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jueves, 21 de agosto de 2014

JOSÉ ASUNCIÓN SILVA [10.981]


José Asunción Silva 

(Bogotá, 27 de noviembre de 1865 - Bogotá, 24 de mayo de 1896) fue un poeta colombiano. Se considera que su obra de mayor relevancia es ¨El libro de versos¨. Fue uno de los más importantes precursores del Modernismo, y, según otro sector de la crítica, uno de los más importantes escritores de la primera generación de modernistas.

Fotografía de José Asunción Silva tomada a los cuatro años de edad por Demetrio Paredes.

José Asunción heredó, aumentadas y mejoradas con la sustancia del genio, las cualidades literarias de su padre, quien había escrito y publicado algunos artículos y "cuadros de costumbres" en periódicos locales. Nacido en el seno de una familia adinerada y de rancia alcurnia, su niñez transcurrió entre los libros y las veladas literarias de los escritores del grupo El Mosaico, realizadas con frecuencia en su casa, y del que era integrante su padre Ricardo Silva. Crece con los cuidados de su madre y de sus abuelas, y desde entonces se le inculcan los valores de la clase elevada: el cultivo de las buenas relaciones, la finura en los modales y la elegancia en la presentación. Estudio en los mejores colegios capitalinos (el Liceo de la Infancia, el Colegio de San José y el Alemán) donde destacó como alumno aventajado; no comparte, sin embargo, los entretenimientos habituales de sus compañeros de aula. Se inclina por la lectura y la compañía de sus autores preferidos -Perrault, Andersen, Swift, Pombo, los hermanos Grimm-, concentrándose al tiempo en sus primeros ejercicios de escritura. Después de esta etapa escolar, su formación fue básicamente autodidacta.
Tenía diez años cuando murió su hermano Andrés Guillermo, en una epidemia de sarampión. Un año más tarde, en 1875, falleció su hermano Alfonso, a los 52 días de nacido y, coincidentemente, un 24 de mayo, fecha en la que veinte años después él mismo dejaría la vida. Y faltaría todavía el deceso de la tercera hija del matrimonio Silva Gómez, Inés Soledad, quien desapareció cuando el poeta estaba cercano a cumplir sus trece años de edad. En el hogar nacerían, además, otras dos niñas: Elvira, el 2 de marzo de 1872, y Julia, el 10 de octubre de 1877.
A esta racha trágica se sumarían otros sucesos perturbadores. El abuelo del poeta, quien se desempeñaba como comerciante y tuvo inclinación por la lectura, había sido asesinado en 1864 por ladrones que asaltaron la hacienda de Hatogrande, de su propiedad, dejando también herido a su hermano Antonio María Silva Fortoul, quien después del suceso prefirió establecerse en París, donde moriría en 1884, días antes de la llegada de José Asunción.
Por otro lado, el poeta comienza a percibir el recelo y la inquina que despierta entre sus compañeros de edad, quienes lo ven como un niño fastidioso y presumido; este tipo de rechazo lo sentirá luego, ya mayor, por parte de escritores y de comerciantes, que le señalarán con apodos tales como «José Presunción», «Niño Bonito» o «la casta Susana». Mientras tanto, dedica su tiempo libre a la lectura de poetas como Gustavo Adolfo Bécquer, Víctor Hugo, Manuel Gutiérrez Nájera, José Martí y otros que descubre en la prensa bogotana o en libros. Comienza igualmente sus primeros ensayos en la traducción de textos de Victor Hugo, de Pierre-Jean de Béranger, de Maurice de Guérin, de Théophile Gautier, y la escritura de sus poemas juveniles, que reuniría bajo el título de Intimidades. Al mismo tiempo, colabora con su padre en la atención del almacén y se inicia en el aprendizaje de los asuntos comerciales.
Pronto asume responsabilidades de adulto. A los 19 años, sin cumplir todavía la mayoría de edad (que para entonces estaba fijada a los 21), aparece como socio en las empresas de su padre y viaja a París, a pedido de éste, con el fin de establecer contactos con casas comerciales en Europa y de obtener la experiencia necesaria en dichos asuntos para cuando don Ricardo -quien sufre entonces de una enfermedad crónica, tiflitis- no esté al frente de la firma comercial ni del cuidado de la familia.

