
Amanda Castro, promotora y activista de los derechos y la creación de las mujeres, nació en Tegucigalpa, Honduras, el 21 de octubre de 1962, falleció en Tegucigalpa, el 19 de marzo de 2010. Ha publicado, entre otros, Poemas de amor propio y de propio amor (1993); Celebración de mujeres (1996), Onironautas (2001), Una vez un barco (2004).
Compiló en una antología la poesía escrita por mujeres hondureñas contemporáneas. Doctora en filosofía por la Universidad de Pittsburg, es fundadora de Ixbalam Editores (http://www.ixbalameditores.org/) y del Proyecto Siguapate (http://proyectosiguapate.blogspot.com
La mama
Alta y de piel oscura
grande mitológica
peleadora y tierna era la mama
sus ocho hijos todos aprendieron a leer
a creer en dios
a entender lo que su madre amaba
ellos
todos con título de secundaria
profesores secretarias
todo
por aquellas manos carrasposas
agrietadas por los años de la angustia
y el abandono
-aquellos hombres que prometieron ayudarte
y se marcharon-
todo
por aquellas manos
rajadas con el olor putrefacto
-lugares donde ella buscaba el pan-
limpiando pisos
limpiando servicios
limpiando
todo
por un pan para sus hijos
porque sus hijos fueran a la escuela
porque tus hijos fueran alguien
por darles lo que vos nunca tuviste
una cama en lugar del petate
una casa en lugar del cuartito maltrecho
una vida en lugar del tormento
Mama
¿no te das cuenta?
cambiaste el curso del sol
con tus manos
con tu enorme cuerpo lacerado
El sol en tu frente
cuesta abajo cuesta arriba
de vuelta al trabajo
asegurando el futuro en tus manos
(las mismas que hacían la ropa
más simple del universo)
-el amor encerrado en un cuerpo de mujer-
Mama
no te das cuenta
cambiaste el curso del sol
La Creación
En el principio
era el sueño
y con sus sueños
los espíritus tejieron las canciones
Los espíritus creadores descubrieron los poderes
de la chicha y el tabaco
y fue así como la vida aprendió a soñar
Primero
soñó el fuego
que existía en el vientre de la mujer
Con el fuego vino la luz
y la tiniebla
El fuego estalló en mil planetas
el sol y la luna
Después soñó el aire
y su oxígeno mantenedor del fuego
El aire desato la ventisca
y dispersó los planetas
Más tarde vino el agua
que controlaba el fuego
Pero vio la vida
que el fuego el aire y el agua
vivían en el vacío
y creó la tierra
para darles un hogar
Así nacieron los cuatro elementos básicos
para la vida
En el sueño de la tierra el sueño del agua
hizo surgir el mar
los peces
los árboles
los animales
y las flores
En el sueño de la tierra el sueño del fuego
hizo surgir los volcanes
las montañas
y las islas
En el sueño de la tierra el sueño del aire
hizo surgir las nubes
los truenos
y las lluvias
Y con las lluvias nació el sueño
de El Maíz
Después
los espíritus creadores hablaron con la vida
dándole un libro muy viejo
lleno de datos y figuras
diciendo:
Éste es el Libro de los Libros
en él encontrarás
la forma de soñar nuestra existencia
cuando terminés de leerlo
habrás soñado nuestros cuerpos
--Esta es la historia del pueblo K'iche-
Y fue así como la vida soñó
los seres de maíz
--los hombres de maíz-
--las mujeres de maíz-
los ancianos
y los niños
Y a cada ser
la vida le dio
una porción de los cuatro elementos básicos
y la libertad de usarlos a su albedrío
Y hubo seres que fueron todo aire
y se desvanecieron enseguida
Otros fueron todo agua
y el maíz se les podría en las entrañas
Otros eran todo fuego
y cada cosa que tocaban se quemaba
Los últimos eran todo tierra
ellos acumulaban la tierra
olvidándose de sembrar el maíz
y perecían
Y vio la vida
que los seres de su sueño
no habían comprendido
el propósito de su existencia
entonces se alejó
dejándolos
abandonados a su suerte
Éxodo
Todo se había vuelto un Profundo silencio
--un caos como al principio--
Bajo una piedra se hallaba
la placenta de la vida
que podrida como estaba
hizo surgir a Odosh'a
el espíritu del mal
Xibalbá
--la casa de los cuchillos--
--la casa de los tormentos--
Los seres de maíz
empezaron a pelearse entre ellos
y fue así como nació el odio
y el llanto
En la casa de los murciélagos
la sangre del maíz se transformaba
en vísceras humanas
En la casa de los espejos
los hombres se arrancaban los ojos
con las manos
--Odosh'a les enseñó a matar
y Odosh'a estaba alegre-
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