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martes, 11 de octubre de 2011

5098.- ANTONIO ABAD


Antonio Abad. Escritor, Poeta, Melilla (1949)
Premios: Premio de Poesía Ciudad de Linares. Internacional de Poesía Ciudad de Melilla. Beca a la Creación Literaria del Ministerio de Cultura. Finalista Premio Tigre Juan de Novela, Finalista Premio de la Crítica de Andalucía. He dirigido durante diez años la revista Puertanueva de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía. Miembro del extinguido Colectivo Palmo de Málaga de profunda trascendencia cultural en dicha ciudad como movimiento artístico de las últimas vanguardias.
Pertenesco a la Asociación Internacional de Críticos de Arte. Actualmente me dedico al mundo de la edición y la crítica de arte.

LIBROS ANTONIO ABAD
Melilla Mágica
El ovillo de Ariadna
Misericor de mí
Mester de lujuría
Invención del paisaje
El Arco de la Luna

WEB DE ANTONIO ABAD: http://abadantonio.blogspot.com/





DUDA

Muero en el hierro
pero no a lo soñado.
Muero a la soledad,
pues soledad me cubre.
El hermoso, que humano
el tiemblo cabe en él,
hiere y me odia.
Desgarra el borbotón
que en mi cielo de boca
planetas van mordiendo.
Y la sangre es un cosmos
sin nadie que la habite,
un torrente del caos
vertiéndose en la noche.

Cuánta sed de saberme
cruzado en la frontera
diciendo que he vivido.
Cuánto nombre en el barro
se hunde en lo innombrable.

Vime un gran sol
y fui la luz
cegada.
Abierto filo y círculo
poblado,
habitante amoroso de la duda.

¿Viví? ¿Estoy?
O muriendo me he visto
sólo arder.
¿Qué muere o qué existió?

Lloro y me quemo
y lo que arde ama.
¿Qué amo en esta muerte
si sólo el soñador
la vive,
más muere como yo
que soy soñado?







POSTURA DE IGNORANTE

Oscura muerte hallada
por este abrir de espumas.
¿Quién pregunta? ¿Quién yace ahí,
mirándome?

Un mustiado color
cubre las cosas
y pálida la niebla
vuelve todo confuso.
Giran de la memoria
estos gritos que son
mis pájaros,
y ya caen, ahítos,
sin longitud mostrada,
por el fuego remoto
de algún eco.

Esto es la soledad, el tiempo acostumbrado.
¿Quién sostiene los aires
de la meditación?
¿Cómo inclina aquel gesto
la noche del sigilo?

Mi hechura corporal
huele a sudor,
a hombre coriáceo.
¡Qué delicia ignorar
que el mundo gira!








EL ELEGIDO

Elegido en el cosmos
quien me nombra me sabe
vivo en él,
pero vidrio rozando
otra herida del tiempo.

(La voz de un túnel cala
más por noche, por ciega).

Yo me vivo en milenios
las soledades todas.
Tiento otro son de mirada que ha sido
la quimera del sueño.
Bullo en sopor
que dolida presencia rompe ya.

Nada huelo. La nariz finge olor
pero todo es espacio.
La sangre sólo palpa
la noche doblegada.

Ser pensamiento o clima,
idea en multitud.

Un impulso ha bastado
y el hueso en geografía
desmorónase.





TESEO

La bella acude a mí
y soy la imagen quieta
que dolido presume
de otra voz.
Busco en el agua espejo
y el llanto es puro vidrio
del ojo que se enturbia.
Y así de sumergido,
narciso y flor,
dorado y lindo,
vivo a mi luz gozante.

Ya rozo la escapada
de toda esa razón
y mi boca se entona
en el cántico hiriente,
y me ofrecen la sangre
más profunda.

Navegante ya soy.

Mirador de las olas
a ínsulas me acerco.









ARIADNA

Miro impropia la sombra
de unos brazos que yerguen
tiempo tan sólo.
Distancia es.
Miedo que acude provisto de la espada.

Me miro en otra luz
y ven más que mis ojos
estos senos que arden
por un tacto suave.

Viene. Se arracima en la olas
como pez volteado. Mira.
Ve toda la constancia
de mi ventana abierta,
de mi sed donadora,
que no aguarda otra sed
sino su brazo, su boca
entre mis ingles,
para que nada muera
de estéril por mi vientre.

Llega lejos de olvido
por las sombras del tiempo.
Llega al encuentro fiero
de la muerte que aguarda.
Primor apetecido. Bello varón,
mi hermoso, mi Deseo.

La cama perfumada
para el encuentro ardiente.








EL MINOTAURO

Soy la muerte y vengo
por morir
muerte del seño,
que no sangre del odio
ni libertad de goznes
sino destino pronto
del dios que ha señalado
mi oscuro corazón,
mi verga saturada.