Fracaso financiero

Por esta época los diarios y las revistas dan a conocer poemas y textos críticos, y las antologías de poesía incluyen su nombre. Los negocios, por su parte, comienzan a marchar mal, afectados por la guerra civil de 1885, que trajo consigo confusión política y económica a todo el país. Su padre viaja a París y él queda a cargo de la administración del almacén R. Silva e Hijo. En quince cartas que le escribe José Asunción, dadas a conocer por Fernando Vallejo en su libro Cartas de Silva, se pueden seguir los pormenores del manejo dado por el poeta al negocio y la incidencia que tuvo en sus finanzas la implantación en Colombia del programa económico regeneracionista del gobierno de Rafael Núñez. Esto sucedía en 1886. Un año más tarde, su padre muere en Bogotá. El poeta tiene 21 años de edad y debe hacer frente a la quiebra inminente de su firma comercial. Proponiéndose en adelante dejar en limpio el nombre de su padre, logra la refinanciación del negocio y consigue el sustento para su madre y sus hermanas; oculta la quiebra a sus acreedores y dedica sus esfuerzos a surtir el almacén con lo más novedoso de la mercancía europea. Será una tarea a la que se dedicará infructuosamente durante cinco años. Le preocupa sobremanera su honra y la de su familia ante la sociedad bogotana.
El 11 de enero de 1891 muere su hermana Elvira, a los 19 años de edad: «Mi vida queda apenas alumbrada por otras luces y no volverá a tener nunca la claridad triunfal de mediodía con que ella la iluminaba», comentaría a Eduardo Villa en una de sus cartas. Con Elvira son cuatro los hermanos que ha visto fallecer, pero ni la muerte de los tres primeros, ni la de su padre, debilitaron tanto al poeta como la de su hermana preferida. La falta de liquidez también lo afecta y no tiene fondos con que cubrir el préstamo que solicita para pagar el sepelio. En 1894, la revista Lectura para todos de Cartagena publicaría el «Nocturno», poema de inusitada intensidad y de confección impecable, recibido con frialdad por unos y con sorna por otros, cuando no mórbidamente por aquellos que creyeron ver en su argumento la comprobación a los rumores sobre el desmedido amor del poeta por su hermana.
Entre sus planes, a pesar de todo, siempre tiene presente la escritura: avanza en la composición de la colección de poemas Gotas Amargas y de El Libro de Versos, y en la redacción de los Cuentos Negros. Publica, además, textos en prosa y notas literarias en revistas y en periódicos bogotanos. Escribe también cartas a sus mejores amigos, entre éstos Rufino José Cuervo en París, en las que comenta acerca de sus trabajos intelectuales.
Agobiado por las deudas y la falta de respaldo de los fiadores de su firma, en especial el de su principal apoyo, Guillermo Uribe, su quiebra comercial se hace definitiva a finales de 1892. Se le abren 52 ejecuciones judiciales, entre éstas la de su abuela, doña Mercedas Diago. La noticia de su ruina corre por toda la ciudad. Publica en la prensa bogotana anuncios en los que solicita a sus deudores le cancelen las obligaciones pendientes, amenazando con publicar la lista de ellos (advertencia que no cumple). Sin salida, acepta un proyecto de cesión de sus bienes comerciales presentado por sus acreedores, retirándose luego del comercio, sin un peso y tan sólo con «la cabeza y las manos para trabajar».

Viaje a Venezuela

Sin ocupación de la cual derivar un sustento, acepta en 1894 el nombramiento de secretario de la Legación de Colombia en Caracas. Allí frecuenta los salones más distinguidos, sueña con negocios de los cuales sacar buenos dividendos y establece amistad con los redactores de la revistas El Cojo Ilustrado y Cosmópolis. Todo va bien hasta que sus finanzas decaen, comienza su enfrentamiento con el ministro de la Legación (el general José del Carmen Villa, a quien menosprecia y hace objeto constante de burla) y siente la ausencia de su madre.
El 28 de enero de 1895, el barco a vapor Amérique, que lo trae desde Venezuela, naufraga frente a Barranquilla. Se hunden con él los manuscritos de su obra: el Libro de Versos y los Cuentos Negros, que pensaba publicar. No continúa su viaje a Bogotá; regresa a Caracas para cumplir con su asignación diplomática, pero las fricciones con el ministro de la Legación y su falta de liquidez frustran su deseo de iniciar un nuevo período en el cargo. Dos meses más tarde está de nuevo en Colombia. Ha fracasado como diplomático y pone entonces sus esperanzas en la instalación de una fábrica de baldosines, con una fórmula química patentada por él, para la que consigue el concurso de varios socios capitalistas. Pero en esta empresa también fracasa.

Suicidio

Tumba de José Asunción Silva junto a su hermana Elvira Silva, en el Cementerio Central de Bogotá.

Los últimos días de su vida los dedica a la reescritura de su obra. En abril de 1896, en una carta a Eduardo Gutiérrez, comenta: «Vivo una vida inverosímil. No veo a nadie: trabajo el día entero y la mitad de la noche...» Deja completos y ordenados los manuscritos de El Libro de Versos y su novela De sobremesa. Para esa época, sus amigos son escasos; la familia de su abuela materna le ha dado la espalda, la sociedad bogotana lo ignora, y sus pocos bienes personales tiene que entregarlos a sus acreedores u ofrecerlos a cambio del pago de un arriendo atrasado o de alguna emergencia. Días antes de su última voluntad, comentaba con su amigo Baldomero Sanín Cano, citando a Maurice Barrès: «los suicidas se matan por falta de imaginación»
La madrugada del 24 de mayo de 1896, tras una pequeña velada con algunos amigos la noche anterior, José Asunción Silva sé disparó un tiro en el corazón, donde previamente se había hecho dibujar una cruz por el médico y amigo de infancia Juan Evangelista Manrique. Del suicidio de Silva en sí, de sus detalles, se sabe muy poca cosa. Desde el principio se dijo que se había matado con un revólver Smith & Wesson viejo, y que se encontró a la cabecera de su lecho El triunfo de la Muerte de Gabriele D'Annunzio en una traducción francesa. Cuando se supo la noticia, uno de los primeros en llegar a la casa del poeta fue Emilio Cuervo Márquez, quien narró así su último encuentro con Silva:
«Se me introdujo a su alcoba. Todavía el cadáver no había sido colocado en el ataúd. Allí estaba el poeta, a medio vestir, incorporado en el lecho, sostenido por almohadas, cubierto hasta la cintura por los cobertores, un brazo recogido sobre el pecho, el otro extendido sobre las sábanas, la cabeza de Cristo ligeramente tronchada sobre el hombro izquierdo, los ojos dilatados y los labios entreabiertos, como si interrogase a la muerte. Una paz sobrehumana había caído sobre su rostro de cera [... ] Largo rato después de mi llegada, se me comunicó que la madre del poeta nos comisionaba a don Luis Durán Umaña y a mí para practicar una visita en la oficina de José Asunción. Esa oficina [...] la conocíamos bien. En un cajón del escritorio encontramos una libreta de cheques del Banco de Bogotá. Ansiosamente la examinamos. El talón del último cheque, girado el día anterior, decía textualmente: "A favor de Guillermo Kalbreyer, florista. Un ramo de flores para la Chula $ 4.00". La Chula era el nombre de cariño que en la casa se daba a la hermanita menor de José Asunción [... ] Hecho el balance sobre la misma libreta, descubrimos que el saldo disponible en el banco alcanzaba a pocos centavos. El valor de las flores obsequiadas a su hermana representaba el capital de Silva en el día de su muerte. [...] Era un mediodía luminoso. Después de llenadas las formalidades de autopsia en la oficina médico-legal [...], y durante la cual los asistentes nos dispersamos en el vecino jardín, el largo cortejo siguió camino del cementerio de los suicidas, situado no lejos del lugar en donde se depositaban las basuras de la ciudad.»
Sus restos fueron inicialmente enterrados en el muro de los suicidas del cementerio común y posteriormente fueron trasladados al pasillo principal del Cementerio Central de Bogotá, donde comparte un mausoleo al lado de su hermana Elvira.

