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miércoles, 20 de agosto de 2014

ELSA MORALES NARANJO [10.930]


ELSA MORALES NARANJO 

(Bocanasa, Morón, Provincia de Camagüey, Cuba,1941) Profesora de Español y Literatura. Laureada en múltiples ocasiones en certámenes de carácter nacional y provincial , entre los primeros se encuentran: Frank País (1997), 3 de Diciembre(2008), Rubén Martínez Villena (1997 y 2008), mientras en los segundos se  encuentran Premio de la Ciudad en poesía (1987)  y en poesía para niños (1999), Premio UNEAC en poesía para niños ( 2001).Obras publicadas en tabloides y revistas, entre ellas Verde Olivo,  Resonancias, Viajera Peninsular, en el Blog Synergos y en la antología del centro del Perú , Hoancayo(1998)Además en la Revista  Digital  Guatiní132 y 134 y en el Blog La esquina del tinajón en Miami. La Editorial Ácana publicó:  libro de poesía para niños Caballito, antologada en el libro de  Poesía camagüeyana (2003), libro de tradiciones Del Camagüey legendario al Bayamo redentor  (2012).







INVOCACIÓN POR UN MILENIO

                                Inspirada en la visita del Papa Juan
                                 Pablo II a Cuba en enero l998.

                                 El sembrador es el que siembra la palabra.
                                 Parábola del sembrador, San Marcos 4.l4.




I  
                                                     
Suenan campanas por los suburbios,
despertando el caos agónico del corazón,
en tanto, yo busco la quimera perdida en la rama del maíz.

Señor, la cebada espera por la ciega,
mientras tú clavado en la cruz miras al cielo, solo,
abandonado.
Suenan,
suenan campanas,
resuenan sofocando el silencio,
y allá en el cielo, la esfera gira tras lo infinito,
avanza en penumbras,
el arcoiris se desata en sollozos
 ¡Haz el milagro!.
 ¡Que venga la vendimia!
 En la caricia de las uvas se cuece mi unicornio
  


II

Alrededor de la ciudad se levanta el marasmo,
el lodo sube por las paredes lentamente,
la lujuria se desata en cristales
y el ocaso exprime la naranja.
Señor,
vuelta a la cúpula.
Mira a tu rebaño asido a la tiniebla comiendo los mendrugos.
¡Vierte la copa!
Derrama tu savia en el corazón de los rufianes



III

Las sandalias caminan por los tugurios,
reclaman trigo y centeno para tu pan,
reparten la semilla,
 muestran a los incautos los trillos del despeñadero,
atan manojos de violetas con cintas perfumadas.
La mirra y el aloe tienden sus aromas
y la cetrina piel tuerce su rumbo,
la barca de los días hunde su casco sobre aguas voraces
la ventisca ha clamado en augurios
y la tierra pide brazos para un nuevo adviento.
¡El alma de un niño espera temblorosa!



IV

Hebras de plata recorren los portales,
mientras la voz se derrama en la orgía:
¡Bendito el pie que se hunde en el surco
y los dedos que entre las hojas  acarician la fruta!
¡Bendito el que defiende la raíz y el tallo
para que la copa se expanda hacia las nubes!



V

Desde la mesa el jugador alienta una sonrisa,
retuerce su doblez, confía en sus fichas,
la prostituta desbanca a su cliente
y la carne a carcajadas goza el convite.
En tanto, el soplo de tu brisa se detiene en silencio…
Ante tu pisada el lagarto frunce la cola,
cambia los rumbos de su madriguera
y el lobo merodea en su andar afilado.
Seca está la paja y la yesca a punto:
Flamea tu palabra sobre rostros sin luz,
derrota los oscuros,
inflama en alicientes el alma del mendigo.



                           …ve por las plazas y las calles de la ciudad, y  trae
                           acá a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos.
                           Parábola de la Gran Cena, San Lucas 14.21.



