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martes, 5 de octubre de 2010

1615.- ADRIANO CORRALES


Adriano Corrales. (San Carlos, Costa Rica, 1958). Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado Tranvía Negro (poesía, Editores alambique, 1995, Ediciones Perro Azul 2001), La suerte del Andariego (poesía, Ediciones Perro Azul, 1999), Los ojos del antifaz (novela, Ediciones Perro Azul 1999, Ediciones Piel de Leopardo, Buenos Aires, Argentina, 2002), Poesía de fin de siglo Nicaragua- Costa Rica (Compilación, Ediciones Perro Azul, 2001), Hacha encendida (poesía, Revista Fronteras, 2000, Ediciones El pez soluble, Caracas, Venezuela, 2002), Profesión u Oficio (Poesía, Ediciones Andrómeda 2002), Caza del poeta (Poesía, Ediciones Andrómeda, 2004), Balalaika en clave de son (novela, Editorial Costa Rica, 2005). Es profesor e investigador del Instituto Tecnológico de Costa Rica y dirige la revista cultural FRONTERAS. Ha sido organizador de múltiples encuentros de escritores y poetas a nivel nacional y centroamericano y ha participado en diversos encuentros y festivales, entre ellos el “XII Festival Internacional de Poesía de Medellín”. Además, actualmente es miembro del Consejo Editorial del periódico ESTO PASA y Coordinador del Consejo Editorial de la Editorial ARBOLEDA.



Casi oda a Federico García Lorca

Nuestras ciudades enloquecieron con sus guadañas
el humo asfixia a los maricas los peones las pitonisas
los rascacielos los callejones la caravana de gitanos
en el éxodo de los incendios la Danza de la Muerte
con sus harapos sus cadenas su retorcerse
alrededor de este siglo que también se nos muere
por las horas graves de esta tarde en que subís vos
Federico ángel toreador de las estrellas los enjambres

Siempre vos subís por las cinco sangres de la tarde
con Antoñito el Camborio e Ignacio
con el rey de Harlem y el Viejo de las hierbas del Hudson
con una comparsa de negros en búsqueda de su Habana para verte

Subís y bajás y subís por las cinco sangres de todas las tardes
como un son de la murga en la guitarra más ancha y profunda
pletórico de romances saetas valses con tu luna de plata
tu barca amarrada al alma tu caballo anclado en el Alhambra
el puñal abierto y las cartas lanzadas a las esquinas de los amantes

Tras de vos vienen los fusiladores con sus capas de tinta y cera
y todos los que te han matado y te matan sin matarte
pero también vienen Margarita Antonio Pablo Luis Vicente
y los demás poetas con sus cantos y sus olivares de trashumante

Subís hacha de luz con todas las muertes a cuestas
encendido en el baile de máscaras con las páginas abiertas
como las flores en el instante de la primavera

Subís con nosotros en la hora ciega de los alacranes
con todo tu amor en nuestra rabia y en nuestros pesares
para iluminarnos y limpiar el óxido de los altares
la rancia costura de los maestros los empleados los generales

Subís toro torero por este cementerio de plantas y pañales
con tu fuego perpetuo de lluvia para apagar las academias
los anuncios las lámparas de la fama las camas vacías los pedestales

Subís y subís con tu alta raíz de sombras y jaguares
hasta este nombrarte nombrándome en la apuesta más lúcida
de los guernicas las plazas los bosques los labios más lunares
subís y nos subís por la garganta como una procesión fresca de animales
para regresar a la humedad de los collares en el lomo del tiempo
y arrear la bandera negra de tu Andalucía para izar la nuestra
esta funda de sortilegios en la concavidad de todas las sangres

Video clip para Jorge Luis Borges

Yo no miro el oro de los tigres
sino las palabras / tigres que nos devoran
así como el jardín sin los senderos
nos identifican nos ignoran
no el mundo de Morel al alimón
con Bioy Casares tu otro yo en sus alucinaciones

Tampoco es como piensan tus biógrafos
críticos ramplones sin imaginación creativa
que la mirada interior (- que - la - mira - da - al - interior)
el laberinto de los ojos con su Teseo
el podium de los pinochetes con el laurel y la lira
la biblioteca infinita del ratón que se muerde la cola
y roe todos los folios de lo alarmantemente maravilloso

¡Claro que no!

Simplemente este abismo abismándose más
para doblar la esquina y saber lo que hay que saber
que esto no es Buenos Aires ni Ginebra (ni siquiera ron)
sino tigres / palabras que se evaporan y que reescribimos infinitamente
como el ciego en una playa antes de la batalla
o el cantor perseguido esquivando la luz
cuando escupe estos pergaminos amarillentos
sin importar el fuego ni las migajas azules del tiempo






Escultura

A Leda

No, con las manos tiranas de Rodin no
sino con las del poeta de Las Elegías…
o las de Camille (o Clara) la mayor desprotegida

Con ellas o las tuyas para aspirar al escriba
que logre modelar tu silueta en la noche
donde se confunden brazos torsos y sonrisas

O tal como el otro poeta
el de la frontera
que con bastón y boina
hiciera de María su amazona primigenia

Porque no espero el almuerzo ni la cena
mientras das los últimos toques a una figura

Se trata de tus huellas en los modelados
las que atenazan el barro como tus muslos
con el fuego que enloquece a los hombres

Porque el barro y su envés
en la alquimia de tus destrezas de mujer
son el aguafuerte donde nunca escribiré
acaso el vano intento de abarcar tu onda expansiva
para expresar que tus manos, no las del tirano,
propician y elaboran todas las formas de la vida




Costa rica ahora



Costa Rica es mucho más que un hombre y una mujer.