Legado

La obra de José Asunción Silva es breve, en parte por el naufragio en el que se perdieron gran parte de sus manuscritos. Comprende alrededor de 150 poemas, una novela titulada De sobremesa y una serie, también breve, de prosas y notas críticas. Los poemas están distribuidos en cuatro conjuntos. El principal de ellos, por su calidad y coherencia, es El libro de versos, el único que Silva organizó y dejó listo para publicar. Bajo esas características y con ese título se dio a conocer por primera vez en 1923. En 1945 se hizo una edición facsímilar, reproducción de los originales. Este volumen comprende su producción de 1891 a 1896. Su obra primera, escrita entre los 14 y 18 años de edad, estuvo inédita hasta 1977, fecha en que se halló en la Biblioteca Nacional de Colombia un libro manuscrito, conocido parcialmente, el cual se publicó bajo el título de Intimidades, con un estudio del profesor Héctor Orjuela, experto en el trabajo silviano.
José Asunción escribió variadas notas en su ensayo Por el amor de Louis; entre las más notables se encuentran sus Poesías varias
Eres un clavel en el invierno que aunque el frío te aceche seguirás firme en este crudo y despiadado terreno y estarás ahí sin herirme con tan hermoso diseño.
Los últimos dos conjuntos de su poesía se han reproducido como capítulos de la obra completa. Uno corresponde a un grupo de poemas sueltos que se suele publicar con el título de Poesías varias y el otro a una serie de versos satíricos, conocida como Gotas amargas, la cual fue reconstruida por sus amigos, pues el poeta nunca quiso publicarla. La primera es la organización dada a la obra poética de Silva por los críticos, y así han podido establecer fechas, autenticidades y características. Sin embargo, el primer libro de Silva se publicó en Barcelona en 1908, por la editorial Maucci, con un visionario prólogo de Miguel de Unamuno. Esta edición lleva varios poemas, algunas prosas y un fragmento de la novela De Sobremesa.
Conocedores de la obra silviana como Eugenio Florit y José Olivio Jiménez han visto a Silva como el más heterodoxo de los modernistas de la primera generación. Conviene aquí señalar que su formación fue autodidacta y, por lo tanto, desordenada y ecléctica. Sin embargo, había leído mucho y poseía una inmensa capacidad de asimilación y, sobre todo, una sed insaciable de conocimientos y lecturas. Sólo así se explica que, aislado en una Bogotá encerrada en sí misma, regocijada en el romanticismo del siglo XIX y en el costumbrismo, y en gran parte alejada de la cultura literaria y estética que bullía en el momento, haya podido Silva asimilar esa cultura, experimentar y crear nuevas formas literarias y convertirse así en uno de los paradigmas de la sensibilidad de su tiempo.

Fachada de la Casa de Poesía Silva en el barrio La Candelaria de Bogotá.

Rafael Maya hizo un importante estudio sobre Silva en los años cuarenta. Con gran conocimiento de la literatura y de la cultura europeas e hispanoamericanas del siglo XIX, Maya determina que la prosa modernista -que para algunos como Arrom se vislumbraría ya en Juan Montalvo-, luego de adquirir vigor y maestría con Martí y Gutiérrez Nájera, alcanza su momento de esplendor con Silva y Rubén Darío, quienes alrededor de 1888 comenzaron a escribir la prosa nueva, llena de matices y sugerencias, y agrega Maya que esa prosa, esencialmente artística, la tomaron de Bécquer, quien también en el aspecto lírico tuvo una gran influencia en ambos. El hecho es que por esos años Darío y Silva rompen con la «vieja marcialidad del estilo castellano», y lo llenan de ondulaciones, de murmullos y de «música de alas». Maya concluye que la prosa de Silva es un fruto maduro y pleno del modernismo, en tanto que su poesía tantea los terrenos líricos de ese movimiento.
Uno de los aportes notables de Silva a la poesía es la experimentación y la readaptación de metros tradicionales, variando ritmos y acentos y jugando con estrofas y medidas, con el propósito de desencorsetar la rigidez del verso, poniéndolo al servicio de las modulaciones, músicas, sensaciones y emociones que quería expresar.
Desde otro terreno, y lo anota también Maya, Silva «dio cuerpo a ese vago mundo de sugestiones románticas, situando en el plano de la sensibilidad lo que antes había sido objeto del sentimiento». Y tal es, enunciada en pocas palabras, una de las características esenciales de la revolución modernista. Sus temas son de estirpe romántica, pero las circunstancias que los suscitan, su manejo y su expresión formal difieren muchísimo del estilo romántico. Si Silva habla de la muerte, los sueños, la infancia perdida, el amor no satisfecho, las sombras del más allá, lo hace, igual que todos los modernistas, como una manera de negar la sociedad burguesa, que los ha excluido. Se afirman como creadores recurriendo a las utopías o -como en el caso de Silva- refugiándose en experiencias, seres y mundos ya desaparecidos y, por tanto, inaccesibles.

