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sábado, 30 de enero de 2010

243.- WYSTAN HUGH AUDEN





Wystan Hugh Auden (York, Inglaterra, febrero 21 de 1907- Viena, Austria, setiembre 29 de 1973)


Poeta, dramaturgo y crítico literario norteamericano, considerado por muchos como el poeta más influyente de la literatura inglesa desde T.S. Eliot.
Hijo del médico George Augustus y de Constante Rosalie Bicknell, Wystan Hugh Auden nació en York, Inglaterra, el 21 de febrero de 1907. Un año después su familia se traslada a Birmingham, donde el padre ejercerá la medicina y dictará clases de salud pública en la universidad. Auden en un principio se interesó por la ciencia, pero pronto centró todo su entusiasmo en la poesía.
En Gresham's School, en Norfolk, cursa sus estudios secundarios, especializándose en biología.
En 1925 ingresó en el Christ Church College de Oxford, en el curso de filología inglés donde se convirtió en la pieza central de un grupo de intelectuales entre los que figuraban Stephen Spender, Christopher Isherwood, Cecil Day Lewis y Louis MacNeice. Antes de decidir sus estudios superiores, antes incluso de descubrir su vocación poética, Auden quería ser geólogo o ingeniero de minas
Después de concluir sus estudios, en 1928, fue maestro de escuela en Escocia e Inglaterra por espacio de cinco años.
En la década que va desde su egresó de Oxford hasta su partida a los Estados Unidos, Auden pasará una temporada en Berlín (1928-1929), donde recibirá la influencia de la poesía alemana y el teatro de Brecht; será maestro en Helensburgh (Escocia), y luego en Colwall; viajará a Islandia, China y España. Son años de gran producción, en los que además de poesía, escribe teatro (en colaboración con Isherwood) y guiones para cine. Para entonces, Auden ya era considerado el poeta inglés más importante de su generación.
Durante la década de 1930, Auden formó parte en Londres de un círculo de prometedores y jóvenes poetas caracterizados por su marcada tendencia izquierdista.
Su libro Poemas (1930), con el que consolidó su fama literaria, estaba basado en el hundimiento de la sociedad capitalista inglesa, pero también mostraba una honda preocupación por los problemas psicológicos.
A continuación escribió tres obras de teatro en colaboración con Isherwood: El perro bajo la piel (1935), El ascenso del F-6 (1936) y En la frontera (1938).
En 1935, se casó con Erika Mann para proporcionarle un pasaporte británico y ayudarla así a escapar de la Alemania nazi. Su pareja de toda la vida fue sin embargo Chester Kallman, a quien conoció en Estados Unidos.
En 1937, colaboró con los republicanos en la Guerra Civil española, conduciendo una ambulancia. Ese mismo año recibió la medalla de Oro del Rey a la poesía, máximo galardón en su país.
En la Guerra civil española, Auden se alistó como brigadista, ocupando un lugar como camillero en una unidad sanitaria. De todos modos no es mucho lo que el gobierno republicano dejaba hacer a los intelectuales, ya que consideraba que la sola presencia de estos en territorio español, era la mejor forma de publicitar la causa. Auden permaneció poco tiempo en España, regresando a Inglaterra con cierta desilusión por lo visto y oído, sobre todo en cuanto al trato recibido por los sacerdotes de parte del bando de la República.
La secuela artística de esta experiencia es "Spain 1937". El poema fue publicado por Faber & Faber, y las ganancias destinadas a la ayuda médica durante el conflicto. El poema es mucho más que un llamado a la defensa de la causa de la libertad en España. Es a la vez una compleja fábula moral que trasciende el tema, donde el autor establece un diálogo posible entre el pasado, el porvenir, y un presente dominado por la urgencia, la necesidad de tomar una decisión que podría en cierta forma, determinar el curso de la Historia.
Tras viajar a Islandia y China -en compañía de MacNeice e Isherwood respectivamente- escribió Carta desde Islandia (1937) y Viaje a una guerra (1939).
El 18 de enero de 1939 Auden e Isherwood se embarcaron rumbo a los Estados Unidos a bordo del transatlántico francés "Champlain". A poco de llegar, la muerte del gran poeta irlandés W.B. Yeats, va a dar motivo a uno de los poemas más famosos de Auden. "En memoria de W.B. Yeats" Auden posteriormente adoptó la nacionalidad estadounidense.
En este país trabajó activamente como poeta, crítico, conferenciante y editor.
Su Hombre doble (1941) y Por la hora presente (1944) reflejan una creciente preocupación por los temas religiosos.
La edad de la ansiedad (1947), un largo poema dramático que comienza en un bar de Nueva York, le hizo merecedor del Premio Pulitzer de Poesía en 1948.
A partir de 1948, Auden, que dos años antes había adoptado la ciudadanía norteamericana, alternó su estancia en Nueva York con viajes a Europa durante el verano, primero a Ischia, y luego, a partir de 1958, Kirchstetten.
Las autoridades municipales de ese pequeño pueblo de Austria, de apenas ochocientos habitantes, decidieron en vida del poeta, poner su nombre a la calle donde estaba su casa. Por otra parte, hacia la misma época le fue otorgada una cátedra en Oxford, lo que lo obligaba a pasar algunos meses del año allí.
Entre su vasta producción cabe mencionar Poemas completos (1945), El escudo de Aquiles (1955), Poemas extensos completos (1969) y varios libretos de ópera escritos en colaboración con Kallman.
Entre 1956 y 1961 fue profesor de poesía en Oxford, y en 1972 regresó a Christ Church como escritor residente. Auden guarda cierto parecido como poeta con T. S. Eliot.
Al igual que éste, poseía un ingenio frío e irónico, a pesar de que era profundamente religioso. Sin embargo, se preocupó mucho más por los problemas sociales. Dotado de una asombrosa capacidad de análisis psicológico, Auden poseía además un exquisito talento lírico. Su influencia en las generaciones de poetas posteriores ha sido inmensa. Muchos críticos lo consideran un maestro de la poesía; su rigor intelectual y su conciencia social, combinados con una fluida mezcla de estilos y una habilidad consumada, lo convierten en parangón de la poesía moderna
W.H. Auden murió en Viena el 29 de setiembre de 1973.


