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lunes, 22 de septiembre de 2014

MATÍAS BEHETY [11.107]


Matías Behety 

Nació en Montevideo en 1849 y murió en La Plata el 24 de agosto de 1885. Si bien su residencia en esta última ciudad fue efímera –pasó la mayor parte de su vida en Buenos Aires–, es considerado el primer poeta platense. Hijo de vascos franceses, estudió Derecho sin llegar a diplomarse y se desempeñó como periodista. Su espíritu bohemio y su afición al alcohol le impidieron reunir de manera ordenada sus poemas, muchos de los cuales se perdieron para siempre. Toda su obra tiene una fuerte impronta romántica. Suele atribuírsele erróneamente el soneto “Ilusiones”, que pertenece al poeta y dramaturgo peruano Carlos Augusto Salaverry (1830-1891).


Un párrafo

Un párrafo de su poesía, deja ver los tormentos que padeció Matías Behety.


“Ilusiones: Venid a mí sonriendo
placenteras visiones que en la
infancia he idolatrado. Oh
recuerdos! Mentiras del pasado.
Oh esperanzas! Mentiras
venideras”.





Una dedicatoria

Se cree que lo que empujó a Matías Behety al alcoholismo fue la muerte de su joven amada María Lamberti, hermana de Antonio Lamberti.
A este último el poeta dedicó el siguiente escrito:

"Hacia tu hogar encaminé mi
paso y me detuve trémulo en su
puerta. Se sepultaba el ocaso, y
al abrazarte me dijiste: Muerta".




María

A mi amigo Antonino Lamberti

Hacia tu hogar encaminé mi paso
Y me detuve trémulo en su puerta!
El sol se sepultaba en el ocaso,
Y al abrazarme me dijiste: ¡muerta!

La sombra me inundó. El alma entera
En un sollozo se agotó doliente,
Al mirar esa hermosa primavera
Desmayada en el rayo de su oriente.

¡Muerta!, exclamé, y respondiste: ¡muerta!
Delante su ataúd caí postrado...
Cerré los ojos y la vi despierta,
Su angelical semblante iluminado!

Me hablaba, y sonriendo enternecida,
Envuelta en nubes de flotantes velos,
¡Ah! no lloréis, me dijo, mi partida:
Yo era la desposada de los cielos!







Las dos almas

Del triste cementerio en la capilla
En su blanco ataúd tendida estaba,
En cruz las manos, y la casta frente
De rosas coronada.

La incierta luz de amarillento cirio
Su pálido cadáver alumbraba;
Era joven y hermosa; y muerto había
De un hombre por la infamia.








Del triste cementerio tras el muro
Sobre la fría tierra muerto estaba;
Las negras sombras de la oscura noche
Su cadáver velaban.

Era joven y hermoso; y muerto había
En desafío del que fueron causa
El vicio, el desenfreno y el desorden
De una vida agitada.








Allá del infinito en el espacio
Cruzáronse dos almas:
Era la una cual la noche negra
Y era la otra cual el día, blanca.

Se miraron, y alzóse de una de ellas
Compasiva plegaria.
Después bajó la negra, hondo, muy hondo,
Y la blanca subió, alta, muy alta!

Fuente: El parnaso oriental. Antología de poetas uruguayos, Raúl Montero Bustamante, Maucci Hnos. e Hijos, Montevideo, 1905.




De poetas y fantasmas

Por Martha GONZÁLEZ ZALDUA

La localidad de Tolosa, vecina a la ciudad de La Plata, fue fundada en 1871 por don Martín Iraola, en un lugar denominado “Lomas de Ensenada”. La llamó Tolosa en recuerdo de su padre, Gerónimo Iraola originario de la ciudad guipuzcoana.
Se dice que uno de los motivos de su fundación, fue la necesidad de los habitantes de Buenos Aires de alejarse de la ciudad asolada por una epidemia de fiebre amarilla. La enfermedad no solo la despobló sino que trajo como consecuencia el cierre de saladeros y graserías ubicadas sobre el Riachuelo, en la creencia de que esta vía de agua constituía una fuente de contaminación.
Estas empresas se instalan en Ensenada y lo que sería luego la ciudad de Berisso. Seguramente estas circunstancias movieron a Martín Iraola a fraccionar una parte de sus tierras para fundar el poblado de Tolosa que recibe gran cantidad de trabajadores que estas empresas emplean.
Con la llegada del ferrocarril en 1872 la ciudad crece , se crea una escuela, se abre un almacén de ramos generales, una pulpería, un molino y hasta un cementerio.
En 1882 se funda la ciudad de La Plata, a la que se le da todo el apoyo político y económico que exige la capital de la Provincia.
Tolosa declina y con ella su cementerio, que es cerrado en 1888. Quienes descansan en él son trasladados a la nueva ciudad. Quedan solo los restos no reclamados ni reconocidos.