Silva inmortalizado en el billete de cinco mil pesos colombianos.

Dado que es una figura de primera línea de la poesía hispanoamericana y un personaje colombiano memorable, el pintor José Cárdenas, invitado por el Banco de la República de Colombia, realizó el diseño completo del billete de cinco mil pesos, en homenaje al poeta, con su imagen en el anverso, y en el reverso la de su hermana, Elvira, y un fragmento del Nocturno III, inspirado en ella.
El legado de Silva, además, se ve hoy día materializado en la Casa de Poesía Silva, fundada el 24 de mayo de 1986 por Belisario Betancur, entonces Presidente de la República. Ésta fue la primera casa de poesía que se abrió en el ámbito de la lengua española. La Casa es una fundación privada sin ánimo de lucro, cuyo objetivo es facilitar y propiciar el estudio, conocimiento y goce de la poesía de todos los tiempos y países. Para ello cuenta con servicios permanentes, varios de los cuales se prestan en forma gratuita.






A VECES, CUANDO EN ALTA NOCHE

A veces, cuando en alta noche tranquila, 
sobre las teclas vuela tu mano blanca, 
como una mariposa sobre una lila 
y al teclado sonoro notas arranca, 
cruzando del espacio la negra sombra 
filtran por la ventana rayos de luna, 
que trazan luces largas sobre la alfombra, 
y en alas de las notas a otros lugares, 
vuelan mis pensamientos, cruzan los mares, 
y en gótico castillo donde en las piedras 
musgosas por los siglos, crecen las yedras, 
puestos de codos ambos en tu ventana 
miramos en las sombras morir el día 
y subir de los valles la noche umbría 
y soy tu paje rubio, mi castellana, 
y cuando en los espacios la noche cierra, 
el fuego de tu estancia los muebles dora, 
y los dos nos miramos y sonreímos 
mientras que el viento afuera suspira y llora! 
··················································· 
¡Cómo tendéis las alas, ensueños vanos, 
cuando sobre las teclas vuelan sus manos! 






POETA, DI PASO

  Poeta!, di paso 
         los furtivos besos!...

¡La sombra! ¡Los recuerdos! La luna no vertía 
allí ni un solo rayo... Temblabas y eras mía 
Temblabas y eras mía bajo el follaje espeso, 
una errante luciérnaga alumbró nuestro beso, 
el contacto furtivo de tus labios de seda... 
La selva negra y mística fue la alcoba sombría... 
En aquel sitio el musgo tiene olor de reseda... 
Filtró luz por las ramas cual si llegara el día, 
entre las nieblas pálidas la luna aparecía... 
  
  Poeta, di paso 
          los íntimos besos!

¡Ah, de las noches dulces me acuerdo todavía! 
En señorial alcoba, do la tapicería 
amortiguaba el ruido con sus hilos espesos 
desnuda tú en mis brazos fueron míos tus besos; 
tu cuerpo de veinte años entre la roja seda, 
tus cabellos dorados y tu melancolía 
tus frescuras de virgen y tu olor de reseda... 
Apenas alumbraba la lámpara sombría 
los desteñidos hilos de la tapicería. 
  
  
       Poeta, di paso 
        el último beso!

¡Ah, de la noche trágica me acuerdo todavía! 
El ataúd heráldico en el salón yacía, 
mi oído fatigado por vigilias y excesos, 
sintió como a distancia los monótonos rezos! 
Tú, música, yerta y pálida entre la negra seda, 
la llama de los cirios temblaba y se movía, 
perfumaba la atmósfera un olor de reseda, 
un crucifijo pálido los brazos extendía 
y estaba helada y cárdena tu boca que fue mía! 
  






 UNA NOCHE

      Una noche 
una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas, 
      Una noche 
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas, 
a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda, 
        muda y pálida 
como si un presentimiento de amarguras infinitas, 
hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara, 
por la senda que atraviesa la llanura florecida 
       caminabas, 
       y la luna llena 
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca, 
       y tu sombra 
       fina y lángida 
       y mi sombra 
por los rayos de la luna proyectada 
sobre las arenas tristes 
de la senda se juntaban. 
       Y eran una 
       y eran una 
y eran una sola sombra larga! 
y eran una sola sombra larga! 
y eran una sola sombra larga!

      Esta noche 
      solo, el alma 
llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte, 
separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia, 
       por el infinito negro, 
       donde nuestra voz no alcanza, 
       solo y mudo 
       por la senda caminaba, 
y se oían los ladridos de los perros a la luna, 
       a la luna pálida 
       y el chillido 
       de las ranas, 
sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba 
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas, 
       entre las blancuras níveas 
       de las mortüorias sábanas! 
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte, 
       Era el frío de la nada... 