I

Suenan campanas por los suburbios…
Resuenan convocando al hambriento,
a los asustadizos,
a los indiferentes,
a los atrapados en la luminosidad de sus vidrieras,
en sus cajas de Pandora.
_El ángel de la verdad tiene las alas quebradas,
mas la planta del justo otea los caminos,
rastrea su hilo de Ariadna,
su arca de Noe.
Un ave canta a su alrededor,
su trino se expande:
es luciérnaga en la noche.
Tu verbo milagroso despierto está en los bosques,
allí muestras tu universal melodía,
deshaces la impudicia
y de la hojarasca brota el manantial.
La esmeralda de los siglos gotea en tu cabeza.



II

_¡Ven!, -siguen tocando –
alístate a mi ejército de paz,
a mi bastión de amor,
a mi trono de alegría
a esta piedra filosofal.

Alístate, no temas,
riega mis granos y nacerán espigas,
planta la rama y parirá el árbol,
vierte tus aguas en el surco,
báñalo con el sudor de tu cuerpo,
con el oro de la paciencia.

Oirás entonces
el  canto de las raíces en lo profundo de la tierra.
Y se hará el prodigio:
Se abrirán las puertas de un nuevo paraíso.



                                                 
                                              
                                 …La piedra que los edificadores desecharon  
                                 ha  venido a ser la cabeza del ángulo.                                                                                                                                                                                                                             
                                 La piedra viva, San Pedro Apóstol 2.7.




Una alfombra tejes ,Señor,

un tapiz,
en sus urdimbres trenzas hilos que conjugan las historias.
Firmes son tus puntadas en el telar.
Lograrás la obra que ensalzará los pasos del hombre:
Plena de iridiscencia resplandecerá tu huella.



II

El hombre engendró las horas,
                                        los minutos
                                                    y  sus tempestades
gira en el vórtice del tiempo:
                                         en la agonía de la ciudad,
                                                               en su marginalidad sucumbe:
 La ciudad es lámpara que quema.




III

Ven , atolondrado,
y tú también, vicioso,
goza la fragancia de esta fruta colmada de esencias,
de gratas sensaciones que no socavan el pedestal de la virtud,
su Arco de Triunfo.
Ven a la Tierra Prometida,
a su aquilón de luz,
a su fuerza generatriz.
La verdad está en lo infinito del cielo,
en lo alto de la montaña,
en el quehacer de los campos.
Oye como canta a través de los tiempos.



IV

Suenen,
                   suenen,
despierten  los suburbios,
conviden a los olvidados,
a los parias de espíritu,
a desatar el nudo gordiano,
a engendrar la Nueva Era
que romperá la cuerda de los relojes
con su naciente corazón de diamante.












SINFONÍA DE MINERVA PARA ATRAER PALOMAS

Cuando vuelva otra vez a estas regiones
quiero venir cristal de tiempo
para transparentar raíces,
locos insomnios de mi abuela 
frustrada en su amor de plenilunio,
amapola sedienta,
quiero,
además,
venir violeta por cuentos traspasada,
anciana y joven en la historia trunca
de Luz y de Josefa,
ancestros de mi piel y de mi alma,
ventanas
hacia el surtidor de mis mujeres,
para después,
volcar sus decepciones y sus culpas
y arrebolarme en sol hacia el futuro.

Cuando vuelva otra vez
quiero venir Gertrudis,
con moño y con sombrilla,
encaje y perla
y mi pañuelo fino,
en zapatos de punta estilizada,
difundida en una casa antigua
de jardín y arboleda,
de fuente y de ganado pastando en la sabana.

Y venir campesina
en monte envuelta,
con un hacha de amor arar los surcos
repartiendo semillas,
para luego atrapar las primaveras
con las mieses del tiempo
entretejidas
sobre mis sienes blancas.

Y nacer embeleso entre flores del Tínima
hilando con Ignacio sonatas y poemas,
palpitar en sus brazos
reviviendo El Idilio,
y en las noches de luna
ungir con mis ternezas a querubes sedientos
y embeberme en oasis de patios y tejados.

Y tornar Luisa Pérez,
campanilla,
rocío,
gozo del bosque,
a tejerme en olores con Zambrana,
a expandirme lirio en mis retoños
y libar entre versos y nelumbios
el río creador,
para entonces,
licuarme en transparentes óleos
sobre el verde palmar.

