estar con ellos en la conquista del espacio
y ellos pronunciaron otra vez Su palabra
en el atrio del planeta más próximo.

Y en el año siguiente a la expulsión
se congregaron en el umbral de la Tierra
a escuchar la lectura del libro de todas las cosas
cuando la palabra fue puesta por testimonio
ante ese Dios que se ocultaba al ojo humano.

Pero cuando El asomó Su único ojo,
tantos y tales fueron los males y las penas
que ellos renegaron de Su eterna presencia.

Entonces Dios volvió a reiterarle al humano
la promesa de la tierra en la fosa.








DIÁSPORA

Todavía quedaban en la ciudad todas las casas.
Pero la que menos quedaba era la casa del padre.
El dijo que guardaría su casa hasta el último día de sus días.
Más tarde, mucho tiempo más tarde,
volvía del destierro para ponerle candado.
Y el hijo, sin que fuese suya, se quedó con la llave.

Tiempo hace ya que la casa fue vendida al olvido.
Hoy el olvido tiene su llave, idéntica a la memoria del padre.
Esta será su tranca —dijo— mi memoria.
Más tarde, mucho tiempo más tarde, mudó su casa.
Pónganla aquí —dijo— donde estuvo la casa.








1

De lejos te vengo amando
(desde el fondo de mi niñez).
Hoy en tu camino otra vez,
vivo a la espera de cuando
el tiempo con que nos ando
se detenga ante tu puerta,
que siempre quedose abierta
al fluir de mi cariño,
antiguo, porfiado niño
que nunca te supo muerta.





2

La inmensa falta que me haces
no tiene tiempo en palabras.
Ábrete ya abracadabra,
maga luna que renaces
vistiéndonos de disfraces
para vernos cara a cara.
No existe imagen más rara
que la que no tiene espejo,
la voz que aquí yo te dejo
sombra fuera si no hablara.







VALS CRIOLLO

Si apenas nuestro amor hubiese sido
huidiza flor de un día, la breve hora
en que borramos todo lo vivido
nos hubiera arrojado sin demora
a una muerte sola, amarga, infinita.
Nuestro amor ya era antiguo, sin embargo,
cuando arribó puntual a nuestra cita
para, aún niño, librarnos del letargo.
Ardientes renacimos de la muerte
en el cruce fugaz de una mirada
que el tutelar Amor nos trajo en suerte:
almas en libertad, que encarceladas
en un simple quererme y yo quererte,
tienen la eternidad asegurada.







FANDANGO CRIOLLO

Llevo en tus sangres mi sangre
y tú en mis huesos tu hueso
y yo en tus besos mi beso
y tú en mis aires tu aire
y yo en tus hambres mi hambre.
Traes en mis venas tu vena
y yo en tus quenas mi quena
y tú en mis olvidos tu olvido
y yo en tus nidos mi nido
y tú en mis penas tu pena.
Somos uno y somos todo
somos otro y no lo somos
somos cuántos, dóndes, cómos
somos tierra, arena, lodo
somos pie, tobillo, codo.
Tú eres sagrada y profana
tú eres cau-cau y turrón
anticucho de corazón
frejol a la chepenana
cajón de buena jarana.
Tú eres mi mambo cubano
eres mi valse peruano
mi guaracha y mi bolero
mi merengue bandolero
mi corrido mexicano.







LAS DIEZ PALABRAS

Toda mi obra la he compuesto con los pensamientos de los humanos, dijo Dios.
Alguien pensó, como en un canto, las diez palabras.
El pensamiento se le quebraba, no la voz.
Cántico hermoso y solemne de la no importancia.
De la no importancia de Dios, dijo el humano.
En la mente del humano rugía el fin del mundo, sin respiración.
Y esto sucedió ante una montaña como podría haber sucedido
ante un prado
o un río de diez siglos.
La historia que les he dado es injusta, dijo Dios.
Más injusta de lo que crees, dijo el humano.
Las diez palabras cayeron como un rayo, sin comentarios.
Se citarían después las excepciones,
pero la palabra mandaría expresarse sin ninguna excepción.