       Y mi sombra 
       por los rayos de la luna proyectada, 
       iba sola, 
       iba sola 
       ¡iba sola por la estepa solitaria! 
       Y tu sombra esbelta y ágil 
       fina y lánguida, 
como en esa noche tibia de la muerta primavera, 
como en esa noche llena de perfumes, de 
            [murmullos y de músicas de alas, 
       se acercó y marchó con ella, 
       se acercó y marchó con ella, 
se acercó y marchó con ella... ¡Oh las sombras enlazadas! 
¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las 
                 [noches de negruras y de lágrimas!... 







 MIDNIGHT DREAMS

Anoche, estando solo y ya medio dormido, 
mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías 
y de felicidades que nunca han sido mías,

se fueron acercando en lentas procesiones 
y de la alcoba oscura poblaron los rincones

hubo un silencio grave en todo el aposento 
y en el reloj la péndola detúvose al momento.

La fragancia indecisa de un olor olvidado, 
llegó como un fantasma y me habló del pasado.

Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde, 
y oí voces oídas ya no recuerdo dónde. 
································································· 
Los sueños se acercaron y me vieron dormido, 
se fueron alejando, sin hacerme ruido

y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra 
y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra. 






  
 LUZ DE LUNA

Ella estaba con él... A su frente 
  pensativa y pálida, 
penetrando al través de las rejas 
  de antigua ventana 
de la luna naciente venían 
  los rayos de plata, 
él estaba a sus pies, de rodillas, 
  perdido en las vagas 
visiones que cruzan en horas felices 
  los cielos del alma! 
Con las trémulas manos asidas, 
con el mudo fervor de los que aman, 
palpitanto en los labios los besos, 
  entrambos hablaban 
  el lenguaje mudo 
  sin voz ni palabras 
que en momentos de dicha suprema, 
tembloroso el espíritu habla... 
··············································· 
El silencio que crece... la brisa 
  que besa las ramas, 
dos seres que tiemblan, la luz de la luna 
  que el paisaje baña, 
¡amor un instante detén allí el vuelo, 
murmura tus himnos de triunfo y recoge las alas! 
················································ 
Unos meses después, él dormía 
  bajo de una lápida 
el último sueño de que nadie vuelve 
el último sueño de paz y de calma. 
················································ 
  Anoche, una fiesta 
con su grato bullicio animaba 
de ese amor el tranquilo escenario. 
¡Oh burbujas del rubio champaña! 
¡Oh perfume de flores abiertas! 
¡Oh girar de desnudas espaldas! 
¡Oh cadencias del valse que mueve 
torbellinos de tules y gasas! 
Allí estuvo, más linda que nunca, 
por el baile tal vez agitada 
se apoyó levemente en mi brazo, 
  dejamos las salas 
y un instante después penetramos 
  en la misma estancia 
que un año antes no más la había visto 
  temblando callada, 
cerca de él!... 
  ...Amorosos recuerdos, 
  tristezas lejanas, 
cariñosas memorias que vibran, 
  como sones de arpa, 
  tristezas profundas 
del amor, que en sollozos estallan, 
  presión de sus manos, 
  són de sus palabras, 
  calor de sus besos, 
¿por qué no volvisteis a su alma?... 
················································ 
A su pecho no vino un suspiro 
a sus ojos no vino una lágrima 
ni una nube nubló aquella frente 
  pensativa y pálida 
y mirando los rayos de luna 
que al través de la reja llegaban, 
murmuró con su voz donde vibran, 
como notas y cantos y músicas de campanas vibrantes de plata: 
  qué valses tan lindos! 
  ¡qué noche tan clara! 
  






  
 TRISTE

Cuando al quererlo la suerte 
se mezclan a nuestras vidas, 
de la ausencia o de la muerte, 
las penas desconocidas,

y, envueltos en el misterio 
van, con rapidez que asombra, 
amigos al cementerio, 
ilusiones a la sombra,

la intensa voz de ternura 
que vibra en el alma amante 
como entre la noche oscura 
una campana distante,

saca recuerdos perdidos 
de angustias y desengaños 
que tienen ocultos nidos 
en las ruinas de los años.

Y que al cruzar aleteando 
por el espacio sombrío 
van en el ser derramando 
sueños de angustia y de frío

hasta que alguna lejana, 
idea consoladora, 
que irradia en el alma humana 
como con lumbre de aurora,

en su lenguaje difuso 
entabla con nuestros duelos 
el gran diálogo confuso 
de las tumbas y los cielos. 
  






 MADRIGAL

Tu tez rosada y pura; tus formas gráciles 
de estatua de Tanagra; tu olor de lilas; 
el carmín de tu boca de labios tersos; 
las miradas ardientes de tus pupilas; 
el ritmo de tu paso; tu voz velada; 
tus cabellos que suelen, si los despeina 
tu mano blanca y fina, toda hoyuelada, 
cubrirte con un rico manto de reina; 
tu voz, tus ademanes, tú... no te asombre: 
todo eso está, ya a gritos, pidiendo un hombre. 







  
 EGALITÉ

Juan Lanas, el mozo de esquina, 
es absolutamente igual 
al Emperador de la China: 
los dos son el mismo animal. 
Juan Lanas cubre su pelaje 
con nuestra manta nacional; 
el gran magnate lleva un traje 
de seda verde excepcional. 
Del uno cuidan cien dragones 
de porcelana y de cristal; 
Juan Lanas carga maldiciones 
y gruesos fardos por un real, 
pero si alguna mandarina 
siguiendo el instinto sexual 
al Emperador se avecina 
en el traje tradicional 
que tenía nuestra madre Eva 
en aquella tarde fatal 
en que se comieron la breva 
del árbol del Bien y del Mal, 
y si al mismo Juan una Juana 
se entrega por modo brutal 
y palpita la bestia humana 
en un solo espasmo sexual, 
Juan Lanas, el mozo de esquina, 
es absolutamente igual 
al Emperador de la China: 
los dos son el mismo animal. 








