
Jacinto Santos (León, 1957, 2011)
‘Noticia y recuerdo de JACINTO SANTOS’, por ILDEFONSO RODRÍGUEZ
ISLA KOKOTERO
http://islakokotero.blogsome.com/2011/06/14/noticia-y-recuerdo-de-jacinto-santos-por-ildefonso-rodriguez/
LA PISTOLA
La pistola no murmura
La pistola no habla
Una vez enfrente de las sienes ¡Grita!
Y un aullido en forma de vapor sale de tu cuerpo
Es la FOAMSIS
¿Qué es, Jacinto, qué era la FOAMSIS?
¿Qué sería MI-EN? (Lo sabremos más adelante).
A la primera reunión de los que fundaríamos la revista ‘Cuadernos leoneses de poesía’ (1), allá por los años últimos de la década de los setenta del pasado siglo, llegó precedido por su fama Jacinto Santos, amigo de Luis, el más joven de los tres hermanos Carlón escritores: la había montado en la Facultad de Letras de Oviedo, en un happening organizado por Escilo (círculos surrealistas de León y Asturias).
No quise ver su esquela: en alguna de nuestras noches de espiritismo llegamos a pensar que la sección de las esquelas era la más surrealista del periódico) publicó poemas en los ‘Cuadernos’, pero fue ante todo un activista, un provocador nato, un gran encismador. Pisaba con desafío la linde entre lo confortable y lo peligroso: hubiera sido, o fue, un extraordinario ‘Inspector de alcantarillas’ (Giménez Caballero). Era –es su poesía- el más asimétrico de todos nosotros. Un jugador de palabras, como se vio en el número que dedicamos a los juegos surrealistas, el número gris.
Sólo conocemos de su obra un único libro, ‘Temblando de palidez’, con prólogo de Antonio Gamoneda, publicado en 1982 por la Editorial Margen (que publicó los escritos de profesor Lucio García Ortega).
(“…este bloque de poemas nos certifica sobre un creador valerosamente arrojado a su propia hoguera poética, decidido a la sinceridad sin reservas, arrastrado por su propio torrente verbal, por la vertiginosa intuición de los significantes imposibles”. Así termina el prólogo que escribió Antonio Gamoneda).
Y media docena de poemas en la antología ‘Todos de etiqueta’, que preparó en 1986 Tomás Salvador González para la Colección Barrio de Maravillas. Esos 6 poemas centran de un modo perfecto la estética de Jacinto Santos, su contribución al surrealismo. Cuando algunos libros ofrecían una versión blanda y decorativa, sus poemas daban un vuelco al corazón y la cabeza del lector.
Escribió una poesía que trasmite una especial violencia erótica, con duras o sutiles mezclas y metamorfosis de lo real, ilustrada con escenas extrañas del mundo de los cuentos infantiles (sus hadas negativas, sus animales peligrosos).
Llegó a ser costumbre el que se me apareciera por la espalda subido en sus patines, en volandas, como un surfista de la ciudad. La última vez que le vi doblaba una esquina con fuerte viento, (“y humillando este tormento todavía sopla el viento empujándome”, canta el tango ‘Garúa’), afilado, temblando ya de palidez envuelto en un abrigo inmenso, parecía una figura sacada de un verso suyo, parecía Will More en ‘Arrebato’. Pero es que de ahí venía él, de ese mundo: arrebato vital y arrebato contra la muerte.
La movida de León: Una ciudad más divertida y viva que ésta de hoy (eso es algo que puede datarse y comprobarse: es como decir, por ejemplo, que Babilonia fue más de lo que es ahora. El alcalde electo anuncia su programa: Quiero una ciudad para las familias. ¡A la mierda!, señores y señoras de la Obra Rancia: la única unidad en la democracia es el ciudadano y la ciudadana).
En unas Fiestas de San Juan y San Pedro, los de ‘Cuadernos’ fuimos invitados a participar en el llamado Recorrido Romántico. De espaldas a San Isidoro, donde le había tocado, sin volverse, dijo: “Un poema dedicado a esas piedras”. Y largó su famoso:
MI-EN
el color verde
el susto azul
la armonía de la rosa
un desierto azul marino
una arboleda violeta
mínimos rojizos
peces con personalidad
marcada en caras prismáticas
poco a poco la condición humana se hizo de noche
el bebé que pedía en la esquina de los ciegos desenfundó su espada de platino y se dirigió a la conquista de Extremadura
el mar blanco se hacía polvo de plata.