BIBLIOGRAFÍA:

Poesía:
Poemas escogidos; Visor, 1981; trad. Antonio Resines.
El mar y el espejo (The Sea and the Mirror); Bartleby, 1996; trad. Antonio Fernández Lera.
Un poema no escrito (Dichtung und Wahrheit); Pre-Textos, 1996; trad. Javier Marías.
Gracias, niebla (Thank You, Fog); Pre-Textos, 1996; trad. Silvia Barbero.
Otro tiempo (Another Time); Pre-Textos, 2002; trad. Álvaro García.
Canción de cuna y otros poemas (Recopilación); Lumen, 2006; trad. Eduardo Iriarte.
Los señores del límite (Recopilación); Círculo de Lectores, 2007; trad. Jordi Doce.
Teatro:
El perro bajo la piel (The Dog Beneath the Skin, 1935)
El despegue del F6 (The Ascent of the F6, 1936)
En la frontera (On the Frontier, 1938)



CANCIÓN DE OTOÑO

Ahora las hojas caen aprisa,
Las flores de la nana no durarán,
Las nanas han ido a sus tumbas,
Pero los cochecitos de niño siguen rodando.

Susurrantes vecinos a izquierda y derecha
Nos apartan de nuestro verdadero deleite,
Manos hábiles se ven obligadas a congelarse
Abandonadas sobre rodillas solitarias.

A poca distancia de nosotros, en nuestro mismo camino,
Muertos a centenares gritan “¡ay de mí!
Con los brazos rígidamente alzados para protestar
En falsas actitudes de amor.

Desarrapados a través del saqueado bosque,
Los trolls corren rezongando por su comida,
El búho y el ruiseñor están mudos,
Y el ángel no vendrá.

Clara, inescalable, al frente
Se alza la Montaña de En Lugar De,
De cuyos fríos arroyos en cascada
Nadie puede beber más que en sueños.



SI PUDIERA DECIRTE

El tiempo dirá tan sólo: “ya te dije”
Sólo el tiempo conoce el precio que hemos de pagar;
Si yo pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Si debiéramos sollozar cuando los payasos hacen su número,
Si debiéramos tropezar cuando tocan los músicos,
El tiempo diría tan sólo “ya te lo dije”.

No hay fortunas que predecir, no obstante,
Porque te amo más de lo que puedo expresar
Si pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Los vientos deben venir de alguna parte cuando soplan,
Debe haber razones por las que las hojas se pudren;
El tiempo dirá sólo “ya te lo dije”…

Tal vez las rosas realmente quieren crecer,
Tal vez la visión quiere en verdad permanecer;
Si pudiera decírtelo, te lo haría saber.

Supongamos que los leones se levantaran todos y se fueran,
Y que todos los arroyos y los soldados huyeran;
¿Dirá el tiempo algo que no sea ya te lo dije?
Si pudiera decírtelo te lo haría saber.