         NOCTURNO

Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro 
de tu inocencia cándida conservas el tesoro; 
 a quien los más audaces, en locos devaneos 
 jamás se han acercado con carnales deseos; 
tú, que adivinar dejas inocencias extrañas 
en tus ojos velados por sedosas pestañas, 
 y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo- 
 jamás se habrá posado ni la sombra de un beso... 
Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso, 
con esa voz que tiene suavidades de raso: 
 si entrevieras en sueños a aquél con quien tú sueñas 
 tras las horas de baile rápidas y risueñas, 
y sintieras sus labios anidarse en tu boca 
y recorrer tu cuerpo, y en su lascivia loca 
 besar todos sus pliegues de tibio aroma llenos 
 y las rígidas puntas rosadas de tus senos; 
si en los locos, ardientes y profundos abrazos 
agonizar soñaras de placer en sus brazos, 
 por aquel de quien eres todas las alegrías, 
 ¡oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?... 
  





 LAS ONDINAS

  En la región oculta de las ninfas 
  El sesgo rayo a penetrar alcanza 
  Y alumbra al pie de despeñadas linfas 
  De las ondinas la nocturna danza. 






  
 DIEGO FALLÓN

Es la hora en que los muertos se levantan 
mientras que duerme el mundo de los vivos, 
en que el alma abandona el frágil cuerpo 
y sueña con lo santo y lo infinito

·····························································

Vierte la luna plateados rayos 
que reflejan las ondas en el río 
y que iluminan, con sus tintes vagos 
los medrosos despojos de un Castillo. 
Todo es silencio allí, do en otro tiempo 
hubo bullicio y locas alegrías... 
¡Pero mirad! son vaporosas sombras 
las que en la oscura selva se deslizan. 
¡Ah! no temáis no son aterradores 
fantasmas de otros tiempos -son ondinas; 
mirad cómo se abrazan y confunden 
cómo raudas por el aire giran, 
apenas tocan con el pie ligero 
del prado la mullida superficie. 
Ya se avanzan... girando en la espesura 
o se sumergen en las ondas límpidas; 
y al compás de una música que suena 
como el lejano acorde una lira 
elévanse, empujadas por el leve 
viento que sus cabellos acaricia... 
Pero callad... alumbra el horizonte 
con sus primeros tintes nuevo día, 
y las sombras se pierden al borrarse 
del bosque entre las húmedas neblinas.







 SUSPIRO

    a A. de W.

Si en tus recuerdos ves algún día 
entre la niebla de lo pasado 
surgir la triste memoria mía 
medio borrada ya por los años, 
piensa que fuiste siempre mi anhelo 
y si el recuerdo de amor tan santo 
mueve tu pecho; nubla tu cielo, 
llena de lágrimas tus ojos garzos; 
¡ah! no me busques aquí en la tierra 
donde he vivido, donde he luchado, 
sino en el reino de los sepulcros 
donde se encuentran paz y descanso!

    Junio 2 de 1881 
  






  VICTOR HUGO 
   Feuilles d'automne.

Noble como la cándida adorada 
del inmortal poeta florentina, 
corona de la frente inmaculada 
   el dorado cabello 
que sobre el hombro flota en blondos rizos, 
perdida en el espacio la mirada 
como se pierde en su conjunto bello 
la de aquél que contempla sus hechizos.

Hay infinita luz que reverbera 
en el azul de sus divinos ojos 
cual de limpio zafiro en los cristales. 
Una expresión de majestad serena 
de pudor y recato virginales 
vela la gracia de sus labios rojos, 
y es a la vez misterïoso encanto, 
lumbre, murmullo, vibración y canto!

Su voz tiene las notas armoniosas 
de la del ave que en blando nido 
de su impotencia de volar se queja, 
llena de suavidad, llena de calma 
su cariñosa frase siempre deja 
una estela de perlas en el alma.

Tiene la delicada transparencia 
de las húmedas hojas de las lilas 
y ni una leve mancha en la conciencia 
y ni una leve sombra en las pupilas.

Es una reunión encantadora 
de lo más dulce que la vida encierra 
a los rosados rayos de la aurora 
hecha, del aire en los azules velos, 
con lo más delicado de la tierra 
y lo más delicado de los cielos!

   Septiembre de 1882 - 15. 







  IDILIO

Sencilla y grata vida de la aldea 
levantarse al nacer de la mañana 
cuando su luz en la extensión clarea 
y se quiebra en la cúpula lejana, 
vagar a la ventura en el boscaje... 
Espiar en los recodos del camino 
el momento en que el ave enamorada 
  oculta en el follaje 
sus esperanzas y sus dichas canta. 
  En rústica vasija 
  coronada de espuma 
libar la leche, contemplar la bruma 
que en el fondo del valle se levanta, 
el aire respirar embalsamado 
con los suaves olores 
  de la savia y las flores, 
tomar fuerza en la calma majestuosa 
donde la vida universal germina, 
  en ignotos lugares 
que no ha hollado la vana muchedumbre 
en el bosque de cedros seculares 
del alto monte en la empinada cumbre; 
después, tranquilamente 
bañarse en el remanso de la fuente. 
  Con el rural trabajo 
que a los músculos da fuerza de acero 
y que las fuentes abre de riqueza 
endurecer el brazo fatigado 
y devolverle calma a la cabeza, 
sin fatigas, sin penas, sin engaños 
dejar correr los años 
y en la postrera 
descansar, no en lujoso monumento 
sino bajo el follaje 
del verde sauce a su tranquila sombra, 
cabe la cruz piadosa. 