Estación de Tolosa. 1885. Museo ferroviario de la ciudad.
Foto: La Plata Mágica.


Y es allí donde comienza nuestra historia.
Los viejos pobladores, cuentan que por las noches solía verse en el cementerio abandonado un extraño resplandor, una especie de fosforescencia. La noticia, agrandada, modificada y enriquecida por el imaginario popular, corre de boca en boca. Todos dicen ver o haber visto la luminosidad nocturna.
Cuando en 1902 la Municipalidad de La Plata dispone el traslado definitivo de los restos no reclamados al cementerio de La Plata, encuentra entre ellos un cajón conteniendo el cuerpo perfectamente conservado de un joven de entre 30 y 40 años.
El descubrimiento colma una vez más el pensamiento de los lugareños y da rienda suelta a todo tipo de fantasías. Queda claro para muchos, que éste es el origen de la misteriosa luz.
Por la calle 118 conocida como de la Amargura, comienza el interminable desfile de quienes se acercan para tratar de ver a la luz de sol, a quien se creía la fuente de un hecho extraordinario. Carente de nombre se le llamó “el muerto popular”.
Mucho tiempo después, en 1923 todo se aclara. Antonio Lamberti reconoce en este desconocido a su amigo, MatíasBehety considerado el primer poeta platense. Años después su familia erige un sencillo monumento en el cementerio de La Plata y en 1949 la ciudad le da su nombre a una de sus calles, la número 57.
Iniciador de una larga lista que se prolonga en el tiempo y entre los que se destacan entre los primeros a personalidades como las de Ripa Alberdi, Mendioroz, Delheye y Lopez Merino, confirma aquello de que La Plata es ciudad de poetas.
Sin embargo, Matías Behety no era platense. Había nacido en Montevideo en 1849, hijo de Félix Behety y Maria Chapital. Los Behety provenían de Iparralde, del pueblo de Aloze-Ziboze-Onizegaine en la región del Soule.
Como tantos otros vascos que cruzaron el mar, se radican en Montevideo y andando el tiempo se trasladan a Buenos Aires.



Tumba de Matías Behety en el cementerio de La Plata
Tumba de Matías Behety en el cementerio de La Plata.
Foto: La Plata Mágica.


Bohemio desde su juventud comienza la carrera de Derecho, carrera que no termina y se inicia en el periodismo. Talentoso, se destaca en uno y otro ámbito al lado de hombres tan ilustres como Quintana, Goyena, Del Valle, Olegario Andrade.
Pero él se aparta o lo apartan de todo aquello que es tradicional y socialmente aceptable. No quiso, no supo o no le interesó, formar parte de una familia reconocida de la sociedad porteña.
Miguel Cané lo recuerda con gran emoción en su obra Juvenilia “nunca se impone a mi espíritu con más violencia el problema de la vida, que cuando pienso en ese hombre”.
Avido lector, interesado por todo lo que se relacionara con la naturaleza humana tiene una debilidad, el alcohol.
Al conocer a María Lamberti se enamora e intenta formar un hogar. Pero la tragedia signa su destino. La joven fallece y Matías se sume en la más profunda depresión.
En 1884 el periodista Francisco Uzal lo encuentra en Tolosa y lo lleva a la ciudad capital para integrar el plantel del diario “La Plata”, donde inicia una tarea promisoria.
Pero la enfermedad y el alcohol pueden más que el trabajo y los esfuerzos de sus amigos. El 14 de agosto de 1885 es internado en el Hospital de Melchor Romero fundado casi con la ciudad, donde fallece el día 26. Tenía 36 años.
Según las crónicas de la época lo despiden en el cementerio de Tolosa personalidades de la talla de Leandro N. Alem, Manuel Quintana y Victorino de la Plaza.
Con él se pierden muchos de sus poemas ya que tenía la extraña costumbre de escribir con seudónimos.



ILUSIONES

Venid a mí sonriendo placenteras
Visiones que en la infancia he idolatrado.
¡Oh recuerdo! Mentiras del pasado.
¡Oh esperanzas! Mentiras venideras

Ya que huyen mis lozanas primaveras,
Quiero ser por vosotras consolado
En un mundo fantástico, poblado
de delirios, de sombras y quimeras


No es difícil imaginarlo recorriendo la ciudad recién fundada, perdido en sus diagonales, solitario, desgranando poemas por esas calles con aroma a tilos y naranjos recién plantados.


Y aunque me cubra de cabellos canos
¡dejadme siempre el corazón de un niño


Como tampoco es difícil creerlo protagonista de una leyenda más interesante que su historia: la permanencia en la iridiscencia de aquella luz que por las noches irradiaba desde su lugar de descanso.