MARINERA DE LA MADRE Y LA CASA

Tu casa vacía la habitas con el pelo empapado
Y tu hijo por nacer vive en ella colgando
Bocabajo del techo
Tú te arrodillas para beber de su charco
La sed me ahoga, dices
Mientras tu hijo gotea alfileres de plata
Cada quien construye su propio dios-pequeño
Con su falo de espinas
Ay, ¿qué duele más: la idea o el tacto?
Los ojos del niño presagian tormenta
Sus pupilas ennegrecen el cuchillo
Que aletea escamoso en tu mano
Como un guerrero que aguarda la derrota
De calcarse a sí mismo
Los ojos del niño —dos soles detrás de tu cerro—
envejecen tu historia
Y se llena vacía de tiempo tu casa:
Sangre de tu sangre: Ser de tu ser
Ese niño más tuyo que tu propio cuerpo
Que el corazón en crescendo
Monta con espuelas y látigo
Inesperada noticia de una batalla
Que diariamente se da en tu casa
—la casa de todos—
Tú, victoriosa: él, derrotado
El, en su mano, la espada
Tú, en mano suya, el pescuezo
Y nadie sabe para quién trabaja!

Por eso un muerto
Viene de noche a golpear la puerta
De tu casa vacía
Donde exprimiéndote el pelo
Amamantas a tu hijo








MISA DE SEMANA SANTA

Señor,
un plato de sopa para la resurrección de la carne.
El mozo parece el hambre,
el hambre parece Dios.
Quien parece Nadie.
Rechina el diente en la punta del tenedor.
Hoy probó la boca el hambre de Nadie.
Señor,
un plato de muerte
lo quiere la boca.
Debajo de la mesa ya cavan la fosa.
Llora el cuchillo
en la punta de la carne.
Se ahoga la cuchara en la sopa.
Señor,
un plato de sopa para la resurrección del hombre.
Sálvalo, cuchara.
Recógelo, tenedor.
Hoy la lengua probó el sabor de Nadie.
Llueve. Llueve hambre en el plato de sopa.
De la mano del cuchillo, hoy llegó el hambre
a comer con Dios.
Desde las barrigas llegaban los gritos
de los guardianes del hambre.
Dios pensaba, pensaba en su hambre.
Se sintió el exiliado en el mundo de los hombres.
Oyó que alguien sembraba semillas en los surcos del hambre.
Los esclavos del hambre copulaban en su sopa
fecundando más hambre.
Los pies descalzos de Dios danzaban
para que lloviera más sopa
y el hambre y la muerte yacían desnudos sobre la mesa
atrapándose las eyaculaciones con las bocas.
Dios era la virgen herética de todas las hambres.
Llevaba un collar con los dientes de Nadie
y su corazón era la ceniza del hombre.
Dios entró a la casa del hombre con hambre.
Entonces se asomó a su mirada. A sus ojos de tenedor,
al color de su sopa.
Dios comía con el hambre.
Su cuchillo era la muela del hombre.
Su cuchara la espalda,
su plato la fosa.
Enredada en la cuchara de Dios se acababa la sopa.
El hambre entraba a saco en la barriga del hombre.
En los vientres encinta.
¡Cuántas lenguas sin boca! ¡Cuántas bocas sin sopa!
Dios tiró su plato con los huesos del hombre.
Se quemó la lengua con el hambre del hombre.
Dios vio diablos en la mesa.
Vio diablos devorando al hijo del hombre.
Nadie les dé posada. Nadie.
Nadie les guarde vino en la copa. Nadie.
Ningún buen hombre. Nadie.
Ninguna buena esposa.
Ninguna buena madre.
Dios vio a los sembradores del hambre
cayendo en su plato de sopa trozados por la cintura
en dos trozos de carne.
Vio salir de los huesos del hombre
el tenedor del ángel del fuego
hurgando en la sopa de los dioses del hambre.










LOS JUDÍOS EN EL INFIERNO

Cuéntanos la fábula,
que los judíos se compraron
un lugar privado en el infierno.

En el primer círculo,
sentado en un banco de madera,
Karl Marx se abanica con la mano.
El profeta Jeremías
combate el calor cantando salmos.

En el segundo círculo,
Salomón examina con cuidado
las piedras de su Templo.
En unos rollos de papel amarillento
Moisés escribe jeroglíficos.

En el tercer círculo,
Jesucristo sueña con Pilatos.
El ojo clínico de Freud
lo observa a pocos pasos.

En el cuarto círculo,
Spinoza redacta
una historia de marranos.

En el quinto círculo,
Jacob se pelea con un diablo.
Caín y Abel
se comportan como hermanos.

En el sexto círculo,
está Noé borracho en una cebra.
Entre los hoyos de las rocas
Einstein va buscando átomos.

En el último círculo,
inclinando un telescopio,
Kafka se ríe como un loco.