(¿Verdad que sí? “Lo imaginario es lo que tiende a ser real”, escribió André Breton. ¡Qué fuerte, qué mundo duro y hermoso! Y qué lejos de la Gran Poesía Más Muermo de Todos los Tiempos.
Item más: Qué brisa selvática contra todas las operaciones de normalización y aplanamiento –carcundia y carcamal- de la poesía.
En su poesía hay crueldad, hay pasión, hay inteligencia espontánea. Crueldad surrealista y blasfematoria, como en César Moro cuando escribe: “La mezcla de obispos triturados / y de saliva de chacal origina /el pájaro-mitra”.
Llevó a su amigo del alma a ver nacer el sol cara a cara. Como en aquella imagen de Giorgio de Chirico: “…donde los niños albinos pueden mirar fijamente el disco del sol en pleno día…”.
Él quiso ser punk, yo había sido hippie. Juntos fuimos flaneurs por el Barrio Húmedo, nos inspiraban sus escaparates, auténticas instalaciones dignas de museo, abríamos galerías imaginarias, nos reíamos. Y si había suerte, una boda y un entierro en la misma mañana.
Su fascinación por las figuras rituales en el bajorrelieve de la ciudad (el Margarito, con los ojos siempre tapados). Su amistad con poeta Luis Federico Martínez, jugoso y exacto. Amistad a veces turbulenta, que les llevó a componer una pareja del Cine Mudo de la poesía.
Como sucede en algunos sueños de repetición, el día que me enteré de su muerte estuve corrigiendo con un boli la errata cometida en un verso suyo en los cincuenta ejemplares sobrevivientes de nuestra revista, el número verde (2), y así dice el verso: “Pétalos y risas que dejaban constancia de una nueva vida vegetal, oculta en nuestro último hálito”. Me parecieron hermosas palabras para la despedida.
Todo es balanza entre ganar y perder. Cuando le tocó perder, pagó por ello. Lo de ahora ya no está medido, se sale de cualquier medida, es otra ley que nada tiene que ver con la Justicia (si fuera así, todos tenemos una lista de los que se irían antes que los queridos que se nos van: estoy dispuesto, si sirve de algo, a proclamar en público mi lista). A él le tocó demasiado pronto. Ahora está en nuestra memoria.
————————
(1) La revista llegó a publicar ocho números, entre los años 1977 y 1981.
(2) La noche del sábado 11 de junio, en el concierto de Jaula 13, la banda de improvisación, en la cafetería del Auditorio, leímos unos poemas suyos, se le recordó en medio de la música. A disposición del público había un montoncito de ‘Cuadernos’ que habían salido de la caja, después de tanto tiempo. Quien quiso se llevó su revista.

en el armario de la ropa blanca había un mar
al anochecer
violines de alcohol negro ensordecían un firmamento de cicatrices
bueno pues tuve un amigo que se enfadaba cada vez que le refería los tesoros que guardaba en el armario
él que mezclaba los cosméticos de señoras en un recipiente y luego les prendía fuego para a continuación bebérselos con avidez
…por un momento su cuerpo quedaba sin gestos vocalizaba con incestuosa exquisitez
…y una vez me preguntó en qué mes estamos… en el del cielo o en el del infierno
era un gran enfermo lleno de piezas enfermas quieto en medio de su enfermedad
contesté suavemente
en los raídos días del bosque llueven en
sosiego los velos de la dama
que con su látigo de seda transforma
vertiginosamente los colores del día
llueven junto a nuestros sentidos
henchidos de una orgullosa serenidad
las paredes del día
envueltas en su abrigo de rocío
exhalan tenues quejidos
el misterioso bosque
señor de lo maravilloso
dialoga con las ruinas de los seres destrozados
quien lo visita
encuentra detrás de él
como queriéndose esconder siempre de la luz solar
un menudo y travieso riachuelo poseído por una especial pericia
para sortear las rocas más jóvenes que repueblan su curso
— - — - — - —
en los bolsillos de las piedras
se encontraban imperdibles de madera
hojalata de leche expuesta al frío
suspiros de la hiena boreal
el hedor de prismas acrobáticos
os abro la valija de las olas
mientras el demente trepa por las chinchetas
asestando sus últimos golpes de yo-yo
en los hogares saltan como anginas
démonos prisa
hoy se linda
y sin más estrangulación se muere
es un cuento alargado en dorados sumandos
que a causa de un lumbago congénito ha perdido sus frenos
— - — - — - —
un gran embrujo
ha tejido sobre mí
esa dama pálida y vaporosa
camina dibujando mariposas con el movimiento frenético
— - — - — - —
un gran embrujo
ha tejido sobre mí
esa dama pálida y vaporosa
camina dibujando mariposas con el movimiento frenético
de sus cabellos en rebeldía
¿qué será lo que quiere decir cuando mira?