Mejor dicho: un hombre y una mujer juntos, abrazados,
tomados de las manos y retozando por los surcos de
fábricas, aulas, ríos, bajuras, playas incendiándose,
ensenadas, lagunas, canales, riberas del viento,
el azogue de edificios y máquinas roto en las ciudades.

Juntos. Plurales.

Dicho de otra manera: Costa Rica es una multitud
de mujeres y hombres en marcha hacia el sol y la estrella
en compañía de bestias, plantas, algas, peces,
musgo del árbol, gamuza y porción de la abeja
por la cintura de un continente azulverdoso en llamas.

Marcha unida de todos los colores, todas las voces,
en el temporal entramado donde estallan las flores.

Porque despierta y abre las puertas de la lluvia.

Dispuesta con manos trabajadoras y estudiantiles,
manos de argamasa y piedra, barro primigenio,
espuma y clavecín, martillo y albaricoque,
de metal acerado, frío calor de trompeta, suave bordado,
carnaval de cuerpos, no títeres.

Costa Rica somos estas mujeres y hombres en reunión
bajo el cielo de la patria por la cual lucharon y murieron
Juanito, Pancha , Calufa, Lyra, Debravo,
y tantos héroes anónimos invisibilizados por el ácido y el scotch.

Es la milenaria conciencia después del sueño que no tuvimos,
voluntad que ha dicho NO y echado a andar
para detener la venta de colinas y playas, sus lechos marinos,
bosques centenarios, animales que versifican la Gran Canción.

Costa Rica es eso y mucho más: estos puños, aquéllas banderas,
estas palabras que escribo y fijo sobre el fondo de otras imágenes.

Palabras renegadas para alcanzar la orilla del amanecer en su diapasón.





Infancia

Visitar el pueblo de la infancia
es saber que muchos perros ladraron

las pozas las rondas
el temblor del primer beso
desaparecieron

que las nubes arriba
en la ceniza del volcán
son apenas el indicio

todo es desalojo
los habitantes ya no son los mismos

los fantasmas susurran
nos escoltan
en el autobús del regreso






Consejos a un joven poeta (1)

El joven poeta alucina
con alcanzar la cumbre
y avanza engancha
pisa despotrica arrasa
copia versifica plagia
concursa se excusa
se emborracha vomita
aspira abraza a medias
arruga el rostro rechaza

hasta que al fin
comprende
que la cumbre
no es más
que la medida
de nuestro propio ego





El color de la pitahaya

A S. D.



Asombra la lujuriosa sombra veteada color violeta
casi azul del espumante cristal
contrastado contra el rojo mantel
donde la erótica tropical del aguacate
con faldas de lechuga y otras viandas envuelven
la severidad de tu rostro transparente
por donde pasan hombres mujeres niños niñas
amores odios pasiones silenciosamente
correría de deseos tensas calmas después del éxtasis
por las calles soleadas de la ciudad extranjera
con sus aceras desiertas un domingo a media tarde
avenidas partidas en dos por la luz herida e hirviente
el repiquetear de campanas lejanas
tamizado por el bramido de algún auto desdentado
un perro ladrando la desventura del tiempo que se va
mientras el desahuciado equino cruza cabizbajo la rotonda

Borbotean esquirlas de luz en el cóncavo cristal magenta
un silencio ambiguo acaricia el temblor de tus manos
esas mismas que horas atrás atenazaban las sábanas
en un amarre y desamarre de tus muslos bajo el agua turbulenta
abrazados furiosamente al movimiento centrífugo / centrípeto
de mi espasmódico braceo de náufrago en el encumbramiento

Ahora aletean suavemente alrededor del vaso y de la tarde
recogen en espiral precisa tus cabellos
bajan rítmicamente las escala de tu blusa tu falda de flores

Volteás el rostro y muchas ciudades arden dentro de tus ojos
brevemente interpuestos en la memoria de los míos
tratan de encubrir inútilmente el puente tendido
andante desandado
en los pliegues nocturnos del fuego sagrado de tu canto
tiempo insumiso en la península de la madrugada
con las imprecisas meditaciones de alcoba donde tu llanto
se confunde con el zumbido del aparato refrigerante
gemidos de la noche por la culpa desnuda del cristal
sin sabernos amantes derrotados por las ansias perennes
y enlutadas en el deseo del otro espejo

Tu mano derecha avanza hacia la sangre vegetal
levanta el cáliz
un sorbo eterno de ojos cerrados
comunión en la imagen gozosa de labios y durazno

Baja armoniosamente la bebida
hasta el rojo extendido sobre blanco donde yacen las ofrendas
un imperceptible color grana enciende tus otros labios
donde bebo ávida pero suavemente
la rabia contenida de estas palabras en la soledad
del avión al despegar
mientras las luces de la ciudad
se difuminan lentamente tras el alcohol de la ventanilla


Managua, San José, octubre del 2000





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