Regresar Celia
entre la niebla pura,
capullo en cruz del Cauto,
mariposa,
a quebrar la penumbra.
Venir raudo arcoiris
caminante
a abrir con mi perfume la mañana.

Cuando vuelva otra vez,
quiero venir Gabriela
con las rotas sandalias
de andar cantando rondas
y deletrear cartillas de pan vivo
a los indios sin luz
y así solear  de amores mi vientre solitario.

Y venir Edith Piaf,
de arrabal y suburbio,
envuelta en el hechizo de su voz desgarrada,
bronco arpegio de gorrión doloroso,
a reunir a la infancia de todas las naciones
y cantar
y cantar
y cantarle a los niños.

Penélope volver,
engarzando en el hilo
minutos,
horas,
sueños,
bordando el rostro vivo de mi Ulises,
destejiendo en la noche
el tiempo,
la distancia,
para que retorne el mirto de su olor
y hundirme así en la fiesta destrenzada en sus brazos
a beber de su cuerpo el fuego y la pasión.

Volver,
volver Indira,
flor del cedro de paz,
desgajada en las aguas del Ganges,
estela misteriosa sobre el Asia de Gandhi,
Himalaya,
profetisa del ser y el no ser.
Regresar esmeralda del llanto,
de tu pueblo
la eterna sultana.

Quiero venir Teresa,
repartida en los pobres de Calcuta,
embebiendo su acíbar y sus llagas
con mi manar de miel,
para en dulzor,
unir castas y credos
y alzar al Universo excelso himno
de esperanza y de fe.

 Y venir Valentina,
nadando entre los astros de la noche
a mirar con la aurora
el esferoide azul que me dieron por Patria
y llenarlo de sueños con flechas de galaxias
destilando justicia
en efluvios de azahar.

Retornar Santa Juana de América
y volver Juana de Arco de Francia,
a envolverme en un manto de nieve,
a luchar por un mundo sin armas.
Regresar Juana loca de amores
para andar los caminos de España,
como un Hada volar
a fundirme en la esencia del hombre
para dar frutos puros al siglo
que vendrá con la paz constelada.

Cuando vuelva otra vez,
quiero venir,
bahía,
y tierra,
y luz,
raíz,
quiero venir mujer.









El Hombre
                             

A Nelson Mandela
                            
                    El que la estrella sin temor se ciñe,
                                 Como que crea, crece.
                             José Martí

Quien se alza en la escalera de los días
con fiel serenidad y recia calma,
sin rincones tortuosos en el alma
y al amor y a  la virtud brinda energías.

Aquel que en el ser busca armonías,
e inflamado en verdad su voz  enciende,
justicia, rectitud y  el bien defiende
sin pensar en  desafueros  y porfías.

El que  la estrella afirma  con denuedo
y rompe día a día el yugo infame
aunque sufra en su ser penas sin nombre.

Quien arrostra  batalla  en ese ruedo
aunque el mundo infeliz no lo proclame:
¡Ese también, Señor, ese es el Hombre!




A Pablo Neruda

Ecuestre gladiador de la palabra,
andante, en la noche inmemorial de América,
ni los relámpagos australes pudieron derribarte.
Hirvientes mares llenos de luz y de rumores
armaron la oquedad de tus escudos.
El sol iluminó tu faz serena
y se alojo para siempre en tu garganta.


En alarido sediento de futuro,
la raza incaica bramó su cruel congoja
a través de montañas, ríos, valles
y llanuras preñadas de dolor,
Así  te entregó por siempre
las vastas dimensiones del mundo presentido 
en sus bailes y risas, sus ritos y sus flores.

Ese fuego ancestral se hundió  en tu pecho
para hacerlo brotar en la escritura,  
y con pasión tu voz arrebatada
por libertarias huestes
se alzo a las más altas cúspides del sueño
a defender a  tu pueblo esclavizado
en sin igual afán por la justicia.

Ha llegado la  hora, titán de la palabra,
resuene por siempre tu primigenia voz
a engendrar con tus versos la tierra americana.