paso tras paso
atraviesa la intimidad de mi tiempo transmitiéndome
¿qué será lo que quiere decir cuando mira?
paso tras paso
atraviesa la intimidad de mi tiempo transmitiéndome
toda su vida vegetal
llegará el día
que al amanecer
transfiera su cáustica angustia
a sus progenitores
para luego
levantar el vuelo hacia la luz negra
a través de los opacos del mundo
— - — - — - —
querido Jean:
la infancia era realmente cruel para aquel niño vegetal
las costumbres le robaban todas las noches su hígado de claveles
precioso era el muchacho
labios de mimbre
ojos de pato
rotaba en torno a las coles loco de furor y vestido de gusano
…. se murió cuando tenía por fin su vaca cruzada con el avestruz
toda su descendencia murió con él
¿por qué?
por que era sólo plancton
pobre criatura
pobre leit-motiv
pobre muchacho
(dedicado a Jean Cocteau)
— - — - — - —
romanzas de una ciudad cruda
en los aledaños del vientre bajo
en la porción que sólo humea fieltro
manchas de escudos
castas
y blasones
de guardar a los enfermos
la prima verdades se acantan
gatos nibelungos
cantan y pordiosean
néctar de abril blandiendo corsos
lobo cruje
abril ajuar de gritos blancos
luxación dominical
hilos monetarios
sobre enjendros abril se seca
piezas de un drama de cartón
abril
por lo blanco
se orilla
se atrapa
y se desciende
amaneció una máquina de coser telarañas
vendía los sonidos de su garganta
a costa de bailar en lo enrarecido del color
a quien más odiaba era sin duda
a sus interruptores
llegará el día
que al amanecer
transfiera su cáustica angustia
a sus progenitores
para luego
levantar el vuelo hacia la luz negra
a través de los opacos del mundo
— - — - — - —
querido Jean:
la infancia era realmente cruel para aquel niño vegetal
las costumbres le robaban todas las noches su hígado de claveles
precioso era el muchacho
labios de mimbre
ojos de pato
rotaba en torno a las coles loco de furor y vestido de gusano
…. se murió cuando tenía por fin su vaca cruzada con el avestruz
toda su descendencia murió con él
¿por qué?
por que era sólo plancton
pobre criatura
pobre leit-motiv
pobre muchacho
(dedicado a Jean Cocteau)
— - — - — - —
romanzas de una ciudad cruda
en los aledaños del vientre bajo
en la porción que sólo humea fieltro
manchas de escudos
castas
y blasones
de guardar a los enfermos
la prima verdades se acantan
gatos nibelungos
cantan y pordiosean
néctar de abril blandiendo corsos
lobo cruje
abril ajuar de gritos blancos
luxación dominical
hilos monetarios
sobre enjendros abril se seca
piezas de un drama de cartón
abril
por lo blanco
se orilla
se atrapa
y se desciende
amaneció una máquina de coser telarañas
vendía los sonidos de su garganta
a costa de bailar en lo enrarecido del color
a quien más odiaba era sin duda
a sus interruptores
1 comentario:
Me dijiste: Tú eres lo que yo quiero. Eres lo que siempre he querido.
Me dijiste: Te quería contra mi voluntad.
Me dijiste: Me olvidé de olvidarte.
Me dijiste “Amor mío. A partir de ahora voy a llamarte Amor mío. Lo siento, pero es lo que te mereces.”