FUNERAL BLUES

Detengan los relojes
desconecten el teléfono
denle un hueso al perro
para que no ladre
Callen los pianos y con ese
tamborileo sordo
saquen el féretro...
Acérquense los dolientes
que los aviones
sobrevuelen quejumbrosos
y escriban en el cielo
el mensaje...
él ha muerto.

Pongan moños negros
en los níveos cuellos de las palomas
que los policías usen guantes
de algodón negro

Él era mi norte mi sur
mi este y oeste
mi semana de trabajo y mi
domingo de descanso
mi mediodía, mi medianoche
mi conversación, mi canción

Creí que el amor perduraría
por siempre.
Estaba equivocado.

No precisamos estrellas ahora...
Apáguenlas todas
Envuelvan la luna
desarmen el sol
Desagüen el océano y
talen el bosque
porque de ahora en adelante
nada servirá.



EL ESCUDO DE AQUILES

Ella miró buscando por sobre su hombro
Viñas y olivos,
Bien gobernadas ciudades de mármol
Y barcos sobre mares indómitos,
Pero allí sobre el metal brillante
Sus manos habían puesto en cambio
Un yermo artificial
Y un cielo de plomo.

Una planicie sin nada distintivo, desnuda y marrón,
Ninguna hoja de hierba, ningún signo de vecindad,
Nada para comer y ningún lugar donde sentarse,
Y aún, congregada sobre esa monotonía,
Se erguía una ininteligible multitud,
Un millón de ojos, un millón de botas en fila,
Sin expresión, esperando un signo.

Desde el aire una voz sin rostro
Demostraba estadísticamente que cierta causa era justa
En tonos tan secos y planos como el lugar:
Nadie se entusiasmaba y nada se discutía;
Columna tras columna en una nube de humo
Ellos se alejaron marchando, sobrellevando una convicción
Cuya lógica los llenó de pesadumbre, en alguna otra parte.

Ella miró buscando por sobre su hombro
Rituales piadosos,
Bueyes enguirnaldados de blancas flores,
Libación y sacrificio,
Pero allí sobre el metal brillante
Donde debía haber estado el altar,
Vio la luz vacilante de la forja
Una muy otra escena.

Alambre de púas cercaba un lugar cualquiera
Donde aburridos oficiales holgazaneaban (uno de ellos hizo una broma)
Y los centinelas sudaban pues el día era caluroso:
Un grupo de buena gente común
Miraba desde afuera sin moverse ni hablar
Mientras tres pálidas figuras eran conducidas y atadas
A tres postes erigidos en la tierra.

La masa y la majestad de este mundo, todo
Lo que es de peso y siempre pesa lo mismo
Estaba en manos de otros; ellos eran pequeños
Y no podían esperar ayuda y ninguna ayuda llegó:
Lo que sus enemigos querían hacer se hizo, su vergüenza
Fue todo lo que el peor podría desear; perdieron su orgullo
Y murieron en tanto hombres antes que sus cuerpos murieran.

Ella miró buscando por sobre su hombro
Los atletas en sus juegos,
Hombres y mujeres danzando
Moviendo sus dulces miembros
Veloces, veloces, según la música,
Pero allí en el escudo brillante,
Sus manos no habían puesto un piso de baile
Sino una campo asfixiado de cizaña.

Un andrajoso chiquilín, perdido y solo,
Vagaba sobre ese baldío, un pájaro
Voló escapando de su piedra certera.
Que haya jóvenes violadas, que dos chicos apuñalen a un tercero,
Eran axiomas para él, que nunca había oído hablar
De un mundo donde las promesas son cumplidas,
O uno puede llorar porque el otro llora.

El forjador de armas de apretados labios,
Hefesto, se alejó cojeando,
Tetis la de los pechos brillantes
Clamó su desaliento
Por lo que el dios había forjado
Para agradar a su hijo, el fuerte
Matador de hombres, Aquiles, el de corazón de hierro
Quien no habría de vivir mucho más.


CINCO CANCIONES DE W. H. AUDEN

I

Mi interior me desaprueba
y me pasma: ¡que me atreva
a estar aquí y a mirarte!
¿Cómo pude ayer jurarte
(incluso a las 3 a.m.)
Amarte hasta que me quemen?
Peores cosas que mentiras
Ve la tierra cuando gira;
Y lo hace tantas veces,
Perdonándome con creces,
Que empiezo a ver poco serio
Tanto hablar del cementerio.
Tempus fugit. "Fuego, estopa..."
¡Pero acábate tu copa!
El corazón es mudable.
¿Pero quién queda que habla
De reglas en los amores?
(Hemos hecho cosas peores.)


