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domingo, 2 de octubre de 2011

5035.- MARINA C KOHON


Marina Cecilia Kohon
Nació en Mar del Plata (Argentina) y vivió algunos años en Neuquén (lugar que la marcó con sus paisajes) y luego en Bahía Blanca, donde reside actualmente. Es profesora de inglés y escribe poemas que han sido publicados en algunas revistas y en antologías. Coordina un taller de Lectura de Literatura Irlandesa.




de las perlas de gipsófilas del Mar Negro…

nunca te pregunté por las perlas de estas gipsófilas de mi patio:
¿tenían en el Mar Negro la misma curvatura
la misma languidez al enfrentar al cielo?
tampoco si la pampa ruge en algún punto como una estepa ,
si el blanco y el negro son opuestos o matices de la misma herida ancestral
que nos inflige el paisaje de la infancia
si un mar y una bahía duermen juntos, sueñan
juntos, si la clepsidra avanzaría por estas dunas disolviendo harapos
¿o vos eras un canto alto entre sábanas de viento?
si el barco que te trajo fue disuelto en los líquenes de tu memoria
si hubo licores y flores que te ataron a las piedras de esta tierra
o si tuviste que apretar los dientes para ganarle al polvo…
si en tu tendal de ropa había lugar para la sal que cruzaba el aire
o si tus volcanes de lava respondían al Dnieper, al Goverla
decime abuela si tus sonidos
eran llamadores de ángeles en una tierra extraña
o la amabas?





de los Ocho Jinetes y los presagios blancos…

Ocho jinetes bordeaban luto
alrededor de un blancor de luna
en el reflejo, a tientas
me desvestí de mí
buscándote en las orillas de los velos

un paso, otro
las larvas del miedo
se escamaron, acechantes

sabía que eras
una sed entre el barro y la piedra
pero descreí de mis ojos
y seguí buscando las letras de tu nombre

por vos abrí mi aire
hasta encontrarte en una grieta del silencio
aturdido, amordazado en tus delirios

como bruma
te cubrí
y vos bebiste de mí
una, dos, tres veces con furor de lava
te consentí las notas extrañas
para que resucitaras
entre mis muslos de presagios en las noches
Soñamos, soñamos en la belleza juntos

tomaste de mi vientre muchos hijos
que se multiplicaron en el viento
y yo dancé en las opacidades de tu alma

hasta que los jinetes
trazaron su círculo profético
y mi pecho conoció tu filo

me volví jirones en la luz de la imagen
me quité los metales
uno a uno
desoí tus ecos
salté
salté

en la distancia
aún escucho los gemidos del hombre muerto.




de lo inmenso y lo pequeño…

aullar sin luna aullar


a la noche llena
bajo el reflejo del poema que me cubre
y me desnuda
hasta ser sólo el punto
detrás del párpado
que ausente en la inmensidad
se aquieta.






de los conos de sombra y las salvamataciones…

ser el fleco que danza
al son de la manipulación de tu aire
caminar sobre el espejo tríptico
de la historia vista por tu ojo
tumbarme en la herrumbre toda del
demasiado deletreado siempre
(porque nunca nada cambia)
Me opongo.
no quiero salvahartarme
bajo un cono de sombra
eso es pagar un peaje negro
para meditar la muerte.








de los picaportes fríos y la inmovilidad de la mano…

una pared cede al vacío
y el párpado impávido
observa
como los ladrillos rasgan la carne

-la vida bulle dentro del gesto congelado-

puertas delante
puertas de picaportes fríos
la mirada repta por los marcos

-el futuro ríe detrás de los vidrios polarizados-
esa risa feroz
que me aleja de mí
¿y qué hará la mano?

-la figurita ingrávida del desconcierto-

o si detrás
si detrás espejismos

-si mis ojos de latón le esquivan al filo del mundo-
y detrás
y detrás quién sabe.