  
 ARMONÍAS

   A M. Valenzuela.

Cual la naturaleza 
de la que forma parte y es fiel copia 
el alma humana tiene ocultas fuerzas 
silencios, luces, músicas y sombras.

Vagas nieblas también... las ilusiones 
que el paisaje embellecen cuando brillan 
y que desaparecen cuando asomas, 
sol de la realidad que las disipas...

Y como en sucesión jamás turbada 
todo nace en la tierra y todo muere, 
en el mundo ideal de los espíritus 
rigen eternas, semejantes leyes:

brotan sobre las tumbas de los muertos 
las flores, mensajeras de alegría; 
sobre la tumba de un amor llorado 
brotan ensueños de tristeza mística.

   Octubre 27 de 1882 









 REALIDAD

    a M...

En el dulce reposo de la tarde 
cuando al ponerse el sol en occidente 
su luz dorada, de la vida fuente, 
como una hoguera en los espacios arde, 
o de la noche en el silencio umbrío 
cuando la luna con fulgor de plata 
alumbra a trechos el sonante río 
y en sus límpidas ondas se retrata, 
entre las sombras de la vida hay horas 
en que la realidad que nos circuye 
a detener el ímpetu no alcanza 
de nuestra alma que a lo lejos huye 
y a la región de lo ideal se lanza...

Y entonces cuando pienso en tus amores 
nuestras dos vidas deslizarse veo 
no cual la realidad que aja sus flores 
sino cual la ilusión de tu deseo. 
No por las conveniencias separados, 
soñando tú conmigo, yo en tus sueños, 
sino juntos los dos en los collados 
  de la Arcadia risueños; 
asidos por las manos a lo lejos 
buscando el fin de la campiña amena 
a los pálidos rayos de la luna. 
O del ardiente sol a los reflejos, 
dejando transcurrir una por una 
las no cantadas horas venturosas 
que no mancha la sombra de una pena 
libando amor... y deshojando rosas... 
Del verdor y del musgo en lo sombrío 
ocultos en lo ignoto del boscaje 
radiante aún de gotas de rocío 
de virgen fuerza y de vigor salvaje; 
sentados a la orilla del torrente 
tú escuchando los ecos del follaje 
yo acariciando -trémula la mano- 
tus rizos al caer sobre tu frente... 
························································ 
Otras veces trayendo a la memoria 
los fantasmas de un tiempo ya pasado 
junto con ellos cual sencilla historia 
los ideales de tu amor soñado. 
Y es entonces un gótico castillo 
de altivas torres de musgosas piedras 
en cuyo muro gris crecen las hiedras 
teatro de nuestro amor santificado.

Y en reducida y perfumada estancia 
cuyos tapices abrillanta y dora 
el fuego de la antigua chimenea, 
juntos los dos oímos a distancia 
diciéndonos protestas de ternura 
la voz del agua que al perderse llora 
y el viento que en los árboles cimbrea 
entre el silencio de la noche oscura.

O en frágil barca en plácida mañana 
de lago azul flotando en los cristales 
con la mirada errantes contemplamos 
el cielo, la ribera, los juncales, 
y las nieblas que inciertas, vaporosas, 
van a perderse en la región lejana 
como se pierda la esperanza humana 
o el postrimer aroma de las rosas.

Mas cuando el alma en sus ensueños flota, 
la realidad asoma de improviso 
no más resuena la encantada nota... 
Brotan espinas do la rosa brota, 
y en crüel se torna el paraíso.

Vuelvo a mirar... y pienso que nacimos 
para vivir por siempre separados, 
que no es una la senda que seguimos 
y que la lumbre que cercana vimos 
fue visión de tu amor y tus cuidados.

Y al comparar la realidad penosa 
con los paisajes de ideal que miro 
en el fondo del alma lastimosa 
para tu dulce amor -niña piadosa- 
para tu dulce amor surge un suspiro.

   Octubre 24 de 1882 







  
 CREPÚSCULO

En la tarde, en las horas del divino 
  crepúsculo sereno, 
se pueblan de tinieblas los espacios 
  y las almas de sueños.

Sobre un fondo de tonos nacarados 
  la silueta del templo 
las altas tapias del jardín antiguo 
  y los árboles negros, 
cuyas ramas semejan un encaje 
  movidas por el viento 
se destacan oscuras, melancólicas 
  como un extraño espectro!

En estas horas de solemne calma 
  vagan los pensamientos 
y buscan a la sombra de lo ignoto 
  la quietud y el silencio. 
Se recuerdan las caras adoradas 
  de los queridos muertos 
que duermen para siempre en el sepulcro 
  y hace tanto no vemos.

Bajan sobre las cosas de la vida 
  las sombras de lo eterno 
y las almas emprenden su viaje 
  al país del recuerdo. 
También vamos cruzando lentamente 
  de la vida el desierto 
también en el sepulcro helada sima 
  más tarde dormiremos.

Que en la tarde, en las horas del divino 
  crepúsculo sereno 
se pueblan de tinieblas los espacios 
  y las almas de sueños!

   Diciembre 14 de 1882. 
  