WAYNO ZAPATEADO DE CHEPÉN
A SANTIAGO DE CHUCO

Ay vidita quién pudiera perder toda memoria
De mí de ti de todos nosotros ellos
Quién pudiera ay hacer que los pronombres
saltaran sobre su propia cáscara
Que cruzada de piernas se abriese nuestra vida
Y entrara morado y seco doblando dúctiles campanas
El pene del olvido chichesco y choclo
Ay memoria tan virgen tú en tus encajes blancos
cavando ardiente fosa
Al borde de la carne haces bailar injusta pala
Ay olvido sangre en retroceso imploras flojamentecuerda
despacios adjetivos
Ay memoria tragaverbos y matapredicados
Háblame olvido cachero de los mudos
Cállate fría memoria de los sordos
¿No son ellos mancos cojos
los que al fuego meten pies y manos y aúllan lobos por nombrarlos?
El grito primero del olvido nombró al fuego
La memoria dio su primer soplo por borrarlo
Olvido pisa con taco fino nuestro cajón de muerto
Pañuelo en mano zapatea memoria nuestro clavo más flaco









AUTORRETRATO

Yo y mi judío a cuestas
observándonos de espaldas
y sin embargo
oreja a oreja:
él imperturbable
diríase desdeñoso de la muerte
dando campanazos contra el tiempo
en su misión de ir rodando
por el abismo de la historia
él su rostro adolescente
rezagado en los espejos
tatuado del pie al alma
Yo y mi judío a cuestas
calcamoniados hasta la corva nariz
que se nos gasta
en olfatear el Reino de la Tierra










EL RABINO Y EL TIEMPO

Le preguntaron una vez qué era el tiempo
Solicitó un plazo de cuarenta días
Partió en dirección al bosque y se alojó
en una caverna
Llevaba un remolino en el cerebro
Se desnudó de pies a cabeza
Se purificó con el agua de las rocas
Recitó pasajes de la Biblia en voz muy queda
De la oscuridad hizo su lecho
Entretanto se ponía cada vez más ojeroso
La caverna se había llenado de murciélagos
Los sentía copular en el silencio
Poco a poco fue perdiendo la paciencia
Descendió al fondo de la cueva
Contestó con voz de trueno:
El tiempo está en la Cábala
El tiempo es un huevo de avestruz
El tiempo es un demonio de mil cachos
Quiso pensar pero tenía la mente plagada de espejismos










ESTADO DE LAS COSAS

Una vez apareció una arruga en mi frente
Y yo no hice ningún comentario.
Tuve sólo el pensamiento.
No hubo nada más, excepto eso.
La vida siguió su curso,
el pensamiento dolía y me lo quise extirpar.
Pero qué difícil fue. Peor que cambiarse de corazón.
Si se trata de vivir bien, en buena vecindad, sin ladrones y sin mendigos,
Mejor el corazón de Jesús a todas las leyes habidas y por haber, me dije.
Todavía no estoy muerto, pero quisiera reposar en el hueco más hondo,
con todos los que nada tienen que ver conmigo.
Comprobar si de verdad se puede amar al desconocido.
No se escuchó ninguna réplica de nadie cuando dije eso.










SONETO INEXACTO DEL JUDÍO PERUANO Y VICEVERSA

Jesús, te has olvidado de mi América,
ven a nacer un día sobre estas tierras locas.
Carlos Pellicer

Por Dios, Jesús, ni en sueños se te ocurra
nacer en mi otra tierra prometida.
Te lo ruega este judío de rodillas.
Lo mismo este peruano que me zurra

por hijo de camello. No, ¡de burra!
De burra ofertada a tu cruz de palo
con que me zurra este judío, en vano,
por hijo inexacto de camello y burra.

Jesús, no oigas al vate que te invoca
desde el abismo de su ser cristiano
a que nazcas sobre estas tierras locas.

Por el Dios de Abraham de ti me fío
que no le ofrendarás a mi peruano
lo que con creces le has dado a mi judío.










MAIL DE DIOS A LOS PUEBLOS ELEGIDOS

El primer fundamento de la fe es el Nombre,
El primero de las demás existencias.
Ser que no crea ello
habrá perdido su vértebra principal.
Establézcase con firmeza en el corazón
Que esta verdad no es intercambiable
Con ninguna otra verdad.
Y ni siquiera ante la muerte
Admitirá sustituto alguno.
Cumplid con la palabra.
Convertidla en práctica.
Todo esto fortalece la fe del corazón
en la indiferencia del Nombre.