
Abbas Kiarostami nació en Teherán (Irán), en 1940, es poeta y un cineasta muy prestigioso. Entre sus películas más importantes están A través de los olivos (1994) y El sabor de las cerezas (1997).
Obras:
-Compañero del viento
-Un lobo al acecho
COMPAÑERO DEL VIENTO: Abbas Kiarostami
por Clara Janés - A. Kiarostami

Abbas Kiarostami
COMPAÑERO DEL VIENTO
Edición bilingüe persa-español
Traducido del persa por Clara Janés y Ahmad Taherí
Ediciones del Oriente y del Mediterráneo
Una flor, una mariposa, una abeja, el reposo de un niño, una mujer encinta, viento, nieve son particulares formas de paisaje que Abbas Kiarostami capta con palabras y, como mago, deja flotando envueltas en silencio. Este silencio es el que les quita peso, las sitúa en la ingravidez, las sostiene y singulariza y las arrebata al espacio y al tiempo. Y, con todo, se trata siempre de lo cotidiano, de momentos de vida, de lo que transcurre. Es el don del poema breve, se llame haiku (Japón), koşuk o koşma (Turquía), sach’ (Arabia preislámica) o josravaní (Irán), una forma de escritura sutil y sagaz que compacta concepto e imagen otorgándoles un aspecto pluridimensional. Detenida esta unidad por la mano creadora, se carga de sugerencias y es inevitable, a través de ella, no establecer nexos, algunos muy concretos.
Leyendo los versos de Kiarostami, por ejemplo, las amapolas, los vilanos o las manzanas nos llevan hasta Sohrab Sepehrí, el más abarcador entre los poetas persas del siglo XX, que además era pintor. Y a ese aspecto suyo, el plástico, nos acercan la nieve, los árboles quebrados y los caminos en la montaña. Sepehrí, que se preguntaba “dónde está la morada del amigo [1]”, pregunta a su vez formulada siglos antes por Yalal UD-Din Rumi a través de la cual se delimita la perpetua búsqueda que es la vida y, con ella, el arte, veía en la naturaleza un modo de abstracción de carácter extremo oriental –no hay que olvidar que partió a Japón para aprender grabado-. El mismo espíritu habita en Kiarostami y se refleja no sólo en sus imágenes –especialmente en sus bellísimas fotografías-, sino también en sus textos, hasta tal punto que su escritura –como afirma Victor Erice– es comparable a la de los cuadernos dejados por otro cineasta, el ya clásico Jasujiro Ozu.
La noche/es el don de Dios/ a los ciegos [2], escribió el turco Fazil Hüsnü Dağlarca, versos que cruzan nuestra mente como un relámpago negro. Para Kiarostami, que trabaja con la claridad, se trata de la luz, eso “único visible por sí mismo”, en palabras de Sohravardi [3]. Y la luz se halla en todo, y, sobre todo, en el aire. La potencia de la luz es tan grande que puede deslumbrarnos y cegar las dimensiones de lo real. Pero Kiarostami es un maestro y también al escribir poesía sabe cómo captarla en su momento de máxima eficacia, cuando, suspendidas esas formas peculiares del paisaje, esos concepto-imágenes, en el interior de su gota de silencio, cruza su envoltura, como si el silencio fuera un aura de transparente vaho, provocando el fenómeno de la irisación.
POEMAS
Esta vez une
la araña
las ramas
de la morera y el cerezo
Los girasoles
cabizbajos murmuran
en el quinto día nublado
La paloma
compuso el primer poema épico
al volar sobre el cráter de un volcán
El humo de la vela
ennegrece
el ala colorida de la mariposa
De cada cien manzanas
diez manzanas agusanadas
para cada gusano
diez manzanas
Los pájaros
juegan
en la mano y la cara del espantapájaros
La tarea ha llegado a su fin
Dos cuadernos de cien hojas
un lápiz con la punta afilada
una mochila de consejos
un niño en el camino
Durante la noche de tormenta
se enciende la lámpara
La insistencia del amante
no llega a nada
Ahora ¿dónde está?
¿qué hace
aquel que he olvidado?
Siguiendo el espejismo
llegué al agua
sin sensación de sed
Siempre quedan inacabadas
mis palabras
conmigo mismo…
NOTAS:
1 Sohrab Sepehrí, Todo nada, todo mirada, ediciones del oriente y del mediterráneo, 1992, pág. 99.
2 Ante-luz, Papeles de invierno, Madrid, 1991, pág.7.
3 Le livre de la sájese orientale, Verdier, Dijon, 1986, pág. 147
ADAMAR REVISTA DE CREACIÓN
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Del libro: UN LOBO AL ACECHO
superados los límites de la locura
¡qué derecho se me hizo el camino!
Si estoy contigo
sufro,
si estoy conmigo
tengo miedo
¿dónde está la ausencia de sí mismo?
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