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martes, 12 de agosto de 2014

MARCELO SILVA [10.871]


Marcelo Silva


Marcelo Gustavo Silva (Quito, 1964) Profesor y poeta, Doctor en Derecho. Con estudios superiores en Literatura y Sociología. Ha escrito los libros de poesía Pre-esencias (Primera Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía Casa de la Cultura Ecuatoriana y el Ángel Editor)  y  Material de la distancia (Inédito); y el ensayo Arte: arista de lo sagrado. Poemas suyos se hallan incluidos en la Antología ecuatoriana Ciudad en Verso, así como en otras publicaciones nacionales. Ha sido miembro del jurado en los concursos Jorge Carrera Andrade (2008) e Isabel Tobar Guarderas (2009), organizados por el ilustre Municipio de Quito. Actualmente prepara un estudio sobre el símbolo en la obra poética de César Dávila Andrade.
Con el poemario Pre-esencias obtuvo la Primera Mención de Honor en el Concurso Nacional Paralelo Cero 2010-2011. Poemas suyos se hallan incluidos en la antología ecuatoriana Ciudad en Verso, así como en otras publicaciones nacionales. Actualmente prepara un nuevo poemario titulado Materiales de la tierra agreste.







“Quizás en la puerta interior del espíritu
se pueda escuchar el más allá de uno mismo”
( Alejandro Jodorowsky )


Del silencio viene
percibiendo el olor de la sangre

y cuando busca saciar el instinto
registra piedras negras
en sus cuerpos más densos

Carne come

Así deleita su espíritu







** Supo del peso de sus ojos **
de huellas labradas por los astros
 y árboles talados


por la furia del instinto

No conoció el dulce abismo
que luego describimos como cielo
ni aquel oasis rojo
donde se formó su carne

Lo llamaron hombre










(sobre rosas negras
llenas de polvo)

Recorrer el líquido adoquín
en tu palma navegante

En la otra acera
antes del desdoblamiento de la carne
me aguarda un pálido centauro
agitando una manzana

Me llevarà
sin saberlo
 a una calle tejida de rojo – añil
sol salado y sin aliento

que confunde las líneas de mi espacio
y separa la mente de mi cuerpo

bajo el lejano

golpeteo de tu carne








( hendiduras )

Mi primer beso fue a un hueco

Hoy lo lleno con saliva y saliva
labios que lamieron el vacío

bocas

sabor intenso de  las ratas

Como es de suponer
mi primer beso fue al aire
y el aire me dio más que todas esas bocas

Me dio la vida …

sin pedirme nada









( carencias )

“ La luz que nos hiere
Es un filo cada vez más sutil ”
(Giuseppe Ungaretti)


No bastaba
que un beso espeso
cubra tus pechos fragmentados
ni que mi lengua encallara

insinuante

en tu cavidad más jugosa
 –firmamento a punto de estallar– 

Faltaba
el pequeño remanente que el cielo nos robó
un instante inacabado
para que la luz prendiera

ángeles

que furiosamente calienten nuestra piel








“¡De qué perdida claridad venimos!”
( Blanca Varela )

Cuando no existía infierno ni vampiros
ya éramos animales de la luna

Existíamos pegados al recuerdo
de horas más livianas

Rozábamos las piedras
–sombras incompletas–

El éter era aún llama líquida

y el hidrógeno

no unía cautivas formas

sin embargo en el tiempo no había niebla


Éramos animales de la luna
y aspirábamos a colmar la tierra

o al menos

humedecerla con sonidos y cometas
– fuego y lluvia para la futura carne –

Éramos animales de la luna
pero la luna nos expulsó muy pronto de su lecho

Sufrimos








¿El silencio?

Forma pura del sonido

Mercurial materia
cuando escucho menstruar la noche









(pecado original)

“De eternidad se tejen los malos tiempos”
( Juan M. Roca )


En el acto primigenio
cuando fuimos bautizados por el fuego
la serpiente nos parió

Nuestras cabezas rodaron entre el espejo y la caverna

Nuestros ojos ya no eran nuestros ojos:
eran cuervos abanderados de la muerte

Nuestras manos no lamían el rocío:
se hicieron garras que picaron como arañas

Nuestros pies               luego pezuñas ya no andaban

Sólo mataban sueños
mordiendo la distancia

No asimilamos el sonido de los astros que hacen el amor
apenas percibimos gemidos de ancianos suplicando perdón

Después

ante tanto salvajismo

inventamos el infierno

sin pensar que cada día nos quemamos
en un mundo uno pero siempre divisible

de un dios errático

que casi siempre ignoramos



     



(metamorfosis 1)

Alguna vez tuve un río
el aire que endulzaba los cipreses
un Dios resucitado

Alguna vez caminé por un pasto sano
pisé vidrios sin herirme
ascendí por cumbres embrujadas
–silencio y sombra bajo una luna magra–

Alguna vez tuve la certeza
que mis pasos y mis sueños

formaron parte de lo humano








Temblor de alas
y un corazón cubierto por sombras

colmillos que giran
tras el hervor de un húmedo cuello

Ni aullidos ni hechizos

Sólo el vapor de la noche

presagiando la sangre