II

Digamos que en esta ciudad viven unos diez millones,
Unos habitan agujeros, otros habitan mansiones.
Pero no hay un lugar para nosotros, mi amor,
no hay un lugar para nosotros.
Alguna vez tuvimos un país y nos gustaba
Todavía lo podemos encontrar en un atlas.
Pero ahora, no podemos ir allá, mi amor
ahora no podemos ir allá.
En la parroquia de nuestro pueblo crece un árbol viejo
Que cada primavera florece de nuevo.
Pero los viejos pasaportes no florecen de nuevo, mi amor,
los viejos pasaportes no florecen de nuevo.
El cónsul azotó la mesa con prepotente gesto:
"Si no tienen pasaportes, "oficialmente" están muertos.
Pero seguimos vivos, mi amor, seguimos vivos.
Fui a un comité, me ofrecieron asiento y me escucharon
Y cortésmente me pidieron que volviera el próximo año.
¿Pero qué vamos a hacer hoy mismo, mi amor,
qué vamos a hacer hoy mismo?
Fui a oír a los políticos, a un orador que argüía:
"Si los recibimos aquí, nos quitarán nuestro pan de cada día",
Y hablaba de ti y de mí, mi amor, hablaba de ti y de mí.
Creí que era un relámpago lo que atronaba sobre mí,
Pero era Hitler sobre Europa, diciendo: "Deben morir",
Y pensaba en nosotros, mi amor, pensaba en nosotros.
Vi un perro que pasaba muy orondo y abrigado,
Vi que una puerta se abría para que pasara un gato,
Pero ellos no eran judíos alemanes, mi amor
ellos no eran judíos alemanes.
Bajé a la orilla del mar y me detuve sobre el muelle
Para ver cómo nadaban en su libertad los peces,
Apenas a unos cuantos metros, mi amor
apenas a unos cuantos metros.
Caminé por el bosque, vi en los árboles a los pájaros
Que no tienen políticos, y cantan a su agrado,
Pero no eran de la raza humana, mi amor,
no eran de la raza humana.
Soñé con un edificio que llega hasta el número mil,
Y tenía mil ventanas y sus puertas eran mil,
Y ninguna era para nosotros, mi amor ninguna era para nosotros.
Me paré en mitad de una explanada cuando la nieve caía,
Diez mil soldados marchaban para abajo y para arriba,
buscándonos a ti y a mí, mi amor, buscándonos.


III

Aquellos ojos cayeron al pozo
Y de los ojos lágrimas cayeron:
Se ha derrumbado la torre en el suelo
Desde aquel cielo de invierno en reposo.
Era medianoche, y bajo una lápida
Gime el Amor, por pillos enterrado,
Corazón de huesos asesinados;
Como hojarasca resuenan las ánimas.
Entre la alta marea, y boca abajo,
Roto, esparcido y sin más que decir
Yace Aquel al que pudieron destruir
Los soldados, y después lo botaron.


IV

Chofer, mete el fierro y vete destapado,
Que en la terminal me espera mi amado
Más duro, más rápido y como un avión,
Hasta que te pares en plena estación.
Pues en la mitad de la sala de espera
Me aguarda un muchacho al que quiero de veras.
Si cuando lleguemos no lo encuentro ahí,
Me verás llorando sin él y sin mí;
Aquél que me gana con sólo mirarlo,
Que me reconforta con sólo cogerme la mano.
Me dice que me ama con voz tan sencilla
Que se duplica en mí la maravilla.
Por la carretera los bosques parecen
Saber que los hombres se aman a veces.
Pero a los gerentes y líderes charros
No habrá quien los bese más que sus cigarros.
Si yo fuera el Papa o el Gran Presidente,
Los tendría aguardando por mí eternamente.
A mí que me importan curas y empresarios:
Mi amado es más fuerte y más extraordinario.


V

Trae a tu amada por sobre las aguas
Para que repose bajo los árboles,
Entre palomas (desde luego blancas)
Con brisas y vientos por todas partes
Que canten con gusto, con gusto, con gusto de amor.
Ponle el anillo, con un buen abrazo
Empiecen la dicha que les aguarda,
Y mientras los peces toman instantáneas
Tendrán un sapo (ese cantante clásico)
Que cante con gusto, con gusto, con gusto de amor.
Cuando se casen, en grupos las calles
Vendrán con sus casas endomingadas;
Mesas y sillas dirán las plegarias
Y los caballos con el equipaje
Cantarán con gusto, con gusto, con gusto de amor.

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