 A ADRIANA

Mientras que acaso piensa tu tristeza 
en la patria distante y sientes frío 
al mirar donde estás, y el desvarío 
de la fiebre conmueve tu cabeza,

yo soñando en tu amor y en tu belleza, 
amor jamás por mi desgracia mío 
de la profundidad de mi alma, envío 
a la pena un saludo de terneza.

Si cuando va mi pensamiento errante 
a buscarte en parejas de otro mundo 
con la nostalgia se encontrara a solas

sobre las aguas de la mar gigante 
entre el cielo purísimo y profundo 
y el vaivén infinito de las olas.

   Abril 11 [de] 1883. 







  
 MELANCOLÍA

De todo lo velado, 
tenue, lejana y misteriosa surge 
vaga melancolía 
que del ideal al cielo nos conduce.

He mirado reflejos de ese cielo 
en la brillante lumbre 
con que ahuyenta las sombras, la mirada 
de sus ojos azules.

Leve cadena de oro 
que una alma a otra alma con sus hilos une 
oculta simpatía, 
que en lo profundo de lo ignoto bulle,

y que en las realidades de la vida 
se pierde y se consume 
cual se pierde una gota de rocío 
sobre las yerbas que el sepulcro cubren.

   Abril 24 [de] 1883. 
  





  CHARLES NODIER.

Es la hora de misterio en que el labriego 
al resonar del Ángelus el toque 
adiós que dice al moribundo día, 
la campanada bronca, 
en su casita blanca, a lento paso 
   humilde se recoge. 
Es la hora en que las nubes del poniente 
   de fuego orlan las tardes, 
en que el sol de los muertos ilumina 
   los prados y los bosques, 
y el ángel de la tarde a Dios conduce 
   las mudas oraciones, 
es la hora en que levantan de los lagos 
   las nieblas sin colores, 
como del fondo oscuro del espíritu 
   los coros de visiones 
en que es feéricos cuentos invocados 
   o en relatos informes 
tornaban a las estancias de los niños 
   los duendes protectores, 
es la hora de dulcísima armonía 
   y de místicas voces, 
en que al través de nieblas y de brumas, 
   ansiosa el alma torna 
a los felices días de la infancia 
   que pasaron veloces, 
es la hora en que la brisa entre los árboles 
   tiene vagos rumores, 
es la hora en que la vida se adormece 
   al beso de la noche.

    Julio 5 - 1883. 








 LA VENTANA

  Oh temps évanouis! O splendeur éclipsées, 
  Oh soleils descendus derrière l'horizon! 
     VICTOR HUGO

Al frente de un balcón, blanco y dorado, 
obra de nuestro siglo diez y nueve 
hay en la estrecha calle una muy vieja 
ventana colonial. Bendita rama 
adorna la gran reja, 
de barrotes de hierro colosales, 
que tiene en lo más alto un monograma 
hecho de incomprensibles iniciales.

A la lumbre postrera 
del sol en occidente, ¿quién no espera, 
mirar allí, sombría, 
medio perdida en la rizada gola, 
la cabeza severa 
de algún oidor, o los oscuros ojos 
de una dama española 
de nacarada tez y labios rojos, 
que al venir de la hermosa Andalucía 
a la colonia nueva 
el germen de letal melancolía 
por el recuerdo de la patria lleva? 
¡Pero no, ni las sombras le han quedado 
de los que vio perderse en el pasado; 
loca turba infantil la invade ahora, 
uno ríe, otro llora; 
a la palma bendita 
la niña arranca retejida rama, 
y mientras uno al compañero llama 
con incansable afán el otro grita. 
No guarda su memoria 
de la ventana la vetusta historia 
y sólo en ella fija 
la atención el poeta, 
para quien tienen una voz secreta 
los líquenes grisosos 
que al nacer en la estatua alabastrina, 
del beso de los siglos son señales, 
y a quien narran poemas misteriosos 
las sombras de las viejas catedrales!

Hoy hace más de un siglo, ha muchos años, 
ella escuchó la cántiga española 
que tristes desengaños, 
o desventuras amorosas narra 
de la alta noche en la quietud serena, 
acompañada en la gentil guitarra, 
por noble caballero 
a quien tornara con la estrofa grata 
el recuerdo de alegre serenata 
dada en la aristocrática Sevilla, 
cabe el Guadalquivir, do en claras noches 
la calada Giralda se retrata 
y la luz de la luna limpia brilla.

La brisa, dulce y leve, 
como las vagas formas del deseo, 
llevó al pasar por los barrotes duros, 
aroma de azahares y de lirios, 
en las risueñas fiestas de himeneo, 
juramentos de amor, santos y puros, 
de mortuörios cirios 
el triste olor, las plácidas historias, 
conque la noble abuela 
al rubio nieto adormeció en la cuna 
y la oración que hacia los cielos vuela 
suave como los rayos de la luna.

Inútil, allí, a solas, 
ella miró pasar generaciones, 
como pasan, con raudo movimiento, 
sobre la playa las marinas olas 
en la sombra los coros de visiones 
y las aristas leves en el viento; 
y ora mira la turba de los niños 
de risueñas mejillas sonrosadas, 
que al asomar tras de la fuerte reja 
sonriente semeja 
un ramo de camelias encarnadas!

¡Ay! todo pasará, -niñez risueña, 
juventud sonrïente, 
edad viril que en el futuro sueña, 
vejez llena de afán... 
... Tal vez mañana, 
cuando de aquellos niños queden sólo 
las ignotas y viejas sepulturas 
aún tenga el mismo sitio la ventana.