Me dijiste: “Eres tan luminosa, irradias tanta luz que me confundí, me cegué y creí que una parte de la luz venía de él, pero era mentira.”
Me escribiste: “¡Me ha hecho una ilusión tu carta! Yo creía que eras más tonta.”
(Yo ya te había hecho daño una vez).
Me acariciaste el pelo y me dijiste “a partir de ahora siempre que vuelvas te daré un beso en la mejilla.”
Me dijiste: “Tu eres la historia más importante.”
Me dijiste: “Me interesas, me interesaste desde el primer momento en que te vi, fue, no sé (aquí no hubo palabras, un silencio, algo), me interesas descarnadamente, me interesas en cuerpo y alma, eres lo que más interesa.”
Me dijiste: Yo podría haber seguido así siempre.
Me dijiste: Yo te considero muchísimo. Más que considerarte, te respeto. Te respeto muchísimo.
Me dijiste: ¿Qué quieres? Todo es posible. Tú dime lo que quieres.
Me dijiste: No tengo nada que ofrecerte.
Me escribiste: Debería haberte besado. Lo siento, me faltó valor.
Me escribiste como si yo fuera una princesa, me tratabas de vos, hablabas de poseerme (no lo recuerdo bien).
Me llamaste por teléfono una sola vez, me dijiste: ¿Tú duermes? ¿Cómo puedes dormir? Yo no puedo dormir, salgo a andar por la noche, yo ya nunca puedo dormir. No dijiste que era por mí, los dos lo sabíamos. Me dijiste algo de la luna. Yo tenía prisa, había quedado para ir al teatro.
Me dijiste estoy viviendo en unas condiciones infrahumanas por ti. Me dijiste quiero la casa para cuando vuelvas, para que tengas un lugar donde volver. Fue en el CCAN. Empezaste a temblar cuando me senté a tu mesa. Recuerdo cómo te temblaban las manos. No podías sostener el cigarro.
Te reíste de ti mismo por eso, tuviste que dejarlo en el cenicero.
Esa misma noche me dijiste: Mi amistad es incondicional.
Yo te miraba y tú leías en mis ojos. Después me odiaste. Sé cuánto me odiaste. Me dijiste “Tú nunca sabrás. Tú nunca llegarás a saber, no puedes ni siquiera imaginarte”. Me lo dijiste como una venganza, como un castigo.
Te encerraste en tu cuarto varios días, tendiste mis poemas con pinzas de la ropa por toda la habitación en una telaraña de cuerdas. Con las cuerdas montaste trampas en cada puerta. Te construiste un laberinto con mis poemas y te encerraste en él. Nadie podía entrar.
Sé que escribiste febrilmente aquellos días, pero yo nunca sabré, yo nunca llegaré a saber. Me lo advertiste.
Me dijiste: Tengo cuarenta años. Esto no es un juego para mí. No puedo perder el tiempo.
Me dijiste tú me echarás de menos más que yo a ti. Yo sabía que era verdad.
En tu última carta metiste pétalos de rosa secos, palos rotos de incienso.
Recuerdo aquellos días después de mi enfermedad.
Una amiga tuya me contó más tarde que tú quisiste ir a cuidarme, pero no te atreviste.
Cuando volví llevaba un vestido negro y una chaqueta naranja, lo recuerdo.
Me había pasado los tres días de fiebre devorando a Schopenhauer
(crueles, hermosos veintiséis años).
Todavía no me encontraba bien.
Todas las clases de música me hacían daño y solo podía escuchar piezas del barroco francés.
(Nada de Morphine ni de Verucca Salt en la convalecencia, ni de Garbage).
Así que me pusiste música de Lully.
Aquella noche nos quedamos los dos solos, jugamos al ajedrez.
Tú me ganabas siempre.
Jugábamos callados.
Te tocaba.
Y cuando alcé la vista tú estabas mirándome y no apartaste la mirada.
Te pregunté, ¿me toca a mí?
Tú me dijiste “No”. Y seguiste mirándome.
No hablamos.
No hacía falta entre nosotros.
Me parece que la partida quedó en tablas,
O quizá me dejaste ganar.
Me dijiste tú nunca sabrás.
Yo nunca sabré.
Muchos años después me llegó por la red una invitación de amistad.
No la acepté.
No sabía que te estabas muriendo.
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